Agricultura Campesina en Ecuador

23 de julio de 2014 por François Houtart


Gonzalo Endara Crow

El Ministerio de Agricultura (MAGAP) organizó el 9 de Julio, un Taller Nacional de definición de la Agricultura Familiar en Ecuador. Ya existen definiciones de la FAO o del Mercosur, pero era importante acercarse de la realidad nacional. En el Ecuador 3 millones de personas viven de la agricultura familiar. Ellos producen la mayor parte de la alimentación del país. Aseguran así la soberanía alimentaria nacional. Sin embargo, este sector no está valorizado. Al contrario, los pequeños agricultores, especialmente si son indígenas, son a menudo despreciados, considerados como atrasados, poco productivos y condenados a la pobreza en sus minifundios.

La iniciativa del MAGAP es un primer paso para definir políticas. De hecho, la realidad es compleja, diferente según las regiones (Costa, Sierra, Amazonia) y también según las nacionalidades indígenas que allí habitan. El enfoque exige una visión completa, ya que en el campo existen también una variedad de actividades, artesanales, de servicios (salud, educación, administración), culturales, y no solamente la agrícola.

La Agricultura Familiar, Campesina y Comunitaria, cumple con diversas funciones: auto-alimentación, abastecimiento de las ciudades, protección de la biodiversidad, conservación de la calidad de los suelos y del agua por su carácter generalmente orgánico, regulación comunitaria del agua, organización de circuitos comerciales cortos. Cuenta también con una fuerte implicación femenina.

A fines de los años 80, el Banco Mundial Banco mundial Creado en 1944 en Bretton Woods en el marco del nuevo sistema monetario internacional, el Banco posee un capital aportado por los países miembros (189 miembros el año 2017) a los cuales da préstamos en el mercado internacional de capitales. El Banco financia proyectos sectoriales, públicos o privados, con destino a los países del Tercer Mundo y a los países antes llamados socialistas. Se compone de las siguientes tres filiales.

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había fomentado los monocultivos de exportación como solución para los países del Sur. Promovió también la contratación de los pequeños campesinos por las empresas nacionales o internacionales, con una sumisión completa a la lógica empresarial. Se ignoraba las “externalidades”, es decir los daños ambientales y sociales. Un cambio tuvo lugar en 2008, cuando después de una consulta de más de 400 especialistas [1], en conjunto con la FAO, la Banca llegó a la conclusión que la Agricultura Campesina tenía un valor agregado superior a los monocultivos por sus múltiples funciones sociales, culturales y ecológicas.

Una de estas funciones es asegurar la soberanía alimentaria. Olivier De Schutter, antiguo relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación lo subrayó a menudo. El “desarrollo” no puede significar su perdida, como en el caso de Corea del Sur, que debe importar el 78 % de su alimentación. Por otra parte, cuando se destruye el campesinado, como en Cuba con el histórico mono-cultivo de azúcar o en Venezuela con la renta petrolera de los 60 y 70, reconstruirlo con nuevas políticas agrarias es muy difícil.

Sin embargo, existen condiciones concretas que pueden asegurar la eficacia de la Agricultura campesina. Una distribución equitativa de la tierra es la primera y se sabe que el Ecuador tiene una de las situaciones más desiguales del continente. Una segunda es garantizar la producción con la utilización de semillas propias, el acceso al crédito, el uso de herramientas. La tercera condición consiste en favorecer la comercialización por circuitos cortos, transportes adecuados, infraestructura rural suficiente. Finalmente se trata de enriquecer la vida social y cultural de los pueblos y de las comunidades, única manera de responder a las aspiraciones de los jóvenes.

Desde luego, una reforma agraria no puede solamente consistir en una repartición de tierras, creando más minifundios. Debe abarcar el conjunto de la vida rural, con sus dimensiones económicas, sociales y culturales. A estas condiciones, la Agricultura Familiar Campesina podrá contribuir a la Nueva Matriz productiva, evitando la importación de alimentos y cuidando el patrimonio natural para el futuro. También, ella ofrece una solución para salir de la pobreza, haciendo de millones de personas, actores sociales y no solamente beneficiarios de bonos humanitarios.

En Ecuador la promoción de la Agricultura Campesina tiene posibilidades reales. Hay organizaciones de base, campesinas e indígenas, experiencias concretas (35.000 unidades de agricultura orgánica), mujeres campesinas e indígenas combativas, organizaciones voluntarias (cooperativas, asociaciones) y órganos gubernamentales (investigación, crédito, herramientas, comercialización). Sin embargo, en las instituciones de este sector hay falta de personal, de medios y de apoyo político.

El Año Internacional de la Agricultura Familiar de las Naciones Unidas ofrece la oportunidad para que el país haga de la Agricultura una prioridad. Eso permitiría en primer lugar revisar y limitar las actividades agrícolas que acaban con la biodiversidad, contaminan los suelos y las aguas, generan un alto nivel de emisiones de gases de efecto invernadero, disminuyen el empleo, aceleran las migraciones internas y externas, damnifican la salud de los trabajadores y de la población; y, en segundo lugar promover un nuevo dinamismo a una Agricultura Familiar Campesina y Comunitaria, todavía marginalizada, pero considerada internacionalmente como una solución de futuro.



Francois Houtart e profesor al IAEN.

Notas

[1International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology (AASTD)

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