Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
CADTM

Capitalismo

G8 / G20

Contra el FMI

Buena leche

2 de abril de 2009 por Ramón Rocha Monroy


La crisis mundial debería cobrar sus víctimas. Dos de ellas, las más culpables, son el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que nos han empujado al abismo de estos días. Dos autores insospechables, Eric Toussaint, presidente del Cadtm Bélgica (Comité por la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo www.cadtm.org) y Damien Millet, portavoz del Cadtm Francia abundan en argumentos sólidos que todos deberíamos apoyar. Dicen lo siguiente:

Con la crisis internacional desatada en el verano de 2008 quedaron demolidos todos los dogmas neoliberales, no pudiendo negar sus fracasos el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Aunque desacreditadas, estas dos instituciones aprovechan la crisis internacional para volver a ubicarse en el frente de la escena.

Durante décadas esas instituciones han impuesto por la fuerza medidas de desregulación y programas de ajuste estructural que han conducido a la actual crisis. Se trata de un fiasco para el Banco Mundial y el FMI por el que hoy deben responder ante la opinión pública mundial. Por añadidura, sus previsiones económicas no son fiables: en noviembre de 2008, el FMI pronosticó un crecimiento mundial del 2,2 por ciento para 2009, luego lo corrigió al 0,5 por ciento en enero, y finalmente estimó, en marzo, que será negativo. En realidad, sus expertos defienden los intereses de los grandes acreedores.

Mientras que la situación económica se deteriora rápidamente, los grandes banqueros del mundo se esfuerzan en dar al FMI desacreditado y deslegitimado el papel del caballero blanco que va a ayudar a los pobres a hacer frente a las devastaciones de esta crisis. Ahora bien, lo que sucede es lo contrario: los principios defendidos por el FMI desde los años ochenta están todavía vigentes. Los gobiernos que firman un acuerdo con el FMI para recibir fondos deben aplicar siempre las mismas recetas, que degradan aún más las condiciones de vida de las poblaciones.

Existe el doble discurso del FMI y de Dominique Strauss-Kahn, que por una parte piden a la comunidad internacional aumentar los esfuerzos para lograr objetivos de desarrollo del milenio y, por otra parte, fuerzan a los gobiernos a bajar los salarios de sus empleados públicos. Se trata de propugnar exactamente lo contrario de una verdadera política destinada a hacer frente a la crisis defendiendo el interés de los que son víctimas.

Una vez más el FMI demuestra que es un dócil instrumento al servicio de los mismos que han provocado la actual crisis financiera. En este período de gran inestabilidad monetaria (como lo muestran las enormes variaciones en la paridad entre el dólar y el euro desde hace un año), el FMI se muestra incapaz de proponer la puesta en marcha de una tasa (o impuesto) del tipo Tobin-Spahn que reduciría las variaciones de las cotizaciones combatiendo la especulación y permitiendo juntar los fondos necesarios para erradicar la pobreza y liberar el desarrollo.
Por todas las razones mencionadas, la solución es la abolición del FMI y del Banco Mundial, y su reemplazo por instituciones diferentes, centradas en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.


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