Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
CADTM

Cancún, cumbre fallida

13 de diciembre de 2010 por Salvador González Briceño


En tanto los países altamente
industrializados no cambien sus procesos productivos que son por demás
contaminantes, las cumbres sobre el medio ambiente como la COP 16 [antes
Copenhague y el amenazado con dilapidar Protocolo de Kioto] que proponen
el desarrollo sustentable como modelo a adoptar por todo el mundo para
revertir los daños causados al planeta hasta ahora, no representarán
avances ni acuerdos posibles entre las partes y sí, en cambio, seguirán
en retroceso. Es decir, continuaráel deterioro de las condiciones
ambientales, terrestres y marítimas, de una casa que por milenios le ha
brindado albergue —alimento, cobija, todo lo que necesita y más— al
hombre y en cambio le regresa como moneda de pago la destrucción.

Nada qué ver, con el modo de producción alentado por el capital y la
ganancia, con las concepciones, percepciones y manejo que de la tierra
tienen las comunidades indígenas, los pueblos originarios, los
campesinos [por eso el texto en este espacio de Noah Sealth (Ce-Atl ó
1-Agua), mejor conocido como Jefe Seattle de dos tribus Duwamish y
Suquamish, que le dio nombre a la ciudad más grande del estado de
Washington en Estados Unidos; ver
http://maniobrasdelpoder.blogspot.c...
], sobre el empleo de la naturaleza como Madre Tierra —Pachamama, dicen los
indígenas bolivianos—, y como tal el uso, la conservación y el pleno
respeto.

Lo demás son reuniones para la catarsis colectiva, discursos con
preocupaciones sin sentido [como bien han denunciado los movimientos
indígenas y campesinos autónomos de diversos países presentes en
Cancún], gastos innecesarios; eso sí, un paseo por el Caribe mexicano de
representantes de los países, de los gobiernos, de asociaciones
subsidiadas por organismos internacionales para el “desarrollo
sustentable”, etcétera.

Lecciones de una reunión sin logros, eso será la 16 Conferencia de la
Partes sobre Cambio climático. Porque no bastan las cifras, la medición
del problema o quedarse en el diagnóstico. Eso sirve de base para ir
hacia los acuerdos. Si acaso para tomar conciencia de la magnitud y
alcance del problema; la contaminación, los grados de deterioro del
aire, la tierra, del mar. Las cantidades de contaminantes generados como
desechos del que ninguno de los realmente responsables se ocupa. Nada más.

Por eso llueven los reclamos en Cancún de los auténticos preocupados, de
los que padecen el problema. Porque no hay reuniones formales para el
diálogo y el consenso, para entrar a las acciones. Por eso la protesta
generalizada en contra de los países desarrollados, particularmente de
Estados Unidos, a quien se acusa de abortar el Protocolo de Kioto,
porque no quiere compromisos bajo un montón de pretextos. Por eso la
denuncia pública de que México juega chueco con reuniones en lo
oscurito. Y el repudio de los propios mexicanos a los cantos de sirena
del presidente Felipe Calderón, quien llegó a la COP 16 cínicamente para
hacer pronunciamientos políticos, y no asumir su responsabilidad como
país sede.

De ahí las presionesde personajes de Perú y de Educador, como Evo
Morales y Rafael Correa. Por eso tampoco basta lo que defendió Marcelo
Ebrard, que llegar a acuerdos es cuestión de voluntad política. Porque
en el fondo, lo que hace falta es conciliar intereses. Y los ricos de
los países desarrollados no quieren eso. La ambición por el dinero, por
la riqueza de unos cuantos, vale para ellos eso y más. Tanto como su
ambición por acumular. Dado que una parte importante de la solución que
se busca es ese cambio fundamental. Por eso por ahí no se vislumbra la
solución.

Por lo tanto, es importante replantear o repensar otra solución. Si no
se construye desde arriba, hay que comenzar a hacerlo desde abajo.
Emplear la salida propuesta por los pueblos originarios, por los
indígenas y los campesinos del mundo, principalmente de los países
pobres. Dejar de lado a los ricos, porque no ofrecen nada. Con todo y
que la solución comunitaria requiera de grandes esfuerzos,
principalmente de difusión de las alternativas ya existentes y de
capacitación sobre las nuevas formas de producción, cultivo y cuidados
de la tierra, por ejemplo.

Tanto en el campo como en las grandes urbes se puede. Contar y reunir
todos los experimentos posibles tanto de las universidades como de los
propios pueblos y ver su aplicabilidad. Analizar todas las posibilidades
de la sustentabilidad, porque las hay. Por ejemplo, el aprovechamiento
de todos los recursos posibles para el intercambio, la reforestación de
los bosques, la preparación y el uso de compostas, el riego por goteo
para la siembra en espacios cortos, la captación de agua de lluvia
contra la desertificación, el cocinar con la energía solar, etcétera. Y
en las grades ciudades, además de la captación de agua de lluvia, el
cultivo de frutas y hortalizas en las azoteas de casas y edificios. Todo
con un sentido comunitario. Por eso será sencillo comenzar con este tipo
de acciones en el campo.

Lo que los ricos requieren es presión por otras vías. Como obligarlos a
adoptar medidas y acciones en pro de la vida, del ambiente, de la
Tierra, de la sustentabilidad y contra el vil consumo y la riqueza en
pocas manos, contra la acumulación. Eso se puede lograr evitando el
consumo per sé de artículos suntuarios. Eso se puede lograr educando a
la población para vivir con lo indispensable nada más, y rechazar todo
lo que sea inútil porque daña la salud, deseduca como la televisión o
destruye como el cine de Hollywood.

Porque lo que más daña al planeta son los productos con que se inunda el
mundo desde los países desarrollados. Muy sencillo sería ponerles un
alto, no adquirirlos o negarse a consumirlos. Esa es una ruta poco
escudriñada, pero puede aportar grandes resultados, a favor de la madre
tierra y de la sobrevivencia de la vida. Porque los ricos llevan al
mundo hacia la destrucción. Como lo dijo el presidente de Amigos de la
Tierra, Nimmo Bassey: “Lastimar al planeta se ha convertido en un
negocio redondo”. Por eso los hombres del dinero la miran como negocio.

Todo ello, y más, sí vale la pena meterlo a discusión. Y puede comenzar
a funcionar muy bien en comunidades enteras, hasta en países y en
asociaciones de ellos como el ALBA. Mientras más pronto será tanto
mejor. Así marcharán mejor las cumbres sobre el medio ambiente, porque
será la suma de los pueblos y no de los dirigentes, que son los
representantes de los ricos que quieren destruir el planeta con su
sobrada ambición.

Fuente: Alainet

Salvador González Briceño - http://maniobrasdelpoder.blogspot.com


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