Cuba: un triunfo preñado de peligros

23 de diciembre de 2014 por Eduardo Lucita


La noticia causó una verdadera conmoción en los últimos tramos del año que estamos transitando. Cuba y EE UU reanudaban relaciones luego de más de medio siglo. Es un éxito de la dignidad del pueblo cubano y de su líder indiscutido, que también abre interrogantes frente a los nuevos desafíos.

En este fin de año se acumulan las noticias internacionales. Derrumbe de los precios del petróleo; nuevas ejecuciones y secuestros de los fundamentalistas islámicos en Siria, Irak, Nigeria y Pakistán; en Colombia las FARC anunciaron una tregua unilateral indefinida; en México y EE UU se suceden las manifestaciones por los normalistas de Ayotsinapa y por un nuevo asesinato de un joven negro en Ferguson, son solo algunas de ellas.

Sin embargo todas estas noticias fueron eclipsadas por la conocida el pasado miércoles 17: “Cuba y EE UU reanudan relaciones luego de 53 años” rezaban todos los portales noticiosos. Tal el anuncio realizado simultáneamente en Washington y La Habana por los presidente de los dos países, que incluye la apertura de sendas embajadas, la liberación de prisioneros, la flexibilización de restricciones comerciales, financieras y tecnológicas, retirar a Cuba del eje del mal y la promesa de elevar al Congreso de EE UU un pedido para que levante el bloqueo.

Medio siglo de agresiones
La decisión pone fin a ese resabio de la Guerra Fría -que enfrentaba bloques de países con formas de propiedad, relaciones de producción y organización social distintas- que tomó formas concretas en la región en 1961. Fue cuando EE UU cayó en la cuenta que no podía controlar esa revolución que lo dejaba desairado frente al mundo, porque no solo era en su patio trasero sino que era ahí nomás, apenas a 90 millas de sus costas sureñas.

Reforma agraria, nacionalización de las refinerías primero y de las industrias después, reorientación de sus relaciones políticas y económicas hacia el bloque socialista. Desde ese entonces el imperialismo norteamericano buscó derrocar el régimen revolucionario, sea con el bloqueo -económico/financiero/comercial/tecnológico; sea con el cerco naval; sea con la invasión de Bahia de Cochinos –aplastada por la decisión y valentía del pueblo cubano y su dirección política; sea con los permanentes sabotajes y guerras bacteriológicas o con los intentos de asesinato de Fidel Castro –resueltos con capacidad preventiva y movilidad permanente.
No fue otra cosa que la presión imperialista la que llevó a una dirección nacional democrática –pero consecuente hasta el final, como ninguna otra en nuestra América latina- a declarar al Estado cubano como socialista. Se dio así un mentís a las tesis estalinistas de la revolución por etapas, como contrapartida se demostraba –claro que al modo caribeño- que la lucha democrática, por la independencia de la nación y la transformación radical de la sociedad, constituían un proceso único e ininterrumpido, permanente.

Cuba en octubre
Fue la llamada “crisis de octubre” en 1962, el punto más elevado de estas tensiones, que puso al mundo al borde de una guerra nuclear. “Para Washington el significado era la amenaza nuclear de los cohetes soviéticos; para la Unión Soviética era la extensión de sus bases militares en el Caribe, para Cuba era la defensa de la nación, de su independencia y de su territorio en un momento preciso de su historia… EE UU y la Unión Soviética movilizaron sus fuerzas militares, incluidas sus armas nucleares. Sus respectivos pueblos y el resto del mundo quedaron como espectadores, conteniendo el aliento”. Por el contrario “El gobierno cubano llamó a las armas al pueblo entero, declaró la alarma de combate y convirtió a la crisis en una movilización de la nación. Fue uno de los grandes momentos constitutivos de la nación”. Tal lo descripto por Adolfo Gilly en su formidable ensayo “A la luz del relámpago. Cuba en Octubre”.

Estaba escrito
El acuerdo ha tomado por sorpresa a casi todos, sin embargo está en correspondencia con las resoluciones del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) realizado en 2011, que profundizó la línea de reformas que ya venía impulsando Raúl Castro desde que asumiera en 2008 para “actualizar el modelo”, con el aval de Fidel que casi 10 años atrás había anticipado que “el modelo ya no funciona ni siquiera para nosotros” y que la destrucción de la revolución podía venir más de las contradicciones internas que de la presión de afuera. Desde entonces se sancionó una nueva ley de inversiones extranjeras; se liquidaron miles de puestos estatales; se permitió la iniciativa privada en ciertas áreas, se incorporaron conceptos como competitividad y eficiencia; se abrió una zona de libre comercio en el puerto de Mariel, que será administrado por una empresa privada. Todos son conscientes que la sustentabilidad económica de estas medidas depende del flujo de inversiones externas que se consigan.
Por su parte el cambio en la política de EE UU, anunciado por Barak Obama bajo el lema “50 años mostraron que el aislamiento no funcionó. Necesitamos un nuevo enfoque”, ya había sido señalado años atrás por Hilary Clinton “… no cumple ninguna función y obstaculiza nuestros proyectos con toda América Latina". Ya en 2012 la administración Obama había manifestado la necesidad de desbloquear las relaciones con Cuba e Irán. Es que crecía en la opinión pública americana y mundial, incluso en la comunidad cubana en Miami, la necesidad de cambiar la política. Esta presión se hacía sentir también en los organismos internacionales, mientras que importantes sectores capitalistas y empresariales reclamaban por la apertura, con el simple argumento que quedaban afuera de los negocios que usufructuaban europeos, canadienses y brasileños, a los que ahora se sumaban capitales rusos y chinos.
Los acuerdos alcanzados por lo tanto no cayeron del cielo, por el contrario fueron largamente trabajados. Ahora se sabe que desde hace un año y medio se sucedían las reuniones bilaterales en Canadá, y que en los últimos meses intermedió el Papa Francisco. La simultaneidad de los anuncios y de la liberación de los presos en los dos países es más que simbólica. El bloqueo sigue aún vigente, pero más debilitado.

Un nuevo triunfo que renueva la esperanza
Los anuncios de días atrás constituyen un hecho histórico y un triunfo para Cuba. Han logrado reanudar las relaciones, el retorno de los 3 patriotas cubanos -que aún permanecían injustamente detenidos, de los 5 originales- y no hay que descartar un levantamiento del bloqueo más rápido de lo previsto. Sin embargo los desafíos de los tiempos por venir son grandes. EE UU no entra al acuerdo gratuitamente, la necesidad de un “nuevo enfoque” no implica cambios en los objetivos estratégicos del imperio para la región. En el plano económico, aún cuando se mejoren las condiciones materiales de vida de los cubanos y que el Estado regule las relaciones económicas, la ampliación de las relaciones mercantiles; el mayor flujo de remesas; el incremento del turismo; las inversiones privadas, la búsqueda de competitividad; tenderán a una economía de mercado, a incrementar los diferenciales sociales, poniendo así en riesgo los pilares de la sociedad igualitaria que tanto costó construir y sostener.

Sin embargo este triunfo histórico puede retemplar el ánimo de los cubanos, ya curtidos en décadas de resistencia al bloqueo, a las agresiones permanentes y a las carencias de todo tipo, a la par que renovar la esperanza y alentar a jóvenes generaciones en la lucha por las conquistas sociales de la revolución y el socialismo. No es poca cosa.
El pueblo cubano y su dirección tienen tantas razones para festejar como para estar alertas. Este fin de año levanto mi copa por ellos, por su historia de revolución y resistencias. También por Ud. respetable lector. Feliz 2015 para todos.



Eduardo Lucita es integrante de EDI - Economistas De Izquierdas.

Eduardo Lucita

Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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