David Graeber opina sobre «Strike the Debt» y la situación de Detroit

11 de diciembre de 2013 por CADTM , David Graeber , Jonas Nunes de Carvalho


Esta entrevista se realizó el 4 de octubre de 2013 en Bruselas, después de una conferencia organizada por el CADTM con ocasión de la presentación de la edición en francés de su libro Debt: the first 5000 years (Dette, 5.000 ans d’ histoire).

CADTM: Usted estuvo implicado en los movimientos «Occupy Wall Street» y «Strike the Debt». ¿Podría explicarnos lo que está pasando en Estados Unidos con respecto a las acciones concernientes a las deudas inmobiliarias, las deudas de los estudiantes y las deudas municipales en Detroit?

David Graeber: Parece que estamos en una curiosa situación, en la que la crisis de la deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
afecta todos los niveles pero no hay nadie que sepa lo que hay que hacer. El movimiento «Strike the Debt» se creó en un momento culminante de «Occupy Wall Street», y durante el primer año nos hemos preguntado cómo iniciar un movimiento de desobediencia civil frente al capital financiero. Comencé a hablar de préstamos y deudas a una gran cantidad de gente inmersa en ese problema. Debo decir que mientras yo colaboraba en la organización inicial de ocupación de Wall Street, estaba escribiendo un libro sobre la deuda y trataba de dejar bien claro la separación entre la ocupación y mi libro. Sin embargo, no fue fácil, ya que cada vez que daba una conferencia a los jóvenes, llegaba gente preguntando, por ejemplo, si yo no podía lanzar un movimiento sobre los préstamos a los estudiantes. Evidentemente hay un gran interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. , pero, en realidad, no se sabe muy bien qué se puede hacer a pesar de la cantidad de gente que quiere hacer algo. En parte porque muchos tienen miedo. Una primera idea fue decir a la gente que se comprometiera a dejar de pagar cuando se alcanzara cierto número de firmas. Hay que señalar que los estudiantes pueden tener que pagar hasta 30.000 dólares. Pero no queríamos que nos acusaran de haber alentado a la gente a no pagar y por ende de que tuvieran más problemas. Redactamos este compromiso pero vimos que era muy difícil conseguir que lo firmaran. Logramos unas cinco o seis mil firmas pero sin compromisos personales reales. Consideramos esta acción Acción Título mobiliario emitido por una sociedad de acciones. Este título representa una fracción del capital social. En particular otorga a su titular (el accionista) el derecho a percibir una parte de los beneficios distribuidos (el dividendo) y de participar en las asambleas generales de la empresa. un fracaso y por lo tanto que debíamos reflexionar. Una de las conclusiones que se sacaron fue que mucha gente no quería firmar un texto que sugería que ellos no podrían reembolsar sus préstamos de estudiante. Y eso porque, de hecho, ya no los pagaban. Actualmente, un quinto de los estudiantes no paga su crédito y otro quinto os dirá, pidiendo el anonimato, que se verá forzado a ello.

Como ya estaban en situación de «default», o casi lo estaban, o lo estaban considerando, la última cosa que deseaban era firmar un documento que dijera «sí, soy yo, y mis motivos son políticos y la agencia de cobro vendrá detrás de ustedes». Nos dijimos que quizás el fenómeno era más amplio de lo que habíamos previsto, y de hecho, cuando comenzamos a investigar descubrimos que la cantidad de «default» era enorme: uno de cada siete estadounidenses está actualmente perseguido por una agencia de cobro, por una u otra deuda, sin considerar la falta de pago de los préstamos hipotecarios y de los préstamos de estudiante. Por una cuestión u otra, probablemente una cuarta parte de los estadounidenses endeudados, e incluso más, está ya en situación de cesación de pago.

Y entonces uno se da cuenta de la amplitud del problema: Hay varios millones, quizás entre 75 y 90 millones, de personas que de hecho hacen desobediencia civil contra el capital financiero, pero que no quieren que se sepa. ¿Cómo organizar a esa gente que oculta su resistencia? Sugerimos la idea de un ejército invisible: «Existe un ejército invisible de gente en «default». Las cineastas Astra Taylor y Laura Hanna tuvieron la idea de realizar un vídeo donde se vería a estadounidenses comunes hablando sobre el no pago de los préstamos, haciendo sus actividades cotidianas, triviales —cortar el césped, pasear al perro, ese tipo de cosas—. Todos son miembros de ese ejército invisible de deudores en cesación de pagos. Más importante aún, tuvimos la idea de un manual para ser utilizado por los resistentes a las deudas, o sea por ese ejército invisible. Se trata de reunir toda la información posible sobre cada préstamo, sobre todos los tipos de deuda que existen en Estados Unidos, y de dar un mínimo de explicaciones históricas y políticas, para luego pasar a las informaciones prácticas, del tipo ¿qué sanción os dirán que os aplicarán si no pagáis y en realidad qué pasará? Y esto luego de persuadir a personas que trabajan en algunos sectores para que liberen algunos secretos de sus empresas. Por ejemplo, alguien que había trabajado en «Payday Loans» durante un año, cuando se fue, asqueado, nos explicó que el gran secreto de «Payday Loans» es que hacen pagar hasta un 800 % de tipo de interés anual (por mes), lo que corresponde al capitalismo común. El capitalismo todavía no ha sido abolido en Estados Unidos. Pero su excusa es que «si usted no paga, no pasa nada». Os dejan en paz, por lo que el dinero podría salir gratis. Evidentemente no lo dirán, y es ese tipo de información lo que publicamos. Eso era un éxito seguro e hicimos circular por Internet y distribuimos cientos de miles de ejemplares.

Nos dimos cuenta de que muchas instituciones o empresas de crédito consideran un impago de deudas que no es nada despreciable. Pero esta cancelación no se la quieren hacer directamente a los deudores. Esto es muy importante porque demuestra que siempre se producen reducciones y anulaciones de deudas, y probablemente a gran escala, aunque los acreedores no tienen ganas de que se sepa. Quieren preservar la moral de la deuda: la idea de que tenemos una obligación absoluta de reembolsar las deudas contraídas.

Supongamos que usted tiene una deuda de 10.000 dólares en su tarjeta de crédito. Después de 6 meses de haber dejado de pagar, la entidad se dirige a una agencia de cobro, pero lo que hace es venderle la acreencia (su deuda) no por su valor total si no a 5 céntimos por dólar: en lugar de 10.000 dólares, la entidad recibe 500, mientras que la agencia de cobro, que ha comprado su deuda, tratará de hacerle pagar, a usted, los 10.000 dólares. Y tiene éxito en el 50 % de los casos, por lo que obtiene enormes beneficios.

Siguiendo con nuestra investigación, entendimos que no era necesario ser una agencia de cobro para recomprar las deudas. Más o menos, no importa mucho quien puede hacerlo. Pero la entidad acreedora no les dirá quién es el deudor, ya que usted podría recomprar su propia deuda. Usted puede decir: quiero comprar la deuda de la sanidad de Nueva Jersey, quiero comprar las acreencias a terceros de Iowa o casi todo lo que usted quiera, usted puede comprarlas y anularlas. Nadie le puede decir «Usted no puede hacer eso» Así que hicimos una colecta, recogimos millones de dólares y comenzamos a anular las deudas de la gente.

CADTM: ¿Y el caso de Detroit?

David Graeber: Detroit es el ejemplo perfecto de esta moral de la deuda, de la manera en que se consideran unas deudas más sagradas que otras. Así las deudas entre ricos o las deudas entre pobres siempre han podido ser renegociadas. Pero si la deuda es entre ricos y pobres la historia es otra. Aunque en estos casos la renegociación se da solamente en un sentido: la deuda de los ricos hacia los pobres puede muy bien ser renegociada y de hecho se hace todo el tiempo. Y esa es la situación de las repetidas tentativas de modificar el funcionamiento de la seguridad social. Se trata de una deuda hacia los pobres que se replantea constantemente.

Observemos los fondos de pensión de Detroit. La ciudad debe enormes sumas de dinero a una gran cantidad de gente, y esto debido a una serie de especulaciones financieras, por consiguiente, se ve en la obligación de alcanzar el equilibrio de su presupuesto. Cuando eso ocurría, en el pasado, se encontraba una solución. Pero fue durante una crisis fiscal similar de la ciudad de Nueva York, en 1975, que los neoliberales pusieron a punto su táctica para la implantación de reformas neoliberales. Este escenario se había producido a menudo durante la historia de Estados Unidos: el Estado federal intervenía y proveía la ayuda financiera necesaria para reflotar la ciudad. Pero esta vez no hubo ayuda. En lugar de permitir una refinanciación hicieron venir a un grupo de expertos, en realidad de acreedores, y le dieron carta blanca para reformar la economía de la ciudad, y por supuesto se privatizó todo rápidamente. Nueva York era una ciudad democrática y social, tenía una universidad gratuita, por ejemplo, y todo tipo de servicios sociales también gratuitos. Pero hicieron tabla rasa. Desmontaron todo lo que era de izquierda, impusieron nuevos impuestos a los pobres, y esta manera de resolver una crisis presupuestaria —imponiendo una inspección de tecnócratas presentados como neutros, que en realidad son agentes del libre mercado que imponen una serie de reformas supuestamente esenciales, desviando así los recursos públicos sin el acuerdo de la población— es una fórmula de la que están satisfechos. Y es esta fórmula la que exportaron al Tercer Mundo, país tras país, en los años 1980 y 1990. Por lo que es bastante irónico que esta fórmula vuelva a casa. Nueva York sirvió de laboratorio, ahora es el turno de Detroit.

Traducción: Griselda Piñero



David Graeber

é um militante, antropólogo e professor leitor de antropologia social, no Colégio Goldsmith da Universidade de Londres.

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