Disculpe la pregunta: ¿Nos estamos mirando en el mismo espejo?

4 de junio de 2004 por Carlos Powell


¿Qué pasa cuando, sencillamente, en un país no se puede contestar a la pregunta: qué está funcionando bien ? ¿Cuando todos los índices resultan dramáticos? ¿Cuando los gobernantes admiten públicamente que su margen de maniobra es mínimo, o inexistente, frente al poder económico transnacional? ¿Cuando a pesar de las humillaciones que supone un tratado comercial, como los de “libre” comercio con Estados Unidos, las autoridades no tienen más alternativa que firmarlo, más por el temor a las represalias que por lo atractivo de la oferta? ¿Cuando...

Quizá ciudadanos de otros países, especialmente del sur del planeta, se vean reflejados en este espejo. Da la impresión de que Nicaragua va como un barco a la deriva, y hasta se sienten las náuseas de los mareos. En su prolongada desdicha, la loca embarcación sólo atraviesa zonas donde la tormenta amaina y pareciera que “las cosas van mejor”. Los gobernantes aprovechan estas calmas pasajeras y anuncian que “estamos en la buena dirección”. Sin embargo, inmediatamente después, entramos en otra zona de turbulencias y la estructura del barco, en su ya extrema fragilidad e ingobernabilidad, se sacude hasta el límite mismo de un naufragio. Uno se pregunta por qué no hay motines a bordo. Pero claro, rápidamente aparecen los botes de emergencia del FMI FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.

A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.

Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).

Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).

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, con nuevos préstamos. Entonces nos damos cuenta de que la idea central es impedir el naufragio, y sólo mantenernos a flote. Pero en ningún caso permitirnos navegar a nuestras anchas y llegar a buen puerto. Tenemos más de 500 años de estar navegando en círculos. Lo único que cambia en el panorama, es la cara de los piratas. Y su nacionalidad.

En cada uno de los sacudones caen pasajeros al mar. Son los muertos de hambre “estructurales”, que los informes clasifican como “problemas colaterales de los ajustes”: se resolverán como parte de los eternos programas de “lucha contra la pobreza”. Estos programas, hoy neoliberales, afirman que la empresa privada será el motor que nos sacará de la tempestad. Entonces todo se privatiza. Se aduce también que la corrupción fue el síndrome del gigantismo estatal, y sin embargo, presenciamos todos los días una escabrosa danza de la corrupción transnacional, privada y pública, que envuelve a presidentes y altos funcionarios neoliberales, muy democráticos.

Pero la corrupción ya no es un mal exclusivamente político, campea en los más variados sectores y estratos. Fatídicamente, se cumple a la letra la frase del tango: “El que no llora no mama y el que no afana (roba) es un gil (tonto)”. Comparar nuestro accionar social a un bebé es cruel (¡para ambos!), si nos consideramos adultos. Y qué decir del ladrón... La cultura de la “viveza criolla” admite que el vivo tiene razón de robarle al tonto, porque es tonto. ¿Por qué es tonto?: Porque no roba. De ahí en adelante, nadie puede confiar en nadie. Y menos aún los ciudadanos confiar en sus dirigentes. Dicho de otra manera, nuestro problema no es sólo navegar en un mar plagado de piratas muy bien armados: es también estar a merced de una tripulación que tiene el alma verde, verde dólar. Pienso a veces que la llamada “dolarización Dolarización Substitución de la moneda nacional por el dólar, la cual, a diferencia de un régimen dede «arrimage», desaparece totalmente. ” de la economía es también la dolarización de la sociedad en su conjunto, es decir, la metástasis verde que nos corroe el alma.

Nuestra deriva se da en la gobernabilidad, en la economía, en la vida político-parlamentaria y partidaria, en la laicidad de las instituciones, en el sistema jurídico, en el sistema electoral, en el sistema de salud pública -hospitales, acceso a medicinas-, de protección social, en el comercio, en la fiscalización impositiva, en la educación, en la diplomacia, en la policía, en el sistema bancario, en la vida cultural y deportiva, en el respeto a las diferencias de género, en la protección ambiental...paradójicamente, en Nicaragua quizá el ejército sea en este momento una de las instituciones más sólidas y con menos resonancias de desorden, aún cuando, hace pocas semanas, haya tenido que aceptar la reducción de parte de su arsenal defensivo antiaéreo, los misiles portátiles SAM7, debido a las presiones estadounidenses. Pero la institución realizó esta destrucción de material bélico a espaldas de los medios.

Ni siquiera las organizaciones no gubernamentales escapan a este estado de cosas: sus programas ahora son tele-dirigidos por las grandes agencias de cooperación bilateral que las financian. Navegan en función de las promesas de financiamiento. Y las que se rebelan, son relegadas y tienden a desaparecer. Peor aún, la nueva estrategia de “cooperación sectorial” supondrá que los fondos serán entregados directamente a las instancias estatales, y éstas, supuestamente, distribuirán los recursos en función de sus estrategias nacionales de desarrollo y según el grado de descentralización alcanzado. Un futuro radiante para las arcas del Estado, no necesariamente para los destinatarios. Entonces cabe la pregunta: ¿qué objetivo persigue, en el fondo, esta cooperación? Tiene algo que ver esto con los masivos programas de privatización impuestos por las instituciones financieras internacionales, por los cuales el patrimonio nacional ha pasado vertiginosamente a manos de capitales especulativos que nada tienen que ver con los objetivos sociales?

Nicaragua es uno de los países más pobres de todo el continente, y gracias a ese “récord” de privilegio le ha sido dado incorporarse a las estrategias de “colchón”, la famosa HIPC (Países Pobres Altamente Endeudados). Estos son los botes de emergencia de última generación que lanza el FMI para que sigamos con la cabeza fuera del agua. Si usted, ciudadano del mundo, quiere que el FMI lo reciba dentro de esta estrategia, debe aceptar que en su país todos los días muchas personas se mueran de hambre (“complicaciones clínicas”, dicen los partes médicos), y que durante ese mismo día se preparan otras para morir de lo mismo al día siguiente. Ave Caesar Imparatur, morituri te salutant.

La horrible paradoja de todo esto es que sí hay algo que funciona bien: rara vez he visto, como en Nicaragua, tantos concursos de belleza. Todas las instituciones tienen el suyo, las empresas y los colegios, hasta de primaria, y las universidades. Los periódicos aprovechan este maná para sus ventas y exhiben en sus portadas las siluetas femeninas que parecen traídas de otro planeta. ¡Hasta hay revistas especializadas en dar consejos de dietas especiales para lucir bien en “la playa”! ¡Aquí, donde según el último informe de la FAO, un millón 612 mil personas no tienen asegurado el plato diario de comida y donde tres de cada diez nicaragüenses están sub-nutridos! La mayoría de las jóvenes, enceguecidas, están dispuestas a darlo todo por acercarse a esos modelos de virtud carnal. Si no sos bonita, atractiva y sexy, de qué te van a servir tus diplomas. Mientras tanto, desde hace 10 años (curiosa coincidencia), la tasa de suicidios es de 12 personas por día, según el informe del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, y con tendencia a incrementarse. Es también en estos últimos diez años que ha aumentado drásticamente el exilio económico, muy por encima al que hubo en los años 80, con todo y la guerra. Dos maneras de escapar.

Disculpe la pregunta: ¿Nos estamos mirando en el mismo espejo? ¿O quizá usted tiene mejores noticias del Imperio?




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