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Guillermo F. Parodi
31 de agosto de 2009 por Guillermo F. Parodi
Munido de más de 20 años de psicoanálisis, me atrevo a encarar un tema
difícil y controvertido: ¿Qué pasa en Paraguay?
En realidad hay una evidencia insoslayable. Lugo no es el puro y blanco
“Obispo de los pobres”. Lugo sobrevive sonriente porque hace una
disociación esquizofrénica. Un jesuita amigo que lo conoce desde hace
tiempo nos dijo: miren muchachos: Lugo hizo la proeza de sacar al
Partido Colorado que estaba en el poder desde hacía 60 años, eso fue
bueno, pero por lo que yo conozco no se hagan más ilusiones con él.
De contextura fuerte, con 1,90 m. de altura y unos dientes que pueden
romper una roca de un mordisco, Lugo sigue siendo el que fue, indeciso,
y sin valor para los grandes cambios.
Al verlo con los miembros del ALBA uno dice, es un revolucionario, pero
cuando llega a su país y debe derogar una ley que protege a los
ciudadanos contra los agrotóxicos, que ya han matado y siguen matando
pueblos enteros, no duda y deroga la Ley. Los miembros de la Asociación
Rural son demasiado poderosos para enfrentarse a ellos, entonces el
“tractorazo” se canceló.
Paraguay es uno de los pocos países del mundo que no tiene impuesto
sobre la renta personal. Hay personas que ganan digamos 100.000 dólares
al mes y no aportan nada al erario público. La Cámara de diputados vetó
el proyecto de ley del PE del impuesto sobre la renta personal. Está
claro, los diputados deberían pagarlo. Las empresas pagan impuestos,
pero todas las que conozco tienen doble contabilidad. Una para ellas y
otra para el fisco. Si ocurre algún percance, siempre está la
posibilidad de la coima (mordida). El único impuesto que pagamos todos
es el IVA (impuesto sobre valor añadido), que los grandes supermercados
deducen de sus compras pero que nosotros, simples ciudadanos, pagamos en
firme como consumidores finales. Los economistas bien saben que es un
pésimo impuesto que castiga a los más pobres, que es regresivo; que los
mejores impuestos, los más justos, son los directos que tienen en cuenta
los ingresos del contribuyente, pero en Paraguay eso no ocurre.
Ante la falta de garra, de valor revolucionario, el gobierno no tiene
recursos. La Reforma Agraria, que se podría hacer en horas por los datos
de entrega ilegal de tierras para los que incluso ya hay un libro
publicado, ¡se postergó hasta el año 2020! O sea los “sin tierras”
siguen sin tierras. Los “sin techo” siguen buscando techo. Los indígenas
se refugian en las plazas de Asunción esperando las tierras prometidas.
La violencia ciudadana aumenta.
Paraguay, un país sin problemas raciales o religiosos, que no carece de
agua, energía y tierras fértiles, es el segundo país más pobre de
Suramérica, seguido por Bolivia que pronto lo sobrepasará. ¿Qué hacer?
Vino entonces a mi mente el discurso de un gran libertario, Aleksandr
Solzhenitsyn (1918–2008), en la Universidad de Harvard en 1978 |1|.
Transcribo el texto, que se aplica a la actual situación del Paraguay:
“El declive de la valentía:
La merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente que un
observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo
occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como
individualmente, en cada país, en cada gobierno, en cada partido
político y por supuesto en las Naciones Unidas. Ese descenso de la
valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e
intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la sociedad.
Desde luego, existen muchos individuos valientes pero no tienen
suficiente influencia en la vida pública. Burócratas, políticos e
intelectuales muestran esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad
en sus acciones, en sus declaraciones y más aún en sus justificaciones
que intentan demostrar cuán realista, razonable, inteligente y hasta
moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la
debilidad y la cobardía (…).
¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de
coraje ha sido considerada siempre como el principio del fin?”.
¿Qué hace falta en Paraguay? Con mi experiencia de militante desde hace
más de 25 años puedo afirmar con contundencia: Decencia y valentía. El
resto llegará por añadidura.
|1| Aleksandr Solzhenitsyn. Discurso de graduación en Harvard, jueves, 8
de Junio de 1978
*Guillermo F. Parodi es escritor, profesor universitario, miembro del
Observatorio Internacional de la Deuda y de los colectivos Rebelión,
Cubadebate y Tlaxcala (* *www.tlaxcala.es*
la red de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se
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Articulo revisado por Caty R.