El “hirak” (movimiento) contra el “mandato de la vergüenza” de Bouteflika

7 de marzo por Jérôme Duval


Manifestation du vendredi 1er Mars à Alger.

Abdelaziz Bouteflika no cede. Sordo a la protesta de la calle, se postula oficialmente para un quinto mandato después de 20 años en el poder en Argelia.

Anunciado como candidato para un quinto mandato, el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika, que cumplió 82 años el sábado 2 de marzo, lleva hospitalizado en alguna clínica de Suiza desde el domingo 24 de febrero. El jefe de Estado argelino, que no podía estar más callado desde que sufrió un grave derrame cerebral en abril de 2013, ya había sido reelegido sin intervención pública por su parte durante la campaña de 2014. Desde entonces, como explicó el periodista de Algeriepart Abdou Semmar en una entrevista realizada por Le Média, la ausencia de Bouteflika, que sigue en el poder en Argelia desde 1999, ha conducido a las instituciones del régimen a luchas de clanes por su sucesión.

Mientras tanto, la exasperación del pueblo argelino parece estar en su apogeo ante otra farsa electoral, con los comicios previstos para el próximo 18 de abril. Tras la publicación en Internet de un manifiesto que decía “No a un quinto mandato”, Hadj Ghermoul, miembro de la Liga Argelina de Defensa de los Derechos Humanos (LADDH) y del Comité Nacional para la Defensa de los Derechos de los Desempleados (CNDDC), fue detenido el 29 de enero y condenado el 7 de febrero a 6 meses de prisión en Mascara (parte occidental del país), oficialmente por “desacato a un órgano constituido”. El intento de cortar de raíz las protestas contra el nuevo mandato de Bouteflika, que han ido en aumento desde entonces, parece haber fracasado.

El anuncio oficial de la candidatura de Bouteflika al poder suscitó indignación, pero nadie esperaba el increíble estallido popular que se produciría a continuación

El 2 de febrero, el Presidente de la Asamblea Nacional, Moad Bouchareb, anunció lo que todos esperaban: el Frente de Liberación Nacional (FLN) eligió a Abdelaziz Bouteflika como su candidato. El comunicado emitido al final de una reunión de los líderes de los cuatro partidos políticos de la coalición de gobierno afirmaba: “Los partidos de la alianza presidencial presentan a Abdelaziz Bouteflika como candidato en las próximas elecciones presidenciales”. En ese contexto, el anuncio oficial de la candidatura de Bouteflika al poder suscitó indignación, pero nadie esperaba el increíble estallido popular que se produciría a continuación.

Elegido Jefe de Estado en 1999 y reelegido en la primera vuelta en 2004 (85% de los votos), 2009 (90%) y 2014 (81%) —tras la abolición de la limitación constitucional a dos mandatos presidenciales— Bouteflika sentó las bases para una presidencia vitalicia. Ahora se ha convertido en un objeto codiciado por la mafia gobernante y por su propia familia, que tiene las riendas de Argelia, el país más grande de África.

El viernes 22 de febrero tuvieron lugar numerosas movilizaciones en todo el territorio. Es la primera gran marcha en la capital, Argel —donde las manifestaciones han sido estrictamente prohibidas— desde la gran marcha del 14 de junio de 2001, cuando cientos de miles de manifestantes de Cabilia convergieron en la capital. El muro del miedo acaba de romperse. “¡Ni Bouteflika ni Said!”, coreaban manifestantes en referencia al hermano del presidente argelino. “Sistema, ¡sal de aquí!” “El pueblo quiere que el régimen caiga”, “El poder, asesino”, se oía en las calles. Lemas que no aparecen en los medios de comunicación públicos donde las manifestaciones del viernes 22 de febrero pasaron desapercibidas, se retransmitieron tarde y se vaciaron de contenido.

Sin embargo, se está escribiendo una página de la historia y habrá un antes y un después del 22 de febrero de 2019 en Argelia. Pocos días después, el martes 26 de febrero, el mundo estudiantil se movilizó masivamente contra la anunciada reelección de Abdelaziz Bouteflika, para disgusto de los dirigentes de la mayoría de las organizaciones estudiantiles, cercanas al gobierno. Los periodistas denuncian la connivencia de los principales medios de comunicación con el régimen —que les disuade de informar sobre el levantamiento en curso— las conexiones lentas a Internet, incluso cortadas por las autoridades, y la denegación de visados a los comunicadores extranjeros que desean cubrir el levantamiento.

El viernes siguiente, 1 de marzo, dos días antes de la fecha límite para la presentación de candidaturas presidenciales, un maremoto inundó las calles de todo el país. Cientos de miles, incluso millones de personas han marchado contra el “mandato de la vergüenza” del presidente Boutelflika. Desde la Guerra de Liberación, los argelinos no se habían levantado de esta manera para unir a todo el pueblo en torno a un objetivo común. En Orán, la segunda ciudad más grande de Argelia, unas 10.000 personas participaron en la marcha por la “dignidad”. “Si marchamos, no es contra la persona de Bouteflika, sino contra el clan a su alrededor, contra un sistema”, explica Youssef, de 22 años. En Tlemcen, supuestamente la fortaleza de Bouteflika, la marcha es densa. Los medios de comunicación ya no pueden ignorar el levantamiento y Canal Algérie abre sus noticias de las 19:00 con las marchas sin mencionar la consigna principal de los manifestantes: “No al quinto mandato”.


La respuesta de Bouteflika despierta la ira

Al día siguiente, domingo 3 de marzo, continuaron las manifestaciones, notablemente en Argel, donde el metro y las principales arterias estaban cerradas. Ese día, Abdelaziz Bouteflika, un enfermo que no ha pronunciado ni un solo discurso desde 2013, se dirige al pueblo argelino por primera vez desde el inicio de la protesta popular que agita al país. En una carta, afirma “haber escuchado y oído el grito del corazón de los manifestantes”, pero reafirma su condición de “candidato en las próximas elecciones presidenciales”.

En caso de elección, el Jefe de Estado argelino se compromete a no terminar su mandato y a retirarse después de una elección presidencial anticipada, cuya fecha aún no se ha fijado. Por lo tanto, sería necesario elegir a Bouteflika para esperar liberarse de él a través de unas elecciones presidenciales anticipadas para las que no sería candidato.

El expediente de candidatura de Bouteflika se presentó el mismo día 3 de marzo —cuando acababa el plazo legal para presentar su candidatura a las elecciones presidenciales del 18 de abril de 2019— ante el Consejo Constitucional por parte de su nuevo director de campaña electoral, el actual Ministro de Transporte, Abdelghani Zaâlane. Este último reemplaza al ex primer ministro Abdelmalek Sellal, quien fue destituido el sábado después de dirigir las tres anteriores campañas victoriosas del presidente Bouteflika en 2004, 2009 y 2014.

La respuesta dada al pueblo argelino, que desde el 22 de febrero se manifiesta en voz alta y clara contra un quinto mandato de Abdelaziz Bouteflika, es suficiente para reavivar la protesta. La misma noche del domingo, se produjeron manifestaciones espontáneas en varias ciudades. Este chiste que circula: “Tenemos dos planes: el plan A, como Abdelaziz. ¡Y el plan B, como Bouteflika!”, resume bien la intransigencia del gobierno. Frente a esta intransigencia, Argelia se prepara para una nueva explosión de ira.

Miles de jóvenes tomaron el domingo las calles de Argel y marcharon hacia el Palacio Presidencial de El-Mouradia antes de ser bloqueados por fuerzas policiales. El lunes 4 de marzo, los estudiantes abandonaron las clases de Bab Ezzouar, la universidad más grande del país. Varios campus de otras universidades de la capital también estaban desiertos. En otras ciudades se organizan marchas. Argelia aguanta la respiración, la responsabilidad del poder gobernante es enorme.


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Jérôme Duval

es miembro del CADTM, Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (www.cadtm.org) y de la PACD, la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda en el Estado español (http://auditoriaciudadana.net/). Es autor junto con Fátima Martín del libro Construcción europea al servicio de los mercados financieros, Icaria editorial 2016 y es también coautor del libro La Deuda o la vida, (Icaria, 2011), libro colectivo coordinado por Damien Millet y Eric Toussaint, que ha recibido el Premio al libro político en Lieja, Bélgica, en 2011.

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