Intervención en la Conferencia Alter Summit

Estrategias para la renovación sindical

19 de diciembre de 2017 por Mikel Noval


En primer lugar, agradecer la invitación a participar en esta mesa. ELA cree que es necesaria la colaboración entre organizaciones sociales y sindicales, y espero que esta mesa ayude a poder avanzar en este camino.

Al abordar las estrategias sindicales para la renovación partimos de dos premisas, que seguro compartimos quienes estamos aquí:

  • El sindicalismo es un instrumento necesario- Frente a quienes, con intenciones sin duda muy diferentes, ponen en duda que los sindicatos tengan que jugar un papel importante, hay que darse cuenta y hacer pedagogía sobre la necesidad de que haya sindicatos fuertes. El sindicalismo es más necesario que nunca, es un instrumento imprescindible.
  • El objetivo del sindicalismo es organizar a la clase trabajadora- Es obvio que la clase trabajadora es un concepto en transición. Pero un sindicato debe organizar a la clase trabajadora, cada vez más precarizada. Y eso significa organizar en los centros de trabajo. Habrá que utilizar las fórmulas más adecuedas para ello (viejas y nuevas), pero sindicato es sinónimo de poner en común y de unir a trabajadores y trabajadoras diversos. Se puede discutir cómo hacerlo, pero no que hay que hacerlo.

El sindicalismo, al igual que las organizaciones sociales o los partidos políticos de izquierda, deben ser conscientes del contexto en el que desarrollan su acción Acción Título mobiliario emitido por una sociedad de acciones. Este título representa una fracción del capital social. En particular otorga a su titular (el accionista) el derecho a percibir una parte de los beneficios distribuidos (el dividendo) y de participar en las asambleas generales de la empresa. :

  • Para ELA, este contexto está condicionado por el hecho de que el capital ha pasado a la ofensiva a todos los niveles, para acabar con todo lo que suponga el poder organizado de manera colectiva. Esto afecta, obviamente, al poder sindical.
  • Dicho de otra forma: los vientos del neoliberalismo ponen en riesgo a los proyectos sindicales, sociales o políticos progresistas. El capitalismo pretende su hegemonía, y hay una batalla ideológica que debemos dar. Un proyecto de contrapoder no puede salir adelante si no dice claramente lo que está pasando, si no hace una lectura crítica y radical de lo que está pasando, y si no tiene un proyecto alternativo claro. Buscar el acuerdo con quienes defienden el status quo, dar imagen de organización “responsable”, según siempre los criterios del poder económico, financiero y mediático, es un error de graves dimensiones. Debemos buscar la hegemonía para cambiar la sociedad.
  • Pensamos que en el ámbito sindical (al igual que ocurre en el social o en el político) básicamente hay dos modelos: el de quienes deciden dejarse llevar y el de quienes optan por resistir y construir referencias alternativas, claras. En el ámbito sindical esto supone oponerse a las políticas de ajuste y a las reformas, y no dar cobertura a un inexistente diálogo social.

En el ámbito laboral el contexto mencionado ha dado lugar a que, como consecuencia de las sucesivas reformas laborales y de la estructura de la negociación colectiva, se ha producido una extensión creciente de la precariedad, en sus distintas fórmulas. ELA considera que esta precariedad es y va a seguir siendo creciente.

Querría realizar algunas consideraciones sobre los derechos laborales o sobre las reformas que se han llevado a cabo:

  • La segunda consideración requeriría seguramente una mayor profundización o explicación. Y es sobre lo que ha supuesto la centralización de la negociación colectiva:
    • La reforma de Zapatero cambió las primacía de los convenios. Antes podía haber convenios estatales, pero si estos eran mejorados por los territoriales (provinciales, de Comunidad Autónoma,…) se aplicaban los territoriales. Y los convenios de empresa podían mejorar los convenios sectoriales.
    • Zapatero planteó: que los convenios de empresa pudiesen empeorar los sectoriales (Rajoy posteriormente ahondó aún más en esta línea) y que los sectoriales en el Estado pudiesen impedir que determinadas materias se mejorasen en los territoriales.
    • Los convenios sectoriales de cada territorio se vacían de contenido, ya que la arquitectura jurídica permite que se tiren a la baja las condiciones de trabajo. Esto cambia también las reglas de juego de la negociación colectiva de forma radical.
    • Sobre los convenios estatales: ELA no está en contra de que haya convenios estatales. Pero sí estamos en contra de que los convenios estatales establezcan condiciones que no puedan ser mejoradas en los convenios territoriales.
    • Hoy, la estatalización de la negociación colectiva es una política de empobrecimiento. Ejemplo: bajada salarial del 50% para las nuevas contrataciones en el sector de los comedores colectivos. Es claro que el poder económico y financiero tienen una opción clara: convenios estatales y convenios de empresa. Es lo que recogía el acuerdo firmado en su día por Pedro Sánchez con Ciudadanos. Es lo que defiende el Banco de España.

ELA ha optado por ser un instrumento útil para la clase trabajadora, cada vez más precarizada. Voy a centrarme en un ejemplo emblemático de una lucha que hemos llevado adelante:

  • En el sector de Residencias de Bizkaia, tras 360 jornadas de huelga, se ha alcanzado un acuerdo que supone un incremento salarial de alrededor del 20%, y una reducción de unas 200 horas de trabajo, además de otras cuestiones.
  • Ha sido un conflicto que reúne muchas características: mujeres que se organizan para mejorar sus condiciones de trabajo (1.200 euros, 35 horas); para mejorar la calidad de un servicio social subcontratado; el cuidado de las personas, a cargo de mujeres; una administración que hace de juez y parte…
  • La organización sindical es una clave evidente. Y la alianza con otros espacios (el feminismo, etc.).
  • Es un caso claro que muestra que es posible organizarse y ganar.

Debemos adaptar a las nuevas realidades nuestra forma de organizarnos y las acciones que desarrollamos. Estamos innovando, en ambos aspectos. Se aceptan ideas, pero siempre y cuando no planteen abandonar el objetivo de organizar a las y los trabajadores para la lucha colectiva.

Creemos en la huelga como fórmula para mejorar las condiciones de trabajo. Y hemos visto que en los últimos años la característica de esa conflictividad es que las huelgas son cada vez más largas. Y eso se debe a que las empresas (y las administraciones, tanto cuando son empleadoras directas como cuando subcontratan) se resisten a aceptar reivindicaciones básicas. Solo buscan la disciplina de la clase trabajadora y de sus organizaciones. No les preocupa que la gente tenga malas condiciones de trabajo. Solo les preocupa que no haya precedentes en los que se vea que organizarse y luchar merece la pena.

Por eso el sindicalismo deber ser autónomo, política y financieramente. Esta es una cuestión esencial. La independencia financiera es una obviedad. Una organización que no se financia con fondos propios Fondos propios Capital aportado o dejado por los socios a disposición de una empresa. Hay que distinguir entre fondos propios en sentido estricto, también llamados capital suscrito (o capital regulatorio) y los fondos propios en un sentido más amplio, que comprenden también las deudas subordinadas de duración ilimitada. (un sindicato que no se financia con las cuotas) es una organización cautiva del poder político y financiero. Y no le va a quedar otra que plegarse a lo que éste dicte.

ELA tiene una Caja de Resistencia, que permite, por ejemplo, que las mujeres de residencias en huelga hayan podido seguir en el conflicto durante un año. La Caja de Resistencia es estratégica para aguantar y ganar la batalla a la precariedad, máxime cuando, como hemos dicho, las huelgas son cada vez más largas.

Un sindicato tiene que organizar a los trabajadores y trabajadoras en los centros de trabajo. Pero tiene que tener una visión global y actuar en el ámbito social. En el Congreso que celebramos en junio de este año hemos planteado, por ejemplo:

  • La necesidad de combatir las dinámicas de los denominados Acuerdos Comerciales, como el TTIP o el CETA, pero no solo esos. Es imprescindible priorizar una articulación internacional que prime los derechos humanos, económicos, sociales y culturales sobre los derechos de las empresas y el capital. Defendemos el Tratado de los Pueblos, y hemos participado en octubre en Ginebra en la Semana de movilización de los Pueblos convocada ante la Tercera Sesión del Grupo sobre el Tratado Vinculante de la ONU para Empresas Transnacionales en materia de Derechos Humanos.
  • Dar prioridad al cambio de modelo de producción, distribución y consumo. Las organizaciones sindicales hemos dado poca importancia a la crisis climática. Estamos en la espuma de un modelo insostenible en el tiempo, que va a confrontar con los límites físicos del planeta, además de con sus graves e irremediables consecuencias. Para el sindicalismo, que actúa dentro de las empresas, que son parte del problema, afrontar el reto del cambio de modelo de produccción, distribución y consumo son palabras mayores. Es un gran reto, muy difícil. Pero lo peor que podemos hacer es no querer afrontar la necesidad de la transición social y ecológica. Transición va a haber sí o sí. Lo que está en juego es la orientación de la misma.
  • La lucha contra el racismo y la xenofobia es también acción sindical. Los populismos de derechas quieren fomentar la lucha entre pobres. Las personas inmigrantes contra las autóctonas. “Nos roban el empleo, las prestaciones sociales, la vivienda”. Es un discurso que cala, también entre los trabajadores y trabajadoras. Es parte de la política de división de la clase trabajadora. Personas en paro contra personas con empleo. Temporales contra indefinidos. Funcionarios contra quienes trabajan en el sector privado. Etc. Son muchos los ejemplos. Lo que pretenden es debilitar las luchas colectivas que defienden los intereses comunes que tenemos. Y eso es el sindicalismo.

Cada día tratamos de buscar otras formas, otras dinámicas de actuación y de lucha. En ellas la alianza social es esencial. Voy a poner algunos ejemplos:

1. Alternatiben Herria, El pueblo de las Alternativas. Al hilo del llamamiento Alternatiba “Cambiar el sistema, no el Clima”, se tomaron las calles de Baiona (en iparralde) en 2013. Después le han seguido innumerables Pueblos de las Alternativas. Y el 24 de octubre de 2015 lo construimos en Bilbao, para mostrar que existen ya alternativas reales, en aspectos diferentes como las finanzas éticas, la soberanía alimentaria, las energías renovables, etc.

Ahora estamos en plena construcción del Pueblo de las Alternativas en Iruñea-Pamplona, que se celebrará el próximo 2 de junio de 2018. Este pueblo, lo forman 5 barrios temáticos: economía, sostenibilidad ambiental, vidas diversas y dignas, cultura y euskara y el de democracia, participación y soberanía. Es un pueblo en el que se exponen las alternativas reales, que ya están en marcha, al alcance de todos y todas. Se trata de crear alianzas y visibilizar que es posible desconectarse del capitalismo en una combinación de espacio formativo y participativo, celebrado en ambiente festivo.

2. La Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria. Trabajamos la movilización en la calle como herramienta para un cambio social. Es la principal herramienta que tenemos. Desde mayo de 2009 hemos hecho 6 huelgas generales. La primera se convocó para exigir un cambio de las políticas. Si no, decíamos, vendrían los recortes; junio de 2010, contra la reforma laboral de Zapatero; enero de 2011, contra la reforma de pensiones acordada por Zapatero, CCOO, UGT y CEOE (retraso de la edad de jubilación a los 67 años, recorte de las nuevas pensiones y poner las bases para la pérdida de poder adquisitivo generalizada de las pensiones); marzo de 2012, contra la reforma de Rajoy; septiembre de 2012, contra los recortes de de Rajoy; mayo de 2013, ante el anuncio de una nueva reforma de pensiones y por los Derechos laborales y sociales dignos.

Las últimas huelgas, junto a otro tipo de movilizaciones, las convocamos desde una Plataforma de organizaciones sindicales y sociales que compartimos unos elementos básicos: la necesidad de dar una alternativa radical al sistema (no valen parches); aceptación de trabajo conjunto entre organizaciones grandes y pequeñas. En la práctica esto supuso la configuración de un espacio con todos los sindicatos salvo los mayoritarios en el Estado español (la crítica al denominado diálogo social es otro elemento común) y la inmensa mayoría de los movimientos sociales que trabajan ámbitos diversos como el feminismo, la lucha contra la exclusión, etc.

Cuando convocamos la última huelga general decidimos poner en marcha un proceso participativo con el objetivo de poner en común nuestras alternativas al modelo económico y social dominante. Esto es lo que ha dado lugar a la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria.

Una vez acordada dicha Carta decidimos dar un paso más: la interpelación política. Y con ello han venido numerosas movilizaciones demandando la aplicación de un Programa Social.

Tenemos muy claro que la movilización social es el camino imprescindible para el cambio de las políticas. Para ello hay que confrontar con los poderes económicos, financieros y mediáticos. Quienes defienden el actual status quo no tienen ningún reparo en utilizar toda la artillería de la que disponen, que es mucha, para impedir cambios reales. Pueden aceptar pequeños cambios pero siempre que no cuestionen el fondo del reparto cada vez más injusto de la riqueza. Pero el cambio radical va a tener una oposición frontal, no pacífica.

Para conseguir ese cambio de las políticas ni siquiera es suficiente que el gobierno de turno lo quiera realizar. Los gobiernos del cambio son sometidos a presiones y chantajes tremendos. Es imprescindible la movilización y la presión social para que, desde fuera de las instituciones, desde la calle, la gente, el pueblo, lo exija.

La desmovilización social, delegar la acción en quienes pueden llegar o han llegado al gobierno, y confiar en que ya está todo hecho, es equivocado. Con desmovilización social ese cambio real no se va a producir.

Es imprescindible articular una alianza sindical y social que trabaje por el cambio radical de las políticas, y que sea independiente del poder económico y de los partidos políticos. Se requiere un movimiento social con capacidad de diagnóstico y acción propio. Y eso es algo aplicable en Euskal Herria o en todo Europa.

Trabajamos en la práctica en esa dirección.

Sin duda tenemos mucho que mejorar, mucha tarea por hacer. Dar respuesta a las necesidades de la clase trabajadora es un reto permanente. Pero tenemos la convicción de que la lucha y la confrontación son el camino, tanto en los centros de trabajo como en la calle. Nuevas y tradicionales formas de organización y de lucha. Este es el camino por el que transitamos en Euskal Herria, dando muestra de un sindicalismo que necesita y quiere renovarse.



Mikel Noval

Del Gabinete de Estudios del sindicato ELA del País Vasco

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