Foro Social Mundial: El cambio desde los márgenes

30 de enero de 2005 por Raúl Zibechi


Porto Alegre.- Un sordo desasosiego atraviesa la quinta edición del Foro Social Mundial: el temor a la desorganización. En numerosos debates surgió la
inquietud acerca de las dificultades para arribar a acuerdos abarcativos; sobre la supuesta ineficiencia de miles de debates que no consiguen convertirse en convocatorias para la movilización; sobre la lentitud del movimiento contra la globalización Globalización (ver también Mundialización)

Origen y sentido de este término anglosajón: en inglés, la palabra «global» se refiere tanto a fenómenos que interesan a la (o las) sociedad(es) humana(s) a nivel del globo como tal (es el caso de la expresión «global warming» que designa el efecto invernadero), como a procesos que poseen la característica de ser «globales» únicamente en la perspectiva estratégica de un «agente económico» o de un «actor social» preciso. En lo que estamos viendo, el término «globalización» nació en las bussiness schools norteamericanas y reviste el segundo sentido. Se refiere a los parámetros pertinentes de la acción estratégica del gran grupo industrial. Lo mismo sucede en la esfera financiera. A la capacidad estratégica del gran grupo de adoptar una aproximación y una conducta «globales». En un debate público, el patrón de uno de los mayores grupos europeos explicó, en sustancia, que la «globalización» representa «la libertad para su grupo de implantarse donde quiera, cuando quiera, para producir lo que quiera, aprovisionándose y vendiendo donde quiera, y en donde tenga que soportar las menores obligaciones posibles en materia de derechos laborales y convenciones sociales» (extraido de Chesnais, 1997[a]).
neoliberal frente a la veolocidad de los cambios que imponen las elites del mundo.

En buena medida este desasosiego, que por momentos se
convierte en desesperación ante la posibilidad de que el fantasma
del caos se instale en el movimiento, aparece estrechamente
vinculado a los cambios -espaciales y en cuanto a la forma de
funcionamiento- que se registran en esta ocasión en el encuentro
de Porto Alegre. Sin embargo, siento que esta edición del Foro es
la más abierta, creativa y horizontal de todas, aunque ciertamente
algunas de las críticas reflejen parte de la realidad. Por el
contrario, creo que los cambios en este V Foro reflejan la
vitalidad del movimiento, su capacidad de cambiarse a sí mismo,
que es un dato elemental para considerar que estamos ante un
organismo vivo.

Como nos enseñó Henry Lefebvre, los espacios físicos son en
realidad espacios sociales, que reflejan la relación de fuerzas y
los micro cambios que se registran en la vida cotidiana, y en la
interrelación de los diferentes actores sociales. Si seguimos los
cambios registrados desde el primer Foro de Porto Alegre en 2001
hasta hoy, podemos comprobar que los cambios en cuanto a los
espacios han sido enormes.

El primer Foro, y también los siguientes aunque de forma más
atenuada, tenía su “centro” en la PUC (Pontificia Universidad
Católica). Allí funcionaban las oficinas de registro de los
participantes y de la prensa; allí se realizaban los paneles y
debates más importantes y concurridos; allí tenían lugar la
inmensa mayoría de los talleres. Además, había una clara
jerarquización de espacios y eventos: por la mañana se realizaban
los debates que congregaban a las personalidades más
conocidas, en grandes salas bien acondicionadas; en tanto, por la
tarde tenían lugar infinidad de talleres en salas pequeñas, sin aire
acondicionado y a menudo abarrotadas de público. En los
“márgenes” tenían lugar los recitales y estaba instalado el
Campamento de la Juventud.

Este año la distribución del espacio conoció una verdadera
“revolución”. Fueron definidas once áreas temáticas que funcionan
de forma territorializada de la A a la K, distribuidas a lo largo de
varios kilómetros en la ribera del río Guaiba. El “centro” de esa
larga faja lo ocupa el Campamento de la Juventud, donde se
alojan y conviven no menos de 30 mil acampantes, de todas las
edades. La Usina del Gasómetro es el edificio más grande pero
cumple apenas la función de espacio destinado a la prensa, sin
que se realice allí ninguno de los eventos importantes. Al final de
la larga faja que ocupa el evento, está el anfiteatro para recitales y
grandes actos y el Gigantinho, donde se realizan macro eventos.

En suma, no hay más “centro” o, si se prefiere, ese lugar lo ocupa
lo que antes estaba en los “márgenes” del Foro. Este cambio, por
sí solo, ya dice mucho. Sin embargo, es apenas el cambio más
visible, no el único. En esta edición, no existe en realidad un
“centro”, estamos ante un evento acentrado, lo que refleja de
forma mucho más fiel la realidad y el espíritu del movimiento. En
segundo lugar, a la horizontalidad - relativa cierto- debemos
sumarle la igualdad: todas las conferencias y talleres se realizan
bajo las mismas tiendas de lona (donde, por cierto, el calor del
mediodía se hace insoportable); todos caminamos por los mismos
caminos de tierra para llegar a las actividades. Este dato no es
menor: la proximidad entre panelistas y público es mucho mayor
y, sobre todo, desde el más afamado intelectual hasta el más
desconocido activista comparten los mismos espacios.

Esta doble dinámica, de tendencia igualitaria y horizontal, es el
fruto de un proceso, de prácticas que comenzaron en el
Campamento de la Juventud (el espacio más caótico pero el más
creativo) y se fueron expandiendo desde los márgenes,
impregnando al conjunto del encuentro. Ciertamente, el proceso
estuvo atravesado de conflictos y desencuentros puntuales, pero
nunca se llegó a rupturas pese a que el año pasado en Mumbai
hubo un contra-foro.

Este año puede decirse que el Foro ha ganado en coherencia, las
palabras y los hechos se han aproximado. Como suele suceder
siempre, hay quienes se sienten descolocados ante los cambios
y los hay que piden más. Nuestra cultura antiglobalización o
altermundialista, está también atravesada de contradicciones y no
podemos omitir que hemos interiorizado buena parte de las ideas y
actitudes que rechazamos. Dejar de temerle al caos, a la
“desorganización”, es un buen paso. El Comité Internacional tuvo
el valor de darlo, y los resultados son saludables: inspiran más
autoconfianza en quienes participamos en el movimiento.

Finalmente, hay un debate pendiente sobre la organización. La
crítica más frecuente menciona el problema de la
“desorganización” que habría sido la nota dominante de este Foro.
Vale la pena preguntarse qué entendemos por organización. Esto,
que para algunos es un caos, es apenas “otra” forma de
organización, encarna “otro” orden, menos jerárquico, diferente,
diverso. La transición hacia el “otro mundo” -en el que quepan
todos los mundos, como acertadamente dicen los zapatistas-, no
va a ser un proceso ordenado sino caótico. Debemos
acostumbrarnos a convivir con ciertas dosis de caos. Pero ese
“otro mundo” no será verdaderamente “otro” si no estamos
dispuestos a admitir, y pontenciar, los aspectos verdaderamente
diferentes que ya existen entre nosotros. Así, cierto caos, o
“desorden”, es el precio a pagar por la creación del mundo-otro
que anhelamos.




Fuente: Servicio Informativo «Alai-amlatina»/ Agencia Latinoamericana de Informacion - ALAI / info chez alainet.org
URL: http://alainet.org.

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