Hace cinco años empezó el futuro. #Globaldebout

28 de junio por Josep Maria Antentas

Cinco años ya. Media década transcurrió desde el “gran estallido” del 15 de mayo de 2011. Inscrito en mayúsculas en la historia social de la humanidad, 2011, con las revoluciones árabes, el 15M y Occupy Wall Street, fue el año de la indignación global en el que, como recuerda Slavoj Zizek, “soñamos peligrosamente“ |1|. El 15M jugó un rol de pivote en la concatenación de revueltas que recorrieron el mundo aquél año, pues representó la primera gran sacudida en el mundo occidental (donde habían ya empezado aisladamnte procesos de protesta masiva en Grecia e Islandia) del influjo de la primavera árabe, a modo de eslabón intermedio hasta el estallido de Occupy en otoño.

Momento político

El 15M marcó un punto de inflexión en la trayectoria política y social del Estado español y el comienzo de una nueva fase. Representó un punto de no retorno, un antes y un después, constituyendo un “momento político”, en el sentido que Rancière le da a este concepto para definir aquelo que “ocurre cuando la temporalidad del consenso es interrumpida, cuando una fuerza es capaz de actualizar la imaginación de la comunidad que está comprometida allí y de oponerle otra configuración de la relación de cada uno con todos”. La rebelión indignada marcó así un momento de recuperación, mediante la irrupción callejera plebeya, de una politica que existe “por la acción Acción Título mobiliario emitido por una sociedad de acciones. Este título representa una fracción del capital social. En particular otorga a su titular (el accionista) el derecho a percibir una parte de los beneficios distribuidos (el dividendo) y de participar en las asambleas generales de la empresa. de los sujetos colectivos que modifican concretamente las situaciones afirmando allí su capacidad y construyendo el mundo con esta capacidad” |2|. Una reaparición disruptiva de la política que es todo lo contrario de su vaciado tecnocrático que evapora la propia posibilidad misma de elección entre opciones contrapuestas, y cuya sóla disrupción transforma el terreno de juego. Siendo esto verdad, en su evaluación del 15M, sin embargo, Rancière prefiere prudentemente precisar que, si bien el 15M puso “claramente de manifiesto la distancia entre un poder real del pueblo y unas instituciones llamadas democráticas”, la consumación plena de un momento político requiere la capacida de transformar la protesta en una fuerza capaz de “de arrancar a ese sistema [estatal y representativo] la dirección de la vida pública” |3| que todavía no se materializó.

Momento político o embrión de momento político, con el 15M la “temporalidad del consenso”, en cualquier caso, fue interrumpida a modo de una impugnación general de la gestión de la crisis y del papel de las élites políticas y económicas. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” rezaba el lema fundacional del movimiento. La rebelión de los indignados colocaba en el eje de la crítica a los poderes económicos y financieros, y a la clase política por su complicidad con ellos. Expresaba la reacción ante el sometimiento del grueso de la sociedad a los intereses de la minoría financiera y en particular de la destrucción de las clases medias. Su figura emblemática fue la juventud, en especial la postuniversitaria con expectativas vitales y laborales bloqueadas y descendientes, pero transcreció hasta convertirse en un movimiento plural en términos generacionales y de extracción social, llegando también a los barrios trabajadores.

El movimiento tomaba por bandera la democracia, pero con el significativo adjetivo de «real» para diferenciarla del simulacro existente. Tras un siglo XX en el que el capitalismo consiguió apoderarse del imaginartio democrático y en el que el socialismo perdió la batalla por su significado, la crisis ha provocado una falla en la legitimidad de las democracias parlamentarias sometidas al despotismo financiero y a una política vaciada de conenido real. Lo que apareció en el 15M no es todavía la cristalización de la percepción social de una contradicción flagrante entre capitalismo y democracia, pero sí una contradicción insalvable entre ésta y la minoría financiera. Un punto de partida fundamental para ir más allá.


Acontecimiento 15M

El “momento político 15M” llegó bajo la forma de un Acontecimiento, el “Acontecimiento 15M”. Concepto polisémico y con múltiples acepciones, para Badiou, un acontecimiento es “aquello que hace posible el levantamiento del inexistente”, siendo el “inexistente” las “personas presentes en el mundo pero carentes de dirección y de las decisiones relativas a su futuro, inexistente en el mundo”. Supone una “ruptura en el tiempo” que provoca una “reapertura de la historia” y permite al inexistente pasar a “una existencia verdadera, a una existencia intensa” |4|. El 15M así marcó la entrada abrupta de las masas en la arena pública, en base a un nosotros definido como “los de abajo” (o como el 99% como más adelante diría Occupy Wall Street en una metáfora tan imprecisa sociológicamente como potente políticamente), impugnando la hoja de ruta trazada por los amos del mundo y sus gestores. Un acontecimiento no implica la creción “de una nueva realidad, sino de un abanico de nuevas posibilidades” |5|. Este es precisamente el significado del 15M en tanto que señalador de sendas hasta entonces desconocidas pero todavía por franquear, de nuevos puentes aún por cruzar.

Zizek escribe que en un Acontecimiento político “no sólo las cosas cambian: lo que cambia es el propio parámetro por lo que medimos los hechos del cambio, es decir, un punto de inflexión cambia el campo entero dentro del cual aparecen los hechos”. En este sentido el 15M modificó efectivamente los términos del debate político. Colocó a las élites políticas y a los intelectuales y creadores de opinión sistémica a la defensiva. Relegitimó la protesta social e inflingió una derrota (sólo) moral y simbólica a los responsables y gestores de la crisis. Sin embargo, para Zizek, en el terreno político un levantamiento popular sólo deviene un “Acontecimiento cuando genera un compromiso del sujeto colectivo con un nuevo proyecto emancipador universal, y por consiguiente pone en marcha el paciente trabajo de reestructurar la sociedad" |6|. Sin duda, el 15M se cae por debajo de esta definición que, sin embargo, parece demasiado restrictiva. El 15M planteó la necesidad y la posibilidad de construir “un nuevo proyecto emancipador universal” y de poner en marcha “el paciente trabajo de reestructura la sociedad” pero como tal no pudo resolver ni satisfacer ambas cuestiones que, sin embargo, recuperaron su plena actualidad a raíz de la propia revuelta indignada.

A pesar de la fascinación que genera la irrupción intempestiva de un Acontecimiento político (todavía hoy cuesta no emocionarse al recordar la intensidad del momento), no hay que concebirlo, sin embargo, de forma política e históricamente descontextualizada. Este es el riesgo de las “filosofías del acontecimiento”. El acontecimiento no nace de la nada ni del vacío, a modo de milagro laico. Y una vez sobrevenido está sujeto a decisiones y dilemas, a aciertos y errores que rigen su suerte y la de su legado. Recordemos ahí la crítica de Bensaïd a Badiou, quien remarca que el acontecimiento debe ser pensado estratégicamente e insertado en un contexto político e histórico en el que las discontinuidades políticas no pueden eclipsar la necesidad de un trabajo político-organizativo continuo y una reflexión estratégica concreta y no abstracta permanente |7|. El 15M no cayó del cielo sino que, utilizando estratégicamente la “oportunidad política” de las elecciones municipales y regionales del 22 de Mayo de 2011, nació en un escenario marcado por el giro en las políticas del gobierno Zapatero en marzo de 2010, la renuncia de los sindicatos mayoritarios a encabezar la resistencia a las mismas, la incapacidad de los sectores alternativos para hacerlo, y el impacto estimulante de la Primavera Árabe. Bebió, asimismo, de las corrientes subterráneas de resistencia en el infierno de la austeridad que, en el periodo anterior al “gran estallido”, fueron dejando un poso de campañas e iniciativas que contribuyeron a los pequeños cambios moleculares, a menudo imperceptibles, que prepararon el terreno para lo que vendría después |8|. En suma, fueron “huellas del aconteciminto antes del acontecimiento, indicios de preacontecimiento reconocibles a posteriori” en expresión del propio Badiou |9|. Pensarlo estratégicamente, la gran obesión bensaïdiana, es lo que falta en las filosofías del acontecimiento inmaculado.

La potencia del propio Acontecimiento 15M no estriba sólo en sí mismo y en la necesidad de parmanecerle fiel sino en que creó las condiciones para una ulterior reflexión estratégica en la que pensar la política más allá del acontecimiento, pero en fidelidad al mismo, se convirtió en un imperativo en un doble sentido. En lo temporal-secuencial, tras el acontecimiento fundacional, aparece la necesidad de desarrollar una política continua y sostenida, en tensión permanente entre su propia capacidad de pensar la ruptura y la discontinuidad, y su necesidad de estabilización orgánica. Es decir, manejar la dialéctica estructural entre su rutinización y su subervsión permanente. En lo sustantivo, afrontando el debate sobre los “siguientes pasos”, sobre las nuevas iniciativas a tomar, sobre como conseguir lo que el 15M no pudo y, en particular sobre qué relación tener con el sistema político y la representación electoral. El 15M planteó una serie de cuestiones estratégicas no resueltas para las que el movimiento como tal no tenía respuesta, que iban mas allá de lo que el propio movimiento podía ofrecer, desbordando sus confines y la naturaleza inmediata del acontecimiento. Ser fiel al mismo respresentó, entonces, trascender el propio 15M para pasar a una segunda fase, no en la nostalgia de algo irrepetible, sino en la voluntad estratégica de dar un paso, o mejor un salto, más.


Bifurcaciones y discontinuidades

El 15M fue un acontecimiento fundador de una nueva fase, un punto de inflexión que abrió la posibilidad de futuros Futuros
Contrato a término
Un contrato a término o futuros (futures en inglés) es un compromiso firme de entrega normalizado, donde las características son conocidas de antemano, por una cantidad determinada de un activo subyacente definido con precisión, en una determinada fecha, denominada vencimiento, en lugar prefijado, y negociado en un mercado a término organizado. Los contratos a término son los instrumentos financieros que más se negocian del mundo.
alternativos a modo de una gran bifurcacion, entendiendo dicho concepto en el sentido historico-estratégico que le da Daniel Bensaid |10|. El origen del término bifurcación, recordémoslo, está asociado a la matématica de Poincaré en el siglo XIX, y en el siglo XX fue empleado por la teoría de las catastrofes de René Thom y en el estudio sobre el equilibrio en sistemas complejos en el mundo de la física y la química por Ilya Prigogine. Como el propio Bensaïd señalaba con frecuencia, el revolucionario August Blanqui hizó ya un uso inspirador del término, cuando era relativamente poco frecuente, en su La eternidad a traves de los astros, donde recordaba que: «El porvenir concluirá solamente a la muerte del globo. Desde ahora hasta entonces, cada segundo comportará su bifurcación, el camino que se tomará, el que se podría haber tomado. Sea el que sea, miles de veces ha sido recorrido el que debería completar la propia existencia del planeta hasta su último día. No será más que una copia impresa por adelantado por los siglos» |11|.

Hace media década, sin duda, la historia se bifurcó señalando una via alternativa que emergió de forma tan abrupta como inapelable. El tunel de la crisis dibujó imprevistamente, dos salidas antagonicas. Por un lado, un mundo al servicio del capital financiero a modo de distopía social para la mayoría, a medio camino entre Mad Max y Blade Runner. Por el otro, una ruptura constituyente de contornos todavía muy imprecisos. La continuidad histórica, de la historia de los vencedores permanentes, estalló en pedazos, a modo de una benjamiana interrupción mesiánica. Ahí empezó el futuro como potencial realizable, aunque no como certeza asegurada.

El tiempo presente, el marco temporal por referencia en el cual pivota la lucha política y desde el que los triumfadores definen tanto el sentido del pasado como el contenido del futuro, se abrió en canal a media que las plazas se llenaban al grito de guerra (no violenta pero con vocación desobediente y disruptiva) del «no nos representan». Las jornadas de mayo y junio significaron un momento de aceleración temporal, a modo de una especie de agujero de gusano político-estratégico al otro lado del cual amaneció un paisaje totalmente cambiado, una dimensión de la galaxia hasta entonces inexplorado. Justo lo opuesto al “tiempo homogeneo y vacío” criticado por Benjamin en sus Tesis |12|. Al contrario, representaron un “tiempo actual” (jetzzeit) lleno de posibilidades y de una furia indignada que rompía la continuidad infernal del devenir histórico.

La irrupción repentina está tradicionalmente asociada, sin duda, a la figura del topo. Actualizándola a la ciudad postindustrial y al capitalismo de la hipervelocidad, quizá la imagen más evocadora de la aparición disruptiva del 15M es la de un tren bala que, desde las profundidades del subsuelo, abre en canal el asfalto de la plaza. Próxima parada Sol. Próxima parada Plaza Catalunya. Llega el momento del cambio de vía.


Indignatio

El vocabulario y el léxico político no nacen de un diseño preestablecido, se forjan en las propias luchas y en los debates y discusiones de ideas y controversias intelectuales, que no tienen lugar en el vacío sino en un contexto político dado. Palabras que hoy no significan nada pueden convertirse mañana en identificadores de identidades colectivas y en palancas de movilización. A menudo ni tan siquiera son los propios integrantes de las luchas sociales quienes escogen los términos en los que se reconocen y se definen a sí mismos y estos vienen impuestos por los medios de comunicación y/o por los adversarios. Este fue el caso del término “indignación” que, de golpe gracias a la construcción mediática del término a partir del panfleto de Hessel (cuya influencia en el movimiento fue nula), pasó a expresar un estado de ánimo ético-político, a dar expresión cognitiva y semántica al profundo malestar sin catalizador hasta entonces existente.

De connotaciones eminentemente spinozistas, pues, la indignación se convirtió así en leitmotiv del 15M. En su Ética, Spinoza define la indignación (indignatio) como «el odio hacia alguien que ha hecho mal a otro» (E 3def20). Pasión triste y negativa pues “el odio nunca puede ser bueno” (E 4P45), es sin embargo fundamental en la subversión de cualquier poder tiránico, aunque no exenta de peligros, ya que “aunque la indignación parezca ofrecer la apariencia de equidad, lo cierto es que se vive sin ley allí donde a cada uno le es lícito enjuiciar los actos de otro y tomarse la justicia por su mano” (E 4cap24) |13|.

La indignación es un comienzo. Uno se indigna, se levanta y después ya ve. Uno se indigna apasionadamente, antes incluso de encontrar las razones de esta pasión”, escribió el Daniel Bensaïd justo una década antes del 15M, para quien la indignación significa, precisamente, “el contrario exacto de la costumbre y la resignación. Incluso cuando se ignora lo que podría ser la justicia del justo, queda la dignidad de la indignación y el rechazo incondicional de la injusticia” |14|. La indignación, entonces, es un aguijón para la acción colectiva. Podríamos aventurar la paradoja de que le da una razón en forma de pasión.

La “indignación” esconde muchos motivos y puede dar lugar a actitudes muy diversas. Su traslación política no es unidireccional y está en el corazón de los más contrapuestos fenómenos. En tiempos de crisis puede alimentar a proyectos reaccionarios, a movimientos democráticos, o a golpes de ira desesperanzados. Hemos visto las tres cosas en los últimos años: ascenso de la extrema derecha en varios países, el 15M, y los motines de los jóvenes británicos de las periferias urbanas en verano de 2011. Por sí sola la “indignación” no funda una política emancipadora, pero difícilmente ésta existe sin indignación.

La indignación quincemera estuvo regida por la esperanza en la posibilidad de un porvenir mejor. Una esperanza que fue aumentando día a día en las intensas jornadas de Mayo y Junio en las que el 15M electrizó la vida política y social. No fue un golpe de ira desesperada, sin perspectiva de futuro, sino un propulsor ético-político de la acción colectiva impugnadora. Nunca tanta rabia, tanta sensación de atropello estuvo tan canalizada positivamente hacia adelante en un doble movimiento simultáneo de negación de lo existente y afirmación (imprecisa) de lo deseado.

“Una rebelión activa va unida a la esperanza” escribió Trotsky en 1933 en un artículo sobre Celine y Poincaré/ |15|, aunque ésta sea un concepto ambivalente que hay de diferenciar del optimismo naif sin fundamento |16| que muchas veces inundó al 15M, fruto del entusiasmo desbordante subjetivo que generó. En el fragor de la plaza las complejidades estratégicos a menudo se evaporaron en favor de una creencia optimista en la propia linealidad del movimiento que desconocía las dificultades de cambiar el mundo y que reflejaba un aprendizaje estratégico en vías de realización.


Abajo y a la zquierda, arriba y a la derecha

En cierta forma, un 15M en abstracto era esperado. Tarde o temprano tenía que llegar una reacción social. Pero la forma y magnitud que ésta tomó desbordó cualquier expectativa. Nacido desde la periferia, fuera de los canales militantes tradicionales, en medio de la impotencia de la izquierda en todas sus variantes para hacer frente a la dictadura financiera, el 15M fue la más imprevisible de todas las previsiones. “No somos ni de izquierdas ni de derechas” rezaba el manifiesto de convocatoria de la manifestación del 15 de Mayo. El 15M en su impuganción del sistema político y del mundo financiero, refutaba también a una izquierda o bien cómplice que el desaguisado neoliberal, o bien incapaz de combatirlo eficazmente. El movimiento no nació de la izquierda.

Su rechazo a la categoría de “izquierda”, o mejor su falta de identificación con ella, expresaba este carácter externo a la izquierda organizada que tuvo el movimiento en su gestación y explosión espontánea. Pero no debe interpretarse ni en un sentido posmoderno de rechazo a las ideologías ni en una negación de los valores de democracia, libertad, y justícia social, sinó más bien a una desafección con la izquierda realmente existente.

El desanclaje ideológico del movimiento en la “izquierda”, unido a una falta de referencias históricas que lo insertaran subjtivamente en la tradición de los movimientos populares de izquierdas, fue utilizado interesadamente por presentar al 15M como un mero movimiento de regeneración democrática y de renovación imprecisa de la política sin apenas sustancia. La realidad, sin embargo, es que éste estuvo firmemente ubicado en lado de los “explotados” y “oprimidos” y de los afectados por la destrucción de las expectativas sociales. La profundidad de la impugnación xdel 15M fue variable, pero la tonalidad general del movimiento cuestionaba los pilars básicos de la gestión neoliberal de la crisis y abría la puerta, con ello, a ir más allá. Sin apelar a, ni identificarse con una “izquierda” que llegó al acontecimiento agotada y descompuesta, la reivindicación de los de “abajo” realizada por el 15M se hacía en base a los valores históricos asociados a la izquierda, cuya práctica histórica sin embargo ha estado en tensión, cuando no en contradicción permanente, con ellos.

El lanzamiento de Podemos en enero de 2014 expresó a su manera, en versión partidaria y electoral, un nuevo eslabón en ésta discusión, al ser un proyecto cuyo contenido se ubicaba en la izquierda pero que rechazaba autoposicionarse en ella. Éste ha sido desde entonces un elemento fundamental de su estrategia, en particular del sector laclauiano de su dirección, capitaneado por el Secretario Político del partido, Íñigo Errejón. La hipótesis populista errejoniana captó bien el desgaste del vocablo histórico “izquierda”, que se tornó impreciso y equívoco, y de sus prácticas y símbolos, que devinieron autoreferenciales. Pero yerra en negarle toda validez, pues a pesar del desgaste, el término “izquierda” sigue referenciado parcialmente la realidad. Tanto los votantes de Podemos como los que no le votan lo ubican, en todas las encuestas de opinión, como una fuerza escorada a la izquierda. La cuestión de fondo, sin embargo, estriba en que la insistencia en el desanclaje de Podemos respecto a la “izquierda” acaba suponiendo, en la hipótesis errejoniana, no tanto un sano intento de reformular los contenidos tradicionales de emancipación bajo nuevas metáforas, códigos y léxico, sino una renuncia progresiva a los contenidos de ruptura y, con ello, a una emancipación respecto al propio 15M o, a lo sumo, a una identificación con el legado más superficial del mismo.

En vez de debates sobre grandes etiquetas maltrechas o símbolos gastados, la cuestión es empezar por los contenidos. Romper las etiquetas es bueno si sirve para reforzar contenidos, y no para disolverlos, y ampliar su audiencia. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”. Buen comienzo. Ni fetichismos en las palabras y símbolos, ni renúncia en los contenidos. Esta parece una buena forma de fidelidad al acontecimiento, de profundización de sus potencialidades y de preparación de nuevas irrupciones.


Las espacialidades del 15M

La ocupación de plazas, bajo inspiración de Tahrir, definió la identidad inicial del movimiento. En ellas se condensó la energía del momento, a modo de puntos nodales de una trama de simpatías sociales indignadas. Acampadas y ocupaciones de plazas no fueron un fin en sí mismos (aunque a veces algunos así lo pensaron de forma equivocada y de ahí los debates interminables sobre cuando levantarlas). La importancia adquirida por “la plaza”, como referencia simbólica inicial del movimiento indignado, expresó la voluntad de recuperar el espacio público urbano ante su creciente descomposición y vaciamiento en función de los intereses privados y la degradación de la ciudad. Como todos los movimentos sociales, el 15M resignificó los usos del espacio, usurpando su funcionalidad prestablecida en beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. de una de nueva. El movimiento subvierte, nos recuerda Rancière |17|, la “distribución normal de los espacios” y la lógica preestablecida de su distribución funcional. Así, mediante la ocupación disruptiva, la plaza se transformó en un “lugar político de unidad y de presencia”, en términos de Badiou donde “el acontecimiento de masas se muestra y existe” |18|.

Convertidas en lugares políticos y en espacios resignificados, las “plazas” en el 15M cumplieron simultáneamente cinco funciones:

  • referente simbólico de un nuevo movimiento en ascenso que actuaba como polo atractor y catalizador de un nuevo proceso social en tanto que espacio de encuentro, de reconocimiento mutuo, y de solidaridad primaria
  • base de operaciones organizativa y espacio de discusión y decisión, a través de la realización de asambleas masivas y puesta en marcha de comisiones de trabajo
  • palanca desde la que propulsar movilizaciones y nuevas iniciativas (manifestaciones, campañas, proyectos...)
  • altavoz amplificador de las luchas ya existentes, que se acercaban a la plaza para vincular si dinámica al impulso general del momento
  • y, finalmente, como laboratorio de otro modelo de sociedad democrática y desmercantilizada, como experiencia práctica de autogestión.


Las temporalidades del 15M

El 15M hizo estallar, ya lo hemos señalado, el continuo devenir de la temporalidad hegemónica. La irrupción intempestiva del acontecimiento actuó como un precipitador y condensador sociopolítico y desestabilizó todas las agendas preexistentes. Todo acontecimiento provoca una “intensificación subjetiva general” y la “creación de una época intensa” recuerda Badiou |19|. La magnitud del mismo, que sorprendió a propios y extraños, generó un inusitado sentimiento entre sus protagonistas de estar viviendo un momento histórico. “La conciencia de hacer estallar el continuo de la historia es propia de las clases revolucionarias en el instante de la acción”, escribía Benjamin en su Tesis número 15 |20|. Pocos movimientos han provocado un sentimiento de poder colectivo, de energía y de confianza en sus participantes como éste. La razón era clara: nacido inopinadamente cuando el desánimo por la parálisis social tras tres años de crisis empezaba a hacer mella, la magnitud del contragolpe fue tal que la comprensión de estar en medio de un acontecimiento histórico fue muy rápidamente percibida, incluso exagerada por parte de quienes tenían menos perspectiva histórica y no calibraran bien la relación de fuerzas real. De ahí la fortuna de eslóganes hiperbólicos como #spanishrevolution.

El 15M vivió, sin embargo, desgarrado por la tensión entre la lógica de su temporalidad interna y la de la temporalida externa. La “discordancia de los tiempos”, por utilizar una fórmula tan cara a Daniel Bensaïd, entre el “adentro” y el “afuera” constituyó un dilema permanente en el desarrollo del movimiento. La temporalidad interior estuvo presidida por un el énfasis en la democracia y los procesos participativos en la toma de decisiones. Es decir, por un tiempo lento sintetizado por el conocido eslogan “vamos despacio porque vamos lejos”. Ello chocaba con la temporalidad exterior que en cualquier momento de crisis política se convierte en vertiginosa, donde tener la iniciativa y no perderla equivale a dominar la situación. Esta tensión temporal reflejaba un dilema estratégico más general, entre una pulsión que priorizaba las dinámicas internas, el mirar hacia sí mismo a modo de un hiperactivismo introspectivo, y otra que ponía énfasis en la intervención disruptiva hacia afuera. Jaspers |21| llama a esta contradicción, propia de cualquier movimiento de masas potente, el “dilema de Jano”, la conocida deidad romana encargada de la vigilancia de las puertas de la ciudad, poseedora de una cabeza con dos caras una las cuales miraba hacia adentro y otra hacia afuera de las murallas.

No existe ninguna fórmula para sortear mágicamente esta cuestión. Un movimiento de masas debe siempre fomentar la democracia interna, la participación, la auto-organización y debe cultivar su propia base militante. Ello lleva tiempo y complejiza la toma de decisiones que, en el caso del 15M estuvieron lastradas por un sano, pero excesivo, énfasis en los procedimientos y el “cómo”. A la vez, debe siempre mirar hacia fuera, ampliar sus apoyos, intervenir en la coyuntura, y no dejar escapar ocasiones a riesgo de perder el propio “tren bala de lo posible” que la misma existencia del movimiento contribuyó a poner en marcha. Esta paradójica necesidad de sincronización del contratiempo, de gestión de la discordancia debe ser pensada estratégicamente. Manejarla requiere clarividencia estratégica y recursos organizativos. Jano, recuera Löwy |22|, tenía dos rostros pero una sóla cabeza y, por tanto, un sólo pensamiento. Ahí está la clave: pensar integralmente la gestión del adentro y del afuera.


Paisajes del día después

El 15M no fue un mero fenómeno coyuntural o pasajero, sino la primera sacudida de un nuevo ciclo del que acampadas y ocupaciones actuaron de lanzadera a modo de acontecimiento fundador. El 15M pronto se dispersó y dejó de existir en tanto que movimiento articulado y con capacidad de iniciativa, pero se transmutó en una infinitud de iniciativas y proyectos,a modo de una “galaxia 15M” que tenían en él una referencia real o simbólica. Su “espíritu” impregnó la vida política, social y cultural.

La sacudida de mayo de 2011 abrió paso a dos años, 2012 y 2013, de fuerte marejada social ante el bulldozer de la austeridad impuesta por la Troika Troika Troika : el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo . Dos fueron los principales movimientos que galvanizaron la energía desatada por el 15M. Por un lado, la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), ya existente previamente, pero que fue catapultada política, mediática y moralmente hasta convertirse en la encarnación simbólica de la lucha contra los efectos de la crisis, teniendo la notable particularidad de ser el único movimiento formado por una base popular, pobre y a menudo immigrante. Por el otro, el ascenso de las múltiples Mareas, con sanidad y educación al frente, nacidas al calor de los recortes, cuyas luchas sectoriales estuvieron imbuidas de una defensa de un interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. general multisectorial.

El 15M no consiguió derrotar las políticas de austeridad o la corrupción, pero transformó el paisaje político y reformuló el debate público. La pasividad, apatía y resignación que dominaban hasta entonces, dejaron paso a un periode de mayor repolitización, parcial y contradictoria, de la sociedad. Ayudó a transformar el “sentido común”, en la acepción gramsciana del término. En otras palabras, permitió, aún de forma parcial y limitada, a aprender a desaprender las ideas hegemónicas y los manidos lugares comunes neoliberales sobre la realidad. Cambió por completo, el horizonte de lo pensable y lo imaginable.

El estallido indignado convirtió la crisis económica y social también en una crisis política, que se aguizaría en los cinco años posteriores, con la crisis del bipartidismo a partir de 2014 y la irrupción del movimiento independentista catalán en 2012. El orden institucional nacido en 1978 era desestabilizado por la potencia del acontecimiento y la energía desatada con él.


Desplazamientos estratégicos

Tras dos años de resistencia social, con algunas victorias concretas pero sin capacidad global de revertir la situación, la necesidad de intervenir también en la arena político-electoral fue tornándose cada vez más evidente. El “no nos representan” experimentó una inversión estratégica, en la que la fase de rechazo a la representación existente abría paso a un intento de representarnos a “nosotros mismos”. Ello implicaba la aceptación de la lógica de la representación y de la necesidad de luchar en este delicado terreno para desalojar a quienes lo patrimonializaban.

El salto hacia la política partidaria-electoral que expresó el nacimiento de Podemos en enero de 2014 reflejó un desplazamiento estratégico epocal, un verdadero cambio de paradigma estratégico que se fue desarrollando paulatinamente entre 2012 y 2014 en particular bajo el impacto del ascenso de Syriza en Grecia en Mayo y Junio de 2012 |23|. Útiles parcialmente para una resistencia activa y creativa, las hipótesis del contrapoder permanente, del éxodo o el localismo, hegemonicas en los noventa y dos mil, se descompusieron ante la magnitud de la crisis contemporánea y la apertura de nuevas/viejas posibilidades en las que estaba encima de la mesa la necesidad de una alternativa de conjunto, de otro proyecto hegemónico.No hay, sin embargo, automatismos que van de la plaza a las urnas. Ni Podemos ni los proyectos municipalistas aparecidos a raíz de las elecciones locales del 24 de Mayo de 2015 eran inevitables, ni son resultado directo del 15M. Podrían no haber tenido lugar si quienes los impulsaron no se hubieran atrevido y no hubieran apostado por esta senda estratégica. Pero sin el 15M no habrían sido posibles, quizá ni siquiera imaginables y, en caso de serlo, su impacto habría sido testimonial. El boquete electoral abierto en el titanic bipartidista no habría jamás tenido lugar sin el gran seísmo social de Mayo-Junio de 2011.

La irrupción de Podemos en las elecciones europeas del 25 de Mayo de 2014, rompió de nuevo la continuidad temporal de las ritualizadas rutinas electorales, a modo de “aconteciminto electoral”. Otra ruptura en la secuencia de la crisis dibujada por los de arriba. La noche electoral del 25M una vez más el futuro se autoinvitó en el presente, dibujando con claridad una senda alternativa a transcurrir. Una hoja de ruta hasta entonces borrada de lo posible. Un cambio de vía a mitad del túnel. Se abrió así la fase política de la crisis de régimen. Ésta ha estado caracterizada por una creciente desafección con el sistema de partidos tradicional que ha conducido a una crisis sin precedentes del sistema de gobernanza bipartidista, que recibió un primer golpe en las eleccions municipales del 24 de Mayo de 2015 con la victoria en muchas ciudades de las “candidaturas ciudadanas y de unidad popular”, con Barcelona en Comú, Ahora Madrid y las Mareas Atlánticas como principales expresiones, y un segundo golpe certero con el estallido del turnismo bipartidista en las elecciones generales del 20 de Diciembre. Pero la inestabillidad electoral ha transcurrido paralela a la desmovilización social, en un contexto de expectativa de un cambio por vía político-electoral. Ahí radica su tendón de Aquiles.

Zizek ha señalado la incapacidad actual de la izquierda en proporcionar una respuesta coherente que permita pasar de la resistencia a un proyecto de cambio |24|. Siendo esta observación en gran medida verdadera en los momentos inmediartos tras el “gran estallido”, hay que señalar sin embargo, que la secuendia que va del 15M a Podemos se caracterizó precisamente por la búsqueda de como articular una alternativa de conjunto y salir del impasse estratégico. En cierta forma, puede ser analizado como un “momento catárquico” en el sentido gramsciano del término: “el paso del momento meramente económico (o egoístico-pasional) al momento ético-político, es decir, la elaboración superior de la estructura en superestructura en la conciencia de los hombres. Ello significa también el paso de lo «objetivo a lo subjetivo» y de la «necesidad a la libertad». La estructura de fuerza exterior que subyuga al hombre, lo asimila, lo hace pasivo, se transforma en medio de libertad, en instrumento para crear una nueva forma ético-política, en origen de nuevas iniciativas” |25| - es decir, una tentativa de las clases subalternas para organizar un nuevo proyecto y bloque hegemónico. De esta forma la crisis política abierta en 2011 marcó el inicio de una fase en la que lo que Gramsci definía como “gran política”, (es decir, aquélla que “comprende las cuestiones vinculadas con la función de nuevos Estados, con la lucha por la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales”) |26| dejó de ser prerogativa exclusiva de las clases dominantes y se desplazó también hacia los grupos subalternos.


Futuros del presente

En un artículo reciente el Secretario Político de Podemos Íñigo Errejón afirmaba que Podemos estaba “a mitad de camino” |27|. El artículo mostraba una contradicción immanente en la hipótesis populista tal y como la entiende Errejón: todo el diseño estratégico de Podemos cabalga sobre la gran sacudida social que representó el 15M y de las posibilidades que éste abrió, que los impulsores de Podemos supieron percibir bien. Pero su etrategia electoral-comunicativa (complementada por el trabajo cultural-popular a medio plazo) se desentiende de la cuestión decisiva de la necesidad de mantener activa la falla tectónica de la movilización social, en espera de un nuevo terremoto que culmine lo realizado. La fuerza del Acontecimiento 15M no es inagotable. Si estamos a mitad de camino, un nuevo empujón social para culminar nuestro recorrido se antoja necesario. En un clima de tensión político-electoral-mediática pero de pasividad social, Rajoy, Sánchez y Rivera resisten mejor que en medio de un oleaje de mareas ciudadanas y, no digamos, en medio de una disrupción “acontecional”. Sin duda alguna, una nueva sacudida social es la palanca que falta para vencer a un régimen agotado y que es parte de un pasado que no acaba de desvanecerse.

Cinco años después, y a mitad de camino, la situación permanece abierta y sin desenlace claro. Ni las fuerzas del orden han estabilizado la situación, ni las fuerzas de la ruptura constituyente han conseguido articular una mayoría alternativa. Se abrió un boquete muy difícil de tapar, pero el bote del Régimen de 1978, maltrecho y tocado, se resiste a hundirse. Cuatro grandes escenarios pueden otearse en el horizonte:

El primero, la victoria agónica de las fuerzas de orden a través de un continuismo numantino y defensivo que consiga, mal que bien, ir ganando tiempo hasta llegar a un escenario de estabilización relativa. Esta estratégica es la más conservadora y menos audaz y la que, sin duda, mejor encaja con la mediocridad reinante en las elites hispanas y la falta de liderazgo, en particular las de su clase política. Tiene, sin embargo, cuatro problemas para conseguir ser una vía exitosa: la magnitud de la rotura del sistema de partidos tradicional es altísima y todo apunta a que las elecciones del 26 de junio aún la agrandarán más; la nueva recesión económica que se acerca socavará todavía más la legitimidad de los partidos tradicionales (y de Ciudadanos si éste colabora con un nuevo gobierno pro-austeridad); los escándalos de corrupción van con toda seguridad a continuar, a modo de cascada sin fin; el proceso independentista catalán llega a su momento de la verdad, vislumbrándose para después de verano un escenario de tensión institucional decisiva entre el aparato político-judicial del Estado español y las instituciones catalanas.

El segundo, es la autoreforma desde arriba, a modo de una “segunda Transición” lampedusiana que garantice la continuidad escencial del marco institucional nacido en 1978 y por supuesto de la estructura de poder económico y financiero, pero que integre de forma subordina algunas demandas y aspiraciones expresadas por los movimientos populares. En suma, una operación de “revolución pasiva” en el sentido gramsciano. Mucho más audaz y largo-placista que la primera opción, las dificultades de la misma son parecidas a aquélla sino mayores.

Hay otro escenario posible: la consumación de la crisis política, la descomposición final del bipartidismo y la formación de un bloque político “popular” que capitaneado por Podemos (en alianza con IU, En comú Podem, En Marea, etc) sea capaz de alcanzar el gobierno. Hipótesis no plausible este 26 de Junio, podría serlo tras las siguientes elecciones generales, como resultado del posible desgaste del gobierno que se conforme tras el 26J, un gobierno que puede ser la “última carta” del régimen antes de la victoria de las fuerzas de la ruptura. Este escenario, sin embargo, se desdobla, se bifurca, en dos posibilidades antagónicas. Por un lado, la “hipótesis Syriza”, es decir, la capitulación de las fuerzas del cambio ante la inconmensurabilidad de la fortaleza en aparencia inexpugnable de la Troika. Ello supondría una derrota de larguísimo aliento de la que la debacle en el corto plazo es sólo la punta de lanza de un dilatado proceso de desorientación y desconcierto entre las organizaciones populares y su base social, pues “si en los momentos decisivos los jefes pasan a su «verdadero partido», las masas quedan truncas en su impulso, inertes y sin eficacia” |28|. Por el otro lado, está la hipótesis de la ruptura constituyente, que supone llevar fielmente hasta el final el clamor indignado que hace media década sacudió la política y la sociedad del Estado español.

Cuatro posibilidades pues. Tres conllevan, bajo formas diversas, la derrota. Una, marca el sendero inexplorado de la victoria.


Fuente: Viento Sur


Notas

|1| Zizek, S. El año que soñamos peligrosamente. Madrid: Akal, 2013

|2| Rancière, J. Momentos políticos. Madrid: Clave Intelectual, 2011 p.11 y p. 12 respectivamente

|3| Rancière, J. “Hablar de crisis de la sociedad es culpar a sus víctimas” (entrevista), Público, 15/01/2012; disponible en: http://www.publico.es/culturas/habl...

|4| Badiou, A. El despertar de la historia. Madrid: Clave Intelectual, 2012. p. 80, 79, 97, 88, 94.

|5| Badiou, A. El despertar de la historia. Madrid: Clave Intelectual, 2012. p. 144

|6| Zizek, S. Acontecimiento. Madrid: Sexto Piso, 2015. p. 155 y 156.

|7| Bensaïd, D. Resistencias. Barcelona: El Viejo Topo, 2006

|8| Para un repaso de los hechos anteriores al 15M y del contexto concreto de su surgimiento ver: Antentas, JM y Vivas, E. Planeta Indignado. Madrid: Sequitur, 2012.

|9| Badiou, A. El despertar de la historia. Madrid: Clave Intelectual, 2012. p. 87.

|10| Bensaïd, D. Cambiar el mundo. Madrid: Público, 2010 [2003]; La política como arte estratégico. Madrid: La Oveja Roja-Viento Sur, 2013; Resistencias. Barcelona: El viejo topo, 2006.

|11| Blanqui, L. La Eternidad a través de los astros. Mexico: Siglo XXI, 2000[1872], p. 45

|12| Benjamin, W. “Sobre el concepto de historia” incluidas en: Löwy, M. Walter Benjamin, aviso de incendio. México: FCE, 2003

|13| Spinoza. Ética. Madrid: Alianza, 2015 [1677].

|14| Bensaïd, D. Les irréductibles. Paris: Textuel, 2001. p.106

|15| Trotsky, L. “Celine”, 1933, disponible en: http://www.vientosur.info/spip.php?... ; por cierto, la traducción inglesa del mismo artículo en vez de “rebelión” utiliza el término “indignación”, dando como resultado a un Trotsky perfectamente quincemero: “Active indignation is linked up with hope”. Desconozco cuál es la expresión original y cuál de las dos traducciones es la correcta (aunque a modo indicativo, la versión francesa utiliza el término “révolte”). Ver: Trotsky, L. “Celine and Poincaré: Novelist and Politician,” en Siegel, P (ed). Leon Trotsky on Literature and Art. New York: Pathfinder Press).

|16| Eagleton, T. Esperanza sin optimismo. Madrid: Taurus, 2016.

|17| Rancière, J. “Hablar de crisis de la sociedad es culpar a sus víctimas” (entrevista), Público, 15/01/2012; disponible en: http://www.publico.es/culturas/habl...

|18| Badiou, A. El despertar de la historia. Madrid: Clave Intelectual, 2012. p. 123.

|19| Badiou, A. El despertar de la historia. Madrid: Clave Intelectual, 2012. p. 121

|20| Benjamin, W. “Sobre el concepto de historia” incluidas en: Löwy, M. Walter Benjamin, aviso de incendio. México: FCE, 2003

|21| Jaspers, J. Protest. A Cultural Introduction to Social movements. Cambridge: Polity, 2014.

|22| Löwy, M. Walter Benjamin: aviso de incendio. México: FCE, 2003.

|23| Para una reconstrucción de todo este periodo ver: Pastor, J. “Del Acontecimiento a la política electoral”, Viento Sur 08/05/16, disponible en: http://vientosur.info/spip.php?arti...

|24| Zizek, S. Acontecimiento. Madrid: Sexto Piso, 2015.

|25| Gramsci, A. El Materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (disponible en: http://www.gramsci.org.ar/)

|26| Errejón, I. “Podemos a mitad de camino”, Ctxt, 23/04/16: http://ctxt.es/es/20160420/Firmas/5...

|27| Gramsci, A. Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el estado moderno (disponible en: http://www.gramsci.org.ar/)

|28| Gramsci, A. Notas sobre Maquiavelo, sobre política y el estado moderno (disponible en: http://www.gramsci.org.ar/)

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