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Jorge Gómez Barata
23 de febrero de 2010 por Jorge Gómez Barata
Tuvieron que transcurrir más doscientos años desde la Revolución Francesa y ocurrir la más grande tragedia de la Era Moderna para que, como una deidad que desciende del Olimpo, recibido con “protocolo de luto”, un presidente de Francia visitara Haití, estuviera allí cuatro horas y prometiera una ayuda de unos 400 millones de dólares, cien millones por hora, por cierto no es mucho.
Mucho dinero fueron los 150 millones de francos / oro con que Francia penalizó a Haití por la independencia y que hoy serían unos 25 000 millones de dólares. Invito a los que saben restar: 25 000 000 000 – 400 000 000, arroja una diferencia de veinticuatro mil seiscientos millones. Otro detalle es que el dinero con que los haitianos honraron su deuda, entró en las arcas francesas, mientras que la ayuda prometida por Sarkozy está por llegar.
Según los hechos, después de haber intentado recuperar su ex colonia por las armas, Francia decidió cobrar a los líderes de la joven república una compensación por el valor de los esclavos, el ganado, las instalaciones las tierras, aperos y otras pérdidas que la Revolución le ocasionó. Con esa lógica Robespierre habría estado en deuda con la realeza francesa y el gobierno haitiano podía haber reclamado indemnizaciones por tres siglos de trabajo esclavo en las plantaciones francesas.
Tomando en cuenta que, por esa misma época, exactamente en 1803, Francia vendió a Estados Unidos la Luisiana, unos dos millones cien mil kilómetros cuadrados que hoy acogen los estados de Arkansas, Missouri, Iowa, parte de Minnesota, Dakota de Norte y del Sur, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Montana, Wyoming y naturalmente Luisiana, por 15 millones de dólares, la gabela cobrada a Haití fue desmesurada.
Excepto para entenderla, carece de sentido revisar la historia y menos aun, individualizar responsabilidades por hechos que forman parte de procesos que abarcaron épocas históricas.
Los colonos franceses no inventaron la esclavitud y en cambio, tuvieron en cambio el enorme merito de, con trabajo, no mediante el saqueo, produciendo azúcar y café, haber construido en Haití la más próspera colonia del Nuevo Mundo donde, inspirada en las ideas de la Revolución Francesa, se realizó la única revolución conducida por esclavos en toda la historia; Sarkozy, tampoco envío las tropas que cargaron de cadenas a Louverture ni exigió a Haití dinero a cambio de la libertad.
Por haber sido la más próspera colonia del nuevo mundo que con medio millón de esclavos y 25 000 colonos producía suficiente azúcar y café para abastecer a Francia y desde allí a buena parte de Europa Occidental, los gobernantes y banqueros franceses como los norteamericanos, incluso alemanes, se esforzaron por controlar las finanzas de la república que nacía y que entonces no era tan pobre como ahora.
En 1834, con dinero recaudado a partir de los lucros de las plantaciones, el cobro de impuestos y créditos obtenidos en bancos franceses, norteamericanos y alemanes, Haití comenzó a pagar los vencimientos de la deuda impuesta. En la búsqueda de solvencia, como luego ocurriría en toda Iberoamérica, la joven Nación abrió las puertas al capital extranjero, especialmente norteamericano que adquirió tierras, plantaciones y obtuvo ventajosas concesiones para la construcción del ferrocarril y otras obras de infraestructuras.
En 1910 un consorcio de bancos norteamericanos controló las finanzas haitianas, incluso el Citibank adquirió acciones en el Banco Nacional, órgano emisor de la moneda. Con bajos niveles de producción y acosado por las deudas, se inició la decadencia haitiana y, temiendo por los intereses norteamericanos, el presidente Woodrow Wilson envío a los marines. La ocupación no aportó nada positivos para la sociedad o la economía haitiana, sino todo lo contrario. Cuando en 1934 Franklin D. Roosevelt ordenó el retiro, el país era más pobre y estaba peor gobernado que 19 años atrás.
Haití, golpeado por la injusticia de la metrópolis colonial y del imperialismo norteamericano, mal gobernado por oligarcas nativos y de una antológica adversidad, es sin embargo de una enorme grandeza. Se trata del único lugar donde en diez mil años de historia humana hubo una Revolución protagonizada por esclavos, la única república negra fuera de África y la que un día, bajo la égida gala fuera la más próspera de las colonias del Nuevo Mundo.
En este difícil momento de su historia, cuando la autentica solidaridad internacional se moviliza y numerosos países asumen una posición correcta, se echaba de menos a Francia, que es quien tiene con Haití lazos más profundos y obligaciones mayores. Al saludar la visita de Sarkozy se espera que su llamado a “pasar la página”, sea el inicio de una nueva era. Haití lo necesita y Francia lo puede.
Fuente : Argenpress