Estado español

Histórico 7N: Un grito contra múltiples violencias, por las que ya no tienen voz

12 de noviembre de 2015 por Cynthia Lub

Manifestación contra la violencia machista, Madrid, 7 de noviembre 2015.

El 7N quedará marcado como el día de una histórica manifestación estatal en la que cantamos el grito de las que ya no tienen voz: las casi 100 asesinadas en 2015. El canto de más de 300.000 mujeres, y varones, fue también una sentencia contra la pirámide patriarcal de múltiples violencias, cuya cúspide es el asesinato.

Detrás de las pancartas con los nombres y los rostros de las mujeres asesinadas por ser mujeres, una marea violeta se levantaba contra el incremento de la violencia sexual, de los maltratos y la humillación en todos los ámbitos sociales, del acoso patronal y la discriminación laboral. A sólo un día del 7N, asesinaron a 4 mujeres más.

La violencia machista y patriarcal atraviesa a las instituciones del Estado capitalista en su forma de dominación más profunda. Por eso las luchas de las mujeres, históricas y actuales, tiene hondas raíces.

La alianza de hierro entre el Estado y el sistema patriarcal

Los grandes medios de comunicación, la voz fiel de los mensajes más reaccionarios de la Iglesia y Gobierno, se encargan de culpar a las mujeres cuando son acosadas y violadas. Un ejército de tertulianos no tarda en «negar la violación» para después acusar a las mujeres de «provocar» que las humillen.

El resultado: una de cada 10 mujeres no denuncian las agresiones por sentirse «culpables» de la violencia sufrida. El 71% de las víctimas jamás ha denunciado al agresor; entre otros motivos, el 27% no lo hace por miedo «a no ser creídas, sobre todo si las lesiones no son físicas».

Mientras se recortó un 22% en las partidas presupuestarias dirigidas a la lucha contra la violencia de género, los ministerios gubernamentales no cesan de tomar medidas para «aportar» en la perpetuación del sistema patriarcal.

En el verano de 2014 el Ministerio del interior publicaba un absurdo decálogo para «prevenir» la violencia sexual: “Por la noche, evite las paradas solitarias de autobuses…; no pasee por descampados ni calles solitarias, sobre todo de noche...; echar las cortinas de vuestra casa para evitar miradas indiscretas.” o el más que ridículo «comprar un silbato para ahuyentar al delincuente». Para el Gobierno, son las mujeres las que deben «evitar» ser agredidas y violadas condicionando toda su vida, su forma de vestir, de relacionarse y de circular por las calles.

Detrás de las declaraciones escandalosamente machistas de políticos y alcaldes como el que «temía ser acosado en el ascensor»; el de jueces que consideran que un hombre llegue a rociar de gasolina a su esposa no es homicidio; de la impunidad de la Justicia frente a agresores denunciados públicamente por las mujeres agredidas sexualmente. Detrás de este «ejemplo institucional» se incrementan los golpes, los maltratos y la agresiones sexuales hacia las mujeres. En el Estado español, cada ocho horas una mujer es violada.

¿Una vuelta a los ’ángeles morales’ del hogar?

Este año el Ministerio de Educación aprobó el nuevo ciclo de Formación Profesional (FP) de Actividades domésticas y limpiezas de edificios, en el que enseñan a planchar, lavar, cocinar, hacer correctamente la cama o remendar un calcetín. Estas son algunas de las materias evaluables para obtener el «título de ángel del hogar» y volver a ser los «ángeles morales». Parece una vuelta al franquismo y su modelo de mujer. O una consolidación ideológica de los retrocesos que el Estado pretende imponer.

Aunque también es un gran favor a los empresarios y los Gobiernos a su servicio; ya que la consecuencia inmediata de los recortes en la Ley de Dependencia y en Sanidad, es una traslación de tareas que competen al Estado hacia los hogares y, por ende, a las mujeres por «mandato divino-patriarcal». Esa «gran fábrica invisible» de tareas de cuidados y de reproducción, es cada vez más gratuita para los capitalistas y el Estado, mientras los derechos de las mujeres son recortados con las reformas laborales que permiten que las empresas precaricen y despidan embarazadas, por ser mujeres.

¿Pacto con los partidos e instituciones del Estado o movilización independiente de un gran movimiento de mujeres?

Este es el gran debate de estos días en el seno de las organizaciones feministas y de mujeres. Muchas de ellas denuncian que no puede haber un «pacto de Estado» con las instituciones que criminalizan a las mujeres, con el Gobierno y la Justicia cómplices. Que no puede haber un pacto con los partidos que implementaron los recortes, desde el PSOE hasta el PP. Aunque sí exigen a los nuevos ayuntamientos y diputaciones que se imponga en la agenda política, lo que reclaman mediante la movilización: medidas efectivas contra la violencia de género.

Desde hace unos años la movilización, las protesta y las campañas de denuncia de las mujeres se han ido incrementando. Contra los feminicidios los entierros se convierten en concentraciones, por el derecho al aborto, contra las «tradicionales» agresiones sexuales en las fiestas populares, contra los «micromachismos», los recortes y la discriminación laboral. Así llegamos a este histórico 7N.

La reforma de Ley del Aborto del PP se derrotó en las calles, y con ella, al Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón. Explícita o implícitamente, la lucha de las mujeres va contra todas estas instituciones, el Gobierno y los partidos del Régimen, los alcaldes, los jueces y la Iglesia.

Por eso estas luchas, históricas y actuales, tiene raíces tan profundas. Como lo hicieron nuestras abuelas y nuestras madres, todas las conquistas fueron arrancadas con la movilización, con la lucha en la calle, en la escuela y la facultad, la oficina y la fábrica. Nuevas generaciones están destinadas a reconquistarlas, porque los derechos no se van consiguiendo uno a uno, de manera evolutiva.

Hoy como ayer continuaremos el canto de las obreras textiles neoyorquinas de marzo de 1908: «Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas.
Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan.
Sus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza.
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!»


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