La negación de la transversalidad de las luchas: Fatal Error

20 de agosto por Paulina Farfán Trujillo

La lucha de género no es sólo incluir mujeres y personas LGTBI en las organizaciones sociales, se nos olvida que son sujetos políticos combatientes y que la lucha está en las cotidianidades de todos.

El movimiento feminista en Colombia inicia con la confluencia de mujeres pertenecientes a movimientos de izquierda, por allá en los años 70’s, una mezcla entre la línea sufragista y la lucha por el derecho a decidir; desde ahí fue que en el país, y en toda Latinoamérica se empezaron a plantear grandes retos y desafíos para la modernidad, centrada en el hacer del “hombre” blanco y adinerado, un ideal que ha venido siendo reforzado por la influencia de la filosofía y las ciencias; se inicia a hacerle frente al sujeto dominante, reconociendo a su vez, un sujeto oprimido a punto de estallar, rebelarse y trabajar por la construcción de sus identidades negadas. Bien decía Marx que la sociedad burguesa se encargará de crear por sí misma a quienes la destruirán.

En adelante, no cesó la radicalidad del asunto y siguieron buscando las raíces o causas estructurales tejiendo lazos con la academia y construyendo sus propias definiciones y postulados teóricos y filosóficos, y a su vez, intentando buscar alternativas reales que pudiesen aplicar a su cotidianidad para transformarla, en el trabajo, el hogar y en el mismo cuerpo como espacio de disputa.

Pero los feminismos no sólo se han pensado las reivindicaciones de las mujeres, el rechazo al hetero-patriarcado y el derecho al voto; rechazarán también otras matrices de opresión como la raza y la clase, cuestionará la propia construcción social del género y le apostará desde la crítica y la praxis, a subvertir el sistema político, económico, social y cultural que se ha encargado de reproducir las desigualdades.

Esta situación se encuentra empeorada en el territorio colombiano por las violencias; por un lado, las confrontaciones armadas entre paramilitares, militares y guerrillas, quienes se han encargado de degradar los cuerpos y arrebatar la dignidad de los otros, no sólo por medio de la pólvora y las armas, no hace falta revisar a fondo la prensa para enterarse de casos de violaciones, torturas, amenazas y demás técnicas de los grupos armados; pero eso empeora si la persona tiene alguna “desviación sexual”, porque ellos cumplen con el “deber moral” de “corregirla”, o si la persona tuvo la mala suerte de vivir en un lugar donde las balas tocan a diario su puerta y alguno de los bandos la acusa de estar con los otros, la matan porque “hay que callarla”, o si se es militante de una organización social la agreden, porque además de silenciar, hay que enseñarle a las comunidades a tener miedo para que no acaben con el orden.

Si eso le pareció muy malo, súmele la brutalidad del capitalismo y el ascenso del mercado, que poco a poco engulleron todo aspecto de la vida cotidiana, fueron reduciendo la libertad colectiva e impusieron una sociedad de suma de individuos, apenas relacionados por las mercancías. El posacuerdo se tomó de excusa para meter cuanta política pública se les ocurre que pueda beneficiar a ciertos sectores dominantes, la reforma tributaria, la profundización de la privatización y la implementación del enfoque productivo en la educación media y superior, la necesidad de crear más confianza inversionista para llevar a cabo proyectos para el desarrollo del país, entre otros (menos la implementación del Acuerdo). Una sin igual mezcla de horrores ¿No?

A propósito, hay un ingrediente adicional que viene de una receta ya mencionada, eso que llaman extractivismo, los colombianos por cierto lo conocen a fondo; si no es así y usted es colombiano, le recuerdo los siguientes casos: la central hidroeléctrica del Quimbo en el Huila, las pequeñísimas minas del Cerrejón en la Guajira, La Colosa en el Tolima, El Tesoro y la Drummond en el Cesar, Paz del Rio en Boyacá, Cerro Matoso en Córdoba y otras por ahí regadas que forman un total de 40 proyectos de extracción de recursos en todo el país |1| . Cabe a estas alturas preguntarse: ¿Para qué es que son esas tales consultas populares dizque por la defensa del territorio? Ya van 7 municipios que rechazan rotundamente este tipo de proyectos.

Pero la tensión aquí retomada ahonda en la lucha contra ese mal llamado extractivismo –porque sería más apropiado llamar por su nombre lo que viene siendo la apropiación de un bien de una población sin su permiso-; póngase las gafas violetas dentro de la organización e identifique si usted u otros reproducen o no la violencia dentro del movimiento social, y ayuda por medio de lo que unas locas llaman “acto performativo” a reproducir las prácticas machistas, haciendo lo que tal vez le enseñaron en la casa y usted como persona de bien ya está acostumbrada a decirle o hacerle a los otros, que si es un maricón, que venga y me prepara el almuerzo que llegué con hambre del trabajo, que mire como mi mujer tiene los hijos de bien educados, o vea como esa vieja descansa todo el día en la casa viendo televisión.

Si bien es cierto que se ha venido impulsando la formación de campesinos, indígenas y afros, tanto desde espacios impulsados por las propias organizaciones políticas y sociales, como desde las políticas públicas e instituciones formales, sigue siendo una realidad que para las mujeres y las comunidades LGTBI, el acceso y la permanencia tienen un mayor grado de dificultad.

Sería una falacia, por ejemplo, decir que las mujeres ya no sostienen el yugo de todas las labores en el hogar, del cuidado de sus hijos, de los temas de reproducción y anticoncepción, de la administración financiera, porque además las mujeres que viven en el sector rural se encargan de hacer rendir un mes para una familia, el mercado que un citadino de estrato 3 se consume solo durante quince días; siendo aún militantes, lideresas políticas y personas clave en las organizaciones insignia de la lucha contra la destrucción del territorio donde trabajan, viven y tejen lazos con el resto de su comunidad.

Es en esas prácticas donde se empieza a notar si hay un cambio real en la estructura social y cultural, que hace necesario un enfoque de interseccionalidad para llegar a la transformación y abolición de la opresión; hoy, las luchas se encuentran dispersas, como si se limitaran a ser unas reivindicaciones de identidades y libertades individuales, todas por aparte. Se comete el error estratégico de usar las mismas categorías con las que las que históricamente han sido oprimidos, para crear secciones o grupos que luchen por aparte, por lo suyo, desarticulando los procesos, descartando la posibilidad de alianzas, la profundización de debates, el reconocimiento de otras resistencias, y con ellas, los aprendizajes para su aplicación en otros escenarios, la construcción de mundos comunes, de horizontes compartidos donde nos sea mucho más fácil la avanzada contra la existencia y por la liberación de los opresores.

Algunas feministas han intentado llevar ello a cabo, la aplicación de una interseccionalidad desde la visión latinoamericana, un feminismo más propio y popular que añade a esa convergencia su relación con el territorio y las formas de apropiación del mismo; a pesar de que esas visiones han entrado a debatir con corrientes y reivindicaciones de otras líneas feministas que son en gran parte del sector liberal y que han sido satisfechas por medio del impulso al desarrollo creando instituciones que se encargan de dar soluciones parciales, e incluso subsidiarias a los reclamos que se presenten, esas visiones latinoamericanas son tan válidas como las anteriores, puesto que son teorías que surgen desde el quehacer diario de sus actores y que tiene en cuenta sus propias problemáticas.

Hay que reconocer los procesos de mujeres (que también son apoyados por quienes no se reivindican como tal) que a lo largo del continente han intentado crear otros tipos de sociedades por medio de economías solidarias, y se cuestionan el papel de la humanidad ante la naturaleza, reconociendo incluso ésta última como un actor político que se encarga de abastecer a la humanidad de recursos, teniendo en cuenta un trato sostenible y sustentable con la misma.

En estas propuestas ha sido indispensable el diálogo de saberes, que incluye desde los saberes locales, la articulación con procesos pertenecientes a otros sectores, hasta la internacionalización de las luchas, y un conocimiento a fondo de las distintas matrices de opresión y del discurso del poder dominante con el fin de diversificar estrategias que garanticen a largo plazo la victoria en todos los ámbitos, y en lo inmediato, un cambio positivo para una forma de vida que beneficie a la población.

Lo que se quiere dejar en claro es que es evidente que han habido intentos en la articulación de las luchas para que éstas se encuentren imbricadas y sus militantes estén conscientes que deben ir todas a la par, siendo una transversal a la otra, todas son igual de importantes si lo que se busca, insisto, es una transformación que podamos percibir no sólo a niveles macro, sino en el día a día, porque pareciera que la lucha de clase no tiene que ver con la de género, o la de raza no tuviera nada que hablar con la antiespecista o la anticapitalista. Es esencial que surjan nuevos debates, nuevos lenguajes que reconozcan y respeten las localidades, pero que a su vez permita unas subjetividades colectivas, unos marcos comunes que faciliten dar la pelea desde este lado y hacia el interior para acabar con las contradicciones del capitalismo cotidiano, hasta la desaparición del poder dominante.

Bibliografía

-  Aguinaga, Margarita; Lang, Miriam; Mokrani, Dunia; Santillana, Alejandra. “Pensar desde el feminismo: Críticas y alternativas al desarrollo”, en: Más allá del Desarrollo. Fundación Rosa Luxemburgo. Cali, Colombia. 2015
-  Svampa, Maristella. “Extractivismo neodesarrollista y movimientos sociales ¿Un giro ecoterritorial hacia nuevas alternativas”, en: Más allá del Desarrollo. Fundación Rosa Luxemburgo. Cali, Colombia. 2015
-  Lamus, Doris. Resistencia contra-hegemonía y polisemia: Conformación actual del movimiento de mujeres feministas en Colombia. Revista La manzana de la discordia. 2016
-  Carosio, Alba. “Feminismo Latinoamericano: Imperativo ético para la emancipación”, en: Género y Globalización Globalización (ver también Mundialización)

Origen y sentido de este término anglosajón: en inglés, la palabra «global» se refiere tanto a fenómenos que interesan a la (o las) sociedad(es) humana(s) a nivel del globo como tal (es el caso de la expresión «global warming» que designa el efecto invernadero), como a procesos que poseen la característica de ser «globales» únicamente en la perspectiva estratégica de un «agente económico» o de un «actor social» preciso. En lo que estamos viendo, el término «globalización» nació en las bussiness schools norteamericanas y reviste el segundo sentido. Se refiere a los parámetros pertinentes de la acción estratégica del gran grupo industrial. Lo mismo sucede en la esfera financiera. A la capacidad estratégica del gran grupo de adoptar una aproximación y una conducta «globales». En un debate público, el patrón de uno de los mayores grupos europeos explicó, en sustancia, que la «globalización» representa «la libertad para su grupo de implantarse donde quiera, cuando quiera, para producir lo que quiera, aprovisionándose y vendiendo donde quiera, y en donde tenga que soportar las menores obligaciones posibles en materia de derechos laborales y convenciones sociales» (extraido de Chesnais, 1997[a]).
. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. 2009. Disponible en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/grupos/giron/11caro.pdf


Notas

|1| República de Colombia. Agencia Nacional de Minería. Resolución Número 000592 del 19 de Junio de 2013. “Por la cual se designan algunos proyectos mineros como de interés nacional”. Disponible en: http://static.elespectador.com/arch...

Autor

Paulina Farfán Trujillo

Investigadora del Grupo de Investigación “Grupo de Estudio Economía Digna" de la Universidad Nacional de Colombia


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