La represión policial no para la movilización del pueblo rifeño

24 de julio por Juan Carrique

Para el 20 de julio estaba prevista una manifestación en Alhucemas que se preveía que, por su gran participación, sería histórica. Su convocatoria se produjo tras la multitudinaria manifestación del 18 de mayo, convocada por el Movimiento Popular Rifeño, el “Hirak”, en defensa de reivindicaciones sociales como la construcción de un Hospital con unidad oncológica y una universidad en Alhucemas, así como inversiones en infraestructuras sociales y en creación de empleo. Pero a finales de mayo y durante todo el mes de junio, que se celebró el Ramadán, la provincia de Alhucemas ha sido ocupada por más de 25.000 policías, que han impedido la celebración de manifestaciones mediante su dispersión con contundencia por los agentes policiales.

La manifestación estaba convocada en la Plaza de Mohamed VI a las 16 horas, pero ya por la mañana la plaza estaba tomada por agentes de los distintos cuerpos policiales: Gendarmería, Fuerzas Auxiliares y Seguridad Nacional. A cada dos metros estaba estacionada en medio de la plaza furgonetas policiales, y los agentes no dejaban circular a nadie por la plaza. Frente al Colegio Jovellanos, anexo al consulado español, estaba apostada una tanqueta de agua comprimida. Todo ello daba un aspecto amenazador a la ciudad, máxime porque las calles estaban desiertas a consecuencia de la huelga general que el Hirak había convocado.

Pero desde el día anterior multitud militantes de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y de organizaciones de izquierda de otras localidades de Marruecos se habían desplazado a la ciudad para participar en la marcha convocada. Todos los hoteles estaban al completo, en la frontera con Melilla estaba controlando la identidad de todos los que pasaban la frontera en dirección a Nador y la policía había formado un círculo de controles de acceso a la ciudad de Alhucemas, de forma que los autobuses que se dirigían allí con manifestantes les fue impedido el paso, de forma que algunos tuvieron que continuar el camino a pie por las montañas.

Alrededor de las 16:30 horas en las calles adyacentes a la plaza empezaron a concentrarse grupos de manifestantes que comenzaron a correar consignas, pero los policías que ocupaban, caminado en formación con los escudos y material antidisturbios se dirigieron por las calles hasta esos grupos y los dispersaron mediante una contundente carga y detenciones que de practicaron policías de paisano que estaban camuflados entre los manifestantes.

Los grupos dispersos volvieron a agruparse en los alrededores de la mezquita del centro de la ciudad, y ya eran centenares. La policía volvió a repetir la operación, pero los manifestantes ya no se dispersaban, entonces empezaron a disparar gases lacrimógenos contra los manifestantes. Una ola de personas desorientadas corrían en todas direcciones, y entonces desde las ventanas las mujeres mayores, que no participaban en la movilización, comenzaron a lanzar cebollas y botellas de agua a los manifestantes, para que se protegiesen de los efectos de los gases; abrían las puertas de las casas para que se refugiasen en los zaguanes. Ya eran miles los manifestantes las calles llenas, pero entre unas y otras estaban los cordones de agentes antidisturbios que, conforme se agrupaban los participantes, volvían a cargar y practicar detenciones. Y unánimemente, frente a las brutales cargar policiales, los manifestantes respondían pacíficamente, ni si quiera les lazaban piedras, eso sí, discutían acaloradamente con ellos, algunos se sentían avergonzados con la violencia empleada, otros no, pero los manifestantes no desistía. Un joven cayó en parada respiratoria a causa de los gases, que tuvo que ser desplazado grave al día siguiente a un hospital de Rabat; y hubo varias mujeres mayores que sufrieron cuadros de asfixia, que fueron llevadas en volandas hasta las ambulancias de protección civil. Y hubo decenas de detenidos tras las intervenciones policiales.

Sobre las 21 horas cesaron los enfrentamientos las calles se despejaron, algunos jóvenes llamaban a continuar la manifestación en sus barrios, pero los participantes estaban cansados y disgregados. Al final la manifestación no se había celebrado, pero no fue una demostración de fuerza del régimen monárquico, sino más bien desesperación. Quienes estuvieron en todo momento aislados fueron la policía, los manifestantes tuvieron todo el apoyo de la población: una huelga general que paralizaba la ciudad, unos vecinos que refugiaban a los manifestantes y les daban cebollas para aguantar los efectos urticantes de los gases. Entre los manifestantes la mayoría eran jóvenes, pero también había personas mayores, militantes, antiguos presos políticos y mujeres jóvenes; trabajadores y emigrantes, de todos los pueblos y aldeas del Rif. Al final de la movilización no se respiraba el sabor agridulce de una derrota, sino la impresión de una jornada tensa que empujaba a seguir la lucha.


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