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Raúl Dellatorre
Dura advertencia para latinoamerica del economista ecuatoriano que diseña el Banco del Sur
3 de noviembre de 2009 por Raúl Dellatorre
Estrecho colaborador de Rafael Correa, Pedro Paez Pérez alertó que se genera la ilusión de una recuperación para disimular una salida que será dolorosa para el Tercer Mundo. “Estados Unidos la administra, ellos son expertos en demoliciones.”
Pedro Paez y una visión crítica. “Los paquetes de rescate no crearon empleos, están otra vez en la especulación.”
“¿Creen que se viene el derrumbe del sistema capitalista? No
se olviden que hay expertos en demoliciones.” La frase es lapidaria.
¿Su intención? Advertir sobre los riesgos de ilusionarse con que la
crisis la sufre el centro del capitalismo, cuando es este centro de
poder, Estados Unidos, el que sigue manejando los tiempos y las
respuestas globales a la crisis. ¿Una crisis autogestada? No tanto,
pero tampoco tan lejos. ¿Su autor? Pedro Paez Pérez, el economista que
el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, puso al frente de la
construcción de la propuesta de Nueva Arquitectura Financiera para
América Latina, cuyo primer pilar será el Banco del Sur.
Paez Pérez pasó por Buenos Aires para participar de un
coloquio organizado por el Cefid.Ar (el centro de estudios formado por
la banca pública y cooperativa). Este periodista tuvo oportunidad
de participar de un profundo intercambio de ideas del visitante con
economistas locales en la sede de Clacso de esta capital, un día
después en una entrevista para Visión Siete (en la televisión pública)
y, en el medio, conversaciones “mano a mano” con este especialista. De
su personalidad se destacan la audacia de sus propuestas y la firme
convicción “militante” con la que asume la reestructuración del
sistema financiero y la reinserción estratégica de Latinoamérica en el
mundo. Lo que sigue es un extracto de sus planteos.
–¿Por qué cree que la crisis internacional no ha
pasado ni siquiera su peor momento?
–Eso de que “lo peor de la crisis ya pasó” parece producto
de un hipnotismo sincronizado de políticos, de medios y algunos
gobiernos. Es muy peligroso hacerse la ilusión de que ya se ha
superado, porque lo que se ha hecho hasta acá, como medidas
correctivas, no ha hecho más que exacerbar las condiciones que
condujeron a la crisis. Los billones de dólares que los gobiernos
centrales transfirieron al sector privado no fueron a la creación de
nuevos empleos, están en la especulación. Vemos subir las bolsas sin
ningún sentido, el petróleo sufre saltos espectaculares para después
desbarrancarse. Los fondos de inversión se han fortalecido. No hay
relación entre lo que pasa en esos mercados y la economía real. Ni los
cambios de costos, ni escasez o exceso de demanda u oferta ni las
perspectivas de crecimiento justifican tales movimientos. Se están
formando nuevas burbujas y ahora pueden golpear principalmente a
América latina.
–¿Por qué la advertencia en particular para la
región?
–Por su dependencia de los recursos naturales y del precio
internacional. Por su vulnerabilidad a los movimientos especulativos de
capitales. Sigan con atención lo que está pasando en algunas bolsas de
la región. Además, por su dependencia monetaria. Ante el debilitamiento
del dólar, ¿quién sale a apuntalarlo? Los bancos centrales de los
países de la región. Estados Unidos recoge los beneficios de emitir sin
límites y ni siquiera tiene que hacer el esfuerzo de defender el valor
de su moneda. Hay pocos estudios hechos sobre la utilización de la
moneda como instrumento de dominación. Y, sin embargo, en el de-senlace
de esta crisis puede ser el factor fundamental. Quien tenga mayor
capacidad de emisión, corre con ventaja.
–Sin embargo, suele interpretarse que la hegemonía
del dólar está cuestionada y puede ser el talón de Aquiles de Estados
Unidos como economía dominante.
–Hay quienes incluso dicen que “la crisis del imperio es
terminal” (se ríe). Cuando a mí me preguntan si se viene el cataclismo,
el derrumbe del sistema, yo digo que no se olviden que también hay
expertos en demoliciones, capaces de controlar las detonaciones, dónde
y cuándo causar el daño y, lo más importante, saben qué hacer sobre los
escombros. Estados Unidos está transitando la crisis administrándola.
Deciden salvar a unos y a otros no. ¿Por qué cayeron los bancos de
inversión Lehman Brothers y Bear Stearns antes de que aparecieran los
planes de salvataje? Eran los nombres más emblemáticos del sistema
financiero estadounidense, y sin embargo los deja caer porque eran los
que iban a golpear a Alemania y Francia, para involucrarlos en los
costos de la crisis. ¿Qué reacción tuvieron estos países? Se indignaron
con Estados Unidos y los responsabilizaron de todos los males. Sin
embargo, para diciembre (2008), a la reunión del Grupo de los 20 en
Estados Unidos llegaron “mansitos”. ¿Qué surgió de esa reunión? Más
regulaciones al sistema financiero, pero en manos de Estados Unidos y
los organismos que controla, el Banco Mundial y el FMI. Es decir que
concentró más la capacidad regulatoria sobre la economía mundial. Hacen
la política y trasladan los costos al resto del mundo. Y eso es lo que
se viene. Lo peor todavía está por pasar. Es un cuento que la crisis la
tienen ellos, para el Tercer Mundo los riesgos son mucho mayores.
–Usted plantea que el tema monetario es la clave.
¿Qué significa eso para América latina?
–Que ahora es más urgente que nunca contar con una
estructura financiera integral que construya las bases para una
soberanía de nuevo tipo. Una organización supranacional que piense en
la Patria Grande latinoamericana, planteando temas que no estaban,
hasta ahora, en la agenda ni de la academia ni de los movimientos
sociales ni de los políticos, como la soberanía monetaria y financiera.
Seguir atados al FMI y a los organismos tradicionales es seguir
contaminados por el Consenso de Washington, el “dogma” del
neoliberalismo. La próxima etapa de la crisis será muy agresiva con
Latinoamérica. Las condiciones que se están generando nos conducen a la
barbarie. Tenemos que crear las condiciones para blindar nuestras
economías, y defender la producción y el empleo. Ni siquiera estoy
hablando del socialismo del siglo XXI. Digo que es imprescindible
encontrar las herramientas para enfrentarnos a las condiciones de este
capitalismo del siglo XXI.
–¿El Banco del Sur es esa herramienta?
–No sólo el Banco del Sur, que sería una banca de
desarrollo con otro tipo de prioridades: la soberanía alimentaria y
energética, el financiamiento de la economía popular, de la
infraestructura que integre a los pueblos. Que impulse una base crítica
de investigación en ciencia y tecnología, a partir de la cual
renegociar el papel de la región en la división internacional del
trabajo. Somos optimistas en que ya a fines de 2010 pueda estar
funcionando. Pero también es necesario tener un fondo de estabilización
soberano, un Fondo del Sur, y una moneda regional. Son los tres pilares
de la nueva arquitectura financiera. Una propuesta modular, pero con la
soberanía monetaria como clave.