Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
CADTM

Sres. Srakosy y Brown, ¡He aquí los 50.000 millones de dólares que buscáis!

por Eric Toussaint, Damien Millet


Damien Millet es secretario general del CADTM-Francia (Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mun-do); Eric Toussaint es presidente del CADTM-Bélgica. Son autores de 50 Preguntas y respuestas sobre la Deuda, el Banco Mundial y el FMI. Icaria Ed. 2004. La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002.

La reunión anual del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE acaba de concluir en París, el 16 de abril del 2004. En la misma se juntó la ignominia con la avaricia, todo ello en un ambiente más bien sombrío. A fin de ofrecer un balance presentable a la opi-nión pública, los gobiernos de los países de la OCDE miembros del CAD (son 22) manipu-laron las cuentas tan groseramente como los dirigentes de Enron o de Permalat. Para poder afirmar que su ayuda pública al desarrollo (APD) aumentaba, las autoridades de Washington incluyeron en ella 2.000 millones de dólares dedicados a la reconstrucción de Iraq. En realidad, esta APD constituye una ayuda pública a las industrias importadores estadounidenses. Son esos dos mil millones de dólares con los que se pagará los trabajos de reconstrucción realizados por las firmas Bechtel, Halliburton y otras transnacionales norteamericanas.

También el gobierno de Bélgica ha jugado fuerte: la APD belga aumentó un 43,2 % porque en ella se ha contabilizado la anulación de la deuda de la RD del Congo con dicho país. En realidad, ni un dólar suplementario se habría pagado a la RDC a raíz de esta operación, porque lo que se buscaba era borrar de los libros de cuentas del Tesoro belga una deuda contraída por Mobutu. Deuda que no se amortizaba desde hace largo tiempo. El coste de una operación de saneamiento de la contabilidad del Estado belga se asimila a la ayuda pública al desarrollo. ¿No es inquietante? En cuanto a las au-toridades francesas, éstas han hecho lo mismo contabilizando en al APD la condonación de la deuda que acordaron a países pobres muy endeudados. Esto permite al gobierno francés decir que la APD aumentó un 9,9 %.

Según el comunicado del CAD de la OCDE:

"El volumen de la deuda ha crecido un 11 % en el curso de los dos últimos años |1| después de haberse reducido durante toda una década" (el subrayado es nuestro). El comunicado reconoce que es netamente insuficiente: "Habrá que llegar más lejos en este esfuerzo para alcanzar los objetivos del milenio para el desarrollo (OMD) fijados por las Naciones Unidas en el horizonte 2015, y especialmente reducir a la mitad la proporción de la población que vive en la pobreza, hacer retroceder las tasas de mortalidad maternal e infantil y ofrecer a los niños y niñas el acceso a la educación."
(www.oecd.org/document/50/0,2340,fr_2649_201185_1_1_1_11,00.html). Es por eso por lo que una semana antes, durante una reunión en París, el 8 de abril, Francia y Gran Bretaña propusieron una fórmula para encontrar 50.000 millones suplementarios.

Poco después del nombramiento de Nicolas Sarkozy, el nuevo ministro francés de Economía y Finanzas, Francia y Gran Bretaña presentaron en París a principios de abril un
proyecto destinado a aportar a los países del Sur los 50.000 millones de dólares que siguen faltando para financiar los objetivos de desarrollo del milenio (en síntesis, reducir la pobreza a la mitad entre el 2000 y el 2015). Aun cuando estos objetivos se han convertido
en una referencia para las políticas de desarrollo, parece evidente que, sobre todo, no hay que contentarse con esto. En efecto, para alcanzar, por fin, la garantía universal de
los derechos humanos fundamentales, es indispensable un cambio completo de lógica a fin de transformar todo el sistema económico actual, responsable estructural del la profundización de la desigualdad en el mundo. Por esta razón, el proyecto francobritánico no puede aportar ninguna solución duradera y equitativa al problema de la financiación del desarrollo. Pero ¿dónde encontrar las sumas necesarias?

En pocas palabras, la idea del proyecto consiste, para los países llamados "en desarrollo", en pedir préstamos en los mercados financieros a tasas de interés reducidas gracias al aval de los países ricos |2|. Así, la deuda del Tercer Mundo proseguirá su carrera desen-frenada, y los desembolsos exigidos crecerán aún más! Pero sobre todo se trata de la cuadratura del círculo: para intentar reducir la miseria, se recurre a los rentistas y a los especuladores financieros, cuya única motivación es el beneficio a corto término y cuya actividad agrava la desigualdad, y por lo tanto la miseria. En efecto, a las finanzas internacionales poco les preocupa las condiciones de vida de los más desprotegidos. Instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) imponen una apertura comercial y una libe-ralización económica que no generan el desarrollo humano, sino que sirven a la codicia de los grandes inversores. Éstos se apresuran entonces a deslocalizar una parte considerable de sus ganancias hacia los bancos dc los países más industrializados y los paraísos fiscales, diseminando la indigencia, el desempleo y el debilitamiento de los Estados, que se ven obligados a reducir la "protección social". Pensemos en las numerosas crisis finan-cieras que han provocado en los últimos años, como en el sureste asiático en 1997 (24 millones de desempleados en pocos meses). Todo ocurre como si se pidiera ayuda a un serial killer para intentar curar las profundas heridas de un sistema que está en las últi-mas! Los mercados financieros no pueden constituir una salida para luchar contra la pobreza en el mundo: lo vienen demostrando desde hace veinte años.

Así mismo conviene interrogarse sobre la idea hábilmente difundida según la cual el cre-cimiento económico (¡cuando es realmente buscado!) mejoraría el bienestar de la mayo-ría
de la población. Lejos de reducir la pobreza, si no va acompañado de medidas estruc-turales tendientes a una reducción de la desigualdad en el reparto de la renta y del pa-trimonio, el crecimiento beneficia, sobre todo, los intereses de los más poderosos. Además, indicador económico sordo a la posibilidad de supervivencia a largo término sobre el planeta, es a menudo sinónimo de degradación del ambiente y de agotamiento de los recursos naturales.

Levantemos el ánimo. Se impone unos datos simples. Nos dicen que la ayuda pública al desarrollo (APD) es de 57.000 millones de dólares y que habría que duplicarla. Es cierto. Pero ¿qué es lo que se contabiliza en esta APD, que debería demostrar la generosidad de los gobiernos del Norte? En primer lugar, sólo 32.000 millones son donaciones, el resto está en forma de préstamos, que también tendrán que ser devueltos. ¡La novia ya no es tan hermosa! Además, se contabiliza en estas sumas unos gastos que no benefician directamente a los pueblos del Tercer Mundo. Cuando un país del Norte decide enviar un avión con víveres y medicamentos a un país en apuros, el flete del avión, la compra de los víveres y medicamentos, el salario de los que preparan y efectúan el viaje se cargan al monto de la ayuda proporcionada, pero las sumas correspondientes a estos gastos se quedan en el Norte y sólo los productos transportados llegan a destino, y no representa más que una parte bien magra de las sumas anunciadas. Lo mismo pasa con las misiones de expertos enviados a los países del Tercer Mundo para evaluar, con mucha fre-cuencia, las posibilidades de inversión de los empresarios del Norte. El interés de los países acreedores es así a menudo más determinante que las necesidades reales de la po-blación.

Sin embargo, es posible encontrar fondos para luchar contra la pobreza del Sur. En efecto, una ayuda al desarrollo real de 80.000 millones de dólares ya existe, únicamente en forma de donaciones, y esta suma se emplea con mucha más sabiduría que la actual APD. ¿Quiénes son estos misteriosos filántropos capaces de donar 80.000 millones de dólares anuales? Son gente que Sarkozy conoce particularmente bien, y a la que sería inteligente pedir consejo y demostrar un infinito respeto: según el Banco Mundial, los emigrantes originarios de los países en desarrollo envían cada año 80.000 millones de dólares a sus familiares que se quedaron en su país. El auge del egoísmo en los países más industrializados y las políticas represivas contra los inmigrantes son por esto aun más intolerables.

Ahora nos dicen que es por la crisis del Norte, y que los déficit presupuestarios ya no nos permiten ser generosos con el Sur. La propuesta de buscar fondos en los mercados fi-nancieros, apoyada por Nicolas Sarkozy en Francia y Gordon Brown en el Reino Unido, demuestra la voluntad de los responsables de los países industrializados de no asumir su responsabilidad en la dramática situación de los pueblos del Sur. Incluso si a la Francia de Raffarin le gusta proclamar que ella aumenta su APD, hay que decir que se trata de una ilusión óptica. En el 2003, cerca de un 30 % de la APD francesa provino... de las reducciones de la deuda que Francia concedió a los países más pobres. De hecho, los países pobres pagan a Francia un dinero que ésta retorna y contabiliza como APD! Esto viene a significar que se hace pagar a los países del Sur una parte de la ayuda que Francia les otorga: ¡Había que pensar en esto!

Entonces, ¿dónde encontrar esos 50.000 millones de dólares para liberar el desarrollo de los países del Sur? Diversas medidas complementarias permitirían lograr unas sumas considerables: un impuesto internacional tipo Tobin a las transacciones en divisas fijado en una tasa del 0,1 % aportaría, según cálculos prudentes, entre 80.000 y 100.000 millones de dólares por año, disponibles para financiar el desarrollo humano. Una reducción de los gastos militares del 25 % liberaría a escala mundial 200.000 millones de dólares. Recordemos que la ocupación de Iraq cuesta unos 50.000 millones de dólares al Tesoro de Estados Unidos.

Pero también se puede buscar el dinero... ¡en el Sur! Porque el Sur genera unas riquezas considerables, que son rápidamente aspiradas hacia los ricos acreedores (bancos, mercados financieros, etc.) del Norte gracias al mecanismo de la deuda. Así, en el 2002, los países en desarrollo en conjunto han desembolsado un total de 343.000 millones de dólares a título de servicio de la deuda (¡6 veces la APD!), o sea, 95.000 millones de dóla-res más que los nuevos préstamos que recibieron. Si se anula realmente la deuda del Tercer Mundo, se libera en el Sur unas sumas considerables que harán finalmente posible una verdadera lucha contra la pobreza.

¿Pero tendrá Sarkozy la voluntad de abandonar esta potente herramienta de dominación que es la deuda? ¡Sin ninguna duda, no él solo! Los movimientos sociales y los ciudadanos sedientos de justicia social deben llevar este tema al corazón del debate público y presionar a los principales actores financieros para que anulen la parte de la deuda que
les toca a fin de instaurar una nueva lógica económica que se oponga a la de este triste proyecto francobritánico.


Notas

|1| En realidad, el incremento iniciado hace dos años ha menguado en el 2003. Es lo que reconoce
la OCDE en otro documento: "Los países miembros del CAD de la OCDE acrecentaron su ayuda pública al desarrollo (APD) a favor de los países en desarrollo en un 3,9 % en términos reales entre el 2002 y el 2003, después de un aumento del 7 % en términos reales entre el 2001 y el 2002."(http://www.OECD.org/document/2/0,2340,fr_2649_201185_31504066_1_1_1_1,00.html)

|2| "Cuando Tony Blair me presentó la idea de un medio financiero internacional destinado a reunir a término los 50.000 millones de dólares suplementarios anuales necesarios para la realización de estos objetivos, la aprobé de inmediato. Es una solución pragmática (...), generosa (...) y econó-micamente racional porque consiste, en buena ortodoxia, en financiar la inversión por el préstamo", declaró Jacques Chirac en un mensaje registrado y difundido, el jueves 8 de abril del 2004, en la apertura de la conferencia (Le Monde, 9 de abril del 2004).

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