Tensiones migratorias en Suiza y sus implicaciones para la crisis europea

27 de febrero de 2014 por Daniel Munevar


CC - Montuno

Suiza es conocida en el mundo por sus chocolates, relojes y estrictas leyes de secreto bancario que han convertido a este país en el paraíso fiscal por excelencia. Una característica menos conocida es la capacidad de este pequeño país para capear las tormentas políticas, económicas y sociales que han azotado a Europa a lo largo de su historia. Desde que los territorios que hoy constituyen Suiza lograron su separación del Sacro Imperio Romano en 1518, guerras, epidemias y revoluciones han sacudido el continente europeo mientras dichos territorios se han mantenido al margen de los cambios y conflictos. En esta perspectiva, la crisis actual solo representa un elemento más en esa larga lista de calamidades que han sacudido a sus vecinos europeos. Como en otras oportunidades, Suiza ya está tomando las medidas que consideran pertinentes para aislarse una vez más de los infortunios de Europa.

Así, el pasado 9 de Febrero el 50,3% de la población de Suiza voto a favor de una iniciativa del partido ultraconservador SVP para imponer un sistema de cuotas para la migración de ciudadanos de la UE [1]. El triunfo de la iniciativa conservadora se da en el contexto de un sostenido incremento de la entrada de inmigrantes al país tras la crisis financiera. Se estima que en los últimos años cerca de 80.000 han emigrado a Suiza [2]. Si bien en términos absolutos puede parecer un número pequeño, en términos relativos ello equivale a un flujo anual de un 1% de la población total del país. De esta forma, la participación de inmigrantes en la población total ha pasado de un 21% en el año 2002 a cerca de 25% en la actualidad [3]. Según el SVP la llegada masiva de inmigrantes está afectando de manera negativa la calidad de vida de la población suiza. Se culpa a los migrantes de problemas como mayores dificultades para conseguir empleo, alquileres más caros y sobre-ocupación de trenes y escuelas [4].

Este argumento deja en claro que la medida aprobada se justifica en parte por el hecho que la crisis no es suiza en su origen y por ende el país no debe pagar por los costos de esta. Esta percepción es interesante por 2 razones. Primero, pone en cuestión la ilusión que la crisis puede ser contenida en los países de la periferia. Segundo, abre de nuevo el debate sobre cómo se van a terminar enfrentando los costos de dicha crisis.

En el caso de la primera cuestión, existe por parte de la Troika Troika Troika : el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo la absurda ilusión que la implementación de medidas de austeridad y sus desastrosos efectos sociales pueden ser contenidos de manera segura en la periferia. Obviamente esto es una tontería. Es lógico esperar que ante el deterioro en las condiciones económicas y sociales en países como España o Grecia, los ciudadanos de estos países busquen alternativas. Como estas no se han presentado en la forma de medidas a gran escala como la cancelación de deudas, la alternativa más simple y directa para las personas es emigrar en busca de mejores oportunidades. En la medida que se mantengan las medidas de austeridad, las tensiones políticas y sociales asociadas a la migración europea solo pueden intensificarse.

Esto nos lleva a la segunda cuestión: cómo se van a terminar asumiendo los costos de la crisis. La renuencia por parte de las autoridades europeas de aceptar que el problema central es una crisis de insolvencia del sector financiero europeo ha embarcado al continente en un fútil intento de pagar deudas que no pueden ser pagadas. El resultado es la implementación de medidas destinadas a lograr la mayor extracción posible de recursos de los deudores independiente de sus efectos sobre la calidad de vida de estos. Cuando los ciudadanos de la periferia europea migran hacia el centro en busca de resolver por su propia cuenta esta situación, llevan en sus maletas parte de los costos económicos y políticos que no se han querido asumir pública y explícitamente.

En este sentido los debates sobre la presión que crean los inmigrantes sobre los Estados de Bienestar de países como Alemania o Bélgica y las tensiones sociales asociadas a la migración representan una extensión del debate sobre cómo hacer frente a los costos de la crisis. Estos pueden ser explícitos, por medio de un programa europeo de cancelación de deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
, o implícitos por medio de la migración masiva de personas y la tensión asociada a este fenómeno. De una u otra forma, los costos de la crisis deben ser asumidos. La diferencia radica en que una opción implica una salida solidaria y organizada de la crisis, mientras que la otra implicaría un aumento generalizado de la inestabilidad política del continente en el marco de la consolidación del poder e influencia de los partidos de extrema derecha en Europa.

Manifestaciones de esta tensión ya se pueden percibir en otros países. El gobierno de Bélgica envío el año pasado 3700 cartas a ciudadanos residentes de otros países de la UE expulsándolos del país [5]. La razón citada es el peso que representan para los servicios sociales belgas. Así mismo, una encuesta reciente llevada a cabo en Alemania mostro que el 48% de los encuestados a está a favor de imponer límites a la migración de miembros de la UE, siguiendo el ejemplo de Suiza [6]. Dicho país puede permitirse tomar una actitud aislacionista debido a su tamaño relativamente pequeño. Sin embargo, Alemania, Francia y en general la Unión Europea no pueden. Ante la falta de alternativas justas y solidarias, el voto en Suiza es una clara señal de alerta de los riesgos de la fragmentación de la integración europea. Si la Unión Europea no empieza a considerar de manera más seria la importancia de una Europa más equitativa, las restricciones a la migración de personas solo serán el comienzo de tendencias más agresivas, radicales y autoritarias dentro del viejo continente.




Daniel Munevar : Miembro de la Red CADTM AYNA.

Daniel Munevar

es un economista post-keynesiano de Bogotá, Colombia. De marzo a julio de 2015, trabajó como asistente del ex ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis, asesorándolo en materia de política fiscal y sostenibilidad de la deuda.
Anteriormente, fue asesor del Ministerio de Hacienda de Colombia. También ha trabajado en la UNCTAD.
Es una de los principales autores en el estudio de la deuda pública a nivel internacional. Es investigador en Eurodad.

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