Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
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América Latina

Globalización / Neoliberalismo

Mujeres / Feminismo

Una mirada feminista sobre la criminalización de los movimientos sociales y de la pobreza

22 de julio de 2009 por Tárzia Medeiros


El avance del capitalismo globalizado, especialmente en América Latina, va colocando
a esta región en el ojo del huracán de las protestas sociales y de la convergencia
de las diversas luchas anticapitalistas. Hace algunos años, sectores del movimiento
feminista anticapitalista se sumaron a esa convergencia, contribuyendo así con la
transversalidad del análisis feminista en numerosos debates y artículos. La
confluencia de esas resistencias populares han sido fundamentales para truncar el
blindaje del “capitalismo salvaje” como “única alternativa”. Como dice Claudio
Katz,”Los trabajadores, explotados y oprimidos de todo el planeta son los
antagonistas del imperialismo del siglo XXI”. Sin embargo, las sucesivas tentativas
de criminalizar los movimientos sociales y la pobreza, a partir de los aparatos del
Estado (policía, sectores del Poder Judicial, etc.) y de los grandes medios de
comunicación, así como la prisión y el asesinato de
militantes, nos coloca frente a varias encrucijadas. En un mundo cada vez más
excluyente y violento, en el que 70 % de la población pobre es de sexo femenino, el
papel de las mujeres en los movimientos anticapitalistas y la repercusión de la
criminalización en sus vidas merece una breve reflexión.
Mujeres contra la privatización y la destrucción de los recursos naturales
La combinación macabra entre la reestructuración productiva, la suspensión de
derechos, la intervención militar en los países periféricos y la apropiación de los
recursos naturales, patrocinado por el capitalismo patriarcal recae con dureza sobre
las mujeres. Es por esto que la lucha contra los desiertos verdes, contra las
trasnacionales de los agronegocios y contra la privatización del agua tienen cara de
mujer, pues son ellas también las que garantizan la soberanía alimentaria por medio
de las actividades de subsistencia; son ellas las que caminan varios kilómetros en
el calor del suelo semiárido del nordeste para buscar el agua que utilizará su
familia. La acción de las mujeres de Vía Campesina en Brasil, que destruyeron la
sustitución de eucaliptos de Aracruz Celulosa fue un ejemplo victorioso de ese
protagonismo de las mujeres. La lucha por la preservación de los bosques y de los
ríos trae consigo la condena de las
“quebradeiras” de coco y de las mujeres de las riberas, cuya convivencia
sustentable con el medio a través de la pesca y de actividades extractivas
garantiza su sobrevivencia y la sobrevivencia de nuestra Amazonia. En todos los
rincones de “Nuestra América”, sea en Oaxaca o en Ciudad Juárez, en los barrios de
Caracas o en las calles de Quito, es posible vislumbrar la participación de las
mujeres y su convicción de no someterse a la neocolonización imperialista de
nuestro continente, denunciando, inclusive, a los gobiernos pro imperialistas de
América Latina que son cómplices de este intento.
La lucha por la legalización del aborto en la mira de la criminalización
A pesar de varias iniciativas del movimiento latinoamericano y de algunas victorias
importantes —como la descriminalización del aborto en México hasta la décimo segunda
semana de gestación— estamos sufriendo un fuerte ofensiva de sectores religiosos y
conservadores que, poniendo en práctica las Campañas por la “Vida”, viene realizando
un fuerte cabildeo para que las leyes que criminalizan el aborto se tornen aún más
retrasadas. Fue lo que sucedió en Nicaragua hace poco más de un año, cuando fue
aprobada ¡la criminalización del aborto terapéutico! Aquí, en Brasil, las mujeres
son acosadas por los tres poderes del Estado. El presidente Lula sigue comprometido
con el Vaticano, enviando señales, inclusive, sobre la posibilidad de incluir la
enseñanza religiosa en los currículos escolares. Al apagar las luces de 2008, el
presidente del Congreso, diputado Arlindo Chinaglia (PT/SP), se nos presentó con la
creación de la Comisión
Parlamentaria de Averiguaciones (CPI, por sus siglas en portugués) del aborto, que
tiene como objeto nada más lo que respecta a la institucionalización de la
criminalización de las mujeres que defienden la legalización del aborto y de
aquellas que son obligadas a realizarlo. También recientemente fuimos sorprendidas
con una acción arbitraria del Poder Judicial del estado de Mato Grosso do Sul, en
la ciudad de Campo Grande, que indició a más de diez mil mujeres por la práctica
del aborto, utilizando como prueba para ello los expedientes médicos requisados en
una clínica clandestina. De esas mujeres, cerca de 1 200 están siendo procesadas,
viviendo de nuevo sus dramas personales y cruelmente expuestas. Por tanto, si
analizamos la forma como el capitalismo mercantiliza y controla aspectos
fundamentales de la vida de las mujeres, utilizándolas como instrumentos y
explotándolas a partir de los fundamentos del patriarcado, entonces podemos
entender por qué el protagonismo de las mujeres en los movimientos anticapitalistas
ha obtenido notoriedad. En consecuencia, se da como un hecho el que estén en la
mira de la criminalización por su participación en dichos movimientos.


Tárzia Medeiros es militante feminista brasileña de la Marcha Mundial de las
Mujeres y dirigente nacional del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) en Brasil.

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