Visión corporativa del futuro de la alimentación promovida en la ONU

Más de 100 organizaciones de la sociedad civil alertan sobre la reunión de biotecnología de la FAO

15 de febrero por Colectivo

Justo cuando las empresas biotecnológicos que producen semillas transgénicas se están fusionando, la visión corporativa de la biotecnología asoma en la FAO. En el día inaugural de un simposio internacional sobre biotecnologías agrícolas de tres días de duración, organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Roma, más de 100 movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil (OSC) de cuatro continentes han promulgado una declaración denunciando tanto la esencia como la estructura de la reunión, que parece ser un intento más por la agroindustria multinacional para reorientar las políticas de la agencia de la ONU hacia el apoyo a cultivos y animales genéticamente modificados.

El movimiento mundial campesino y de agricultura familiar, La Vía Campesina, invitó a las OSC a firmar la carta (enlace) cuando se hizo público el programa del simposio. Dos de los ponentes magistrales de la FAO son conocidos defensores de los transgénicos, y el programa y los eventos paralelos de los tres días incluyen portavoces de la Biotechnology Industry Organization (un grupo comercial biotecnológico de los EE.UU.), Crop Life Internacional (la asociación comercial mundial agroquímica), DuPont (una de las mayores compañías mundiales biotecnológicas de semillas ) y CEVA (una gran corporación médico-veterinaria), entre otros. La FAO sólo ha invitado a un orador o panelista abiertamente crítico con los transgénicos. Peor aún, uno de los dos ponentes en la sesión de apertura es un ex-subdirector general de la FAO, que ha presionado a favor de las llamadas semillas Terminator (semillas transgénicas programadas para morir en el momento de su cosecha, obligando a los agricultores a comprar nuevas semillas cada temporada), en oposición a las propias declaraciones públicas de la FAO. El discurso del segundo orador principal se titula, «Poniendo fin al desviado debate global sobre la Biotecnología», lo que sugiere que el simposio FAO debería ser el momento de cierre de la crítica a la biotecnología.

En la convocatoria del sesgado simposio, la FAO está cediendo a la presión de la industria que se intensificó después de las reuniones internacionales sobre agroecología organizadas por la FAO en 2014 y 2015. Las reuniones de agroecología fueron un modelo de apertura a todos los puntos de vista, desde campesinos hasta la industria. Pero la industria de la biotecnología, al parecer, prefiere tener ahora una reunión que puedan controlar. Esta no es la primera vez que la FAO ha entrado en este juego. En 2010, la FAO convocó una conferencia sobre biotecnología en Guadalajara, México, donde vetó la presencia de agricultores en su comité organizador, y luego trató de impedir su asistencia a la conferencia misma.

«Nos alarma que la FAO se coloque una vez más al frente con las mismas corporaciones, justo cuando estas compañías están hablando de nuevas fusiones entre ellas mismas, que concentrarían el sector de las semillas comerciales en aun menos manos», denuncia la declaración de las OSC.

Es evidente, de acuerdo con la declaración de la sociedad civil, que la industria desea utilizar la FAO para relanzar su falso mensaje de que los cultivos modificados genéticamente pueden alimentar al mundo y enfriar el planeta, mientras que la realidad es que nada ha cambiado en el frente biotecnológico. Los OGM Organismo geneticamente modificado
OGM
Ser vivo (vegetal o animal) que ha sufrido una manipulación genética con el fin de modificar ciertas propiedades, generalmente para hacerlo resistente a un herbicida o pesticida. En el 2.000, los OGM cubrían más de 40 millones de hectáreas, las tres cuartas partes de las cuales correspondían a soja y maíz. Los principales países productores eran los Estados Unidos, Argentina y Canadá. Las plantas genéticamente modificadas son, en general, cultivadas intensivamente para alimentar el ganado de los países ricos.
Su empleo plantea varios problemas.


- Problema sanitario. Aparte de la presencia de nuevos genes, cuyos efectos no siempre se conocen, la resistencia a un herbicida significa que el productor intensificará su empleo. Los productos OGM (en especial la soja americana) se encuentran saturados de un herbicida, cuyos efectos sobre la salud humana se ignora. Además, para incorporar el nuevo gen, se lo asocia a un gen resistente a un antibiótico, se bombardea con él células sanas y se cultiva todo en una solución que contiene el antibiótico para retener sólo las células efectivamente modificadas.

- Problema jurídico. Los OGM son desarrollados por iniciativa sólo de transnacionales de la agroquímica, como Monsanto, para cobrar royalties sobre las patentes asociadas. Proceden agresivamente para imponerlos aprovechando las lagunas legales sobre estos nuevos productos. Los agricultores quedan así a merced de estas firmas. Los Estados se defienden como pueden, aunque a menudo son cómplices, y se encuentran desarmados cuando se descubre una desafortunada presencia de OGM en simientes que se creía sanas: destrucción de colza transgénica en el norte de Francia en mayo del 2000 (Advanta Seeds), no destrucción de maíz transgénico en 2.600 hectáreas en Lot y Garonne en junio del 2.000 (Golden Harvest), retirada de la distribución de galletas de maíz Taco Bell en los Estados Unidos en octubre del 2.000 (Aventis). Por otra parte, cuando se votó en el Parlamento europeo la recomendación del 12 de abril del 2.000, la enmienda que definía la responsabilidad de los productores fue rechazada.

- Problema alimentario. Los OGM son inútiles en el Norte, donde hay superproducción y donde lo mejor sería promover una agricultura campesina y sana; inútiles en el Sur, donde no podrán costearse unas semillas caras y los pesticidas que la acompañan, o bien provocarán el desequilibrio de toda la producción tradicional. Está claro, según la FAO, que el hambre en el mundo no resulta de una producción insuficiente.

- Problema ambiental. El polen de las plantas OGM puede diseminarse a gran distancia y contaminar las plantas no OGM, lo que es particularmente grave en el caso de cultivos biológicos.

- Problema social. Los campesinos del Sur carecen de los medios para comprar cada año sus semillas.
no alimentan a la gente, en su mayoría se cultivan en un puñado de países en plantaciones industriales de agrocombustibles y alimentos para animales, aumentan el uso de plaguicidas, y expulsan a los campesinos de las tierras. Las empresas biotecnológicas transnacionales están tratando de patentar la biodiversidad del planeta, lo que demuestra que su interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. principal es lograr enormes ganancias, y no garantizar la seguridad o la soberanía alimentaria. El sistema alimentaria industrial que promueven estas empresas es también uno de los principales responsables del cambio climático. Confrontada con el rechazo de los OGM por muchos consumidores y productores, la industria está ahora inventando nuevas, y posiblemente peligrosas, técnicas de modificar genéticamente las plantas, sin llamarlas OGM. Al hacerlo, están tratando de evitar las regulaciones de los OGM y engañara a los consumidores y a los agricultores.

Las actividades de agroecología estaban mucho más cerca de la forma en que la FAO debería actuar, señala la Declaración, «como un centro de intercambio de conocimiento, sin una agenda oculta en nombre de unos pocos.» ¿Por qué la FAO se autolimita ahora de nuevo a la biotecnología corporativa y niega la existencia de tecnologías campesinas? La FAO debería apoyar las tecnologías campesinas, que ofrecen la vía más innovadora, de código abierto, y efectiva para acabar con el hambre y la desnutrición. Es hora de dejar de apoyar una estrecha agenda corporativa, dice la sociedad civil. «La gran mayoría de los agricultores del mundo son campesinos, y son los campesinos quienes alimentan al mundo. Necesitamos tecnologías de base campesina, no biotecnologías corporativas.»

«Ya es hora de que la FAO ponga fin a la biopiratería y a su apoyo a los cultivos modificados genéticamente, que sólo sirven para permitir que un puñado de empresas transnacionales patenten y acaparen toda la biodiversidad existente,» dijo Guy Kastler, líder de la Vía Campesina. «Por el contrario, la FAO debería apoyar a las organizaciones campesinas y a los investigadores que trabajan en el fitomejoramiento colaborativo al servicio de la soberanía alimentaria y la agroecología campesina».

Contactos para los medios en Roma:

Contactos para los medios en Roma: Guy Kastler y otros líderes de La Via Campesina
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Fuente: Biodiversidad en América Latina y el Caribe.

http://www.biodiversidadla.org/

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