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Cuatro razones por las que Grecia no debería pagar su deuda con el FMI
por CADTM International
14 de diciembre de 2016

El 7 de diciembre de 2016, Grecia hizo un nuevo pago al FMI, de 299 millones de euros. Esta deuda corresponde a una parte del préstamo de «rescate» otorgado por la institución en 2010, que tanto es ilegal, ilegítima, odiosa como insostenible.

En primer lugar, la deuda es en gran parte ilegítima, ya que sólo el 5 % de los préstamos otorgados en 2010 y en 2012 estuvo afectado al presupuesto griego. El 95 % restante se utilizó para pagar las deudas mayoritariamente de los bancos privados extranjeros y para recapitalizar los bancos griegos. Estas cifras no provienen de una organización revolucionaria, sino de un estudio realizado por el think-tank neoliberal alemán “European School of Management and Technology”. Esto es, por lo tanto, una operación de rescate, aunque no es lo que se muestra en el discurso oficial. Los beneficiarios no son los ciudadanos/as griegos/as, sino los bancos extranjeros y griegos, rescatados con dinero público, mediante los préstamos del FMI, de los Estados y de las instituciones de la UE. Esta operación de rescate es ilegítima para la población griega, ya condenada a pagar al FMI (con un interés del ¡3,6 %!) la deuda resultante de estos rescates, correspondientes a los responsables de la crisis financiera. En su primer informe, el Comité para la Auditoría de la deuda griega, creado por la ex presidente del Parlamento griego, demostró que el «problema griego» no tiene su origen en una gestión descontrolada de las finanzas públicas, sino, más bien, en una crisis bancaria que se ha compensado con fondos públicos.

En segundo lugar, la deuda reclamada por el FMI es íntegramente odiosa. De acuerdo con la doctrina jurídica, que se basa en la jurisprudencia nacional e internacional, una deuda es calificada como «odiosa» cuando reúne dos elementos: en primer lugar, la falta de beneficio para la población del Estado que la contrae y, en segundo lugar, el hecho de que los acreedores son conscientes de esta situación. [1] El informe de la Oficina independiente de Evaluación del FMI, publicado en julio [2], demuestra que la calificación de «deuda odiosa» se adapta, perfectamente, al caso griego. En efecto, la dirección del FMI sabía, ya en 2010, que la deuda era insostenible y que el programa de austeridad impuesto, como contrapartida del préstamo, empeoraría la situación del país.

Esta afirmación se basa en el acta de la reunión del Consejo Ejecutivo del FMI, del 9 de mayo de 2010, durante la cual se jugó el destino de Grecia. Nos enteramos de que muchos directores del FMI plantearon el fracaso previsto del memorando. Para el representante de Argentina: «Las duras lecciones de nuestras propias crisis anteriores son difíciles de olvidar. En 2001, políticas similares fueron propuestas por el Fondo en la Argentina. Sus consecuencias catastróficas son bien conocidas (...) Es muy probable que Grecia termine peor. Las medidas de ajuste recomendadas por el Fondo reducirán el bienestar de su población y la capacidad real de pago de Grecia después de la aplicación de este programa.» El representante de Suiza añadió: «un examen serio debería poner en consideración la reestructuración de la deuda como una forma de asegurar la viabilidad fiscal y hacer asumir una parte de la carga del ajuste a los acreedores privados.» A continuación, planteó la pregunta clave: "¿Por qué la reestructuración de la deuda y la participación del sector privado no fueron tomadas en consideración”?

En efecto, si el FMI hubiera aplicado sus criterios habituales en materia de sostenibilidad, se habría impuesto una reducción de la deuda griega en 2010. ¿Por qué no se hizo? ¿Y por qué llegó incluso a cambiar, de repente, las propias reglas con el fin de prestar a un Estado insolvente?

La respuesta fue dada, oficialmente, tres años más tarde en otro informe del FMI, que hace hincapié en que el aplazamiento de la reestructuración de la deuda benefició a los bancos privados "para reducir la exposición y la transferencia de la deuda a instituciones públicas.” [3] Según lo declarado por el ex representante de Grecia en el FMI y ex asesor económico de Barroso, en su comparecencia en el Parlamento griego ante el Comité para la Auditoría de la deuda, fue el francés Strauss-Kahn, en ese momento director del FMI, el que excluyó, deliberadamente, en 2010 la reestructuración de la deuda con el fin de proteger a los bancos europeos, principalmente de Francia y Alemania por ser los más expuestos.

En tercer lugar, la deuda con el FMI es simplemente ilegal. Por una parte, las medidas impuestas a cambio del préstamo violan la soberanía de Grecia y violan muchas convenciones internacionales que protegen los derechos humanos, como señaló el experto de la ONU sobre Deuda en su informe sobre Grecia. [4] Por otra parte, el contrato de préstamo de 2010 no pasó por el Parlamento griego, al contrario de lo que la Constitución establece.

Además de ser ilegítima, odiosa e ilegal, la deuda griega sigue siendo insostenible, incluso más que en 2010, debido a la imposición de tres memorandos que destruyen, día tras día, la economía y las condiciones de vida de la población. El peso de esta deuda, que impide que el Estado cumpla sus obligaciones en materia de derechos fundamentales, aumenta al compás de la austeridad y privatizaciones exigidas por los acreedores. Y esto lleva a un círculo vicioso, en el que el gobierno solicita nuevos créditos para hacer frente a una deuda creciente.

Para romper este círculo infernal y detener el crimen, es necesaria la anulación incondicional de la parte odiosa, ilegal, ilegítima e insostenible de la deuda griega. La cantidad pagada por el Gobierno griego el 7 de diciembre representa más del doble del costo (130 millones) de las medidas de lucha contra la pobreza extrema adoptada en 2015, que benefició a las 400.000 personas más pobres de Grecia y que la Troika había considerado exorbitantes.

Es también más de lo previsto en el programa de medidas paralelas del gobierno, evaluadas en 200 millones de euros, destinadas a hacer frente a la emergencia humanitaria y compensar socialmente las medidas impuestas en el tercer memorando, con el establecimiento de una cobertura de salud para casi 2,5 millones de griegos/as. Pero ante la oposición de los acreedores que amenazaron, que si el programa era aprobado, no pagarían un tramo del préstamo a Atenas, el mismo fue retirado, en diciembre de 2015, del orden del día del Parlamento griego.

El Comité para la Verdad sobre la deuda griega no se hizo ilusiones: la decisión de anular la deuda griega no vendría del FMI, a pesar de sus informes que ponen de relieve su responsabilidad en la crisis griega y su reciente declaración a favor de la reducción de dicha deuda y que, debemos señalar, no afectaría a lo que debe Grecia y estaría acompañada de una nueva dosis de austeridad. Ni tampoco vendrá del Eurogrupo, cuyos Ministros de Finanzas se reunieron el 5 de diciembre. Por tanto, no se puede creer que una solución justa a la deuda griega sea posible en el marco actual de las negociaciones.

Esta es la razón por la cual nuestro Comité recomienda la adopción de medidas unilaterales sobre la deuda basadas en sólidos argumentos jurídicos para suspender o repudiar las deudas ilegítimas, odiosas, ilegales o insostenibles, tales como los desarrollados en el informe preliminar. Estas medidas deben ir acompañadas de otras, inmediatas, que apuntan a la socialización del sector bancario griego y al control estricto del movimiento de capitales.


Traducido por Maria Elena Saludas.


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