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Tres exempleados de Credit Suisse, arrestados por prestar “deuda odiosa”
por Yago Álvarez
11 de enero de 2019

Una investigación estadounidense acaba con el arresto de tres exempleados del banco Credit Suisse y el ex ministro de Finanzas de Mozambique por préstamos lesivos considerados deuda odiosa.

Tres antiguos empleados del banco Credit Suisse —Andrew Pearse, Surjan Singh y Detelina Subeva— fueron detenidos este pasado miércoles 3 de enero en Londres. Los arrestos se han producido en el marco de una investigación del Gobierno de Estados Unidos sobre sobornos y conspiraciones en torno a unos préstamos concedidos por parte de la entidad al Gobierno de Mozambique. El ex ministro de Finanzas de Mozambique, Manuel Chang, también fue detenido en Sudáfrica el pasado 29 de diciembre.

La historia se remonta a unos préstamos concedidos en 2013 en los que, según cálculos hechos por la organización civil Jubilee Debt Campaign, se acabarán pagando entre 1.700 y 2.200 millones de dólares por unos préstamos originales de 760 millones. Ahora, las investigaciones realizadas por las autoridades estadounidenses y británicas apuntan a que aquellos préstamos se concedieron bajo condiciones lesivas, de manera secreta y con la complicidad de funcionarios mozambiqueños; y que por lo tanto se trataría de una deuda odiosa. “Este es otro paso positivo para que los responsables de la crisis de la deuda de Mozambique rindan cuentas. Es probable que la investigación revele más pruebas de cómo se utilizaron estos préstamos para defraudar a la población de Mozambique”, ha declarado Tim Jones, integrante de la Jubilee Debt Campaign.

Por su parte, Credit Suisse ha excusado su culpa en un comunicado alegando que “la acusación alega que los ex-empleados trabajaron para derrotar los controles internos del banco, actuaron por motivos de lucro personal y trataron de ocultar estas actividades del banco”.


¿Qué es une «deuda odioda»?

En 1927, el profesor de derecho en París y teórico legal ruso Alexander Nahum Sack acuñó el término “deuda odiosa” en referencia a las deudas contraídas por soberanos déspotas en México y/o bajo la influencia colonial, en el caso de Cuba, y las deudas contraídas bajo la Corona española y repudiadas en 1898. El concepto de deuda odiosa fue adoptado por el derecho internacional poco después como aquellas deudas contraídas por gobiernos con mala fe, que no hayan servido para el bien del país y que hubiera complicidad por parte de la persona, entidad o gobierno que haya prestado dicho dinero, generalmente a cambio de altos tipos de interés u otros intereses económicos en el país. En 1919, Costa Rica repudió una deuda contratada por el exdictador Tinoco, en beneficio exclusivo de su familia, usando este mismo término; y han sido varios los casos ocurridos en los procesos de descolonización de primera mitad del siglo XX.

Pero el concepto estaba empezando a caer en desuso. La última repudia que se conoce, paradigmáticamente impulsada por Estados Unidos, fue una disminución de la deuda contraída por parte de Irak, bajo el régimen de Saddam Hussein, a los países que vendían armas al dictador. Al final Francia y Rusia, principales vendedores de armas a Hussein y acreedores, aceptaron una reducción en el pago de las deudas contraídas por Irak pero se negaron a utilizar el término de deuda odiosa.

Este nuevo caso de sobornos y complicidad entre políticos o altos funcionarios y entidades financieras vuelve a reabrir el debate sobre la obligación de un país a tener que hacer frente a los desmanes económicos y financieros de gobiernos corruptos, así como la responsabilidad de las entidades financieras que han maniobrado con la complicidad de dichos gobiernos. “Credit Suisse debería eliminar inmediatamente su deuda con el pueblo mozambiqueño y pedir a los demás acreedores que hagan lo mismo”, ha defendido Jones, quien cree que “cualquier acreedor que sienta que ha sido agraviado debe perseguir el dinero de los individuos y bancos responsables, no del pueblo de Mozambique”.


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Yago Álvarez

es socio fundador y redactor del medio online de economía crítica y social El Salmón Contracorriente. Como activista de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD) promueve la creación de grupos de auditoría ciudadana municipal y observatorios ciudadanos municipales.