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Análisis de situación
Argentina: crisis y lucha social
por Paula Klachko
mayo de 2003

Paula Klachko es licenciada en Sociologia UBA. Investigadora PIMSA. Becaria Doctoral del CONICET. Integrante del Equipo de Relaciones Internacionales del Movimiento Barrios de Pie. Esta organización hace parte de la red internacional del CADTM.

Introducción

En Argentina el 19 y 20 de diciembre de 2001 tuvo lugar una insurrección espontánea de las masas populares. Esas imágenes recorrieron el mundo y sin duda esas jornadas cambiaron nuestras vidas dentro de una América Latina que está cambiando.

Existe hoy en nuestra región la posibilidad y potencialidad de modificar la correlación de fuerzas con el imperialismo, de la mano tanto de las luchas y resistencias sociales a las políticas de la oligarquía financiera, como del ascenso de gobiernos populares y la emergencia de importantes fuerzas políticas populares como el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, la experiencia en Brasil, la continuidad de la Cuba revolucionaria, el movimiento político que referencia Evo Morales en Bolivia, la experiencia en Ecuador, entre otros ejemplos. Y en el plano internacional a partir del crecimiento de la resistencia en los llamados países centrales a la globalización neoliberal, la coordinación de medidas de lucha mundiales y la creación de espacios de intercambio, articulación y organización como el Foro Social Mundial.

En este marco en la Argentina -país en el que el capitalismo alcanzó un grado importante de desarrollo y en donde fueron aplicadas todas las recetas neoliberales- emerge con crudeza la realidad de un pueblo devastado pero en lucha.

La resistencia social se fue gestando a lo largo de toda la década de los ’90, pero en diciembre de 2001 se expresó en todo el territorio nacional y abarcó a todos las fracciones sociales excluidas del poder político.

Primero la actualidad:

la insurrección de diciembre y después

Desde mediados de los ‘90 comienza a observarse cierta ruptura al interior de la clase dominante que alcanza su punto mas alto durante el gobierno de Fernando de La Rua, y sobre todo en noviembre/diciembre de 2001 con la salida del plan de convertibilidad. Esto es esencial para entender la crisis de 2001 y la insurrección que alineó a distintas fracciones populares contra el gobierno y las políticas neoliberales.

La disputa se desarrolla principalmente entre el capital financiero - lo mas concentrado, las multinacionales y monopolios extranjeros, los bancos y las privatizadas - y otra fracción del capital con un perfil mas productivo orientado a la exportación. Esta crisis abrió la brecha para que emergiera con toda fuerza la resistencia y la lucha social que a su vez profundiza la crisis política del modelo neoliberal, cada vez mas lejos de recuperar consenso social.

En 2001 luego del quiebre bancario (que perjudicó tanto a los ahorristas como a los trabajadores, ya que se había dispuesto la bancarización forzosa de los salarios) se sumó activamente a la protesta la fracción social que constituía la base social del gobierno de la Alianza (entre la tradicional Unión Cívica Radical -UCR- y el centroizquierdista Frente por un País Solidario -Frepaso-): las capas medias urbanas o pequeña burguesía asalariada y no asalariada. Lejos de atemorizarse y replegarse frente al decreto del estado de sitio y la convocatoria a las fuerzas armadas por parte del gobierno, y frente a los saqueos de comercios realizados por las fracciones mas pobres, la pequeña burguesía urbana se movilizó alineándose con esas y otras fracciones y sectores contra las políticas de estado, es decir las que la oligarquía financiera venía imponiendo (bajo distintas formas políticas) desde el ‘76.

La cadena de hechos que derivan en la insurrección comienzan el día 13 de diciembre, con una huelga general convocada por las tres centrales sindicales, y manifestaciones y cacerolazos dispuestos por organizaciones de pequeños empresarios como respuesta a la expropiación bancaria. Ese día comienzan los saqueos en el interior del país, que van aumentando día a día y se generalizan a todo el territorio nacional los días 19 y 20 (en los periódicos se registran mas de 1000). En esos días en gran parte de las ciudades argentinas se producen ataques a edificios públicos, motines, saqueos que derivan en choques con la policía, movilizaciones, barricadas y cortes de rutas y accesos a ciudades.

El dia 19 entonces el gobierno decreta el estado de sitio, lo que incrementa la disposición al enfrentamiento y el alineamiento entre las fracciones sociales mencionadas. Se producen multitudinarias manifestaciones a Plaza de Mayo (plaza principal de Buenos Aires frente a la cual se encuentra la casa de gobierno, la catedral y varios ministerios, símbolo del poder y también de la historia de lucha del pueblo) y a las principales plazas del país, pidiendo que se vaya el gobierno y los políticos. Se realizan ataques contra bancos, empresas de servicios públicos privatizadas, edificios públicos y casas de funcionarios y políticos de la oposición oficial, lo que muestra que las masas ubican como enemigo al gobierno pero también a la cúpula de la burguesia. La situación deriva en enfrentamientos callejeros con la policía, el armado de barricadas en los barrios y cortes de rutas. El dia 20 los sectores populares libran su combate principal en el centro de Buenos Aires armando barricadas y enfrentando a las fuerzas armadas del gobierno para ocupar la Plaza de Mayo, se produce una dinámica de avance y retroceso durante toda la tarde y finalmente luego de caer 5 muertos en los alrededores de la plaza y renunciar el presidente (antes había renunciado el ministro de economía Domingo Cavallo), las masas comienzan a retirarse.

Se confronta no sólo con el gobierno sino también contra la política de estado económica y social implementada por los sucesivos gobiernos desde mediados de la década de 1970, y toda expresión del sistema institucional político.

Ese día las tres centrales sindicales convocan a una nueva huelga general que pasa prácticamente desapercibida: esa forma de lucha fue superada por la insurrección.

Los hechos pueden caracterizarse entonces como una insurrección espontánea, en cuanto fueron luchas callejeras de barricadas, protagonizadas por masas no organizadas (aunque están presentes organizaciones del campo del pueblo), con disposición al combate para derribar a un gobierno, haciendo extensiva la oposición a los cuadros políticos de la oposición oficial, (expresado en la consigna «que se vayan todos» [1]). Por otra parte dicha insurrección marca un punto de inflexión en el desarrollo de la lucha popular, marcando el inicio de un nuevo período que aún es difícil caracterizar, pero del cual uno de los rasgos mas importantes es que el bloque de poder ha perdido la iniciativa en la implementación del modelo neoliberal. Durante la semana siguiente se suceden 5 presidentes profundizándose la crisis institucional y política, y finalmente queda como presidente interino Eduardo Duhalde de un sector del Partido Justicialista.

A partir de estos hechos el estado de movilización popular permanece muy alto durante todo el verano, con movilizaciones todos los días y cacerolazos todos los días viernes por la noche hacia Plaza de Mayo protagonizados por las capas medias organizadas en asambleas barriales, y cortes de rutas realizados por las organizaciones de desocupados (piqueteros), es decir que da lugar a formas de organización nuevas que ponen en práctica formas de democracia directa y cuestionan al sistema institucional vigente. Este estado de movilización y organización permanente fue decantando, sobre todo en las asambleas barriales de los sectores medios que registraron una baja en la participación, pero aunque reducidas, hoy constituyen un actor social de las movilizaciones y realizan un trabajo de solidaridad con las fracciones mas empobrecidas (cartoneros y piqueteros).

El movimiento piquetero se divide luego del 26 de junio de 2002, a partir de la muerte de dos piqueteros a manos de las fuerzas armadas del gobierno, en una emboscada durante una marcha en la cual se pretendía entrar a la capital federal. Las organizaciones piqueteras que ese día sufren ese ataque y se defienden, son tildadas de «violentas» por otro sector piquetero (la Federación de Tierra y Vivienda, ligada a la Central de Trabajadores Argentinos y la Corriente Clasista y Combativa de tendencia maoísta) que pasará a ser el «bloque moderado» por su predisposición a la negociación estrecha con distintos gobiernos, y por su moderación en las formas de lucha. El otro sector (conformado por varias organizaciones entre ellas el Bloque Piquetero, el Movimiento Barrios de Pie, el Movimiento de Jubilados y Desocupados, etc.) constituye el bloque combativo. Este último continúa fuertemente movilizado. Si bien la lucha no persiste en los niveles del verano de 2002, el saldo en organización, en niveles de lucha, en acumulación de experiencia popular y en activismo es enorme en relación al período anterior a la insurrección.

El polo combativo constituido en torno de una parte del movimiento piquetero, las asambleas barriales y algunas de las fábricas recuperadas por los obreros esta en movimiento permanente a través del corte de calles, rutas, puentes y los accesos a la capital federal, y se movilizan en conjunto frente a los ataques del régimen como por ejemplo frente a los intentos de desalojar fábricas recuperadas y autogestionadas y otros hechos de represión.

El fenómeno de las fábricas recuperadas o autogestionadas por los obreros, es otra de las muestras del avance en la conciencia popular, y son ejemplos que se multiplican cada vez que otros patrones deciden abandonar la producción. Muestra la prescindencia del capital en la producción de riqueza social y la organización del trabajo.

Existe un auge de participación y lucha social que no tiene expresión política. Falta que maduren las condiciones para ello, en parte por lo nuevo de las experiencias, por la dispersión y división del campo popular en el plano ideológico y político, y por la falta de convicción de que es realmente posible desalojar del poder al gran capital y generalizar nuestras construcciones de poder popular hacia la sociedad toda mediante un camino de unidad y un proyecto de transformación nacional de integración latinoamericana para oponerse a las políticas del FMI y los EEUU.

Y también por algunas victorias del enemigo como la desconfianza que han logrado sembrar no solo hacia la política de la clase dominante sino hacia toda acción política. La convocatoria a elecciones luego de la masacre del puente Avellaneda en junio de 2002 disimula la crisis político - institucional montando operatorias políticas y mediáticas y un dique de contención hacia el crecimiento de la radicalidad social mediante opciones políticas de centroizquierda para supuestamente enfrentar al fantasma del ex presidente Menem. Pero así y todo la politización y el avance del rechazo popular hacia el neoliberalismo hacen que se instale también en el proceso electoral la contradicción real del país: liberalismo o antiliberalismo. Esto no pudo ser ocultado por la clase dominante como en las elecciones de 1999 cuando habían logrado hacer girar el debate aceca de si continuar con el modelo liberal de la mano de la «corrupción» o el mismo modelo neoliberal pero «sin corrupción» que encarnaba la Alianza.

Duhalde y su sucesor Néstor Kirchner representan el interés de la fracción devaluacionista del capital. Un modelo con un perfil mas productivista que el anterior orientado a la exportación y por lo tanto impondrán mas ajustes estructurales para continuar bajando el costo laboral.

Por otra parte actualmente se observa un momento de tregua de las organizaciones sindicales con los gobiernos lo que divide también al campo popular.

Sin embargo la debilidad política persiste: tanto desde el poder como desde el campo popular se acumulan fuerzas pero ninguno tiene la capacidad de avanzar.

Ahora bien, la insurrección espontanea de diciembre que aparece en el imaginario social reforzado por los medios de comunicación como protagonizada repentinamente por un pueblo que «estaba dormido», constituye el momento mas alto de un proceso de conflictividad social que se viene desarrollando, acumulando y articulando desde 1993 (mas allá de lo consciente).

Pero para comprender este proceso de enfrentamiento social es necesario caracterizar la etapa histórica en que se desenvuelve.

Contexto histórico

La actual etapa histórica comienza a mediados de los ‘70 cuando se impone la hegemonía del capital financiero por la fuerza de las armas con el gobierno militar. Su rol principal fue aniquilar a la fuerza social política revolucionaria, sus cuadros y parte de sus bases reales y potenciales.

Ya con la democracia formal (a partir de 1983) los modos de disciplinamiento social consistieron en la sistemática expropiación de recursos vía devaluación e hiperinflación, que generó la virtual desaparición de la mediación de las relaciones sociales en el capitalismo: el dinero. Este momento se explica por la disputa entre capitales financieros, que se resuelve mediante la cooptación de todos los cuadros políticos oficiales y la alianza entre los grandes grupos económicos locales y el capital financiero (concentrado). Es el momento de la realización de la hegemonía del capital financiero, que utiliza la identidad peronista del gobierno de Menem (1989) (arraigada en los sectores populares como el movimiento nacional que posibilitó una gran cantidad de conquistas obreras y la dignidad del trabajador) para contener al pueblo, mientras se implementaban las políticas neoliberales que posibilitaron la rearticulación de los intereses de la clase dominante, y que desandarían todo ese camino de derechos conquistados.

Las principales políticas fueron las privatizaciones de todos los recursos estratégicos de la nación, apertura indiscriminada de la economía, centralización y concentración del capital, pauperización y proletarización, profundización del chantaje político del endeudamiento externo, alineamiento total al imperialismo, ajuste estructural, entre otras.

A partir de allí el mecanismo de disciplinamiento va a ser en los ’90, el clásico en el capitalismo: el ejército industrial de reserva que alcanza niveles inéditos en la historia del país (al menos de lo que se tiene registro).

El siguiente cuadro muestra las tasas de desocupación y subocupación (demandante y no demandante) para el total de los aglomerados urbanos, desde 1990 en adelante:

Gráfico 1. Fuente: INDEC

A estos modos de disciplinamiento social hay que agregarle en el plano ideológico la ofensiva del capitalismo con el llamado «pensamiento único» frente a la caída del campo socialista.

Las respuestas populares

Las respuestas populares frente a la crisis de hiperinflación de los años 89-90 fueron los saqueos o revueltas del hambre que, mas que lucha, constituyeron actos de desesperación. Luego se desarrollaron las luchas de los trabajadores contra las privatizaciones, a principios de los ‘90, pero por los condicionamientos ya mencionados fueron aisladas y derrotadas.

Pero la insurrección de 2001 no nace de un repollo, como ya dijimos, sino que a partir de 1993 comienza a desarrollarse un proceso de enfrentamientos sociales por fuera de las instituciones que constituye una suerte de acumulación originaria en la que se observa el pasaje de formas de lucha y organización mas espontáneas a otras mas sistemáticas.

En 1993 se produce el motín de Santiago del Estero, punto de inflexión a partir del cual comienza comienza a observarse un crecimiento de la conflictividad social. Es un levantamiento de los oprimidos, que se focaliza sobre las instituciones del gobierno (el reclamo principal es contra una ley de ajuste para trabajadores estatales), como expresión de desesperación y venganza, en la que prevalece el elemento espontáneo. Dura 2 días y consiste fundamentalmente en el asalto e incendio a los edificios de las instituciones de los tres poderes del Estado, y ataque a las viviendas de políticos. Participa el conjunto del pueblo, y la organización existente es circunstancial. Así estos hechos son la forma mas espontánea de un movimiento mas general en formación en el conjunto del país [2].

En los anos 93, 94, y 95 se producen hechos similares en distintas provincias como Córdoba, La Rioja, Jujuy y San Juan, algunos enfrentamientos protagonizados por trabajadores durante las huelgas generales, o por ejemplo el de los trabajadores de las metalúrgicas de Tierra del Fuego en el cual muere el obrero Víctor Choque en el año ‘95.

Otros enfrentamientos significativos de la década son los ocurridos en Cutral Có / Plaza Huincul en 1996 y 1997. Podemos caracterizarlos como la toma y defensa de una posición o barricadas (ocupación de ciudades) mediante el corte de rutas, por 7 y 10 días. A partir de allí se impone el corte de ruta como instrumento de lucha central del período.

Se desata a raíz de la retirada de una empresa canadiense que iba a desarrollar una planta de fertilizantes en estas localidades petroleras, debido a que el gobierno provincial le quita el subsidio de 100 millones de dólares que había arreglado el gobierno anterior, y que era vista por los pobladores como una posible fuente de trabajo, pues como consecuencia de la reestructuración y privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), a partir del ‘91 el problema central en la zona es la desocupación.

En estos conflictos es donde emerge la personificación de piquetero y fogonero, que son quienes muestran mayor disposición a la lucha. Se realizan asambleas populares para decidir todos los pasos a seguir y se eligen delegados revocables para coordinar y negociar con el gobierno previa consulta a la asamblea. Así asambleas y cortes van a ser un espacio donde confluyen trabajadores ocupados y trabajadores desocupados junto a otras fracciones sociales. Se producen enfrentamientos con las fuerzas armadas del gobierno y muere Teresa Rodríguez [3].

Las principales características de las protestas de Cutral Co y Plaza Huincul pueden hacerse extensivas a los conflictos que en 1997 se desarrollaron en Salta, Cruz del Eje y Jujuy: tomas de posición (ciudad) con cortes de rutas, con enfrentamientos, en las que se retoma la figura del piquetero, el instrumento de lucha y la forma de organización. También se observa la resignificación de la cuestión nacional (como en el acto del 25 de mayo en Jujuy donde los piqueteros organizan su propio desfile organizados en secciones según las
‘armas’ utilizadas para enfrentar a la gendarmería y defenderse, por ejemplo : la sección gomeras, la sección piedras ..., etc.) [4].

Pero a mediados del ‘97 comienza un momento de descenso de la protesta social que se canaliza por la vía electoral a través de los partidos oficiales.

En 1999 se desarrolla otro conflicto que dura todo el año, en la provincia de Corrientes, y que culmina con un enfrentamiento muy duro sobre el puente Gral. Belgrano (puente estratégico para el Mercosur) entre los manifestantes que lo estaban cortando con barricadas durante una semana y la gendarmería enviada por el nuevo gobierno nacional (de la Alianza con Fernando de la Rúa (UCR) como presidente) que había asumido hacia solo 10 días. Mueren dos jóvenes. A partir de allí comienza un nuevo momento de ascenso de la lucha.

En Corrientes el reclamo central es por salarios estatales atrasados, contra el gobierno provincial y por la dignidad. En este hecho se condensan modalidades de lucha y formas de organización que se desarrollan durante toda la década: huelgas, multitudinarias manifestaciones callejeras, cortes de rutas y puente y carpas de vigilia en las principales plazas de distintas ciudades de la provincia.

Se realizan asambleas populares, también llamadas cabildos abiertos, que se tornan mas permanentes que en protestas anteriores, por la duración del propio conflicto, y sus protagonistas principales son «los docentes autoconvocados», es decir que se convocan a sí mismos por fuera de las organizaciones gremiales y políticas preexistentes, pero conservan su identidad corporativa. Estas asambleas se realizan mayoritariamente por sector (aunque a veces confluyen diferentes sectores y fracciones sociales) y distintos sectores van asumiendo la identidad del autoconvocado, lo que le da a la protesta un carácter socialmente mas homogéneo, que se generaliza al conjunto del pueblo en los momentos de enfrentamiento con las fuerzas armadas del gobierno [5]. Durante la protesta se destituye al gobernador y luego de un pasaje por distintos gobiernos de transición finalmente se produce la intervención desde el estado nacional.

Durante 2000 y 2001 el proceso de enfrentamiento social tiene su continuidad en el conflicto entre los obreros petroleros desocupados y la fuerza armada estatal (gendarmería) en General Mosconi (Salta) (caen muertas varias personas involucradas -como Aníbal Verón- o no en los conflictos).

De esta manera el método de los cortes de rutas y la formas de organización devienen de instrumentos de distintas fracciones sociales a instrumento de los desposeídos, desocupados o pobres urbanos y cristalizan en organizaciones de desocupados que se extienden hacia el centro político y económico del país: la provincia de Buenos Aires. Se van consolidando como movimiento de carácter nacional asumiendo plenamente la personificación de piquetero y el instrumento de lucha: el corte de rutas. Este es el momento en que se instala el movimiento piquetero en la escena política nacional y adquiere protagonismo.


El movimiento piquetero en sus distintas corrientes (existen distintas organizaciones con diferentes grados de desarrollo territorial, entre las que se observan, como ya mencionamos, 2 grandes alineamientos: quienes poseen mayor disposición a la negociación y quienes poseen mayor disposición a la lucha) combina el reclamo por asistencia social con cuestionamientos políticos y económicos al gobierno y a las políticas del estado, y logran en ocasiones coordinación a nivel nacional. Todas estas caracteristicas le dan al movimiento un carácter nacional y un carácter mas sistemático. Emergen líderes y referentes reconocidos, son organizaciones que trascienden los momentos de enfrentamientos, utilizan la forma de organización en asambleas, que pasan a ser instancias de funcionamiento de los movimientos.

Por otra parte la insurrección espontánea del 19 y 20 de diciembre constituye un nuevo punto de inflexión a partir del cual fracciones que antes no estaban organizadas, como la pequeña burguesía urbana, comenzaron a organizarse en las llamadas asambleas barriales, y por otra parte fueron emergiendo otras organizaciones de piqueteros y creciendo las preexistentes. Los trabajadores en activo del sector privado continúan contenidos por sus organizaciones sindicales tradicionales y presionados por la desocupación.

En esta coyuntura en la que tanto desde el campo del régimen como desde el campo popular se asiste a un momento de acumulación de fuerzas, estas organizaciones que expresan los intereses de distintas fracciones sociales estan cruzadas por posiciones mas contestatarias o mas institucionalistas, forman parte de ellas algunos partidos politicos opositores al modelo neoliberal, de izquierda, de centroizquierda, y militantes que provienen de partidos tradicionales y de la iglesia, y muchas veces son sus organizadores fundamentales. Los debates actuales giran en torno a las formas de organización y mas profundamente al problema del poder y de la construcción de poder popular. Y los movimientos combinan la movilización política y las luchas reivindicativas con el trabajo autogestivo y cotidiano que generan rupturas con las fuertes tradiciones clientelistas. Experiencias de educación y salud popular, de formación política, de microemprendimientos productivos cooperativos, formas solidarias de organización del trabajo, comunicación alternativa y otras se llevan adelante.

También es importante aclarar que al mismo tiempo que la lucha del pueblo se agudiza tambien se radicaliza la respuesta del régimen, observándose un recrudecimiento de ataques y persecuciones del gobierno contra militantes populares por un lado, y una campaña de atemorización general mediante los medios masivos de comunicación a través de la figura del delito que pretende dividir y romper lazos ed solidaridad que se han empezado a reconstruir entre las distintas fracciones del pueblo.

Algunas reflexiones finales

Con el crecimiento de la protesta social a partir de 1993 se observa, a través de los distintos momentos de enfrentamiento, grados de articulación, organización y sistematicidad que van mostrando la tendencia a la conformación de un movimiento contra las políticas de la oligarquía financiera en el conjunto del país, hasta alcanzar su máxima expresión en los hechos de diciembre de 2001.

En todos los conflictos que se producen desde los 90 hasta la actualidad aparece un fuerte elemento de repudio a los representantes políticos oficiales y al sistema de representación político en su conjunto, que se hace observable en la desconfianza a partidos, organizaciones y líderes tradicionales que se tornan blanco de la protesta, y se expresa también electoralmente en el llamado voto bronca (abstención, votos blancos y anulados que en las últimas elecciones nacionales a legisladores, por ejemplo en Capital Federal obtuvo un 40%). De esta manera surgen organizaciones con distinto grado de autonomía y por fuera del sistema institucional. Esto muestra la crisis de hegemonía que atraviesa actualmente la clase dominante. Sin embargo en las últimas elecciones han logrado canalizar la bronca popular hacia opciones electorales polarizando el escenario, y debido a la debilidad política del campo popular. De todas maneras la fragilidad del próximo presidente se hará sentir en las presiones que sufrirá por parte del capital mas concentrado y los organismos internacionales de crédito, y por la lucha del pueblo que lejos de disminuir, se profundizará con los primeros intentos de seguir imponiendo el ajuste estructural.

Se hace necesario la constitución de una fuerza social de oposición política desde cuya lógica se cuestione al poder y a la institucionalidad vigente y se potencie la construcción de poder popular. Sin duda las oportunidades históricas que se abren en nuestro país están en estrecha relación con los procesos de movilización y transformación social que estamos viviendo en nuestra América y que muestran la posibilidad de un cambio en las relaciones de fuerza con el imperialismo.


Notas :

[1Esta caracterizacion de los hechos de diciembre fue tomada de Nicolas Inigo Carrera y Maria Celia Cotarelo. Ver Iñigo Carrera, Nicolás, 2002, La rebelión: de la revuelta del hambre a la insurrección espontánea, en Revista América Libre.

[2Véase Cotarelo, María Celia, 1999, El motín de Santiago del Estero. Argentina, diciembre de 1993, (Buenos Aires: Publicación del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina, PIMSA).

[3Ver Klachko, Paula y Morelli, Gloria, Cutral Có y Plaza Huincul: El primer corte de ruta, DT n° 20 en PIMSA Documentos y Comunicaciones 1999 (Bs. As.: PIMSA). Y Klachko, Paula, La conflictividad social en la Argentina de los ’90. El caso de las localidades petroleras de Cutral Có y Plaza Huincul, 1996-1997, en Levy, Bettina (comp.): Crisis y conflicto en el capitalismo latinoamericano: lecturas políticas (Buenos Aires: CLACSO, 2002).

[4Ver Kingard, Federico y Gómez, Elizabeth, 1998 Los cortes de ruta en la Provincia de Jujuy. Mayo/junio de 1997, en «PIMSA Documentos y Comunicaciones 1998» (Buenos Aires: PIMSA).

[5Ver Klachko, Paula, 2001, Formas de organización de la protesta social en Corrientes, 1999-2000, ponencia presentada en las VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos de Historia, Salta.

Paula Klachko