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Foro Social Europeo
Deuda externa, tan injusta como absurda
por Aporrea
18 de noviembre de 2003

Deudas contraídas por regímenes corruptos que, una vez derrocados, pesan sobre la población. Flujos de personas y productos Sur-Norte que superan con creces la Ayuda Oficial al Desarrollo. Ésta es la realidad de la deuda externa.

Aunque pueda parecer extraño, la República Francesa le exige a Haití que le restituya el dinero que los esclavistas franceses perdieron por la abolición legal de la esclavitud en 1848. Mientras tanto, el país más pobre de América Latina se muere entre el hambre y la mayor tasa de SIDA del continente.

Caso extremo de la deuda externa que, no por casualidad, siempre tiene una dirección a pesar de que, como nos recuerda Roger Wareham, de la Alianza de personas de ascendencia negra en Europa, los catorce millones de hombres y mujeres que abandonaron el continente negro como esclavos durante los cuatro siglos que duró el tráfico trasatlántico de personas, no solo posibilitó el despliegue industrial occidental, sino que dejó a África sumida en el subdesarrollo.

Hoy, la deuda externa resulta catastrófica para los países en vías de desarrollo y, sin embargo, supone tan solo un 5 por ciento del capital global que circula por las redes financieras internacionales.

Son precisamente las consecuencias que sobre la población y las políticas sociales tiene la deuda lo que, a ojos de Dennis Comanne, de la organización CADTM, la hace ilegal. «La Carta de Naciones Unidas y el pacto de derechos económicos y sociales señala la obligación de los gobiernos de considerar primero el bienestar de la población antes de cualquier otro beneficio económico», concluye la ponente.
Pero independientemente de esta consideración, la deuda externa carecería de legitimidad en todos esos casos en los que se concedió a un régimen fraudulento a sabiendas de que, caído el régimen, es la población del país deudor la que se ve sometida al peso insoportable de una deuda eterna.

Por cada dólar que recibió uno de estos países en 1980, éstos han tenido que devolver a un país del Norte ocho. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con 80.000 millones de dólares al año durante diez anos se garantizaría que el total de la población mundial accediese a los derechos fundamentales. Desde 1995 hasta 2001, el Sur devolvió 248.000 millones más de lo que habían recibido en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).

El camino de los flujos de capital

La mayoría del dinero que se destina a AOD se queda en los países del Norte ya que es aquí donde se contrata los servicios y productos de los programas de desarrollo. Descartadas las inversiones en el Sur, ya que son nulas, tan solo hay un flujo real de capital con dirección Norte Sur; se trata de los 80.000 millones de dólares que cada año los trabajadores inmigrantes envían a sus familias en los países de origen.

Suculento capital que el Banco Mundial ya se ha ofrecido a gestionar muy amablemente. Para los presentes en la conferencia, instituciones como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio o el Fondo Monetario Internacional solo representan los intereses del Norte. De ahí que Comanne exigiese con fuerza que «el Banco Mundial no pusiese sus pies sobre este capital».

Existe otra gran cantidad de dinero que se suma a la ingente ola de divisas que se escapa del Sur hacia los bancos en el Norte. Los depósitos de capital de origen fraudulento del Sur que se almacenan en los países ricos doblan el total de la deuda externa.

Comanne argumenta que si se levantase el secreto bancario con este dinero y con otros fondos como, por ejemplo, la Tasa Tobbin, se podría solventar el problema del subdesarrollo.

Para los asistentes a este encuentro, no se trata tan solo de la legitimidad de la deuda Sur-Norte, se trata del papel mismo de los Estados como deudores o endeudados. Para Wareham, si el siglo XX fue el de la lucha por la independencia, el XXI es el de la lucha por la retribución ya que está más que probada la «relación entre el aumento de la economía europea y el subdesarrollo africano». «Mis antepasados fueron vendidos y esa es mi identidad independientemente de mi pasaporte», argumenta el afro europeo. Teniendo en cuenta que la esclavitud fue «el mayor crimen de la historia», Renzo Fior, del movimiento Emmaus Francia, considera que la condonación de la deuda no debe hablarse en términos de solidaridad, sino de justicia. Como dijo Gandhi, «la riqueza que hay en el mundo es suficiente para alimentar a todas las personas; pero no es suficiente para satisfacer la avidez de un pequeño grupo».


Articulo escrito por Liliana Marcos.

Fuente: APORREA.

Aporrea