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El canje de la deuda argentina y las normas de EEUU
por Joachim Becker
7 de junio de 2004

J. Becker es investigador asociado en D3E y economista en la Universidad de la Empresa y la Economía de Viena (Austria).

El 1 de junio de 2004, el gobierno argentino anunció su oferta de reestructuración de la deuda en default. El ministro de Economía, Roberto Lavagna, declaró que la oferta fue diseñada de modo que no comprometa el crecimiento económico del país. Ese punto merece un debate y en parte tuvo lugar en los medios de comunicación en Argentina. No obstante hay un segundo punto esencial de la propuesta argentina que escapó de la atención de los observadores: el canje se va efectuar según los reglamentaciones de los Estados Unidos. Este es un hecho con varias implicaciones sobre el posicionamiento internacional de Argentina.

Las negociaciones con el FMI

El sobreendeudamiento argentino tiene sus raíces en una política económica muy favorable para los sectores financieros durante la dictadura militar en los años setenta así como a lo largo del período de la convertibilidad de los noventa. Durante el «crack» de 2001/2002, el gobierno argentino declaró un default parcial que afectó a bonos de 81.200 millones de dólares y préstamos de 6.800 millones de dólares. Esta fue una medida de emergencia dada la incapacidad en cumplir los compromisos de pago y frente a la ebullición social. El default parcial brindó más espacio fiscal al gobierno para enfrentar la crisis.

Aunque hubo muchas medidas ad hoc, los gobiernos peronistas buscaron estratégicamente preservar un espacio fiscal suficiente para poder enfrentar los focos del descontento popular y prevenir que se repitiera la revuelta popular de diciembre de 2001. Por lo tanto, en los negociaciones con el FMI, el gobierno de Néstor Kirchner quiso limitar el superávit primario del presupuesto a un nivel que no comprometiera su política social preventiva. En este empeño buscó y gañó el apoyo - no entusiasta - del gobierno Bush.

Este discreto apoyo de Estados Unidos se explica al menos por dos razones: Los principales acreedores de los bonos argentinos están radicados en Europa (especialmente en Italia) y no en los EE.UU. Este hecho da más espacio político al gobierno de los EE.UU. frente a la deuda argentina. Pero además, en el gobierno Bush prevalece el bloque militar - petrolero sobre el grupo financiero, lo que explica que la preocupación central de Washington en América del Sur apunte a Venezuela. Estados Unidos desea que reine la tranquilidad en Argentina y busca evitar que emerjan otros focos de tensión que puedan distraer su atención. Esto no quiere decir que el gobierno Bush descuide los intereses financieros, y por esa razón en los últimos meses aumentaron las presiones externas (y posiblemente internas) sobre el gobierno argentino para que negocie un compromiso con su acreedores.

Las modalidades del canje

En su actual propuesta el gobierno argentino ofrece un canje por nuevos bonos. Este canje implica una quita de la deuda. Respecto al principal, se apunta a una quita de 75% a 20.300 millones de dólares, repitiendo la oferta de meses atrás. Debido a la presiones externas (e internas), el gobierno aceptó que su nueva oferta capitalizara los intereses de la deuda en default. Este implica una mejoría: «son 18.200 millones de dólares o 22.500 millones adicionales. La cifra definitiva dependerá del porcentaje de aceptación de la propuesta por parte de los acreedores. Si lo hace menos del 70 por ciento de quienes tienen títulos en default, se computarán 18.200 millones (son los intereses acumulados desde el default al 31 de diciembre de 2003), y si la adhesión supera el umbral de 70 por ciento, se contarán 22.500 millones (la fecha de corte se estira hasta el 30 de junio de 2004)» (Pagina/12, 2/6/2004). Según los cálculos oficiales, la relación deuda/PIB pasaría de 134% en 2003 a 85% al fin de 2004. Comparada con otros casos semejantes, la quita sería considerable. No obstante, el gobierno reconoció el principio de pagar los intereses acumulados durante el default.

Los viejos bonos serian canjeados por nuevos bonos. Se prevé la oferta de tres tipos de bonos - «descuento», «par» y los «cuasi par». Estos últimos serán destinados a los fondos de pensión y denominados en pesos. Aunque las condiciones de los bonos varían, tienen una tasa de interés creciente y un premio por crecimiento en común. La nueva oferta ofrece tasas de interés substancialmente mejor para los acreedores.

Debido a los años sin pagos de principal y de las tasas de interés crecientes, la carga de la deuda se aliviaría de inmediato, pero crecerá sensiblemente en el futuro.

Implicaciones fiscales

Según las previsiones oficiales, el Estado nacional debe generar un excedente fiscal para pagar la deuda equivalente a 2,7 punto del PIB de 2005 a 2010. De 2011 a 2017 el superávit primario disminuye una décima por año, según las previsiones, para mantenerse de allí en más a 2,0%. Este cálculo está basado en proyecciones bastante optimistas en términos del crecimiento del PIB. En la década de los noventa, el superávit primario fue del 0,5% por año.

Un superávit primario de más de 2% del PIB implica una política fiscal restrictiva permanente. Esa estrategia impone limites fuertes a las mejoras sociales, obstaculiza una recuperación económica sostenida e impide una política fiscal anti-cíclica de corte keynesiano en una coyuntura de crisis.

Alineamientos externos

En el nuevo canje el gobierno argentino busca la aprobación de la Securities and Exchange Commission (SEC) de los Estados Unidos. Se trata de una decisión consciente a favor de Washington para poder avanzar en los trámites legales del canje. Por el momento se desconocen las exigencias del SEC, pero lo mas probable es que impliquen una pérdida de soberanía nacional respecto a la deuda. Se esboza así un alineamiento monetario con los Estados Unidos, una postura que ya tiene antecedentes.

De esta manera, la oferta de reestructuración de la deuda argentina tiene sus luces y sombras. Si el criterio de evaluación es el grado de autonomía nacional, entonces hay más sombras que luces.


Joachim Becker