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Asamblea mundial del red CADTM
La situación política en Marruecos
por [fr] ATTAC/CADTM Maroc [en] ATTAC/CADTM Morocco
9 de junio de 2013

Asamblea mundial del red CADTM
Rabat, 20-21-22 de mayo de 2013

El dilema de las opciones neoliberales en una situación de crisis mundial del capitalismo

La situación política actual se caracteriza por el agravamiento de la crisis del capitalismo en el ámbito mundial, y por la ofensiva generalizada del capital para que las masas populares soporten la carga de la crisis.

En Marruecos, esta crisis intensifica el «impasse» de las opciones neoliberales impuestas por las instituciones financieras y comerciales internacionales. En efecto, Marruecos estuvo colonizado durante 43 años (de 1912 a 1955) por Francia y España que saquearon sus recursos, impidieron su industrialización y pusieron trabas a su desarrollo. El proceso de lucha por su independencia no permitió una ruptura con la dominación colonial que continuó bajo nuevas formas. La deuda, que fue el principal útil de financiación desde el comienzo de los años sesenta, se disparó a comienzos de los años ochenta y eso acarreó la implantación de programas de ajuste estructural. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional imponían en aquel tiempo sus políticas de primacía de las exportaciones (todo para la exportación), el desmantelamiento de las barreras aduaneras, la libre circulación de capitales extranjeros y de mercaderías, la privatización de las entidades públicas rentables y de los servicios públicos, los acuerdos de libre comercio, etc. Estas políticas neoliberales profundizaron la transferencia de las riquezas, la dependencia estructural de nuestro país en todos los niveles (financiero, tecnológico, industrial, comercial y alimentario), y condenaron a la mayoría de los ciudadanos a vivir en la pobreza y el analfabetismo.

Estas políticas se encuentran en un callejón sin salida en la actual situación de crisis

En el año 2012, la tasa de crecimiento fue del 2,4 %, mientras que en 2011 había sido del 4,9 %. El año acabó con un déficit comercial de 197.000 millones de DH, que representa el 23,8 % del PIB (1 DH== 0,1 € o 0,12 $ US), y el valor de nuestras exportaciones sólo cubre el 48 % de nuestras importaciones (el 36 % para el balance de alimentos). La crisis en Europa afecta también a las otras principales fuentes de divisas (los residentes marroquíes en el exterior, el turismo, y las inversiones directas extranjeras) que manifiestan una tendencia a la baja. Esto ha conducido a un déficit histórico de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que alcanzó casi los 83.000 millones de DH a fines de 2012, o sea el 10 % del PIB (el nivel más alto desde los años ochenta). Los haberes exteriores netos sólo permiten cubrir 3 meses y 27 días de importaciones de bienes y servicios, en febrero de 2013. Y por consiguiente se vuelve a la espiral infernal del endeudamiento.

La deuda pública total (interna y externa) de Marruecos alcanzó los 538.000 millones de DH (cerca del 71 % del PIB) a fines de 2012. El servicio de esta deuda es de 108.000 millones de DH. Si se compara la carga anual de la deuda con el presupuesto de educación en 2012 (51.000 millones de DH), de sanidad (12.000 millones de DH) o el de las inversiones públicas (59.000 millones de DH), se vuelve evidente que sin la anulación de la deuda no es posible ningún desarrollo económico o social.

Pero el Estado continúa su búsqueda de divisas pidiendo préstamos en los mercados financieros internacionales: 1.000 millones de euros en 2010 y 1.500 millones de dólares en diciembre de 2012. Durante ese tiempo, el FMI, mediante su nueva Línea de Precaución y de Liquidez (LPL) dotada de 6.200 millones de dólares, nos fijó los plazos de un plan de austeridad que debemos cumplir. En la receta: congelación de salarios (las principales disposiciones de la ley de finanzas 2013 llevan a casi el bloqueo de la masa salarial pública, que sólo crece el 1,3 %, luego de un aumento del 9,2 % en 2012); desmantelamiento del sistema de subvenciones de los productos de primera necesidad y del sistema de pensiones por reparto; reducción del gasto público en los sectores sociales; privatización de la enseñanza y de la sanidad. El gobierno marroquí ha tomado la decisión de reducir el presupuesto de inversiones públicas en 15.000 millones de dirhams fijados en la ley de finanzas 2013, lo que tendrá un impacto negativo en la ya débil tasa de crecimiento, el empleo y el nivel de vida. Los impuestos representan más del 60 % de la recaudación del Estado en la ley de finanzas 2013 pero provendrán principalmente de los consumidores y de los asalariados, mientras que la participación de las empresas privadas y de las personas ricas será baja, ya que éstas se benefician de exoneraciones fiscales, de subvenciones y de un acceso a la propiedad a precios irrisorios.

Por lo tanto son las masas populares las que pagarán la crisis mediante un aumento de la precariedad y del desempleo. Según el informe 2013 sobre desarrollo humano realizado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), Marruecos continúa clasificado en la posición 130º de 187 países sobre la base de tres parámetros: educación, sanidad e ingresos. En efecto, la tasa de analfabetismo oficial en 2012 era de cerca del 30 % en los hombres (población de 10 o más años de edad) y del 50 % en las mujeres que representan más del 50 % de la población. Los gastos en sanidad representan el 5 % del presupuesto general del Estado y el 1,4 % del PIB. El número de médicos por cada 10.000 habitantes es de 5,4 en lugar de los 12 de Túnez, 13 de Argelia y 34 en los países europeos. El PIB por habitante en Marruecos se eleva a 2.100 DH por mes (25.200 DH por año) y el salario medio en el sector privado es de 2.377 DH por mes contra los 6.400 DH en la función pública, mientras que el necesario para gozar de una vida decente se calcula en más de 5.000 DH. La tasa de desempleo se acerca al 10 % y Marruecos cuenta con más de 9 millones de pobres (el 28 % de la población) si se aplica el índice multidimensional de pobreza— en cambio el 9 % según el enfoque monetario oficial, o sea, menos de 2,15 dólares por persona y día—.

La represión, arma para conseguir que las masas populares soporten el peso de la crisis

La gravedad de la crisis recortó el margen de concesión del régimen que trata de anticiparse a las resistencias populares y obreras, que se desarrollan en todos los frentes, mediante la represión y el ensañamiento contra todas las formas de protestas sociales. Esto se manifiesta en las intervenciones salvajes contra las manifestaciones y sentadas, el encarcelamiento y los procesos judiciales contra militantes activos, y las intimidaciones de cualquier tipo. El Estado trata de instaurar un clima de miedo y para ello criminaliza las resistencias. Entre éstas, las del movimiento 20 de febrero (M20F), que sufre un cierto estancamiento, pero que sus principales reivindicaciones (democracia y justicia social) continúan siendo el lema de todo tipo de movilizaciones. La represión golpea también las luchas sindicales a favor de la defensa de las conquistas en el sector público (enseñanza, sanidad, justicia,…) y privado (minas, textil, hostelería, agricultura,…), la de los diplomados en paro por su derecho al trabajo (sus acciones cotidianas se prosiguen en Rabat a pesar de la feroz represión). Las protestas para defender los servicios públicos, el derecho a la vivienda y contra la carestía de la vida en las ciudades corren la misma suerte. En las zonas rurales, las poblaciones reclaman las infraestructuras de base que se necesitan imperiosamente en las regiones más aisladas. Las mujeres víctimas de los efectos desastrosos del sistema del microcrédito y los migrantes subsaharianos sufren también la represión y el racismo, encarcelamientos y procesos injustos.

El conjunto de estas movilizaciones refleja la fuerte oposición política a las políticas neoliberales y al Estado que trata que las masas populares carguen con el peso de la crisis, pisoteando la libertad de expresión y de opinión, y los derechos humanos.

Una situación política muy incierta

Aunque se mantienen las resistencias contra la ofensiva liberal todavía no están a la altura de un contraataque global para detener la hemorragia e imponer una alternativa popular. Asimismo, estas resistencias tampoco incluyen, en forma directa, una dimensión política expresada mediante reivindicaciones democráticas y el cuestionamiento de los actuales gobernantes, consignas que fueron levantadas por el movimiento del 20 de febrero (M20F). En efecto, el surgimiento del M20, en febrero de 2011, en el contexto de las revueltas populares en los países del Magreb y árabes, incrementó la amplitud de las movilizaciones sociales, sobre todo por el derecho al trabajo y los servicios públicos, que alcanzaron a todas los sectores del pueblo marroquí en todas las regiones del país. También levantó reivindicaciones políticas directas en la calle, tales como la luchas: contra la corrupción encarnada en determinados funcionarios del Estado, parlamentarios y miembros de los concejos locales; para reclamar la destitución del gobierno, la disolución del parlamento y la liberación de los prisioneros políticos, etc. Se puso en evidencia la pérdida de credibilidad de la nueva Constitución boicoteada por la mitad de los y las marroquíes, y de las instituciones representativas por la bajísima participación en las elecciones legislativas, cuyo porcentaje real no superaba el 25 %. Pero, por el momento, la monarquía consiguió retomar la iniciativa en la gestión de la política general del país, pactada con las instituciones financieras y comerciales internacionales y las sedes del imperialismo.

La relación de fuerzas no es a favor de las clases populares que están sufriendo el desgaste de sus herramientas de lucha. Los partidos políticos de la izquierda institucional, que hablan en nombre de las fuerzas populares, se ponen de acuerdo con la monarquía para un nuevo consenso que permitirá la estabilidad política y la continuación de las políticas neoliberales. Legitiman, de este modo, el despotismo establecido al participar en los gobiernos de fachada y las pseudos instituciones representativas. Les siguen los sindicatos despedazados, burocratizados, atomizados que también colaboran con el Estado, y también los empleadores, para mantener la paz social y destruir las conquistas históricas de la clase obrera. El dogma liberal domina asimismo en el seno de los y las dirigentes de organizaciones de mujeres, de jóvenes, de derechos humanos, y otras organizaciones de la «sociedad civil». Y lo hace también en un amplio abanico de intelectuales y profesores universitarios que consideran que el tiempo de la resistencia y de las confrontaciones ha terminado, y que, justamente, es necesario trabajar en la humanización de la globalización neoliberal, y apoyar al régimen existente como garante de la estabilidad política, sobre todo ante la emergencia del espantajo del Islam político. La amplitud de la maquina mediática que defiende al nuevo reino y la ausencia de tradiciones necesarias de solidaridad hacen que las experiencias combativas de luchas obreras y de movilizaciones populares queden fragmentadas, aisladas, y sean vulnerables a las campañas de represión. Los combates de los diplomados sin empleo sufren represiones diarias salvajes y sistemáticas, y todas las voces disidentes sufren estos acosos de todo tipo. Efectivamente, para que se acepten los planes de austeridad y la reestructuración global de la economía y de la sociedad tal como lo requieren las Instituciones Financieras Internacionales y las multinacionales, el régimen— un sistema político desprovisto de cualquier legitimidad popular— no tiene otros medios que el refuerzo de la represión sobre los movimientos de protesta en aumento, y la reducción de las libertades públicas. La izquierda radical es demasiado débil para tener un peso considerable y una amplia influencia. El campo permanece por lo tanto abierto a las corrientes islamistas radicales, que explotan esta ausencia de perspectiva progresista clara para orientar las aspiraciones, sobre todo de los jóvenes, hacia horizontes oscurantistas.

Construir un frente popular amplio contra los planes neoliberales

El desafío central para ATTAC CADTM Marruecos, en el contexto político actual, es contribuir a la construcción de un frente amplio contra los planes neoliberales. El lema que orienta ATTAC Marruecos continúa siendo «la educación popular volcada a la acción», que significa, rechazar la lógica de las IFI cimentada en el mercado y el beneficio privado, y desarrollar alternativas populares fundamentadas en las prioridades sociales de la ciudadanía. Y ese es la base de sus campañas de sensibilización contra la deuda; la privatización de los grandes establecimientos públicos y la mercantilización de los servicios públicos de sanidad, educación, agua, electricidad y transportes urbanos; los acuerdos de libre comercio; la fiscalidad injusta; el acaparamiento de tierras; etc. Este gran esfuerzo de educación popular está acompañado del trabajo cotidiano de unir las luchas y coordinar las experiencias.

A pesar de su proyección nacional, así como de los esfuerzos considerables desplegados por los y las militantes de ATTAC Marruecos para reforzar su presencia en las movilizaciones, y pese al éxito de sus posiciones y de sus análisis, su implantación popular sigue siendo modesta. El discurso de ATTAC CADTM Marruecos se distingue del consenso neoliberal y suena como una tendencia radical contra la corriente general, sobre todo dada la influencia que se ejerce sobre el espíritu de la ciudadanía por parte de la maquinaria de los grandes medios de información del Estado. Es evidentemente mucho mayor que la que tiene una asociación limitada en recursos y en influencia. Por otra parte, el Estado no deja de acosar a nuestra asociación y no le otorga su comprobante de registro legal, pese, a que en la práctica, existe ese reconocimiento. De esta manera, nuestra asociación se ve privada del acceso a las salas públicas para desarrollar sus actividades y eso limita sus iniciativas, de ayudas financieras como las concedidas a otras asociaciones, y acentúa su déficit presupuestario para garantizar sus propios locales. Hay que agregar a todo eso, la característica de los y las adherentes de ATTAC Marruecos que son esencialmente jóvenes. Y aunque estos y estas jóvenes le confieren una gran audacia de lucha y de iniciativas, la inestabilidad de la situación social de esta juventud hace difícil mantener la continuidad en el trabajo y la puesta en marcha de proyectos, ya que son las primeras víctimas del desempleo y de la precariedad.

Sin embargo, a pesar de todos estos retos, ATTAC Marruecos continúa trabajando en pro de la construcción de un movimiento social fuerte y profundamente arraigado, para llevar las movilizaciones sociales hacia la conquista de la democracia y de la justicia social.

Traducido por Griselda Pinero


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