Argentina: el economista Murray Rothbard, mentor del candidato libertario Javier Milei

4 de diciembre de 2023 por Romaric Godin


Javier Milei 2022. CC BY-SA 2.0 DEED

El pensador estadounidense del anarcocapitalismo es una de las referencias del candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina. Su pensamiento, poco conocido en Francia, defiende la idea de una sociedad sin Estado regida por el capitalismo del laissez-faire.



Javier Milei, candidato libertario en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas, que se celebrará el lunes 19 de noviembre, ha estado haciendo campaña con sus cuatro perros. Ha realizado numerosos vídeos y entrevistas sobre sus amigos de cuatro patas, que son algo más que simples mascotas. De hecho, al día siguiente de las elecciones primarias de agosto, en las que, para sorpresa de todos, salió vencedor, el economista dedicó su victoria a «sus cuatro hijos».

Los perros fueron clonados de la anterior mascota amiga de Javier Milei, Conan, fallecida en 2017 y considerada por el candidato como «uno de [sus] mejores amigos y confidentes». Por 50.000 dólares, Conan «dio vida» a cinco animales (uno de ellos, Conan junior, ya murió), cuyos nombres resultan interesantes para entender el marco ideológico en el que se mueve el que puede ser el próximo presidente de Argentina.

Los cuatro perros se llaman Robert, Lucas, Milton y Murray, respectivamente. Cada uno de estos nombres hace referencia a uno de los principales economistas de Javier Milei. Robert Lucas, que parece ser el más importante, fue galardonado con el Premio del Banco de Suecia (a menudo denominado «Premio Nobel de Economía») en 1995, y falleció el 15 de mayo de este año.

Es conocido sobre todo por resucitar la economía neoclásica, la teoría de los grandes equilibrios basada en los precios, y por formular la teoría de las «expectativas racionales» en los años setenta, apoyando la idea de la eficiencia fundamental de los mercados en ausencia de «fricciones» causadas por el Estado.

La tercera mascota de Milei es Milton, sin duda la referencia más conocida del economista. Milton Friedman (1912-2006) fue el fundador de la escuela monetarista, que priorizaba la lucha contra la inflación Inflación Subida acumulativa del conjunto de los precios (por ejemplo, una subida del precio del petróleo, que conlleva luego un reajuste de los salarios al alza, luego la subida de otros precios, etc.). mediante el control de la oferta monetaria y la independencia del banco central Banco central Entidad que, en un Estado, se encarga generalmente de la emisión de billetes de banco y del control del volumen de moneda y crédito. En España es el Banco de España quien asume dicho rol, bajo el control del Banco Central Europeo (BCE, ver más abajo).

El Banco Central de un país gestiona la política monetaria y tiene el monopolio de la emisión de la moneda nacional. Proporciona moneda a los bancos comerciales a un precio determinado por las tasas directoras, que son fijadas por el proprio banco.
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Finalmente, el último perro tiene un nombre menos conocido en Francia, pero que es una referencia central para Javier Milei a la hora de escuchar su discurso: Murray, por el economista estadounidense Murray Rothbard (1926-1995), padre del anarcocapitalismo y uno de los pensadores más influyentes del libertarismo.

Principios libertarios

Lo que tienen en común estos tres autores es su detestación del Estado, o más bien la idea de que el Estado es la fuente de los males sociales y económicos. Pero desde este punto de vista, el pensador más consumado es sin duda Murray Rothbard, que se propuso construir una auténtica teoría filosófica, social y económica en dos textos: For a New Liberty. The Libertanian Manifesto (publicado en 1973) y The Ethics of Liberty (publicado en 1982. (Hay varios libros de Murray Rothbard traducidos al español).

El punto de partida del pensamiento de Murray Rothbard es lo que él llama el «axioma de no agresión», que resume así en El manifiesto libertario: «Ningún hombre, o grupo de hombres, puede cometer una agresión contra la persona o la propiedad de otro».

Este principio va muy lejos, ya que se supone que determina todas las relaciones sociales en una sociedad libertaria. Lo que el autor denomina «delito» es el incumplimiento de este axioma. Un crimen para el que, según el autor, la esclavitud y la tortura son prácticas punitivas aceptables.

Obviamente, la parte más importante de este axioma es la cuestión de la propiedad, que sitúa inmediatamente la agresión contra la propiedad al mismo nivel que la agresión contra una persona. Basándose en su lectura de Locke (presentada y criticada aquí por el filósofo Pierre Crétois a propósito de su libro La Part commune, Amsterdam, 2020), Murray Rothbard hace de la propiedad un derecho «ilimitado» y «natural».

Todo ello se sustenta en un individualismo radical que considera que la base de toda actividad humana es individual. Aunque reconoce los beneficios de la cooperación, ésta sólo puede ser voluntaria y el resultado de una elección individual final. «Cualquier interferencia con la elección y el aprendizaje humanos es antihumana; viola la ley natural de las necesidades humanas», afirma en El manifiesto libertario.

Para Rothbard, como para Locke, la propiedad está legitimada por la capacidad de los individuos de transformar los recursos mediante su trabajo físico y mental. La propiedad es el fruto de esta transformación y, en ese sentido, es la búsqueda del derecho a «poseerse a sí mismo», ya que todo acto es, en última instancia, individual.

Al privar a los individuos de su propiedad, les impedimos disfrutar de sus derechos naturales, es decir, del resultado de sus elecciones individuales. Por tanto, no existen «derechos humanos separables de los derechos de propiedad». Y estos derechos implican también el «derecho a dar esta propiedad a quien uno desee», es decir, la herencia o venta incondicional de la propiedad de uno.

Murray Rothbard justifica así la idea de que la sociedad no existe. «Es un absurdo; realmente no existe la sociedad, sólo individuos que interactúan entre sí». Margaret Thatcher utilizaría más tarde esta famosa frase. Pero Rothbard continúa la lógica: si la sociedad no existe, entonces no hay ley de la sociedad, no hay intereses comunes de un grupo predeterminado de personas. Por tanto, el Estado es ilegítimo.

«Nosotros» no somos el gobierno y el gobierno no es «nosotros»«, resume en El Manifiesto Libertario. El Estado es simplemente un conjunto de burócratas y grupos específicos que lo controlan para vivir de los impuestos. Cualquier acción del Estado es, por tanto, un ataque directo a los individuos y a su propiedad. En particular, los impuestos no son otra cosa que robo. »El Estado es el agresor supremo, eterno y mejor organizado contra las personas y los bienes. Todos los Estados, en todas partes, democráticos, dictatoriales o monárquicos", concluye el pensador libertario.

Murray Rothbard siguió desarrollando la idea de una sociedad basada únicamente en la propiedad privada y regida por el capitalismo del laissez-faire. En efecto, en el ámbito económico, como en todas partes, es el Estado el que está en el origen de las crisis y del mal funcionamiento del capitalismo, en particular mediante la creación de dinero. Aquí se retoma la teoría del maestro de Rothbard, el economista austriaco Ludwig von Mises. El mercado, libre de cualquier interferencia del Estado, se autorregula y permite una distribución justa de los recursos. «¿Qué pueden hacer los gobiernos para ayudar a los pobres? Desaparecer», dice en El Manifiesto Libertario.

El Estado, fuente de todos los males

Especialmente el banco central, que es visto como el enemigo. Murray Rothbard y Milton Friedman se oponen en principio. Rothbard es partidario de abolir en principio todos los bancos centrales, en favor de lo que se conoce como banca libre, es decir, la libertad de los bancos privados para emitir sus propias monedas compitiendo entre sí en el mercado. Estados Unidos y Suiza vivieron situaciones similares en el siglo XIX, que condujeron inevitablemente a la regulación estatal y luego a la creación de bancos centrales.

Por su parte, Milton Friedman sólo abogó por la abolición del banco central en casos concretos, como el de Chile a principios de los ochenta, donde recomendó una política de dolarización Dolarización Substitución de la moneda nacional por el dólar, la cual, a diferencia de un régimen dede «arrimage», desaparece totalmente. de la economía (adopción del dólar como única moneda de curso legal) y la abolición del banco central. La situación argentina sin duda reconcilia a los dos pensadores y, de paso, a los dos perros de Javier Milei, que defiende precisamente este último escenario. Murray Rothbard odiaba a Milton Friedman y en 1971 escribió un panfleto contra su influencia, Milton Friedman desenredado (Milton Friedman Unraveled).

En cuanto al resto de la sociedad, Murray Rothbard describe un mundo totalmente privatizado y sometido a los mercados. El libertario lo ve incluso como una auténtica política ecológica, ya que los individuos tendrán interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. en cuidar los recursos de su tierra y, por tanto, no tendrán interés en contaminarla o dañarla. Las calles también serán privadas, y su seguridad correrá a cargo de empresas pagadas por los propietarios. En caso de litigio o delito, será necesario recurrir a empresas de justicia privada en competencia entre sí, lo que a veces se vuelve ubuesco en la propia descripción de Rothbard... Rothbard se reduce incluso a tomar como modelo la justicia privada medieval.

En conjunto, el anarquismo de Rothbard se distingue de la tradición libertaria por la persistencia de dominaciones basadas en la propiedad y el dinero y por la mercantilización completa de la humanidad. Se trata de una falsa anarquía, ya que existen poderes detentados por una minoría en permanente competencia entre sí. Además, los individuos sólo son libres en la medida en que se someten a una fuerza superior a ellos mismos, la de la mercancía.

Y, de hecho, es un mundo que parece extremadamente violento, a pesar del principio cardinal de no agresión. Por una sencilla razón, que el autor libertario ignora por completo: el carácter sagrado de la propiedad crea efectos de dominación y concentración que nada tienen que envidiar a la violencia estatal. También es un mundo conservador en el sentido de que los poseedores pueden imponer su voluntad a través de su poder existente. Pero el pensamiento de Rothbard es unilateral y simplista: el propietario individual es un ser pacífico y razonable, y el Estado es la fuente de todos los males.

El anarquismo de extrema derecha

El anarcocapitalismo de Rothbard fue ante todo una revuelta contra el conservadurismo. Durante mucho tiempo, el economista libertario pudo utilizar su discurso antisistema contra la derecha estadounidense, a la que consideraba convertida al estatismo. Ve esta conversión como una traición a los ideales de la Revolución Americana y de los primeros demócratas jacksonianos de la primera mitad del siglo XIX, y los llama «paleolibertaristas». En la década de 1970 publicó The Betrayal of the American Right, y en la de 1980 arremetió contra Ronald Reagan por ser demasiado estatista.

En los años 60, esta posición le puso en contacto con ciertos círculos de izquierda que centraban sus críticas en el Estado, como reacción a las dictaduras soviética y maoísta. Esto les llevó a denunciar la guerra de Vietnam y el reclutamiento de jóvenes. Rothbard acabó rompiendo con la izquierda, pero en 1973 publicó The Libertarian Manifesto, una crítica sin concesiones a la guerra y al servicio militar obligatorio, que comparaba con el «asesinato en masa» y la «esclavitud». También defendió la libertad moral, en particular la total libertad sexual consentida, que resonó en muchos sectores de la izquierda.

A pesar de estas posiciones, Murray Rothbard se acercó a la derecha más radical, sobre todo en dos cuestiones centrales: la cuestión afroamericana y el feminismo. En ambos casos, rechazó cualquier legislación favorable tanto a los negros como a las mujeres, lo que vino a conocerse como «acción afirmativa», es decir, cuotas u otras obligaciones destinadas a compensar la situación objetiva de estos grupos.

Para Rothbard, estas leyes atentan contra la propiedad privada. Si un empresario no quiere contratar a afroamericanos o a mujeres, nadie puede obligarle a hacerlo. Si un propietario se niega a alquilar a estas personas, nadie puede obligarle a hacerlo. Esta posición de principio esconde de hecho una visión jerárquica de las «razas» que concuerda con su rechazo absoluto del igualitarismo por «antinatural».

En un texto de 1974, El igualitarismo como revuelta contra la naturaleza, situaba el origen de las desigualdades en la genética. El mercado simplemente hacía visibles y «justas» estas desigualdades «naturales». «La revuelta igualitaria contra la realidad biológica no es más que el sustrato de una revuelta más profunda contra la estructura ontológica de la realidad misma, contra la organización misma de la naturaleza y contra el universo como tal», resumía.

Obviamente, de esta justificación genética de la desigualdad al racismo abierto hay sólo un paso. Rothbard se definía fácilmente como «racialista» y prefería a Malcolm X antes que a Martin Luther King porque prefería la separación de negros y blancos. Pero, señaló en 1993, no estaba a favor de un Estado negro porque, según él, habría requerido la «asistencia pública» de Estados Unidos.

La visión de Rothbard es la de una especie de «racismo competitivo» en el que el mercado restablece la jerarquía «natural» entre las «razas». Y esto justifica la discriminación de facto. Por tanto, puede rechazar la discriminación oficial de la que han sido víctimas los afroamericanos y defender la «igualdad de derechos», como en su texto de 1963, The Negro Revolution, siempre que no obligue a los blancos a aceptar una igualdad racial cuya existencia cuestiona.

Esta misma visión inspira su profundo rechazo de toda forma de feminismo. Y esto va mucho más allá de la cuestión de las cuotas o de la legislación. En un texto publicado en 1996, Origins of the Welfare State in America, Murray Rothbard considera que fueron las «mujeres yanquis» y las «mujeres judías» quienes, al luchar por el derecho de voto de las mujeres, acabaron imponiendo políticas estatistas. El propio New Deal se logró bajo la presión de la esposa de Franklin Roosevelt, Eleanor Roosevelt, descrita como «quizá nuestra primera Primera Dama bisexual».

Rothbard se acercó así lógicamente a la extrema derecha estadounidense, frecuentando a revisionistas notorios, adoptando posiciones abiertamente antisemitas a pesar de sus orígenes judíos, y defendiendo públicamente a su amigo David Duke, antiguo miembro del Ku Klux Klan, neonazi y supremacista blanco.

Con Rothbard, el libertarismo ocupa claramente su lugar lógico en la extrema derecha, ya que es un pensamiento de desigualdad absoluta y de dominación de los grupos considerados «superiores» sobre los demás. En diferentes aspectos, pero con la misma lógica, Rothbard coincide por tanto con las tendencias de extrema derecha de Hayek y Röpke.

¿Qué influencia tiene en Javier Milei?

Aunque la influencia de Murray Rothbard en Javier Milei parece ser la principal fuente de inspiración del candidato argentino, a veces se reinterpreta o se limita, ya que el argentino defiende un Estado fuerte en el ámbito de la seguridad y la justicia. Estaría entonces más cerca del pensamiento «minarquista» del Estado mínimo, defendido por ejemplo por Robert Nozick (1938-2002), que criticó el anarcocapitalismo de Rothbard insistiendo en la posibilidad de que el Estado mantuviera un monopolio en el ámbito judicial. Pero al igual que Rothbard, Javier Milei defiende la libertad de portar armas y utilizarlas en defensa propia, lo que constituye una forma de privatización de la justicia.

Además, desde la primera vuelta, el candidato ha sido más discreto sobre los aspectos más libertarios de su programa, aparte de su ambición de dolarizar la economía, para atraer los votos de la derecha tradicional, haciendo que sus objetivos sean a medio o largo plazo.

En este sentido, su posición no está tan alejada de la de Rothbard, que se planteaba cuestiones de estrategia. Aunque siempre se opuso al libertarismo «utilitarista», es decir, al libertarismo oportunista, reconoció que era posible llegar a compromisos siempre que se mantuviera el objetivo de abolir el Estado. Es sin duda desde esta perspectiva como debemos entender el mantenimiento de estas funciones regias en el proyecto de Milei y su relativa relajación de las mismas entre las dos vueltas.

Por lo demás, su programa y sus apariciones en campaña son inequívocos. Las famosas puestas en escena de Milei atacando el gasto público con una motosierra o derribando todos los ministerios que no sean Interior y Justicia confirman la influencia de este pensamiento radical.

Un hombre que no duda en proclamar que su «enemigo» es «el Estado» adopta de buen grado la visión de Rothbard sobre la «casta de ladrones» que dirige las instituciones. Una acusación que, en Argentina, tocó la fibra sensible de la población empobrecida.

El resto de su programa está marcado por las obsesiones y principios de Rothbard. El plan para la sociedad es el de la mercantilización generalizada, que justifica la prostitución o la venta de órganos, siempre que todo ello sea «voluntario», sin cuestionar, por supuesto, las condiciones de esta voluntad.

A veces esto puede llevar a tintes progresistas, como vimos con Murray Rothbard: Milei no tiene nada en contra de la homosexualidad o de la elección personal de género en la medida en que no corresponde al Estado interferir en las elecciones personales. Pero tampoco en este caso se trata de defender y proteger esas «opciones».

En uno de sus característicos exabruptos, Javier Milei utilizó una retórica muy rothbardiana: «¿Quieres definirte como puma? Hazlo, me da igual mientras no me hagas pagar la factura, no me lo impongas desde el Estado, no robes el dinero de los demás para imponer tus ideas». En resumen, no se trata de luchar contra la discriminación.

Por otro lado, su oposición al aborto es lo opuesto a la posición de Rothbard en The Libertarian Manifesto. Es cierto que Rothbard considera que el principio de no agresión se aplica en teoría tanto al respeto de la vida del feto como al respeto del derecho de la madre a disponer de su cuerpo. Sin embargo, en la medida en que el feto no es una «entidad separada», prevalece este último derecho. Pero también en este caso, Rothbard se opone a cualquier injerencia del Estado en la materia, a cualquier financiación de clínicas que practiquen abortos y a cualquier coacción a los médicos que se nieguen a practicar abortos.

En resumen, como siempre, Rothbard es ambiguo. Javier Milei, en cambio, está a favor del principio de «protección de la vida» que está «en el corazón del pensamiento liberal». Tiene por tanto una interpretación diferente del principio de no agresión, pero desde este punto de vista parece más coherente que su mentor. Tanto más cuanto que está en línea con posiciones muy fuertes entre los libertarios.

Hay un último punto que merece la pena destacar: la estrategia. En The Libertarian Manifesto, Rothbard sostiene que los más proclives a dejarse convencer por sus ideas son los jóvenes y la pequeña burguesía, los autónomos y los pequeños empresarios, que serían las primeras víctimas del Estado. Estas clases han sido las más atacadas por Milei, sobre todo los jóvenes, entre los que ha obtenido unos resultados impresionantes.


Fuente: sinpermiso.info. Extraída de mediapart.fr

Traducción: Antoni Soy Casals

Romaric Godin

Journaliste à Mediapart. Ancien rédacteur en chef adjoint au quotidien financier français La tribune.fr
Romaric Godin suit les effets de la crise en Europe sous ses aspects économiques, monétaires et politiques.

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