EEUU: Los trabajadores merecen más tiempo para sí mismos

1ro de abril por Shawn Fain


UAW President Shawn Fain with Local 259 Reps & NYS Elected Officials at Teamsters Pre-Strike Rally (2023) CC BY-NC 2.0 Deed

Shawn Fain, presidente de la UAW, habló el 14 de marzo de 2024 ante el Congreso en apoyo del nuevo proyecto de ley de Bernie Sanders sobre la semana laboral de 32 horas. Se publican a continuación íntegramente las declaraciones de Fain.



El jueves 14 de marzo, el senador de Vermont Bernie Sanders presentó en el Senado un proyecto de ley que impondría una semana laboral estándar de treinta y dos horas sin pérdida de salario. Ese mismo día, Sanders presidió una audiencia del Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado para debatir la legislación; entre los invitados a hablar se encontraba el presidente de United Auto Workers, Shawn Fain. A continuación reproducimos íntegramente las palabras de Fain; la transcripción se ha editado ligeramente para mayor claridad.

Estoy aquí para hablar de uno de los temas más importantes para cualquier dirigente sindical y cualquier persona de la clase trabajadora, cualquier senador estadounidense y cualquier ser humano: nuestro tiempo.

Como presidente de United Auto Workers, represento a cuatrocientos mil trabajadores y a seiscientos mil jubilados. Sé que cuando mis miembros miran atrás en sus vidas, nunca dicen: «Ojalá hubiera trabajado más». Cuando la gente llega al final de su vida, nunca dicen: «Ojalá hubiera ganado más dinero». Lo que desean es tener más tiempo.

Eso es lo que hace el trabajo. Nos pagan por nuestro tiempo, y cuando trabajamos, estamos sacrificando tiempo con otras personas, con la familia y los amigos, y tiempo para otras cosas que deseamos hacer. Pero el tiempo, como cualquier otro recurso precioso de nuestra sociedad, no se concede gratuitamente a la clase trabajadora.

Desde la revolución industrial, hemos visto cómo se disparaba la productividad en nuestra sociedad. Con el avance de la tecnología, un trabajador hace ahora lo que antes hacían doce. Cada hora, cada minuto, cada segundo se aprovecha más.

Hubo un tiempo en que se suponía que este fenómeno devolvería a los trabajadores su tiempo, parte de sus vidas. Hace casi cien años, el economista John Maynard Keynes habló del futuro del tiempo de los trabajadores. Su preocupación era que, con todos los aumentos de productividad, no sabríamos qué hacer con nosotros mismos. Predijo una semana laboral de quince horas.

En mi propio sindicato, me remonto a nuestros archivos y leo sobre la lucha por la semana laboral de treinta horas, una idea que estaba muy viva en nuestro sindicato en los años treinta y cuarenta. Pero hoy, en pleno siglo XXI, esas ideas nos parecen inimaginables.

En su lugar, encontramos trabajadores que trabajan más horas. Tenemos trabajadores que trabajan siete días a la semana, doce horas al día. Hay trabajadores, sindicados o no, que tienen varios empleos y viven para trabajar, se las apañan para salir adelante y viven de cheque en cheque. Hoy en día hay trabajadores que trabajan hasta los sesenta, setenta y ochenta años porque no pueden permitirse jubilarse.

Encontramos muertes asociadas de desesperación, por adicción y suicidio, de personas que no sienten que una vida de trabajo interminable y sin esperanza sea una vida que merezca la pena vivir. Los trabajadores han sido sacrificados en el altar de la codicia, y se les ha despojado de su dignidad.

Tenemos una crisis de salud mental de la que hablamos mucho en este país. Pero nunca hablamos de sus causas. Se han hecho estudios: el aumento del estrés por trabajar siete días a la semana, doce horas al día -estás sacrificando la vida familiar y las cosas a las que quieres dedicarte- provoca un aumento de los niveles de cortisol, que conduce a enfermedades cardíacas, cáncer, derrames cerebrales.

Teniendo en cuenta todos estos datos, si alguien tiene la suerte de jubilarse -normalmente después de haber trabajado hasta la muerte toda su vida- se enfrenta a prótesis de rodilla, operaciones de hombro y se pasa el resto de su vida pensando cómo va a sobrevivir.

Es triste decir que en 1933, el Senado de EE.UU. aprobó una ley para establecer la semana laboral de treinta horas, pero debido a la intensa oposición empresarial, esa legislación fracasó. Pero en 1940, el Presidente Franklin Delano Roosevelt firmó la Ley de Normas Laborales Justas que establecía una semana laboral de cuarenta horas, hace ochenta y cuatro años. Hace ochenta y cuatro años se estableció la semana laboral de cuarenta horas. Desde entonces, hemos tenido un aumento del 400% en la productividad, pero nada ha cambiado.

Por eso, en nuestra campaña de las Tres Grandes y en nuestra huelga de brazos caídos, levantamos la bandera de la semana laboral de treinta y dos horas. No se trata sólo de una cuestión sindical, contrariamente a lo que algunos quieren decir. Es una cuestión de la clase trabajadora. Por eso el 75% de los estadounidenses nos apoyaron en nuestra lucha contractual. Porque todos viven la misma realidad.

¿Quién va a actuar para arreglar esta epidemia de vidas dominadas por el trabajo? ¿Actuarán los empresarios? ¿Actuará el Congreso? ¿Cómo puede la clase trabajadora recuperar su vida y su tiempo?

Los que se benefician del trabajo de otros tienen todo el tiempo del mundo, mientras que los que hacen funcionar este país tienen cada vez menos tiempo para sí mismos.

Sé lo que dirá la gente, y muchos en esta sala. Dirán: «La gente simplemente no quiere trabajar», o «La clase trabajadora es perezosa». Pero la verdad es que la clase trabajadora no es perezosa. Están hartos.

Están hartos de ser dejados atrás y despojados de dignidad a medida que la desigualdad de riqueza en esta nación y en este mundo se descontrola. Están hartos de que tres familias en Estados Unidos tengan tanta riqueza como el 50% de los ciudadanos más pobres de este país. Eso es criminal. Estados Unidos es mejor que esto.

Estoy de acuerdo en que hay una epidemia en este país de gente que no quiere trabajar. Gente que no se molesta en levantarse cada día y contribuir a nuestra sociedad, sino que quiere aprovecharse del trabajo de los demás. Pero no son obreros, no son trabajadores.

Es un grupo de personas de las que nunca se habla por lo poco que realmente trabajan y producen, y por lo poco que aportan a la humanidad. Me refiero a los gorrones de Wall Street, los amos de los ingresos pasivos. Los que se benefician del trabajo de otros tienen todo el tiempo del mundo, mientras que los que hacen funcionar este país -las personas que construyen los productos y contribuyen con su trabajo- tienen cada vez menos tiempo para sí mismos, para sus familias, para sus vidas.

Nuestro sindicato va a seguir luchando por el derecho de los trabajadores a recuperar sus vidas y su tiempo. Os pedimos que os pongáis del lado de los trabajadores estadounidenses y nos apoyéis en esa misión.


Fuente: sinpermiso.info, extraída de Jacobin

Traducción: Antoni Soy Casals

Shawn Fain

presidente de United Auto Workers (UAW). EEUU.

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