El antiimperialismo en una época de auge del fascismo: solidaridad más allá de las potencias rivales

8 de abril por Sushovan Dhar


Sushovan Dhar (CADTM India) en la conferencia antifa de Porto Alegre el 27 de marzo de 2026

El CADTM publica el discurso pronunciado por Sushovan Dhar, del CADTM India, en la 5.ª sesión plenaria de la Conferencia Antifascista y Antiimperialista celebrada en Porto Alegre. La intervención abordó la creciente convergencia entre el imperialismo y la política de extrema derecha, criticó los límites de la multipolaridad emergente y destacó la necesidad de una solidaridad internacional renovada entre los pueblos.



El momento global actual se caracteriza por una peligrosa convergencia de tres grandes tendencias: el auge del nacionalismo autoritario —en ocasiones, un ultranacionalismo excluyente—, el crecimiento de los movimientos de extrema derecha y la renovada competencia imperialista entre potencias globales y regionales. Estos acontecimientos no son fenómenos aislados, sino expresiones profundamente interconectadas de una crisis más amplia del capitalismo global y de la legitimidad política.

Históricamente, el fascismo ha surgido en períodos de profunda inestabilidad social y económica. Cuando la desigualdad se intensifica, las instituciones democráticas se debilitan y las élites gobernantes ven cuestionada su autoridad, las fuerzas autoritarias y reaccionarias suelen ganar terreno. En esos momentos, el nacionalismo, el racismo y la militarización se convierten en herramientas para consolidar el poder y desviar la ira social de las desigualdades estructurales.

En la actualidad, estamos presenciando patrones similares en diferentes regiones. La militarización se está expandiendo. Las guerras se justifican cada vez más en nombre de la seguridad, la democracia o la civilización. Los migrantes se convierten en chivos expiatorios. Se demoniza a las minorías. Las instituciones democráticas se vacían de contenido, mientras que el poder ejecutivo se centraliza cada vez más. Detrás de estos acontecimientos se esconde una realidad estructural más profunda: el imperialismo.

El antifascismo sin antiimperialismo sigue siendo incompleto. El imperialismo normaliza la jerarquía, la dominación y la violencia a nivel global. Crea un orden mundial en el que los Estados poderosos y las corporaciones multinacionales ejercen una influencia desproporcionada sobre las economías y los sistemas políticos más débiles. A través de mecanismos como la dependencia de la deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
, los desequilibrios comerciales, la extracción de recursos y la intervención política, el imperialismo socava la soberanía y agrava la desigualdad. Sin embargo, cualquier lucha contra el imperialismo es difícil sin una lucha contra el capitalismo.

Este orden mundial refuerza las tendencias autoritarias. Cuando la violencia se normaliza a nivel internacional, la represión se vuelve más fácil a nivel nacional. La xenofobia crece en las sociedades cuando la rivalidad geopolítica se plantea en términos civilizacionales o raciales. Cuando la dominación económica se acepta a nivel mundial, la desigualdad se intensifica dentro de los países.

La reciente agresión militar contra Irán ilustra la peligrosa convergencia del imperialismo, la militarización y la creciente influencia de la política de extrema derecha en las relaciones internacionales. Los ataques coordinados de EE. UU. e Israel contra objetivos iraníes constituyen una clara violación de la soberanía de Irán y contribuyen a que la acción militar unilateral parezca una forma normal de que un país demuestre su poder. Tales acciones corren el riesgo de desestabilizar aún más una región ya frágil, aumentando la posibilidad de un conflicto más amplio y agravando las tensiones geopolíticas en toda Asia Occidental.

Al mismo tiempo, oponerse a esta agresión no significa apoyar al régimen iraní. El Estado iraní se ha caracterizado durante mucho tiempo por un gobierno autoritario, la represión de los movimientos democráticos y severas restricciones a las libertades civiles. Los repetidos levantamientos y movimientos de protesta en Irán en los últimos años demuestran que amplios sectores de la sociedad iraní aspiran a la libertad política, la justicia social y los derechos democráticos. Por consiguiente, una postura antiimperialista basada en principios debe denunciar tanto la agresión militar externa como la opresión autoritaria interna. La solidaridad debe dirigirse hacia el pueblo iraní, apoyando su derecho a la autodeterminación, a las libertades democráticas y a la justicia social, libre tanto de la intervención extranjera como de un aparato estatal represivo.

La invasión rusa de Ucrania ejemplifica cómo la política de las potencias dominantes sigue influyendo en los conflictos, a menudo a expensas de los derechos de las personas. Esta intervención militar ha violado la soberanía de Ucrania y ha socavado el derecho del pueblo ucraniano a determinar su propio futuro. Si bien el papel de la expansión de la OTAN Organización del Tratado del Atlantico Norte
OTAN
Este organismo asegura a los Estados europeos la protección militar de los Estados Unidos en caso de agresión, pero, sobre todo, ofrece a los Estados Unidos la supremacía en el bloque occidental. Los países de Europa Occidental aceptaron la integración de sus fuerzas armadas en un sistema de defensa puesto bajo el mando estadounidense, reconociendo de hecho la preponderancia de los Estados Unidos. Fue fundada en 1994 en Washington, y pasó a un segundo plano acabada la guerra fría. En el año 2002 se componía de 19 miembros: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y el Reino Unido, a los que se sumaron Grecia y Turquía en 1952, la República Federal de Alemania en 1955 (sustituida por la Alemania unificada en 1990), España en 1982, Hungría, Polonia y la República Checa en 1999.
y la escalada de las tensiones geopolíticas pueden proporcionar un contexto, estos factores no justifican la invasión militar, la ocupación y la devastación infligida a las ciudades y a la población civil ucraniana.

Para nosotros, defender los derechos del pueblo ucraniano no equivale a respaldar a la OTAN ni a alinearnos con las estrategias geopolíticas occidentales. Además, la guerra ha sido instrumentalizada por potencias mundiales rivales para promover sus propios intereses estratégicos, lo que ha dado lugar a una mayor militarización y a una prolongación del conflicto, lo cual ha agravado el sufrimiento de la población civil y ha obstaculizado los esfuerzos por alcanzar una solución pacífica. Por lo tanto, una postura antiimperialista coherente debe rechazar la agresión rusa y, al mismo tiempo, oponerse a la lógica general de la política de bloques y la escalada militar. La solidaridad debe dirigirse específicamente al pueblo ucraniano, apoyando su derecho a la paz, la soberanía y la autodeterminación democrática, independientemente tanto de la agresión rusa como de las rivalidades entre las potencias preeminentes.

Las tensiones geopolíticas actuales se venden a menudo como una lucha de bloques rivales y una «multipolaridad» en ciernes. Muchos sostienen que el auge de nuevas potencias y formaciones como el BRICS BRICS El término BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) fue utilizado por primera vez en 2001 por Jim O’Neill, entonces economista de Goldman Sachs. El fuerte crecimiento económico de estos países, unido a su importante posición geopolítica (estos 5 países reúnen casi la mitad de la población mundial en 4 continentes y casi una cuarta parte del PIB mundial) convierten a los BRICS en actores principales de las actividades económicas y financieras internacionales. representa una alternativa progresista al dominio occidental. Sin embargo, esta suposición requiere un análisis minucioso.

La multipolaridad, en sí misma, no significa necesariamente emancipación. Un mundo con múltiples potencias en competencia puede seguir reproduciendo jerarquías imperiales, rivalidad geopolítica, militarización y dominación económica. La multipolaridad puede reducir el dominio de una única potencia hegemónica, pero no produce automáticamente un orden mundial más democrático o justo.

En este sentido, la multipolaridad puede ofrecer oportunidades a las élites gobernantes y a los actores estatales, pero no proporciona necesariamente una alternativa para los pueblos del mundo. La competencia entre potencias puede intensificar la militarización, los conflictos por los recursos y las tensiones geopolíticas. Sin un internacionalismo democrático y la solidaridad entre los pueblos, la multipolaridad corre el riesgo de convertirse en una mera redistribución del poder entre élites rivales.

La India ofrece un ejemplo significativo de estas contradicciones. El país se presenta a menudo como parte de un mundo multipolar emergente a través de su pertenencia al BRICS. Sin embargo, al mismo tiempo, la India ha profundizado su cooperación estratégica con los marcos militares y de seguridad occidentales destinados a contener a China. Aunque no forma parte formalmente de AUKUS [1], la India ha reforzado su alineamiento militar y estratégico con Estados Unidos y sus aliados a través de acuerdos como el Quad [2], ampliando la cooperación en materia de defensa, los ejercicios militares conjuntos y las asociaciones tecnológicas estratégicas.

Este doble posicionamiento ilustra la complejidad de la geopolítica contemporánea. Los Estados participan simultáneamente en múltiples bloques de poder, buscando la autonomía estratégica al tiempo que refuerzan la militarización y la rivalidad geopolítica. Tales alineamientos no representan necesariamente una alternativa al imperialismo, sino que a menudo reflejan nuevas configuraciones dentro de la misma competencia de poder global.

Al mismo tiempo, la India representa también uno de los ejemplos contemporáneos más significativos del auge del nacionalismo autoritario mayoritario. El régimen político actual está estrechamente vinculado al Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), un proyecto ideológico y organizativo de casi más de un siglo de antigüedad, fundado en 1925. El RSS se inspiró en sus primeros años en los movimientos fascistas europeos, en particular en la Italia de Mussolini, y más tarde en aspectos del modelo de nacionalismo cultural, identidad mayoritaria y movilización ideológica centralizada de la Alemania nazi.

A lo largo de décadas, el RSS ha desarrollado una extensa red organizativa en toda la sociedad india, que incluye estructuras políticas, educativas, culturales y paramilitares. Su proyecto político a largo plazo ha sido la transformación de la India de una república laica y pluralista en un Estado mayoritariamente hindú, a menudo descrito como un «Hindu Rashtra».

Este proyecto ideológico ha adquirido un poder estatal sin precedentes en los últimos años. Las consecuencias incluyen el aumento de los ataques contra las minorías, en particular contra musulmanes y cristianos, las restricciones a las libertades civiles, la presión sobre los medios de comunicación independientes, el debilitamiento de las instituciones democráticas y la creciente centralización del poder.
Al mismo tiempo, el Gobierno indio ha profundizado sus relaciones políticas y militares con Israel, que sirve cada vez más de modelo en ámbitos como la doctrina de seguridad, las tecnologías de vigilancia, la militarización y el nacionalismo mayoritario. Sectores de la extrema derecha india establecen abiertamente paralelismos entre el proyecto de un Estado de mayoría hindú y el modelo etnonacional de Israel.

Esto ilustra una tendencia global más amplia: los movimientos de extrema derecha y autoritarios aprenden cada vez más unos de otros. Existe una circulación transfronteriza de marcos ideológicos, doctrinas de seguridad, tecnologías de vigilancia y métodos de gobernanza. Estos acontecimientos refuerzan una idea fundamental: el antifascismo contemporáneo también debe ser internacional.

En todos los países y continentes, los trabajadores y trabajadoras se enfrentan a retos cada vez más similares. La precariedad laboral, la austeridad, la privatización y el aumento del coste de la vida son fenómenos generalizados. Los agricultores y agricultoras se enfrentan al despojo de sus tierras y a crisis agrarias. Las comunidades indígenas se resisten a las industrias extractivas. Los migrantes se enfrentan a la criminalización y la explotación. Las mujeres sufren tanto la marginación económica como una intensificación de la violencia patriarcal.

Estas luchas están interconectadas. Sin embargo, los movimientos de extrema derecha y autoritarios tratan de fragmentarlas. Se culpa a los migrantes del desempleo. Se presenta a las minorías como amenazas a la identidad nacional. Se invoca a enemigos externos para justificar la represión interna. Estas estrategias están diseñadas para dividir a los oprimidos y proteger las estructuras de poder arraigadas. La solidaridad entre los pueblos ofrece la respuesta más eficaz. Esta solidaridad no puede quedarse en lo abstracto.

Debe construirse a través de formas concretas de cooperación: campañas conjuntas contra la deuda y la austeridad, solidaridad con los migrantes y los refugiados, resistencia a la militarización y la guerra, defensa de los derechos laborales y protección de las libertades democráticas. El internacionalismo no es, por lo tanto, meramente un compromiso ético. Es una necesidad política.

La historia ofrece lecciones fundamentales. La resistencia más fuerte al fascismo ha surgido de amplias coaliciones de fuerzas sociales: trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales y movimientos democráticos. Estas luchas a menudo traspasaron las fronteras nacionales. Los movimientos anticolonialistas, las luchas contra el apartheid y la solidaridad laboral internacional demostraron el poder de la acción colectiva más allá de las fronteras nacionales. Reconstruir ese espíritu de solidaridad es esencial en la actualidad.

En un mundo marcado por la fragmentación y el miedo, la cooperación internacional entre los pueblos ofrece una alternativa basada en la igualdad y la justicia. El antiimperialismo y el antifascismo no son luchas separadas, sino dimensiones interconectadas del mismo proyecto político.

Fortalecer la cooperación entre movimientos, profundizar la solidaridad internacional y resistir a la división y al autoritarismo son tareas urgentes. El futuro no vendrá determinado únicamente por los Estados poderosos o las rivalidades geopolíticas. También lo configurarán los pueblos organizados que actúen colectivamente más allá de las fronteras.

Ante el auge del fascismo, el antiimperialismo y la solidaridad entre los pueblos siguen siendo pilares fundamentales de una alternativa democrática y emancipadora.


Traducción : Fernanda Gadea Martinez

Notas

[1En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

[2Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

Sushovan Dhar

Sushovan Dhar es un activista político, escritor y sindicalista radicado en Calcuta. Está afiliado al CADTM India y forma parte del consejo editorial de Alternative Viewpoint. Sus escritos abordan temas como el trabajo, la deuda, la reestructuración neoliberal, el autoritarismo, los movimientos sociales y la política internacional, con un enfoque particular en Asia Meridional y el Sur Global. Sus artículos han sido publicados en diversas revistas y plataformas, como Jacobin, Viento Sur y Sin Permiso, entre otras.

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