16 de julio por Fidel Castro Ruz

Fidel Castro fotografiado por Alberto Korda en 1961, Public domain. Fidel (cropped).jpg https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fidel_(cropped).jpg
En un momento en que una nueva crisis de la deuda azota a las economías del Sur global y a las clases populares y en que el FMI impone, con la complicidad de los gobiernos locales, duras políticas antisociales, es indispensable inspirarnos en la lucha que inició Fidel Castro en la década de 1980 para la formación de un frente de países endeudados contra el pago de la deuda ilegítima.
Fidel ejerció una gran influencia internacional tanto en los movimientos sociales y los partidos políticos de izquierda como en ciertos líderes, como el joven presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara. El CADTM se complace en publicar amplios extractos de una extensa entrevista que Fidel Castro concedió al diario mexicano Excelsior en marzo de 1985.
Uno de los principales ejes de la política internacional mantenidos por Fidel Castro a lo largo de su trayectoria ha sido la lucha contra el pago de la deuda
Deuda
Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
externa, un proceso que abarcó diferentes periodos pero que tuvo su punto más álgido entre los años 1983 y 1987, en uno de los peores momentos para América Latina, que quedó marcada por esta crisis de la deuda. El aumento de los tipos de interés
Interés
Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento.
en EE.UU. y la caída de los precios de exportación hizo que esa deuda se volviera impagable, con las dramáticas consecuencias que hoy en día conocemos y ya vaticinaba el Comandante en Jefe.
Fidel Castro interpretó, sin género de dudas, que esta crisis era una forma más de dominación económica del Norte sobre el Sur.
El momento clave fue el Encuentro sobre la Deuda Externa de América Latina y el Caribe en La Habana en agosto de 1985, en el que Fidel Castro lanza la ofensiva política a nivel internacional con una serie de ideas estructuradas en tres puntos:
* La deuda es impagable* La deuda es un cáncer que hay que extirpar* Los países deudores necesitan unirse para dejar de pagar
El CADTM publicó el discurso completo pronunciado el 3 de agosto de 1985 por Fidel al término de este encuentro histórico.
Unos meses antes, entre los días 20 y 21 de marzo de 1985, el Comandante concede una larga entrevista a Regino Díaz, director del diario Excelsior de México, que se publicó poco después con el título “La cancelación de la deuda externa y el nuevo orden económico internacional como única alternativa verdadera.” [1] Merece la pena resaltar la parte comprendida entre las páginas 95 y 163 de la publicación original (páginas de la 27 a la 46 del texto en formato Word), en las que, partiendo de la idea de que la deuda externa del Tercer Mundo es impagable y beneficia injustamente a los países ricos, se avanza hacia la propuesta de una unión entre los países latinoamericanos para negociar mejores condiciones e incluso dejar de pagar. Junto a la crítica hacia las políticas del FMI
FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.
A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.
Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).
Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).
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por la imposición de ajustes que agravan la pobreza y el malestar social, Fidel Castro afirma que cancelar la deuda ayudaría también a las economías desarrolladas, disminuyendo el desempleo y estimulando el comercio, concluyendo que la solución real exige un nuevo orden económico internacional más justo, no solamente aliviar la deuda.
Pero lo más adecuado será que ustedes mismos lean (o relean) el texto que les proponemos con las palabras exactas utilizadas por el Comandante en la entrevista:
“REGINO DÍAZ. ¿Y podrá haber unidad entre gobiernos tan disímiles en América Latina?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Bueno, creo que sí. La crisis económica y la deuda es lo que va a unir a los países de América Latina, y los va a unir mucho más de lo que los unió la guerra de las Malvinas. En este caso, los pueblos latinoamericanos se unieron por un problema —podemos decir— de relación familiar, sentimental, moral y política, se trataba de la lucha contra un pueblo hermano, originada por una pretensión colonial, un despojo histórico, un acto injusto de cuando Inglaterra era el imperio más poderoso del mundo. Vieron en la guerra de las Malvinas la guerra de un país europeo contra un país latinoamericano, pero no resultaba algo que afectara intereses económicos vitales para los países de América Latina; es decir, salvo este aspecto patriótico latinoamericano y el aspecto político de la cuestión, no tenían nada que ganar o perder en lo económico. Era realmente desinteresada aquella solidaridad. Sin embargo, con relación a la crisis económica de América Latina y la deuda externa, la solución de ese problema es una cuestión de supervivencia para los países latinoamericanos.
Se habla de la crisis de los años 30. La actual crisis es peor que la de los años 30. Si se exceptúa el petróleo, el poder adquisitivo de los productos de exportación de América Latina, es inferior al que tenía cuando la crisis de los años 30. Pero sin remontarnos a una fecha tan lejana, calculando los precios de nuestros productos hace 24 años, el poder adquisitivo de los principales productos de exportación tradicionales en muchos casos, entre ellos el azúcar, es de tres a cuatro veces menor en este momento.
Voy a citar un ejemplo. Hace 24 años, para adquirir un buldócer de 180 caballos, se requerían 200 toneladas de azúcar; hoy, para adquirir ese mismo buldócer, se necesitan 800 toneladas a los precios del mercado mundial. Y si se hace un análisis del café, del cacao, del banano, de los minerales que exporta América Latina, las cantidades de productos para adquirir un buldócer o cualquier otro equipo de construcción, transporte, agrícola o industrial importado de los países desarrollados, es tres o cuatro veces mayor que las que entonces se necesitaban. Si nos remontamos a 1950, el deterioro de la relación de intercambio sufrido desde entonces es mucho mayor.
Ahora, ¿cuál es la diferencia de los años 30 a la situación actual? En aquella época la población de América Latina era menos de la tercera parte de la población actual; los problemas sociales actuales son incomparablemente mayores que los problemas sociales en los años 30, o sea que estos problemas se han ido acumulando. Es decir, actualmente tenemos una población de tres a cuatro veces mayor y problemas sociales que se han multiplicado con relación a los años 30.
Pero lo más fundamental es que, cuando la crisis de la década del 30, no existía prácticamente una deuda externa en América Latina. Ahora tenemos una crisis mayor, problemas sociales acumulados incomparablemente mayores y una deuda de 360 000 millones de dólares. Un análisis matemático de esta situación demuestra que esa deuda es impagable, lo mismo si se analiza la situación de conjunto que si se analiza la situación individual de los países: en algunos casos es más grave; pero en todos los casos, sin excepción, es grave.
Brasil, según los últimos datos oficiales recogidos por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de las Naciones Unidas, deben 101.800 millones de dólares; México, 95 900; Argentina, 48 000; Venezuela, 34 000; Chile, según cálculos muy conservadores, a mi juicio, 18 440; Perú, 13500; Colombia, 10 800; países pequeños como Costa Rica, con una población de alrededor de 2 millones de habitantes, 4050; Panamá, con una población similar, 3 550; Uruguay, 4 700 millones.
Y estas cifras son conservadoras, ya que, según informes de distinguidos amigos uruguayos y chilenos, la deuda real de Uruguay se eleva a 5 500 millones, y la de Chile a 23 000 millones. Es decir que las cifras oficiales más bien están por debajo del nivel real de la deuda. En muchos casos no les resulta fácil a los organismos internacionales conocer el volumen real, ni a los propios gobiernos, porque a las deudas controladas se añaden otras no reportadas de entidades privadas.
REGINO DÍAZ. ¿Y la deuda de los países más deudores, como son Brasil, México y Venezuela será mayor de lo que se dice?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. No estoy tan seguro. Con relación a Brasil a veces se menciona la cifra de 105. 000 millones, con relación a México se habla de aproximadamente 100.000, con relación a Venezuela se habla de 35. 000; pero, en todo caso, ninguna de las cifras que se mencionan con frecuencia están por debajo de las cifras que aparecen en los datos oficiales de los organismos económicos internacionales.
Algunos países, como Argentina, están utilizando el 52% de las exportaciones para pagar los intereses de la deuda; Bolivia está empleando el 57% de las exportaciones; México, el 36,5%; Perú, el 35,5%; Brasil, el 36,5%; Chile, el 45,5%. Se considera que un 20% del total de las exportaciones para el pago de la deuda externa es ya un por ciento prácticamente insostenible.
¿Qué significan estas cifras? Que es imposible el desarrollo de cualquier país en estas condiciones. Esto se ha expresado en el hecho de que el Producto Interno Bruto
Producto interno bruto
PIB
El PIB es un índice de la riqueza total producida en un territorio dado, estimada sobre la base de la suma de los valores añadidos.
(PBI) del conjunto de los países latinoamericanos ha disminuido entre 1981 y 1984. En Uruguay, por ejemplo, el 13,9%; en Argentina, el 6%; en Chile, el 5,4%; en Venezuela, el 6,1%, a pesar de los enormes recursos económicos de este país.
Como al mismo tiempo la población ha crecido en esos años, el producto interno por habitante se ha reducido más todavía. Así tenemos: en Bolivia, el 24,6%; en Costa Rica, el 14,1%; en Chile, el 11,2%; en México, el 6,3%; en Argentina, el 11,8%; en Venezuela, el 16,2%; en Uruguay, el 16,2%. En el caso de Venezuela no solo ha disminuido entre 1981 y 1984 el producto interno por habitante, sino que ha disminuido en los últimos siete años consecutivamente, alcanzando un 24% en ese período. La incidencia de la crisis económica y de la deuda externa, sobre todo en los últimos años, se aprecia en el hecho de que no solo se ha detenido el desarrollo de la producción por país y por habitante, sino que ha retrocedido. Algunos países están haciendo esfuerzos verdaderamente impresionantes para enfrentar la situación, así podemos citar tres de los mayores, de los más importantes:
Brasil, en 1982, exportaba 20 172 millones de dólares; en 1984 exportó 26 960; las importaciones que en 1982 fueron de 19 395 millones, en 1984, se redujeron a 14 360.México, que en 1982 exportó 22 081 millones, elevó las exportaciones en 1984 a 23 500; las importaciones las redujo de 14 434 en 1982 a 10 000 en 1984.Argentina, elevó la exportación de 7 622 millones en 1982 a 8 700 en 1984; en cambio, redujo las importaciones de 4859 en 1982, a 4 270 en 1984.
Mediante un gran esfuerzo exportador y una enorme reducción de importaciones, hasta límites casi insoportables para la economía, estos países obtuvieron balances comerciales favorables. Brasil obtuvo un saldo comercial de 12.600 millones de dólares, México de 13.500 millones y Argentina de 4.430 millones. Todo ese saldo, producto de un extraordinario esfuerzo, utilizando y agotando prácticamente los stocks de materias primas, y afectando posiblemente el mantenimiento y la reposición de las instalaciones productivas, se ha invertido, exclusivamente, en cada uno de esos tres países en pagar los intereses de la deuda.
En su conjunto, por intereses y utilidades, en el año 1984 los países de América Latina pagaron 37.300 millones, casi 3.000 más que en 1983, y recibieron por préstamos e inversiones 10.600 millones.
La transferencia neta de recursos financieros hacia el exterior de América Latina, en 1984, ascendió a 26.700 millones de dólares. Solamente en dos años, 1983 y 1984, la salida neta de recursos financieros de América Latina hacia el exterior por concepto de intereses y utilidades ascendió a 56.700 millones de dólares. Es decir, el conjunto de países subdesarrollados de América Latina está financiando la economía y el desarrollo de los países industrializados más ricos del mundo con cifras impresionantes de dinero. Ese es el hecho real. Y ese dinero se ha escapado ya para siempre, no tiene regreso posible.
El ritmo de crecimiento de la deuda disminuyó, quedó muy por debajo del récord de 24% alcanzado en 1981, es lógico, no hay quien se atreva ya a prestar, pero creció de todas formas, por una razón o por otra, en un 5,5%. Es de suponer que en adelante, en los. próximos 10 años, el pago de intereses por la deuda y suponiendo que esta apenas se incremente, promediaría 40.000 millones de dólares por año.
Hace 24 años, cuando en la Alianza para el Progreso, Kennedy planteó un programa de colaboración económica para enfrentar los problemas sociales y el desarrollo de América Latina, ascendente a 20.000 millones de dólares, para invertir en un período de 10 a 15 años. Aquella idea surgió bajo el trauma obsesionante de la Revolución Cubana y se pretendía con ello evitar condiciones objetivas propicias a nuevas revoluciones. Actualmente, cada año, los países económicamente subdesarrollados de este hemisferio, con el doble de población y el triple de problemas sociales, entonces estarán entregando 40.000 millones de dólares, por año, a los países industrializados, por concepto de intereses de la deuda, y en 10 años tendrán que pagar 400.000 millones de dólares, 20 veces la cifra que planteaba Kennedy invertir en 10 ó 15 años de colaboración económica para resolver los problemas económicos y sociales de América Latina, cuando había la mitad de la población e incomparablemente menos problemas sociales acumulados, la economía internacional marchaba viento en popa, no había crisis y los precios de los productos básicos de exportación tenían muy superior capacidad adquisitiva.
La situación política, económica y social de América Latina es tal, que no resiste ya nuevas restricciones y sacrificios.
Hemos sido testigos, en meses recientes, de los acontecimientos en República Dominicana, cuando comenzaron a aplicarse las medidas del Fondo Monetario Internacional, un país que tenía una situación política relativamente estable, con un régimen constitucional. La subida de los precios, originada en una. devaluación
Devaluación
Modificación a la baja del tipo de cambio de una moneda frente a otras divisas.
del peso dominicano, que estaba a la par con el dólar y fue reducido a la tasa de tres pesos por dólar aplicada a las divisas que se invirtieran en la importación de medicamentos y otros artículos de consumo popular, provocó un levantamiento de la población. La respuesta del Gobierno fue lanzar al ejército y a la policía a la calle, para reprimir las manifestaciones de protestas, originando, según cifras oficiales, 50 muertos y 300 heridos. Muchas personas aseguran que la cifra de víctimas fue mayor. Hace algunas semanas, nuevas exigencias del Fondo Monetario determinaron la aplicación de una tasa de cambio de tres pesos por dólar, generalizada para todos los productos de importación, incluido el combustible. El Gobierno, adelantándose a la reacción popular, lanzó de nuevo al ejército y la policía para ocupar las ciudades y tratar de sofocar la protesta del pueblo. Esto ha originado una situación de gran desesperación y tensión en República Dominicana.
Otro ejemplo reciente ocurrió en Panamá, después de la toma de posesión del nuevo gobierno. Un impuesto de 7% a determinados servicios y la posposición de aumento de salarios, previamente acordada, a médicos y maestros, originó una situación similar, cientos de miles de personas se lanzaron a la calle, sin que allí tuviera lugar represión alguna ni se produjeran víctimas debido a la actitud de la Guardia Nacional, que ha jugado un papel progresista, ha luchado por la recuperación de la soberanía sobre el Canal y tiene vínculos estrechos con el pueblo. No está en su espíritu disparar contra el pueblo. En consecuencia, las medidas tuvieron que ser anuladas, a pesar de: que no eran medidas para resolver las graves dificultades económicas de Panamá, que son similares a las del resto de los países de América Latina, sino, simplemente, para tratar de equilibrar en cierta medida el presupuesto, y crear así las condiciones mínimas requeridas por el Fondo Monetario Internacional para comenzar a renegociar la deuda.
En Bolivia, donde la inflación Inflación Subida acumulativa del conjunto de los precios (por ejemplo, una subida del precio del petróleo, que conlleva luego un reajuste de los salarios al alza, luego la subida de otros precios, etc.). en el año 1984, que se había calculado por la CEPAL en su informe preliminar en 1682% y que se elevó en realidad, según los últimos datos, a 2300% en un año, se ha creado una situación económica tal que, en los últimos 13 días, el país ha estado totalmente paralizado, con decenas de miles de mineros armados con cartuchos de dinamita, de obreros, estudiantes y sectores populares en las calles, campesinos movilizados en el campo bloqueando las carreteras, demandando incrementos de salarios, control de precios, suministros de abastecimientos y otras medidas, en verdadero estado de desesperación, haciéndose casi inmanejable la situación. Nadie sabe cómo podrá salir el país de la profunda crisis económica que lo agobia.
Lo curioso es que estos hechos que he mencionado se han producido prácticamente de forma espontánea, en respuesta a la situación objetiva.
REGINO DÍAZ. ¿Por qué no se ha propiciado un golpe de Estado, por qué no ha ocurrido un golpe de Estado?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. De esto debo hablar más adelante, cuando exprese mi punto de vista sobre la probable evolución de los acontecimientos en los distintos países, como consecuencia de esta situación. Estoy simplemente señalando hechos que se han producido de forma espontánea, como consecuencia de la crisis económica y la deuda.
En Bolivia es donde la situación económica se presenta con características más graves. En Bolivia, como le dije ya, entre 1981 y 1984 el producto interno disminuyó un 16,1% y el producto por habitante disminuyó en 24,6%, en solo tres años.
El valor de las exportaciones de Bolivia disminuyó entre 1982 y 1984, de 828 millones a 730 millones de dólares; sus modestas importaciones aumentaron de 429 millones en 1982 a 460 en 1984, cifras verdaderamente exiguas. Es prácticamente imposible que un país con la población, los problemas y las necesidades de Bolivia, se pueda sostener con solo 460 millones de dólares de importaciones.
Los 270 millones de balanza comercial Balanza comercial La balanza comercial de un país mide la diferencia entre sus ventas de mercaderías (exportaciones) y sus compras (importaciones). El resultado es el saldo comercial (deficitario o excedentario). favorable obtenida en el último año, han tenido que emplearse en pagar los intereses de la deuda.
Es decir que en los tres países mencionados, las medidas del Fondo Monetario Internacional o el intento de aplicación de esas medidas, ha originado serios conflictos políticos y sociales, a partir de una situación en que los pueblos están reacios totalmente a la imposición de nuevas reducciones del nivel de vida y de sacrificio.
Se ha producido en los países de América del Sur una apertura democrática, que ha sido recibida con enorme interés y grandes simpatías en la América Latina y en el resto del mundo.
La apertura democrática, casi simultáneamente, se ha venido produciendo en tres países tan importantes como Argentina, Uruguay y Brasil. Con respecto a Uruguay, no tanto por la dimensión y los recursos del país como por el simbolismo que entraña el regreso, después de prolongados años de opresión militar, a un régimen constitucional, de un país que fue, durante mucho tiempo, modelo de instituciones democráticas. En ocasiones, se acostumbraba a señalar a Uruguay, al igual que Chile, como las Suizas de América.
La administración de Estados Unidos declara, y casi lo presenta como un éxito de su política, que la democracia avanza en América Latina; lo que avanza realmente es la crisis.
Estas aperturas democráticas han tenido lugar, desde luego, en parte por la lucha de los pueblos y su resistencia a las dictaduras militares; pero ha contribuido considerablemente a ello que la crisis económica es tan profunda que los militares, desmoralizados y aturdidos, no se sienten ya capaces de manejar la situación.
Los militares están en retirada de la administración pública; si la situación económica hubiese sido menos grave, habrían resistido, habrían tratado de mantener por más tiempo el Gobierno. Ahora, han entregado la administración del Estado a los civiles y les han dejado, por cierto, una herencia terrible.
Nosotros sostenemos que si no se resuelven los problemas económicos derivados de la deuda, esos procesos democráticos entrarán inevitablemente también en crisis.
En Uruguay, según expresan personas cercanas al nuevo Gobierno, la deuda externa asciende a 5.500 millones de dólares; las exportaciones se elevan solo a 1.000 millones; mercados importantes como el del textil en Estados Unidos, acaban de ser afectados por medidas proteccionistas, e importantes mercados de carne les han sido arrebatados por exportaciones de carne de la Comunidad Económica Europea, producida a base de subsidios. El nivel de vida se ha reducido un 50% durante los años de gobierno militar. ¿Cómo puede el Gobierno de un país, en esas condiciones, donde los civiles acaban de hacerse cargo del poder gracias al apoyo de la ciudadanía y después de años de feroz represión, aplicar las medidas del Fondo Monetario Internacional y exigir al pueblo nuevos sacrificios? Una situación similar enfrenta el proceso democrático en Argentina y en Brasil.
No se puede concebir a los nuevos dirigentes de esos países, que han encabezado el proceso democrático frente a largos años de dictadura militar, lanzando al ejército y a la policía a la calle a disparar contra el pueblo, para aplicar las medidas del Fondo Monetario Internacional y pagar hasta el último centavo de la deuda.
Estos dirigentes han dicho con toda claridad tres cosas: que no están dispuestos a echar sobre las espaldas del pueblo las consecuencias de la deuda, que no están dispuestos a aplicar políticas recesivas y que no están dispuestos a sacrificar el desarrollo del país. Es decir, han planteado estas tres premisas básicas. Lo que no tiene todavía respuesta es la forma en que estas premisas puedan ser aplicadas si no se encuentra solución al problema de la deuda.
El Fondo Monetario lo primero que exige es la reducción de la tasa de inflación, la reducción de los déficits presupuestarios, medidas restrictivas de carácter social, que incrementan el desempleo y agravan los problemas que se han ido acumulando y multiplicando durante largos años.
La realidad es que si en 1983 los precios al consumidor en el conjunto de América Latina se elevaron en un 130,8%, en 1984 se elevaron a 1754%. Con estos niveles de inflación es prácticamente imposible manejar la economía.
Yo me pregunto, ¿cómo es posible, en esas circunstancias, exigirle a ese conjunto de países de América Latina, cuyas economías no solo se han estancado en los últimos años, sino que han retrocedido, a la vez que la población sigue aumentando a un ritmo elevado, que extraigan de sus economías 40.000 millones de dólares cada año y que en 10 años se dispongan a entregar la colosal cifra de 400.000 millones, solo por concepto de intereses de la deuda externa? ¿Qué tipo de nuevos -sacrificios y de nuevas restricciones habría que aplicar en estos países, para cumplir los objetivos de pagar esa cifra fabulosa de intereses, y a la vez reducir la inflación, y desarrollarse? ¿Con qué perspectivas y esperanzas que estimulen el épico y costoso esfuerzo a realizar? ¿Con qué argumentos para mover al pueblo y obtener el consenso, la unidad, el apoyo y el espíritu de sacrificio que tal empresa requiere? Es una tarea prácticamente imposible.
En algunos casos los niveles de inflación son realmente asombrosos, como en el de Bolivia, que alcanzó 2300%; Argentina, 675%; Brasil, 194,7%; Perú, 105,8%, y así por el estilo. ¿Cómo se les puede pedir que en un año enfrenten esos problemas: reduzcan la inflación, ajusten los presupuestos y paguen, además, cantidades astronómicas de dinero por los intereses de la deuda?
Hay que tener en cuenta, además, que las cifras de transferencia de recursos al mundo industrializado mencionadas se refieren exclusivamente a lo que ha salido del país de modo oficial, por concepto de pago de intereses y utilidades; a esto se añade la fuga de capitales, cifra que, por la forma en que se produce, es prácticamente imposible de calcular. Pero se sabe, por ejemplo, que de Venezuela salieron decenas de miles de millones de dólares hacia Estados Unidos en los últimos años; que en Argentina ocurrió lo mismo y los propios mexicanos conocen que cuando surgieron las dificultades económicas y se veía que era inevitable una devaluación —y son siempre muchos los indicios que permiten adivinar una devaluación como hecho inevitable—, decenas de miles de millones de dólares salieron también de México hacia Estados Unidos.
He citado solo tres países, pero esto ha ocurrido en todos los países latinoamericanos, por un mecanismo muy lógico, muy sencillo y perfectamente comprensible: cuando la moneda de un país latinoamericano, de cualquier país latinoamericano, comienza a devaluarse a un ritmo acelerado, se pierde confianza en el dinero, se pierde totalmente la confianza en la moneda del país.
REGINO DÍAZ. Y en el Gobierno.
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Se suele perderla en el Gobierno, pero no siempre con razón; porque, en realidad, a veces surgen nuevos gobiernos y heredan esta situación. Se pudiera decir que realmente ni siquiera a los hombres se les puede culpar de esta crisis, esto es la consecuencia de una crisis de un sistema de dominación y explotación, impuesto al mundo subdesarrollado. Más adelante puedo ampliar esta idea; he tratado de seguir un orden para exponer los puntos de vista.
La crisis económica se ha volcado y en cierta forma ha sido volcada sobre la economía de los países de menos desarrollo. Puede decirse que se trata de un proceso que venía gestándose hace tiempo, que ha tenido consecuencias más graves o menos graves, en dependencia de los recursos económicos del país y en dependencia también de la mayor o menor eficiencia con que cada país se ha defendido de esa crisis o ha tratado de superarla; hay una gran variedad de casos.
No hay duda de que la política seguida en Chile, Argentina y Uruguay, las políticas oficiales de los regímenes militares han dado lugar a consecuencias nefastas.
Yo recuerdo que en los últimos meses del Gobierno de Allende, por ejemplo, Chile estaba importando 100 millones de dólares de carne por año, llevaba ese ritmo y, sin embargo, pocos meses después del golpe de Estado, Chile empezó a exportar carne, ¿cómo? A base de muertos, desaparecidos, miles de desaparecidos, miles de muertos, miles de torturados, los métodos de represión más horribles, expulsión en masa de los empleados públicos, reducción drástica de los servicios sociales, despido masivo de trabajadores en las fábricas, reducción de los salarios, reducción drástica del nivel de vida de la población, y, lógicamente, muchos que comían carne dejaron de comerla y a los pocos meses Pinochet pudo empezar a exportar carne.
Pero no fue lo único que hizo Pinochet. Él se presentó como un campeón de los principios occidentales, de los valores occidentales, del capitalismo y de la libre empresa y, en consecuencia, inmediatamente aparecieron los asesores económicos, los especialistas económicos, los profesores de la Escuela de Chicago y le indicaron cómo realmente había que defender los intereses occidentales y los intereses del capitalismo. Le plantearon la teoría de que si quería tener una industria eficiente, tenía que abrir las puertas a la competencia del exterior, poner a la industria nacional chilena a competir con la industria de Europa, de Estados Unidos, de Japón, o de países como Corea del Sur, Taiwán, o Singapur, donde las grandes transnacionales han llevado sus tecnologías, han impuesto su disciplina, para lo cual, desde luego, necesitaban también regímenes autoritarios y de fuerza. El principio que es axiomático para cualquier país en desarrollo, aceptado hace mucho tiempo, de que la naciente industria de los países en desarrollo tiene que ser protegida de la competencia de los países con más recursos, más tecnología y más desarrollo, fue abandonado. Como consecuencia de esto, la industria se arruinó; aumentaron los desempleados, la deuda se incrementó como la espuma.
Allí en Chile, donde se aplicaron con todo rigor los principios económicos más sofisticados de la Escuela de Chicago, la deuda externa, que en años de Allende ascendía solo a 4.000 millones de dólares, se ha elevado a 23.000 —que es la cifra que me parece más real de las que se han mencionado—, y el desempleo alcanzó un nivel récord entre los países de América Latina: 18,6% de la fuerza laboral. Usted sabe que además del desempleo hay siempre una enorme cifra de subempleados que laboran solo algunas horas en diversas formas de actividad, tratando de subsistir.
Pero la misma política económica aplicada por la dictadura militar en Chile fue la que se aplicó en Argentina y se aplicó en Uruguay. Imagínese usted poner las industrias de automóviles, de camiones, de tractores de Argentina, que producen realmente equipos de calidad, y nosotros los conocemos porque tenemos aquí camiones argentinos, automóviles argentinos y otros equipos que a los argentinos les resuelven perfectamente sus necesidades, que a nosotros también nos las resuelven en el transporte de caña, o en los servicios de taxis, a competir con las industrias de camiones y automóviles japoneses que producen en plantas altamente automatizadas que en muchas operaciones utilizan robots, y emplean aceros japoneses elaborados mediante procesos industriales de alta tecnología y productividad. En dos palabras: ponen a los obreros calificados argentinos a competir con los robots de la industria japonesa.
Yo le pregunté a un emisario del partido triunfante en las elecciones en Uruguay, que nos visitó recientemente, si los militares en Uruguay habían hecho exactamente lo que habían hecho en Chile y en Argentina. Me dijo: "Sí, exactamente igual”. Incluso, mencionó el caso de una industria que producía rizadores para el cabello de las mujeres o algo parecido, y cuando aparecieron los mismos artículos más baratos procedentes de Corea del Sur, se arruinó la industria. Es decir que se aplicó la misma receta económica en los tres países, aunque primero se aplicó la receta política de los golpes militares, del uso descarnado de la fuerza contra el pueblo, de los métodos de represión más despiadados, en Chile, en Argentina y Uruguay. Y usted puede apreciar las consecuencias desastrosas de esos métodos políticos y de esas medidas económicas.
Lo paradójico de todo esto es que el país más industrializado, Estados Unidos, protege celosamente con todo tipo de fórmulas arancelarias y de otra naturaleza, no solo a su industria, que está bien lejos de ser competitiva en muchas ramas, sino también los productos de su agricultura, como el azúcar de remolacha y hasta el jarabe de maíz para endulzar refrescos. Sin embargo, sus profesores vienen a enseñarnos cómo suprimir las barreras arancelarias y hacer competitivas nuestras industrias.
No tengo suficiente información con relación a Brasil, qué hicieron allí los militares en el terreno económico y cómo lo hicieron, cuál fue su receta, los orígenes de su enorme deuda, etcétera. Más bien tengo la impresión de que no siguió Brasil exactamente la misma política de Chile, Argentina y Uruguay, que tal vez se protegió más la industria nacional frente a la competencia exterior, y lo que se hizo fue abrir de par en par las puertas a las transnacionales para que realizaran allí grandes inversiones y montaran la producción atraídas por la mano de obra barata y ofreciéndoles todas las ventajas, garantías Garantías Acto que proporciona a un acreedor una seguridad en el cumplimiento del compromiso del deudor. Distinguimos entre garantías reales (derecho de retención, fianza, prenda, hipoteca, privilegio) y las garantías personales (caución, aval, carta de intención, garantía autónoma). y seguridades de que era capaz un régimen de fuerza. Pero tengo la impresión de que los militares brasileños se preocuparon más de proteger la industria nacional de lo que lo hicieron los chilenos, los argentinos y los uruguayos.
REGINO DÍAZ. Comandante, ¿y en el inicio de esta deuda externa no habrán tenido culpa algunos funcionarios públicos corruptos?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Te voy a decir. Ese es un elemento a tener en cuenta, porque está en los orígenes de esta deuda, y precisamente he tratado de explicarte cómo las políticas de los gobiernos en estos tres países que mencioné, agravaron tremendamente la crisis en cada uno de ellos. Es un ejemplo de cómo la actuación de los gobiernos puede ser mejor o peor y tiene, desde luego, una incidencia en la situación.
En los orígenes de esa deuda hay distintos factores, entre ellos las políticas mencionadas: si usted abre las puertas a la competencia exterior, si usted arruina la industria nacional, tiene que gastar en importaciones cantidades fabulosas cada año, y en consecuencia se ve obligado a pedir prestado dinero para hacer esas importaciones.
REGINO DÍAZ. O mal canalizado el dinero, Comandante.
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Trato de explicarte siguiendo un orden.
El endeudamiento externo en esos países, como consecuencia del incremento de las importaciones, es uno de los factores. También mucho de ese dinero se invirtió en armas y en gastos militares. Otra parte sirvió para enriquecer a mucha gente, es decir, mucho de ese dinero se robó, y mucho de ese dinero se fugó al exterior por diversas vías. A los prestamistas no les importaba en absoluto qué se hacía con ese dinero. Ese período coincidió con una enorme acumulación de fondos procedentes, en gran parte, de los excedentes originados en varios países petroleros, los grandes exportadores de petróleo, que fueron depositados en los bancos de Estados Unidos y de Europa. Había tal abundancia de dinero que los prestamistas, los bancos, corrían detrás de los deudores a ofrecerles préstamos. Se invirtieron los términos: por lo general son los deudores los que van a los bancos a solicitar que les presten, pero en América Latina, en muchos países, llegaban los banqueros a buscar a los deudores para prestarles dinero, con tasas de interés que eran más bajas de lo que son ahora; es decir, se prestó dinero a un interés más bajo y se cobra ahora a un interés mucho más alto. Podemos decir más: se prestó un dólar que tenía un valor y ahora se cobra un dólar sobrevaluado en casi 40%, según algunos expertos. Eso es como si yo le presto a usted un kilogramo de oro y después le pido que me devuelva 1,4 kilogramo de oro, aparte de los intereses también más elevados por ese 1,4 kilogramo de oro.
En resumen, una parte de ese dinero pudo haberse invertido en una forma más o menos útil, y otra parte se malgastó en diversas cosas, aparte de las armas; es decir, sirvió para apoyar políticas absurdas, antinacionales, ruinosas para las industrias locales, o se robó, o se fugó, o se malgastó en armas, o se malgastó en otras cosas, y quizás alguna cantidad, en teoría, debe haberse invertido en algo útil.
REGINO DÍAZ. ¿Como cuáles, por ejemplo?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Digamos, si se adquirió algún equipo industrial y se instaló en algún lugar, para citar un ejemplo; o quizás alguna obra de infraestructura, si se hizo alguna carretera, una hidroeléctrica, algunas inversiones de esa índole; pero, en realidad, esa enorme deuda no se tradujo en desarrollo para América Latina.
Cuando hablábamos anteriormente de la inflación asociada a la fuga de capitales, trataba de explicarte que con una inflación de 175,4 en 1984 para el conjunto de los países, que es una inflación bastante generalizada que afecta en mayor o menor grado a toda la América Latina, se pierde la confianza en la moneda nacional; y la tendencia natural de todo el que tiene una cantidad de dinero y la quiera asegurar, es cambiarla por dólares y depositarlos en los bancos de Estados Unidos. Aunque en distintos países se han tomado distintas medidas para proteger los ingresos en divisas y evitar su evasión, siempre hay muchas formas de obtener dólares. En casi todos los países, al lado del cambio oficial, existe también el cambio paralelo. Conversando con algunos dominicanos, ellos me explicaban que el que tenga dinero en moneda nacional puede obtener dólares sin grandes dificultades, bien a través de los bancos o bien en la calle; aunque siempre en la calle se paga un poco más.
En definitiva, cuando se pierde la confianza en la moneda nacional —y es lo que ha ocurrido en los países latinoamericanos—, mucha gente que quiere asegurar su dinero —en general suelen pertenecer a sectores con mayores ingresos, si disponen en moneda nacional del equivalente a 50.000 dólares, 100.000 dólares, medio millón de dólares, un millón de dólares— lo cambian, lo depositan en Estados Unidos con un alto interés y tienen asegurado el dinero y los intereses.
Aunque los países, en esta situación de inflación, tienden a pagar más intereses internos, precisamente para retener el dinero y que no se fugue, con niveles tan elevados de inflación como el que existe en varias naciones latinoamericanas, hace falta prácticamente una computadora para calcular todas las semanas, y si se tratara de un país como Bolivia todos los días, en cuánto se ha devaluado la moneda nacional, qué significan los intereses que están pagando los bancos locales, para saber lo que está ocurriendo con su dinero. Por otro lado, tienen la alternativa de cambiarlo por una moneda externa de un país que paga altos intereses, que, lejos de devaluarse, se sobrevalua, lo cambian y lo depositan en lugar seguro. No es fácil la vida de un país latinoamericano de economía subdesarrollada, en los tiempos actuales muchas trampas los acechan en todas direcciones. Señalo esto, porque, como te dije, a todas las cifras indicadas sobre pago de intereses y utilidades, a esas cifras, hay que añadir el dinero que se fuga de cada uno de los países, y de todos los países, en mayor o menor medida, se fuga capital, fundamentalmente en Estados Unidos. Tú eres mexicano y hoy, precisamente, yo leí un cable internacional reflejando informaciones emitidas por el Banco Nacional de México, señalando que el flujo de divisas fue negativo para la economía mexicana en más de 7.600 millones de dólares en los primeros nueve meses de 1984, no solo por los intereses de la deuda que ascendieron al 67% de los casi 13.000 millones egresados, sino también porque de enero a septiembre la fuga de divisas ascendió a más de 2.000 millones. En cambio los ingresos, por préstamos, fueron solo alrededor de 5.000 millones y por inversión extranjera 192 millones. Al menos, el Banco Central
Banco central
Entidad que, en un Estado, se encarga generalmente de la emisión de billetes de banco y del control del volumen de moneda y crédito. En España es el Banco de España quien asume dicho rol, bajo el control del Banco Central Europeo (BCE, ver más abajo).
El Banco Central de un país gestiona la política monetaria y tiene el monopolio de la emisión de la moneda nacional. Proporciona moneda a los bancos comerciales a un precio determinado por las tasas directoras, que son fijadas por el proprio banco.
de México tiene una idea bastante precisa de las divisas que se fugan.
Bueno, hablábamos de la fuga de capitales, no se ha producido solo en América Latina: de Europa y de Japón, en el año 1983, se movieron hasta Estados Unidos 40 000 millones de dólares, consecuencia también de la política de altos intereses que paga Estados Unidos; de la República Federal de Alemania, poderosa potencia industrial, el año pasado tengo entendido que salieron de 4 000 a 5 000 millones de dólares, porque en Estados Unidos se paga un interés de 4,5 puntos más que en la RFA. Con esta política monetaria, de todas partes llega dinero a Estados Unidos. En el propio año de 1983, el volumen de capital extranjero invertido en valores públicos de Estados Unidos ascendía a 170 000 millones de dólares. Es decir que para sostener un déficit presupuestario de casi 200 000 millones de dólares y un déficit comercial de otros 123 000 millones, se necesita sustraer el dinero del resto del mundo.
Y, en realidad, si países tan industrializados como RFA y Japón —ya no digo España, Italia, Francia, Inglaterra, países de indiscutible desarrollo industrial, mayor o menor, pero que no alcanzan los niveles de la RFA y Japón—, si de esos países se ha fugado el capital, ¿qué podía esperarse que ocurriera en países de economías débiles, en lucha por el desarrollo, con gran número de problemas económicos y sociales como los de América Latina? ¿Qué podía ocurrir? ¿Cómo podían defenderse con más éxito los países de América Latina de una política que está afectando al resto de las potencias industrializadas más desarrolladas?
Pero hay otros factores que han contribuido a esta crisis y a esta deuda, y se los voy a señalar. Uno de ellos, verdaderamente decisivo, es el intercambio desigual, un fenómeno que se ha ido presentando históricamente y que se puede seguir con precisión en las últimas cuatro décadas; fenómeno que, a mi juicio, tiene que ser más estudiado y analizado por los economistas para conocer mejor su esencia y sus mecanismos; una especie de ley que prevalece en el comercio entre los países en desarrollo y los países industrializados. Ya lo mencionaba antes: el crecimiento constante de los precios de los equipos, maquinarias y demás productos elaborados que importamos de los países industrializados, y la pérdida creciente del poder adquisitivo de las exportaciones básicas de los países en desarrollo.
El poder adquisitivo o poder de compra del conjunto de esos productos, incluido el petróleo, en 1984, con relación a 1980, se ha reducido en 21,9%, casi el 22%. Quiere decir que usted toma el conjunto de estos productos, unos más afectados por el deterioro de precios y otros menos, y si con una cantidad determinada de estos productos usted podía adquirir en 1980 el equivalente a 100, con esa misma cantidad de productos hoy usted adquiere el equivalente a 78.
Este elemento es muy importante, porque si las exportaciones de América Latina en 1984 alcanzaron 94 790 millones, con la disminución de casi el 22% de su poder de compra hemos perdido, por esa sola vía, alrededor de 20 000 millones de dólares ¡por esa sola vía!, por la vía del deterioro de los términos de intercambio.
Esto se añade a lo que hemos perdido por las elevadas tasas de interés, un interés superior al que existía cuando se contrajo esa deuda, o gran parte de esa deuda, y que se mantienen arbitraria y artificialmente elevadas, usted tiene que por esta otra vía se había perdido ya más de 10 000 millones que tenemos que pagar en forma de intereses sobreañadidos cada año.
A esto hay que adicionar como pérdida el incremento real de la deuda y de los intereses correspondientes por la sobrevaloración del dólar. Si usted recibió 100 000 millones de un dólar que valía como 100 —no vamos a hablar de 40, vamos a hablar de una sobrevaloración del 30%— , su deuda objetivamente se aumentó en 30 000 millones y en los intereses correspondientes a esos 30 000 millones.
Entonces, solo por estas cuatro vías: por lo que nos cobran de más por sus productos y nos pagan de menos por los nuestros, en relación con el año 1980; por los intereses artificialmente elevados, como consecuencia de la política monetaria de Estados Unidos, por las divisas que se fugan y por el hecho de que está pagando un dólar más caro, que se ha inflado, que se ha sobrevaluado, la economía de los países latinoamericanos en el año 1984 ha sido despojada ¡legítimamente! de más de 45 000 millones de dólares: 20 000 por deterioro de la relación de intercambio, 10 000 por excesos de intereses, 10 000 por fuga de divisas y calculando conservadoramente 5 000 por sobrevaloración del dólar. Sumando todo, incluido los que pudieran considerarse intereses normales de la deuda, los países latinoamericanos han puesto en manos del mundo desarrollado y rico valores equivalentes a 70 000 millones de dólares aproximadamente en solo un año. De ellos 50 000 millones en dinero contante y sonante.
¿Puede resistir la economía de los países latinoamericanos ese drenaje? ¿Puede continuar resistiendo? ¿Puede pensarse en la estabilidad política y social de los países latinoamericanos sometidos a tan insólita y despiadada extorsión? ¿Pueden sostenerse semejantes exigencias desde el punto de vista moral? ¿Es justo, es defendible esta política: la política del dólar sobrevaluado, de los intereses sobredimensionados, del intercambio injusto que se nos impone a todos; de promoción y apoyo a gobiernos represivos, sanguinarios, como ocurrió en diversos Estados; las fórmulas y las teorías económicas y las recetas monetaristas aconsejadas aplicadas en esos países; prestarles irresponsablemente fabulosas sumas sin tomar para nada en consideración en qué se invertían y para qué se utilizaban ese dinero? ¿Se puede sostener moralmente, se puede justificar?
Si usted considera, analiza, que este fenómeno del deterioro de los términos de intercambio se viene produciendo históricamente desde hace decenas de años, y ese es uno de los problemas que se ha discutido en el ámbito del Tercer Mundo, en el ámbito del Movimiento de los No Alineados
Movimiento de los Países No Alineados
Movimiento de los no alineados
MPNA
MNA
Grupo de países que abogan, a partir de la década de 1950, por la neutralidad frente a los bloques liderados por las dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética), entonces en plena Guerra Fría. En abril de 1955, una conferencia de países asiáticos y africanos se reunió en Bandung (Indonesia) para promover la unidad y la independencia del Tercer Mundo, la descolonización y el fin de la segregación racial. Los iniciadores fueron Tito (Yugoslavia), Nasser (Egipto), Nehru (India), Sukarno (Indonesia). El movimiento de los Países No Alineados nació verdaderamente en Belgrado en 1961. Siguieron otras conferencias en El Cairo (1964), Lusaka (1970), Alger (1973), Colombo (1976).
La acción del movimiento de los Países No Alineados, compuesto por 120 países, ha tenido en el curso de los últimos años un alcance muy limitado.
, en las Naciones Unidas, cuando se ha planteado la necesidad del Nuevo Orden Económico Internacional o el Nuevo Orden Económico Mundial; si a eso y a todo lo demás señalado anteriormente usted añade políticas proteccionistas de los países industrializados más ricos y le suma el dumping y la competencia desleal con productos subsidiados que suelen realizar esos mismos países industrializados, ¿cómo no explicarse las dificultades y la tremenda crisis que atraviesa en estos momentos América Latina?
Es absolutamente imposible culpar a Alfonsín de esos problemas; es imposible culpar a Sanguinetti; imposible culpar a Tancredo Neves; imposible culpar a los dirigentes que surjan de las próximas elecciones de Perú; imposible culpar a Belisario Betancur, o a Febres Cordero, o a Siles Zuazo de esos problemas heredados. A Pinochet se le podría culpar muy bien de gran parte de esos problemas, digamos, por su golpe fraticida y su entusiasta contribución y cooperación a esa política durante casi 12 años. Tampoco podríamos culpar al Gobierno de Panamá o al Gobierno de Costa Rica; tampoco, ni mucho menos, podríamos culpar al Gobierno de México de esta situación; ni podría culparse el Gobierno de Venezuela. En dos palabras, como norma, debo expresar honestamente la apreciación de que todo esto configura una situación que se escapa al control, los deseos y la voluntad de los gobiernos.
Nuestra tesis es que resulta imprescindible, decisivo, inaplazable resolver el problema de la deuda. Si ello no se logra, ninguno de los procesos democráticos iniciados podrá consolidarse, porque la misma crisis económica que puso en retirada, prácticamente en fuga de la administración pública a los militares en países como Argentina, Uruguay y Brasil, arrastrará en el torbellino de los problemas económicos, tensiones sociales y dificultades insolubles a los propios procesos democráticos que se han iniciado en esos países.
En las condiciones políticas, económicas y sociales de muchas naciones latinoamericanas no son aplicables ya los métodos de Pinochet, ni siquiera los métodos de República Dominicana para imponer al pueblo las medidas draconianas del Fondo Monetario Internacional, ni sus nuevos dirigentes van a estar dispuestos a aceptarlos.
La crisis avanza y va a continuar avanzando. Es una ilusión absoluta creer que puede resolverse con simples paliativos, renegociaciones de deudas y recetas tradicionales. Observo en la mente de muchos políticos latinoamericanos de todas las tendencias un cambio de actitud. Digo incluso que cada vez hay menos conservadores en este hemisferio, porque mucha gente tradicionalmente considerada de derecha y llamados conservadores, organizaciones y partidos, están viendo la gravedad y profundidad de los problemas. ¿Quién les puede hablar ahora de la Escuela de Chicago, de suprimir barreras arancelarias, dejar competir las industrias nacientes de estos países con la industria de los países más desarrollados de alta productividad y tecnología? ¿Quién los va a persuadir de esa libre competencia en los propios mercados internos entre la industria de su país y la industria de Estados Unidos, Japón y Europa? Se sienten realmente amargados, defraudados. Estoy hablando de personas y políticos conservadores, no ya de muchos intelectuales, cineastas, artistas, escritores y profesionales, y de representantes de la más diversa gama de partidos políticos que van desde el centro a la izquierda, trabajadores, mujeres, estudiantes, médicos, maestros.
Por ello he estado sosteniendo y se lo he planteado a los propios norteamericanos, se lo he planteado a visitantes japoneses, europeos, y de otros muchos países capitalistas y socialistas, a numerosos periodistas que nos han visitado: o la deuda se resuelve y la crisis económica se supera, o en América Latina se va a producir un estallido social. Y si me pregunta de qué tipo, yo diría que se van a producir estallidos sociales revolucionarios bastante generalizados.
REGINO DÍAZ. ¿No de la derecha?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. No pienso, estoy convencido de que el peligro para los procesos de apertura democrática no serán precisamente golpes militares de derecha y le voy a explicar por qué. Ya eso ocurrió, fue el último recurso empleado para enfrentar anteriores crisis que eran solo un pálido reflejo de la situación actual. Ese fue el recurso empleado, primero en Brasil, desde hace más de 20 años, después en Chile, luego en Uruguay, más tarde en Argentina, regímenes militares de mano dura, decenas de miles de desaparecidos; porque si usted cuenta los desaparecidos en uno u otros varios lugares, y jamás se habían utilizado en ninguna parte tan horribles métodos represivos, son decenas de miles, así como decenas de miles de personas asesinadas, torturadas y desterradas.
REGINO DÍAZ. ¿Y si el pueblo vota por la derecha?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. El pueblo en varios de esos países está saliendo ahora de un verdadero infierno. Su preocupación principal es salir de ese infierno, incluso muchas veces se decide por fórmulas que hagan más probable, más viable y rápida la salida del infierno. No hay que engañarse sobre la evolución de los acontecimientos.
Las recetas de los golpes militares represivos fascistas ya fueron usadas y los propios militares están abandonando la administración de esos países, porque se han vuelto para ellos inmanejables. Solo se sostiene Pinochet cada vez más aislado interna y externamente, una especie de Somoza en el Cono Sur, inyectando vapor en la caldera y convirtiendo a aquel país en un polvorín que puede estallar, si se prolonga demasiado, en forma más terrible que en cualquier otra parte.
Yo te pregunto: ¿no crees tú que en situaciones normales, en un país como Bolivia, con la décima parte de los problemas que han ocurrido en las últimas semanas, habrían surgido ya pretextos para 10 golpes de Estado militares?
REGINO DÍAZ. Pero, Comandante, podía venir la votación por la derecha, votación democrática por la derecha protestando sin saber el motivo en contra de gobiernos progresistas.
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Bien, yo sé lo que tú estás pensando.
En toda situación de crisis, como norma, el partido que ocupa el gobierno tiende a sufrir un rápido desgaste y la ciudadanía se inclina hacia los partidos de oposición; donde hay un gobierno —vamos si quieres a usar los clásicos parámetros— de derecha o de izquierda, conservador o liberal, aunque estas palabras ya no señalan grandes diferencias, en sociedades estabilizadas, la ciudadanía se inclina hacia el partido de oposición, porque tiende a culpar al que está en el gobierno de los problemas graves, de las dificultades que están atravesando, es una norma, eso se observa en Europa, pero aquellas sociedades son más estables.
Salvo excepciones, de continuar agravándose la actual situación económica y social en América Latina, no creo en absoluto que el desarrollo futuro de los acontecimientos vaya a transcurrir a través de idílicos procesos políticos, constitucionales y electorales. En unos países va a ocurrir, no todos los países tienen exactamente la misma situación. No es igualmente grave la situación en Venezuela que en Bolivia, en Ecuador que en Bolivia, esto no puede ser un principio del cual tú puedes deducir: va a ocurrir esto, en todos los países, no; pero sin duda puede decirse que esta crisis está afectando ya a todos los gobiernos, en mayor o menor grado. De esta realidad creo que no podría excluirse ninguno.
Pero cómo observo la situación en general, sobre todo en América del Sur, no te hablo de Centroamérica, hace rato ya que estos problemas provocaron estallidos en Centroamérica. Desde mi punto de vista, si no hay una solución a la crisis económica y en primer lugar una solución a la deuda, van a estallar en Suramérica, es mi convicción más profunda, y que las viejas recetas para impedir estos estallidos ya han sido aplicadas, que los instrumentos utilizados históricamente dieron ya todo lo que podían dar, que la actual crisis es más grave, más profunda y más generalizada que nunca antes, que los militares están en retirada de la administración del Estado, que los países se han vuelto para ellos inmanejables, dejando a los civiles una herencia nefasta. A los civiles corresponde ahora la responsabilidad de encontrar soluciones.
Nosotros no estamos, ni mucho menos, haciendo planteamientos incendiarios, subversivos, no es nuestra intención, sino con la mayor serenidad estamos simplemente analizando lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir.
Si me pregunta, ya lo hizo un periodista: ¿Usted como revolucionario no se alegraría precisamente de eso? Le voy a decir lo que pienso: hay una cosa más importante en este momento que los propios cambios sociales, es la independencia de nuestros países. Esta situación ha llevado a las naciones del Tercer Mundo a tal grado de dependencia, a tal grado de explotación, de extorsión, de abuso, que la independencia y la lucha por el Nuevo Orden Económico Mundial se ha convertido para los países de América Latina y los demás países subdesarrollados en la cuestión fundamental. Los cambios sociales solos no resuelven. Los cambios sociales pueden entrañar más justicia, pueden hacer más acelerado el desarrollo, más humano y más equitativo el esfuerzo y el sacrificio de todos; nosotros los hemos hecho y estamos satisfechos de haberlos hecho, pero los avances considerables alcanzados por nuestro país en el desarrollo económico y social no obedecen solo a los cambios sociales, obedecen también a que nosotros dentro de nuestra esfera hemos logrado —de cierta forma— un Nuevo Orden Económico Internacional en nuestras relaciones con los países socialistas. El 85% de nuestras relaciones comerciales se desarrolla con los países de la comunidad socialista, y si bien no con todos en los mismos términos exactamente, pues hay entre ellos diferencias en niveles de desarrollo y recursos disponibles, nuestras relaciones se basan en principios de cooperación y comercio verdaderamente justos. Digamos, nosotros la trágica ley del intercambio desigual que ha regido históricamente las relaciones entre el Tercer Mundo y las potencias capitalistas desarrolladas, la hemos resuelto en nuestras relaciones económicas con la URSS y los países socialistas más desarrollados. Tenemos precios justos por nuestros productos de exportación, precios satisfactorios que están protegidos, por medio de acuerdos, contra el deterioro de los términos de intercambio; es decir, ese fenómeno en virtud del cual los fondos exportables del Tercer Mundo, salvo momentos coyunturales, tienen cada vez menos poder adquisitivo, y los productos que importamos son cada vez más caros.
Nosotros no somos afectados por medidas proteccionistas de los países socialistas. Nosotros no sufrimos dumping ni competencia desleal originada en países socialistas. Nuestros problemas financieros, derivados de las necesidades de crédito para el desarrollo, han sido resueltos sin dilaciones ni dificultades. Nosotros hemos logrado posposiciones de la deuda por 10 años, 15 años y hasta 20 años, sin intereses. Es decir, si se aplicara por los países capitalistas industrializados las formas de intercambio, las relaciones económicas y financieras que nosotros tenemos con la comunidad socialista, los problemas señalados se resolverían y el desarrollo de los países del Tercer Mundo estaría garantizado.
Eso, a mi juicio, tiene una importancia enorme, porque nosotros, repito, hemos resuelto nuestros problemas, mas no solo con los cambios sociales, sino porque hemos establecido una cierta forma de nuevo orden económico internacional con la comunidad socialista, como país socialista del Tercer Mundo, como país socialista en desarrollo. Sin esas bases nuestros grandes éxitos económicos y sociales, nuestras extraordinarias victorias en el campo de la salud pública, de la educación, de la cultura física y el deporte, en la erradicación del desempleo y la desnutrición, en la elevación del nivel de vida cultural y material de nuestro pueblo, no habrían sido posibles. Tampoco podríamos brindar hoy la colaboración técnica que prestamos a decenas de países del Tercer Mundo. Para ello se requieren recursos, grandes inversiones y créditos
Créditos
Suma de dinero que una persona (el acreedor) tiene el derecho de exigir de otra persona (el deudor).
Créditos privados
Préstamos concedidos por los bancos comerciales, sea cual sea el prestatario.
Créditos públicos
Préstamos concedidos por acreedores públicos, sea cual sea el prestatario.
, tecnologías y no poca colaboración internacional durante mucho tiempo.
Muchos países muy pobres y con escasos recursos no podrían lograr estos avances si no se alcanza el nuevo orden económico mundial y sin una gran cooperación internacional. Los cambios sociales pueden traer mejor distribución de la riqueza social, mayor justicia, mayor preocupación por las clases más humildes, más necesitadas del país, pero solo el cambio social no resolvería, y por lo tanto nosotros consideramos una premisa fundamental de la independencia de los países del Tercer Mundo, de la soberanía de los países del Tercer Mundo, de su desarrollo, incluso de su derecho a realizar cambios sociales, el que desaparezca el inicuo sistema de explotación de que son víctimas los países del Tercer Mundo. Es decir, nosotros consideramos más esencial en lo inmediato la lucha por el nuevo orden económico mundial, ese nuevo orden económico mundial del cual se habló y se acordó solemnemente en las Naciones Unidas hace 10 años, precisamente, gracias en gran parte a las iniciativas, el apoyo y la activa participación de México.
El propio Marx concibió siempre el desarrollo de la economía como una premisa del socialismo. La vida obligó a varios países a emprender la vía socialista del desarrollo, nosotros entre ellos; cada pueblo debe decidir por sí mismo lo que prefiera hacer. Pero estoy absolutamente convencido de que para todos los pueblos del Tercer Mundo constituidos por una gran variedad de sistemas y formas de gobierno, diferentes grados de desarrollo de las fuerzas productivas y las más diversas formas de creencias políticas y religiosas, la tarea del momento, la prioridad vital, fundamental, de todos sin excepción y en la que todos pueden unirse y luchar en común es el desarrollo.
Tenemos que ir al fondo de los problemas que han creado el subdesarrollo, que afectan el desarrollo de nuestros países y que abren una brecha cada vez mayor entre los países industrializados y los países del Tercer Mundo. Se habló muchas veces de que esa brecha tenía que reducirse y debía reducirse, pero no se reduce, se amplía y se amplía cada vez más, y en estos momentos se amplía más que nunca.
Hay ya países industriales que alcanzan producciones equivalentes a 15 000 dólares por habitante, compárenlas con la de África, con producciones per cápita reducidas a algunos cientos de dólares, y con la de los países de América Latina. Si en un tiempo fue 10 a 1 la diferencia, hace equis tiempo, hoy es de 15, de 20, de 30 y, en algunos casos, de 40 y 50 a 1. Es decir, la brecha entre el mundo industrializado y el mundo subdesarrollado se amplía. La brecha del ingreso per cápita también se amplía, no avanzamos, más bien retrocedemos, lejos de desarrollarnos, nos subdesarrollamos; hemos estado viviendo un proceso de subdesarrollo, no un proceso de desarrollo, porque cuando usted se diferencia cada vez más y se aleja cada vez más de los países industrializados, realmente se está subdesarrollando, aunque un índice matemático le pueda decir que creció en un 2%, o creció un 3%, más aún crece la brecha y más pobre es este mundo en comparación con el mundo desarrollado, con el agravante de que si el crecimiento demográfico de los países industrializados es del 0,6% o es del 0,7 o del 0,8; el crecimiento de la población de los países del Tercer Mundo está en el orden del 2 al 3%, y es lo que conduce a que en los próximos 15 años el 80% de la población mundial viva en el Tercer Mundo. Por eso digo que tiene una importancia extraordinaria, en lo que se refiere a todo este conjunto de países, la cuestión relacionada con un nuevo sistema de relaciones económicas internacionales que hagan verdaderamente posible el desarrollo. Se puede comprender entonces por qué pienso que si no se logra ese nuevo orden económico mundial, los terribles problemas de nuestros países no podrían resolverse simplemente con cambios sociales. Los cambios sociales, repito, incluso en un país pobre pueden traer mejor distribución y resolver importantes problemas, entre ellos dignificar la vida humana cuando se pone fin a horribles injusticias y desigualdades sociales que pueden tener lugar lo mismo en países muy ricos que muy pobres, pero considero la cuestión, la premisa de luchar por el nuevo orden económico mundial lo más importante en este momento para los países de América Latina y del Tercer Mundo, porque es lo que puede llegar a traducirse en la creación de condiciones para una independencia real, una soberanía real, e incluso el derecho, y no solo el derecho, la posibilidad objetiva de realizar cambios sociales.
Hay una cuestión esencial: la simple cancelación de la deuda externa de América Latina no resuelve nuestros problemas, ofrecería solamente un respiro de algunos años.
Hay varios países en América Latina que si usted mañana les cancela la deuda, prácticamente no han resuelto nada. Se han agravado de tal forma los problemas en algunos países, y pongo por ejemplo a Bolivia, que la cancelación de la deuda no tendría apenas repercusión alguna; digamos, pueden contar con 200 millones más, 250 millones, 270, que fue el balance Balance “Fotografía” a final de año de los activos (lo que la empresa posee) y pasivos (lo que la empresa debe) de una sociedad. Dicho de otra forma, los activos el balance aportan información acerca de la utilización de los fondos recabados por la sociedad. Los pasivos del balance informan sobre el origen de los fondos captados. comercial favorable del pasado año, pero son tan graves los problemas acumulados en el país, que con 270 millones no tienen siquiera lo que puede llamarse un respiro. Me han informado de instalaciones donde el costo de producción de la libra de estaño alcanza 16 dólares, y su actual precio en el mercado mundial es de 5. Ahora bien, considero que hay países que si se resuelve el problema de la deuda, tienen un incuestionable respiro: Argentina tendría un respiro, Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y, vaya, puedo citar a México. México no es de los países que tengan la situación más difícil, pero México también tendría un respiro sin discusión. Ahora, debemos estar conscientes de que no habría solución definitiva para los problemas mientras siga operando la ley fatídica del continuo deterioro de la relación de intercambio, mientras persista la política proteccionista de las potencias capitalistas industrializadas, mientras continúe la práctica del dumping con productos subsidiados que arrebatan mercados y deprimen los precios de exportaciones de los cuales viven muchos países del Tercer Mundo; mientras puedan imponerse políticas monetarias, en virtud de las cuales se pague el interés que determine una gran potencia industrial; mientras nos presten una moneda que tiene un valor y nos la cobren con un valor superior, mientras nos sustraigan los capitales que necesitamos para el desarrollo, mientras nos impongan métodos y recetas como las de la Escuela de Chicago.
Ayer mismo los países andinos acaban de expresar en una nota al Gobierno de Estados Unidos su profunda preocupación y su alarma por las drásticas reducciones que se están imponiendo a las cuotas de importación de azúcar en Estados Unidos. Ese país que en 1981 importaba todavía 5 millones de toneladas de azúcar, las había reducido a 2,7 en 1984, y sus importaciones no rebasarán en un futuro próximo la cifra de 1,7. Los países mencionados calificaron la situación de dramática. Estas medidas proteccionistas de Estados Unidos reducirán los ingresos de América Latina en cientos de millones de dólares. Por supuesto, también originarán excedentes que deprimirán aún más los precios mundiales.
Hace algo más de 20 años, Cuba tenía una cuota en ese mercado de más de 3 millones de toneladas. Un día le fue arrebatada y redistribuida entre otros países de este hemisferio. El pretexto fue entonces la Revolución Cubana. Había que aplastarla sin piedad. Pero ahora precisamente, cuando la deuda se eleva a 360 000 millones, ¿qué causa esgrimirá Estados Unidos para liquidar la cuota azucarera de los países latinoamericanos?
Es decir, si no superamos estos problemas, obtenemos solo un respiro, unos cuantos países obtendrían un respiro, pero no se resuelven las causas más profundas de nuestras dificultades. En mi opinión, este es precisamente el momento de librar esa lucha. Se ha creado una situación de crisis tan grave, que obliga a los países del Tercer Mundo a pensar, a unirse y buscar soluciones, independientemente de militancia y de ideologías políticas, como elemental cuestión de supervivencia.
Pienso que los países de América Latina tienen necesidad de librar esa lucha y están, afortunadamente, en las mejores condiciones para librarla; pero la lucha que se libre por la solución de la deuda, va a beneficiar a todos los países del Tercer Mundo, no solo a los países de América Latina, sino también a todos los países en desarrollo de Asia y de África. Nosotros consideramos que la deuda debe ser cancelada. Se puede demostrar matemáticamente que es impagable.
El problema no consiste ya en el monto de la deuda, sino en los intereses que se están pagando por ella.
Parto de cuatro hipótesis y en cada una de ellas el supuesto de que la deuda no crezca.
Primera hipótesis: que se concediese 10 años de gracia para pagar el capital, que en ese período se continúen pagando los intereses como hasta ahora y después se concedan 10 años para amortizarla con un interés no mayor del 10%. Bien: América Latina debería pagar 400 000 millones de dólares en los próximos 10 años, y otros 558 000 millones en los 10 años subsiguientes. En 20 años América Latina habría transferido a los acreedores 958 000 millones de dólares, casi un trillón norteamericano o un billón español. Es decir, casi un millón de millones de dólares saldrían de estos países, sin tomar para nada en cuenta los enormes problemas sociales acumulados, los enormes problemas económicos y el desarrollo por realizar; en 20 años tendrían que extraer de sus modestas economías casi un millón de millones de dólares para enviarlos a los países capitalistas industrializados. ¿Es posible, es concebible? Esto, repito, en el supuesto de que la deuda no crezca absolutamente nada y los intereses no rebasen el 10% en el período de amortización. ¿Es concebible, sobre todo si se toman en cuenta los demás problemas señalados: intercambio desigual, proteccionismo, dumping, etcétera? No es concebible.
Segunda hipótesis: que se aplicase la fórmula de pagar como máximo, cada año, un 20% del valor de las exportaciones y los intereses no rebasen el 10% anual. Las exportaciones del conjunto. de América Latina se aproximan ya, aunque todavía no han alcanzado los 100 000 millones. Vamos a suponer, incluso, que aunque las exportaciones rebasen esa cifra no se pagase más de 20 000 millones cada año.
En ese caso habríamos pagado 400 000 millones de dólares en 20 años y al final tendríamos una deuda de 1 161 850 millones de dólares; es decir, habríamos pagado 400 mil millones y nuestra deuda sería el triple de lo que es hoy.
Tercera hipótesis: que se concediesen 10 años de gracia, incluido los intereses, un período ulterior de 10 años para amortizar y que los intereses no rebasen en ningún año el 10%. Eso indiscutiblemente significaría un alivio de 10 años. Habría que pagar en 20 años 1 447 310 millones.
Cuarta hipótesis: que se redujesen los intereses al 6%, se concediesen 10 años de gracia incluidos los intereses y un período ulterior de 10 años para pagar. Esta sería, sin duda, de las cuatro, la fórmula más benigna. De todas formas habría que pagar en 20 años 857 471 millones de dólares.
He puesto cuatro hipótesis, en todas ellas he supuesto que la deuda no creciera, que los intereses nunca rebasarían el 10% y en todas ellas se demuestra que la deuda y sus intereses son impagables.
Si usted parte de las realidades, de todos los problemas señalados con anterioridad, es sencillamente imposible pagar la deuda, ni puede llevarse a cabo en la práctica ni lo resisten nuestros países, ni resolvería jamás el problema del desarrollo. Constituyen un imposible económico y un imposible político. Constituiría también un imposible moral. Sería injustificable exigir a los pueblos el inmenso sacrificio e, incluso, la sangre que habría que derramar para pagar esta inmensa suma de dinero que en una gran parte se fugó del país, se malgastó o se malversó. Esta deuda cobró ya en República Dominicana su primera cuota de sangre en las vidas de decenas de humildes personas del pueblo. Intentar resarcirla en las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales de América Latina costaría ríos de sangre a nuestras sufridas y empobrecidas naciones y no se lograría jamás. Nuestros pueblos no tienen la culpa del subdesarrollo ni de la deuda. Nuestros países no tienen la culpa de haber sido colonias, neocolonias, repúblicas bananeras, cafetaleras, mineras o petroleras, destinadas a producir materias primas, productos exóticos, combustibles a bajo costo y mano de obra barata.
Historiadores y especialistas en economía afirman que de las fabulosas sumas de oro y plata salidas de las entrañas de nuestras naciones y que fueron amasadas durante siglos con sangre y sudor de nuestros pueblos, salió el financiamiento para el desarrollo del mundo industrializado que hoy es acreedor exigente de nuestra deuda. Lo que se arrancó a nuestros pueblos solo en los últimos decenios, por el intercambio desigual, los altos intereses, el proteccionismo, el dumping, las manipulaciones monetarias y las fugas de divisas, es mucho más que el monto total de esa deuda. El monto de las riquezas y el bienestar de que se nos ha privado por habernos impuesto la dependencia económica y el subdesarrollo, no puede siquiera intentar medirse. Nuestros pueblos son más bien acreedores, no solo morales, sino también materiales, del mundo del occidente industrializado y rico. La RFA ha estado pagando indemnizaciones pecuniarias a Israel por los genocidios cometidos por los nazis contra los hebreos. ¿Quién paga los genocidios cometidos no solo contra la vida, sino también contra las riquezas de nuestros pueblos a lo largo de siglos?
Por todos estos cálculos matemáticos y todas estas reflexiones económicas, políticas, históricas y morales, llegué a la conclusión de que la deuda de América Latina es impagable y debe cancelarse. Se ha dicho que si la deuda no puede pagarse se desestabilizaría y se hundiría el sistema financiero internacional. No es en absoluto imprescindible que esto ocurra. Nosotros planteamos que los países industrializados acreedores pueden y deben hacerse cargo de la deuda ante sus propios bancos.
Como norma, la deuda pública de los países industrializados crece, es ley demostrada por la historia que tiende a incrementarse; lo que hacen los Estados industrializados es simplemente responder por los intereses de esa creciente deuda pública.
La deuda pública de Estados Unidos en 205 años alcanzó la cifra de un trillón de dólares —cuando hablo de trillón me refiero al trillón norteamericano, que es el equivalente al billón español, es decir, un millón de millones de dólares—. Pues bien, en 1981 la deuda pública de Estados Unidos alcanzó esa cifra; entre 1981 y 1984, es decir, en solo tres años aumentó en 650 000 millones más y se supone que en 1986 alcance o rebase el segundo trillón. Esto, sin embargo, apenas se menciona en Estados Unidos; no es algo que al parecer preocupe gran cosa. Por el contrario, se hace énfasis en que la economía crece y, efectivamente, se informa que en 1984 se incrementó en 6,8%. Es decir, si nos atenemos a la propia concepción y teoría económica oficial, el crecimiento de la deuda pública no ha arruinado la economía ni ha impedido el crecimiento, tampoco ha impedido el optimismo con que algunos economistas norteamericanos hablan de futuros
Futuros
Contrato a término
Un contrato a término o futuros (futures en inglés) es un compromiso firme de entrega normalizado, donde las características son conocidas de antemano, por una cantidad determinada de un activo subyacente definido con precisión, en una determinada fecha, denominada vencimiento, en lugar prefijado, y negociado en un mercado a término organizado. Los contratos a término son los instrumentos financieros que más se negocian del mundo.
desarrollos e incrementos de su economía. Si el Estado norteamericano, al igual que otras potencias industrializadas, se hiciera cargo ante sus bancos privados de la deuda de los países latinoamericanos y de los demás países del Tercer Mundo, esto implicaría un incremento adicional de su deuda pública.
¿Pero de dónde podrían salir los recursos para responder a los intereses derivados de los incrementos de esa deuda sin afectar en lo más mínimo la economía del país? Es bien sencillo: de los gastos militares, y no de todos los gastos militares, sino de un pequeño por ciento de los gastos militares, el 10% de esos gastos, y si los intereses continuaran tan elevados, con un máximo del 12%.
Con ese modesto porcentaje de los gastos militares, todas las potencias industrializadas pueden responder ante sus propios bancos de la deuda externa de América Latina y del resto de los países del Tercer Mundo; aun así, los gastos militares continuarían siendo fabulosamente altos y preocupantes.
Como se sabe, en estos momentos se está invirtiendo cada año, en gastos militares en todo el mundo, un millón de millones de dólares, es decir, un trillón norteamericano, un billón español. Y si no se logra el cese de la carrera armamentista, que la conciencia universal considera algo absurdo e inaceptable, en un mundo con más de 100 países subdesarrollados y miles de millones de personas sufriendo necesidades alimenticias, sanitarias, habitacionales y educacionales, tales gastos continuarían aumentando hasta desatar una catástrofe nuclear, riesgo aún más preocupante que la catástrofe económica que ya está sufriendo una gran parte de la humanidad. De ocurrir aquella, hablar de esta carecería de sentido.
Sería verdaderamente sensato y sabio que el inicio de una reducción de los gastos militares, se asociara al principio de una solución de los problemas económicos internacionales. Todos los economistas han planteado que con una parte de los gastos militares, podrían resolverse los problemas del subdesarrollo y la pobreza que azotan al mundo.
Este problema de los crecientes gastos militares y los peligros que entrañan para la humanidad, fueron el centro. de la reciente reunión en Nueva Delhi, donde participaron figuras de tanto prestigio y autoridad internacional, como Rajiv Gandhi, Julius Nyerere, Raúl Alfonsín, Miguel de la Madrid, Andreas Papandreu y Olof Palme.
Estados Unidos, utilizando el mecanismo de los vales de tesorería con vencimiento a 10 años y bonos de tesorería con vencimiento hasta 30 años, podría responder ante sus bancos acreedores, por el monto de sus créditos ante los países de América Latina e incluso del Tercer Mundo. Esto no afectaría, en lo más mínimo, el actual aporte al presupuesto de los ciudadanos norteamericanos. Los bancos recuperarían el capital invertido, las empresas exportadoras de Estados Unidos incrementarían sus exportaciones, los inversionistas norteamericanos en el exterior incrementarían sus utilidades.
Lo que es todavía mucho más importante: tal solución incrementaría el empleo en todos los países industrializados; sus industrias utilizarían un porcentaje mayor de sus capacidades y el comercio internacional se intensificaría.
Debe tenerse presente que el problema fundamental de los países industrializados en estos momentos, no es la deuda pública interna ni la deuda externa, sino el azote del desempleo, que crece constantemente en la mayor parte de los países occidentales, alcanzando la cifra de 3 millones en Inglaterra, a pesar de sus nuevos recursos petrolíferos; 2,6 millones en la RFA, récord de posguerra; 3 millones en Francia; 2,8 millones en España y así sucesivamente.
La solución del problema de la deuda externa de los países subdesarrollados podría ser un paso importante para salir de la prolongada crisis económica internacional, que está muy lejos de haber sido resuelta a pesar de los pronósticos optimistas que algunos quieren presentar.
La economía de la Comunidad Económica Europea creció en 1984 solo en un 2,4% y no se esperan resultados mejores en el presente año. Lo que sí crece constantemente es el desempleo. Según datos muy recientes la propia economía de Estados Unidos está confrontando dificultades con su crecimiento en el primer trimestre de este año.
La solución al problema de la deuda externa del Tercer Mundo, aunque constituiría, sin duda, un alivio para muchos países, estaría lejos de resolver los problemas del desarrollo. En pocos años, la situación sería igual o peor que ahora si no se superan definitivamente el intercambio desigual, las medidas proteccionistas, el dumping, las políticas monetarias, basadas en el poderío económico de unos pocos países, los excesivos intereses de los préstamos y otros factores que integran el injusto sistema de relaciones económicas y de explotación impuesto a los países del Tercer Mundo; es decir, si no se establece verdaderamente un Nuevo Orden Económico Mundial.
REGINO DÍAZ. ¿Cómo habría que tratarlo? ¿Podría revertirse de alguna manera la presión que ejercen en los países, los bancos acreedores y exigirles a estos tomar una serie de medidas para evitar su propia crisis financiera?
CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO. Los países de América Latina, por su importancia política, por su peso político en el mundo, su enorme deuda, su terrible crisis económica y social y los riesgos de una explosión social de imprevisibles consecuencias, por su profunda comunidad de intereses y sus posibilidades de acción unida, a mi juicio, están en mejores condiciones que cualquier otra región del mundo para abordar seriamente este problema; muchos de sus dirigentes han planteado ya, en términos claros y precisos, las premisas relacionadas con la deuda externa, que sería el primer paso de esta lucha.
Sin embargo, es inconcebible a estas alturas que lo primero que se proclame y se prometa solemnemente sea que los países de este hemisferio afectados por esta situación no formarán un Club de Deudores, cuando precisamente los países acreedores están estrechamente unidos en el Fondo Monetario Internacional y en el Club de París. Un club, un comité, un grupo, o como quiera llamársele, resulta indispensable; los países, actuando aisladamente, no podrán alcanzar ninguna solución verdadera a sus problemas, sino meras fórmulas paliativas que apenas mitigan las dificultades: un breve período de gracia para el pago del capital, una pequeña reducción en el porcentaje del interés adicional a pagar por encima de la tasa Libor.
Como te dije antes, el problema ya no consiste en el pago del capital. Se pueden conceder cuatro años de gracia, seis, ocho y hasta diez, y un período similar ulterior para pagar el total de la deuda, incluso más si se quiere, el problema será cada vez peor. Las actuales renegociaciones no resuelven absolutamente nada. El problema está en los enormes intereses que hay que pagar cada año, religiosa y puntualmente, acompañados de medidas políticamente inaplicables, exageradas e irreales metas relacionadas con la inflación, reducción del déficit presupuestario, restricción a los gastos sociales en países llenos de necesidades alimenticias, médicas, educacionales, de empleo, de viviendas, etcétera, y otros puntos exigidos por el Fondo Monetario Internacional, que se hacen imposibles cuando el país se ve obligado a erogaciones enormes simplemente para pagar los leoninos intereses de la deuda. La población no lo comprende ni lo puede comprender. No hay otro mensaje para ella que el del sacrificio estéril: le han hecho ya muchas promesas, desde hace mucho tiempo y ve que empeora cada día. No entiende ninguno de esos tecnicismos, no le dicen nada, no le ofrecen nada cuando se levanta cada día a buscar trabajo, o ve su salario disminuido cada mañana y los productos cada vez más caros. Recuerde aquello que dijo Lincoln: “No se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.
El Grupo de Cartagena quedó limitado a 11 países.
Conocí por el Director de la CEPAL y hoy Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Enrique Iglesias, economista muy estimado en nuestro hemisferio, que goza de excelentes relaciones con numerosos jefes de Estado, el criterio prevaleciente por aquellos días de que no debía ampliarse el Grupo para evitar que la presencia de un número elevado de países dificultara los análisis y las negociaciones. El principio no era nada democrático, no se podría siquiera explicar con claridad por qué unos tienen el privilegio de estar y otros no. Parecería más aplicable a un club de amigos que a la idea de cómo debe enfrentarse una situación grave y crucial que envuelve a todas las naciones latinoamericanas sin excepción. A mi juicio, en estos instantes tal criterio carece de sentido. Todos los países latinoamericanos debieran estar incluidos en ese grupo. Podrían admitirse, incluso, países como Guyana, Trinidad Tobago, Jamaica y otros de los de “mayor peso y antigüedad”, como naciones independientes del área del Caribe, que estén dispuestos y deseosos de cooperar con lealtad; sus deudas son también considerables. No hay que temer probables deslealtades. No creo que ningún gobierno latinoamericano que se respete un poco a sí mismo, sea capaz de traicionar en estas críticas circunstancias el sentimiento y el interés de la familia latinoamericana. En cualquier circunstancia los que disientan nunca dejarán de ser más que casos individuales o grupos aislados. Gustosamente Cuba estaría dispuesta a excluirse de tales actividades si fuera conveniente, si no se quiere disgustar a Estados Unidos, como es ya tradicional, aunque no considero buena táctica en esta situación los excesos de melindres y manifestaciones de cobardía ante el coloso del Norte, que debe ser persuadido, desde luego, de que coopere pero sin adoptar para lograrlo actitudes poco dignas y serias, que no suelen merecer nunca el respeto de los propios Estados Unidos.
No estamos planteando este problema con el ánimo de que se cuente también con nosotros o para reflejar un problema de Cuba. Somos afortunadamente hoy el único país de América Latina y el Caribe inmune a la crisis. Nuestra deuda en moneda convertible es mínima, apenas 300 dólares por habitante. No tenemos problemas de ningún tipo en nuestras relaciones financieras ni en nuestro comercio con la comunidad socialista, con la cual, afortunadamente, realizamos, como dije, el 85% de nuestro intercambio. Entre 1981 y 1984, nuestro producto social global creció 24,8%, y el producto por habitante un 22,6%; nuestros planes de desarrollo económico y social en los próximos 15 años están asegurados, lo que constituye un verdadero privilegio en una etapa como esta para cualquier país.
De no ser por los principios del nuevo orden económico que, como expliqué, hemos logrado con la comunidad socialista, a pesar de nuestras exportaciones azucareras anuales, de más de 7 millones y medio de toneladas a los precios actuales del azúcar en el llamado mercado mundial, y suponiendo que hubiera mercados para ese volumen de exportaciones, no alcanzaría siquiera para pagar el 25% de nuestras importaciones de combustible.
Si se quieren enfrentar los problemas de la deuda externa, los países de América Latina necesitan lograr un consenso para alcanzar verdaderamente los objetivos planteados por muchos de sus dirigentes de llevar a cabo un diálogo político con los países acreedores, pues, como se ha dicho con toda razón, el problema no es técnico, sino político, y al paso que van las cosas empieza a ser ya un problema revolucionario.
Quiero añadir algo sobre las fórmulas intermedias que a veces se han mencionado u otras parecidas que puedan surgir.
En los cálculos matemáticos que te mostré, se puede apreciar que la fórmula de pago solo con el 20% de las exportaciones cada año, y aun limitando esas cifras a 20 000 millones anuales, no resuelve. Sin considerar nuevos préstamos habría que entregar 400 mil millones de dólares en 20 años para deber al final, si los intereses fueran al 10%, 1 161 850 millones de dólares. Incluso, si se reduce el interés al 6% y se logra una moratoria de 10 años, que comprenda los intereses, la fórmula teórica por cierto más benigna, habría que pagar en los 10 años subsiguientes, 857 471 millones de dólares.
Las fórmulas intermedias como reducir el pago al 20% de las exportaciones anuales, o simplemente reducir el interés sin una moratoria que lo incluya, por un período no menor de 10 años, no se alcanzaría siquiera un respiro. Tales fórmulas intermedias no atraen, no aglutinan, no persuaden, no entusiasman, no movilizan a nadie, sencillamente porque no resuelven en absoluto el problema.
Una cuestión de suma importancia sería qué hacer con esos recursos. En mi opinión, a partir de las medidas de austeridad establecidas ya por muchos gobiernos, el grueso de esos recursos habría que dedicarlos al desarrollo económico como base esencial y sólida para enfrentar el desempleo, el hambre y otras muchas calamidades sociales.
Por apremiantes que sean los problemas, no se puede pensar simplemente en repartir y consumir esos recursos y en elevar de inmediato los niveles de vida, pero un porcentaje de los mismos, un 20%, o cuando máximo un 30%, según las circunstancias, podría dedicarse a las necesidades más apremiantes de salud, educación y vivienda. Es considerable lo que puede hacerse destinando el 20% de 400 000 millones de dólares, como complemento de los actuales recursos empleados en esos fines.
Para todo esto se requeriría una gran conciencia y un gran consenso nacional a la altura del desafío que las circunstancias impondrían.
La solución de la deuda sería simplemente un primer paso. Hay que ir a las causas reales y profundas de esta deuda, de la crisis económica desatada, a los factores que la han originado. Resolver la deuda no sería más que el comienzo. Hay que exigir el cese del intercambio desigual, el cese de las políticas proteccionistas, de la práctica del dumping, de políticas monetarias injustas y abusivas, tasas excesivas de interés, sobrevaloración del dólar y otros diabólicos procedimientos que hacen imposible el desarrollo en nuestros países.
Hay que exigir precios justos para nuestros productos básicos de exportación, no podemos seguir suministrando café, cacao, banana, azúcar, carne, minerales y otras materias primas esenciales producidas a base de salarios de hambre que muchas veces no alcanzan hi siquiera los 80 dólares mensuales para adquirir mercancías, equipos, medicamentos y otros artículos industriales elaborados en las naciones industrializadas a base de grandes ganancias empresariales y con salarios de más de 1000 dólares, es decir, 12 ó 15 y a veces 20 veces superiores a los que reciben los trabajadores y técnicos de los países de América Latina. Nuestros desempleados no suelen estar amparados por ningún tipo de subsidio y una gran parte de la población no recibe siquiera servicios médicos y educacionales.
Paradójicamente, esta crisis se convierte en la primera verdadera oportunidad de los países de América Latina y del Tercer Mundo de recibir la debida consideración a sus demandas.
Nos hemos pasado decenas de años en las Naciones Unidas, en el Movimiento de los No Alineados y en todos los organismos internacionales, reclamando un orden económico más justo, solicitando mejores precios para nuestros productos, préstamos y recursos para el desarrollo. No está lejana la fecha en que en nombre del Movimiento de los Países No Alineados, después de la VI Cumbre, planteamos la necesidad de 300 000 millones de dólares como ayuda al desarrollo del Tercer Mundo en este decenio. Ahora no se trata de que nos pongamos de rodillas a implorar que nos suministren fondos, o que se dedique al desarrollo el modesto 0,7% del producto bruto de los países industrializados, compromiso adquirido solo por unos pocos Estados. Ahora, cuando nos exigen que solo los países de América Latina y el Caribe entreguemos 400 000 millones de dólares en 10 años, la decisión ha pasado a nuestras manos. Estamos en condiciones de poder declarar que, sencillamente, no aceptamos ese despojo, que no entregaremos esos 400 000 millones de dólares. Ni siquiera podrían amenazarnos con suspender los préstamos. Esos 400 000 millones de dólares que nos exigen extraer del sudor y el sacrificio de los pueblos latinoamericanos, bien utilizados, podrían financiar el desarrollo de América Latina en los próximos 10 años. Cada país puede prestarse a sí mismo lo que está pagando de intereses.
Si los países industrializados son racionales, no solo se beneficiarían con el incremento de nuestras exportaciones, sino que, incluso, sus propios bancos mediante una fórmula, como la planteada, que les garantice la disponibilidad de sus créditos, podrían realizar nuevos préstamos, que es, al fin y al cabo, su función en las finanzas y el comercio internacionales. Si realmente se logra el Nuevo Orden Económico Mundial se pueden recibir y pagar sobre bases sólidas nuevos préstamos.
Desde que los países de la OPEP
Organización de los Paises Exportadores de Petroleo
OPEP
La OPEP agrupa once PED productores de petróleo: Argelia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irak, Irán, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Venezuela. Estos once países representan el 41 % de la producción de petróleo mundial y poseen más del 75 % de las reservas conocidas.
Creada en septiembre de 1.960, con sede en Viena, la OPEP se encarga de coordinar y unificar las políticas petroleras de sus miembros, con el fin de garantizarles unos ingresos estables. A este fin, la producción se basa en principio en un sistema de cuotas. Cada país, representado por su ministro de Energía o del Petróleo, se hace cargo rotativamente de la gestión de la organización. El 1º de julio del 2.002, el venezolano Álvaro Silva-Calderón es su secretario general.
lograron elevar los precios del petróleo de aproximadamente 2,5 dólares a 30 dólares el barril, los países industrializados, Europa, Estados Unidos, Japón y otros, en solo 11 años, desembolsaron por estos precios adicionales del petróleo cifras que superan un millón de millones de dólares, mucho más que toda la deuda externa acumulada del Tercer Mundo, sin que ello arruinara sus economías ni afectara siquiera sus cuantiosos gastos militares. El 90% de ese dinero fue a parar a los bancos de los propios países desde donde había partido. Recogieron, además, el dinero gastado en importaciones de petróleo por los países del Tercer Mundo que no lo producían. Los precios de sus exportaciones se multiplicaron. Numerosas empresas occidentales hicieron fabulosos negocios en vista del nuevo poder adquisitivo de sus clientes petroleros, entre ellas las fabricantes de armas. Muchas innovaciones tecnológicas fueron realizadas y muchas medidas adoptadas para ahorrar combustible. Nuevas y viejas fuentes de energía fueron utilizadas. Disminuyó considerablemente el despilfarro. Solo los países en desarrollo no petroleros sufrieron la catástrofe en todos los sentidos, y un nuevo intercambio desigual había surgido para ellos.
Cancelar la deuda externa del Tercer Mundo es mucho más justo y beneficioso económicamente para todos los países, mucho más vital y mucho menos costoso que las reivindicaciones alcanzadas en su día por los exportadores de petróleo, que en lo que a la mayoría de los países del Tercer Mundo se refiere, solo tendrán plena justificación y equilibrio cuando los renglones de sus exportaciones básicas reciban el mismo tratamiento.
El Nuevo Orden Económico Mundial debe significar relaciones de intercambio justas para todos los países del Tercer Mundo, y eso sí habrá de implicar para las potencias industrializadas y ricas el sacrificio de despilfarrar un poco menos de recursos en armas. No hay derecho a pagar el cacao, el té, el café, las semillas de marañón, el maní, el coco, las fibras, que se recogen hoja a hoja y grano a grano, los minerales y otras materias primas a precios de hambre para fabricar portaaviones, acorazados, cohetes estratégicos, submarinos nucleares y sufragar, además, la guerra de las galaxias. Es en la guerra contra el hambre y aquí en la tierra donde deben invertirse esos recursos.
Si los países de América Latina y el Tercer Mundo adoptan una actitud firme y unida, tienen por primera vez una oportunidad real de alcanzar estos objetivos, empezando por la cuestión de la deuda externa. Si una falta total de comprensión los obligase a tomar decisiones unilaterales con relación a la. deuda, no pueden amenazarnos con suspender el comercio, ya que no podrían subsistir sin el intercambio comercial con el Tercer Mundo, no pueden. Prescindir de nuestros combustibles y materias primas, no serían siquiera felices sin nuestro café, nuestro té, nuestro cacao, nuestros camarones, nuestras langostas y otras delicias de nuestro trópico.
Bloquear económicamente al Tercer Mundo, o intervenirnos por cuestiones de deuda, como hicieron en las primeras décadas de este siglo en Haití, República Dominicana y otros países; repartirse de nuevo el mundo para asegurar el suministro de materias primas y los mercados, como ocurría en otras épocas, hoy es absolutamente imposible.
Los nuevos dirigentes latinoamericanos tienen sobre sus hombros una inmensa responsabilidad. Reitero mi convicción de que si no hay soluciones a la deuda, si se tratara de saldarla a toda costa, si las nefastas fórmulas del Fondo Monetario Internacional son llevadas adelante se van a producir grandes conmociones sociales.
No veo riesgos de regreso a la ola de golpes militares de derecha, represivos y fascistas, que solo por excepción podrían producirse en algunos países aisladamente; más bien vislumbro como posible que en caso de grandes conmociones sociales en algunos países, de las propias esferas militares, surjan líderes con espíritu patriótico y un sentido realista de la situación, dispuestos a promover los cambios sociales junto al pueblo.
En circunstancias mucho menos críticas, figuras surgidas de las filas militares, como Omar Torrijos en Panamá y Velasco Alvarado en Perú, enarbolaron las banderas de las reivindicaciones nacionales y las reformas sociales.
La lucha por una demanda tan racional como la solución del problema de la deuda externa y relaciones económicas justas entre los países del Tercer Mundo y el mundo industrializado, es tan esencial para la supervivencia y el porvenir de los pueblos de América Latina, que contaría, sin duda, con el apoyo de todas las capas sociales y generaría una gran unidad interna en todos los países; así como también, con toda seguridad, una gran unidad de todos los países latinoamericanos, y contaría, sin la menor vacilación, con el apoyo entusiasta y decidido de todos los países en desarrollo de Asia y África.
No albergo la menor duda de que, incluso, numerosos países industrializados apoyarán estos reclamos. Tampoco tengo dudas de que lo ideal y lo más constructivo, es que estos problemas sean resueltos mediante el diálogo político y las negociaciones. Sería la forma de llevar adelante, ordenadamente, soluciones esenciales. De no ser así, no hay dudas de que un grupo de países, arrastrados por situaciones desesperadas, se verán obligados a adoptar medidas unilaterales. No es deseable que eso ocurra pero, si ocurre, tampoco tengo la menor duda de que a ese grupo se sumarán todos los demás, en América Latina y en el resto del Tercer Mundo."
Hasta aquí las palabras de Fidel Castro, a partir de aquí, y con el eco de las mismas en nuestro interior, se abre un horizonte que pese a ser conocido y anunciado no ha tenido la oportunidad de ser explorado.Fidel ya no está físicamente pero sus argumentos, rotundos, indiscutibles, los tenemos a mano y desde las páginas del viejo libro de 1985 nos están gritando ¡Ya es hora! ¡no podemos esperar más!El Nuevo Orden Económico Internacional más justo ha de ser una realidad.
El CADTM agradece a Fernanda Gadea y a Christian Dubucq por la búsqueda y selección de este documento
[1] “La Cancelación de la Deuda Externa y el Nuevo Orden Económico Internacional como Única Alternativa Verdadera - Otros Asuntos de Interés Político e Histórico.” Fidel Castro.
ASIN : B0026SFISS, Editora Política, La Habana – Cuba, abril 1985, primera edición.
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