La guerra en Irán ejerce presión sobre la economía mundial, pero a Donald Trump no le importa

16 de marzo por Romaric Godin


Imagen: Jorge Alaminos. (Litoral gráfico. Modos de ver).

El bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza con reactivar la inflación mundial. Sin embargo, el presidente estadounidense apuesta por que su país saldrá económicamente ganando de la guerra, aunque ello suponga prolongar el conflicto y precipitar los peores escenarios.



A partir de ahora, la economía mundial depende de un estrecho de unos cincuenta kilómetros de ancho, el de Ormuz. Desde el inicio de la ofensiva israelí-estadounidense, el 28 de febrero, esta ruta estratégica a la salida del golfo Pérsico parece haberse vuelto intransitable. En cualquier caso, el martes 3 de marzo, según los datos recopilados por la agencia Bloomberg, ningún barco atravesó esta vía navegable por la que, normalmente, transitan diariamente ochenta petroleros cargados de oro negro.

Es la materialización de un temor que ha acechado a los economistas en cada conflicto en la región durante décadas. Hasta ahora, el tráfico había logrado continuar, en parte porque Irán no tenía interés Interés Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento. en cerrar un estrecho que utilizaba para exportar su propio petróleo y, así, financiar el régimen. Pero dado que esta guerra es ahora existencial para Teherán, la opción ya no es tabú e incluso ha sido decretada oficialmente por Irán.

En concreto, por el momento, es sobre todo el miedo lo que bloquea el tráfico, aunque Teherán reivindicó el jueves 5 de marzo el ataque a un petrolero estadounidense. Los barcos ya no quieren cruzar el estrecho por temor a una acción militar iraní, pero también porque las compañías de seguros se niegan a cubrir este tipo de riesgos.

El martes 3 de marzo, Donald Trump intentó calmar estos temores afirmando que su marina podría proteger “si fuera necesario” a los buques mercantes en el estrecho. Washington incluso propuso un sistema alternativo de seguro estatal.

Pero estas medidas, que parecen haber sido anunciadas con carácter de urgencia, no han convencido a nadie. El estrecho permanece tranquilo y, en consecuencia, el precio de las mercancías que suelen transitar por él se dispara. Empezando por el petróleo. El barril de Brent del Mar del Norte pasó de 70 dólares antes del ataque a más de 82 dólares el 5 de marzo. Un aumento del 17 % que se reflejó inmediatamente en los precios en las gasolineras de Europa y Estados Unidos.

Pero las perturbaciones no se limitan al estrecho de Ormuz ni al petróleo. La respuesta iraní se dirige específicamente a las instalaciones de extracción de gas y petróleo. Qatar se vio obligado a decidir el 2 de marzo el cierre de la mayor planta de licuefacción de gas natural del mundo. Estas instalaciones de producción se ven ahora sometidas a una doble presión: los ataques con drones y misiles iraníes y la limitada capacidad de almacenamiento in situ, mientras que el tráfico marítimo está de facto bloqueado.

Por ejemplo, en lo que respecta al petróleo, según J. P. Morgan, Qatar tiene una capacidad máxima de almacenamiento de veinte días, que se reduce a diecinueve días en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), a catorce días en Kuwait y a solo seis días en Irak...

Tras el anuncio de Qatar, el precio del gas se disparó en los mercados. Mucho más que el del petróleo, ya que el emirato es un proveedor imprescindible de esta fuente de energía, especialmente para Europa. En pocos días, el precio del gas en Europa se disparó un 53 %. Además, los qataríes advirtieron de que se necesitarían al menos dos semanas para reanudar la producción y otras dos semanas más para recuperar la plena capacidad. En resumen, el horizonte se oscurece.

La duración de la guerra

Estos factores han reavivado el temor a lo que los economistas denominan una “crisis de oferta”, que podría resumirse, a grandes rasgos, de la siguiente manera: el petróleo y el gas son menos disponibles, sus precios aumentan considerablemente, lo que provoca un aumento de los costes de producción y, en última instancia, de los precios al consumo. A partir de ese momento, los salarios reales se desploman y el consumo les sigue, lo que provoca un fenómeno de “estanflación” que combina el aumento del desempleo, la disminución del consumo y una fuerte inflación Inflación Subida acumulativa del conjunto de los precios (por ejemplo, una subida del precio del petróleo, que conlleva luego un reajuste de los salarios al alza, luego la subida de otros precios, etc.). .

Esta lógica, que se desarrolló parcialmente en 2022-2023 tras el inicio de la guerra en Ucrania, es sobre todo la que predominó en la década de 1970 tras las dos “crisis del petróleo” de 1973 y 1979. Todavía no hemos llegado a ese punto. En 1973, el precio del oro negro se duplicó instantáneamente, mientras que la producción se reducía en todas partes. El aumento de los precios sigue siendo moderado. Incluso estamos aún lejos de los niveles de 2022. Así, el precio de mercado del gas natural alcanzó algo menos de 55 euros por megavatio hora el 4 de marzo, mientras que el 22 de agosto de 2022 costaba cerca de 335 euros.

El Golfo Pérsico sigue siendo un proveedor fundamental para Asia, es decir, para el taller del mundo

En realidad, todo está sujeto a una variable que nadie controla por el momento: la duración de la guerra y su verdadera naturaleza. Si el conflicto se prolonga, se extiende y se endurece, la perturbación de las fuentes de energía podría agravarse y el escenario de estanflación podría hacerse realidad. La respuesta iraní ha hecho que esta hipótesis sea más creíble que la de una rápida caída del régimen con la que contaban los Estados Unidos. De ahí el aumento de los precios que, según algunas estimaciones, podría llevar el precio del barril de petróleo crudo a cerca de 100 dólares. Pero solo los acontecimientos futuros Futuros
Contrato a término
Un contrato a término o futuros (futures en inglés) es un compromiso firme de entrega normalizado, donde las características son conocidas de antemano, por una cantidad determinada de un activo subyacente definido con precisión, en una determinada fecha, denominada vencimiento, en lugar prefijado, y negociado en un mercado a término organizado. Los contratos a término son los instrumentos financieros que más se negocian del mundo.
permitirán validar o invalidar este escenario.

Por eso los mercados financieros siguen retrocediendo moderadamente, con fuertes disparidades regionales sobre las que volveremos más adelante. Lo que predomina es la incertidumbre. Así, tras tres días de caídas, los mercados repuntaron el jueves. En cualquier caso, esta inquietud es también un signo de la fragilidad de la economía mundial.

Mientras que el crecimiento sigue siendo globalmente débil, se ha ralentizado en Estados Unidos, se mantiene en niveles cercanos al 1 % en Europa y China acaba de revisar a la baja su objetivo, un aumento de los precios de la energía y una nueva interrupción de las cadenas logísticas serían un desastre. Sobre todo porque el petróleo y el gas son solo una parte del problema.

En primer lugar, porque el Golfo Pérsico es también un lugar estratégico para la producción de otros bienes esenciales, como los fertilizantes. Los precios también han subido un 15 % y se plantea la cuestión de una posible escasez. Pero, en términos más generales, aunque el Golfo ya no sea una fuente estratégica de importación de petróleo para Europa y Estados Unidos, sigue siendo un proveedor fundamental para Asia, es decir, para el taller del mundo.

Asia en primera línea

Sin duda, es en este continente donde se decidirá la magnitud del impacto económico de esta guerra. China importa la mitad de sus compras de petróleo de la región y una octava parte solo de Irán. Japón depende en un 90 % del tráfico que pasa por el estrecho de Ormuz, Corea en un 70 % y Taiwán en un 60 %. Si el petróleo y el gas tienen dificultades para llegar a estos destinos, las consecuencias se dejarán sentir en todas las cadenas de producción, ya sea por interrupciones o por importantes subidas de precios. Algo más de ocho décimas partes del gas natural licuado que pasa por el estrecho de Ormuz se dirigen a Asia.

Es cierto que China ha iniciado una transición de las energías fósiles a las renovables. La cuota de estas últimas en la producción total de electricidad ha aumentado considerablemente en los últimos años, pero las necesidades de la economía china son colosales y la demanda de productos fósiles sigue creciendo. Por lo tanto, el desarrollo de las energías renovables no puede compensar de forma inmediata un corte notable y duradero del suministro de petróleo.

Según fuentes citadas por el New York Times, China dispone de 115 días de reservas estratégicas. Por lo tanto, su posición es bastante frágil. Sobre todo porque su crecimiento no es muy sólido y Pekín depende en gran medida de las exportaciones industriales para mantenerlo. La República Popular ya ha prohibido a las refinerías toda exportación de diésel y combustible. Todo debe reservarse para el mercado interior. Al mismo tiempo, los chinos están subiendo los precios para desviar los petroleros hacia sus puertos.

¿Y Europa?

Europa y Francia están relativamente poco expuestas al suministro del Golfo Pérsico. Pero el Viejo Continente no es inmune a las subidas de los precios de los hidrocarburos. Alemania, que pagó un alto precio por su dependencia del gas ruso en 2022, está especialmente expuesta, justo cuando los pedidos comenzaban a repuntar impulsados por la demanda militar. Su modelo industrial es muy consumidor de energia.

Francia, más terciarizada, parece menos afectada. Pero los riesgos son numerosos: lo que le queda de industria se concentra en transportes que consumen mucho petróleo (aviación y cruceros). El país también depende en gran medida del turismo internacional, que tiende a disminuir en caso de conflicto importante.

Por último, al igual que en Estados Unidos, el retorno del petróleo caro supone una tentación para algunos sectores de subir los precios para aumentar puntualmente su tasa de beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. . El verdadero riesgo está aquí: el de una nueva bajada del salario real, cuando este se mantiene estancado en el periodo 2021-2026. En un contexto de crecimiento muy débil en Europa y Francia, sería una muy mala noticia.

Teniendo en cuenta el lugar que ocupa China en la producción mundial, un escenario de guerra duradera encarecería toda la cadena logística. Pero el efecto dominó también puede afectar a los productos de alta tecnología. Corea, pero sobre todo Taiwán, desempeñan un papel clave en la producción de semiconductores, una de las piezas clave del capitalismo tecnológico.

Taiwán es un punto neurálgico, ya que sus chips son esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), el único motor actual del crecimiento mundial en forma de una vertiginosa burbuja financiera. La isla solo dispone de ciento veinte días de reservas estratégicas de petróleo y once días de reservas de gas. Si surgieran dificultades, el asunto podría descarrilar algunos proyectos relacionados con la IA y, en el escenario más extremo, despertar a los mercados del sueño provocado por esta burbuja.

Al afectar a Asia, una interrupción importante del suministro de petróleo y gas podría provocar un aumento global de los precios de producción y, en última instancia, de los precios al consumo. En este momento, es imposible estimar la magnitud del fenómeno.

La apuesta de Trump

Aunque el encarecimiento global de los costes de producción podría no perdonar a los consumidores estadounidenses, e incluso empezar a afectarles en el precio de la gasolina, Donald Trump ha apostado por la capacidad de su país para resistir el impacto. Por supuesto, esta apuesta se basa en una hipótesis cada vez menos creíble, la de una rápida caída del régimen iraní o, al menos, como en el caso venezolano, la vasalización del país.

No obstante, Estados Unidos tiene bazas para sacar provecho a largo plazo de este conflicto. Sus objetivos económicos de guerra siguen siendo los mismos: reafirmar su dominio militar mundial, desarrollar el núcleo tecnológico y militar y controlar a largo plazo la totalidad del golfo Pérsico.

Por el contrario, Estados Unidos, primer productor mundial de petróleo, no depende realmente de las importaciones del Golfo Pérsico. Desde 2019, es exportador neto de crudo, es decir, su producción ha superado su consumo. En 2024, esta diferencia entre exportaciones e importaciones era de 2,8 millones de barriles al día, mientras que las importaciones procedentes del Golfo Pérsico solo representaban 717 000 barriles al día.

En teoría, Estados Unidos puede prescindir del petróleo del Golfo a corto plazo con una triple ventaja en perspectiva: debilitar el suministro de su rival chino, controlar políticamente esta fuente de petróleo y gas para el futuro desarrollo “marrón” previsto por Donald Trump y, por último, suministrar petróleo a las zonas privadas del suministro del Golfo. Incluso se podría pensar que, en la lógica de repatriación de la producción que persigue la actual administración, los problemas asiáticos serían bienvenidos.

Evidentemente, todo esto es teórico, y la economía estadounidense no es totalmente inmune. Sobre todo porque un repunte de la inflación, que se ha mantenido bastante alta, podría llevar a la Fed FED
Reserva Federal
Oficialmente Federal Reserve System, habitualmente abreviada en Federal Reserve o Fed, es el banco central de Estados Unidos. Fue creada el 23 de diciembre de 1913 mediante el Federal Reserve Act, también llamado Owen-Glass Act, tras varias crisis bancarias y el pánico bancario de 1907.
a endurecer su política monetaria. Los consumidores ya están bajo presión y este asunto podría no mejorar la situación. La crisis de 2022-2023 ha mostrado una nueva dinámica, la inflación por beneficios, es decir, el uso de las crisis internacionales para aumentar los precios y reducir el valor real de los salarios. Estados Unidos ha estado en el centro de este fenómeno, al igual que Europa.

Políticamente, el asunto es altamente inflamable, pero Donald Trump puede apostar por que, mientras dure la guerra, la unidad nacional compensará este descontento. Se trata de un desafío audaz, pero parece dispuesto a aceptarlo, con el apoyo de los mercados financieros que, por su parte, parecen “comprar” la lógica trumpiana. En su columna diaria, el analista de Bloomberg John Authers señala que “para los mercados está claro: hasta ahora, el ganador del conflicto son los Estados Unidos, y los perdedores, todos los demás”. Esto explica que los mercados estadounidenses hayan vuelto a subir desde el 4 de marzo.

Pero esto nos dice algo más: la lógica depredadora e imperialista de Trump cuenta con el apoyo del capital estadounidense a pesar de los riesgos. La guerra se ha convertido en un elemento central del modelo económico de la primera potencia económica del mundo. Esa es la principal lección de estos primeros días de conflicto. Y eso cambia su naturaleza.

Porque, por su parte, Irán intenta aumentar el coste de la guerra provocando una crisis en el suministro de petróleo y gas. Pero si Washington se considera a salvo, esta estrategia no puede cambiar su lógica de guerra. Al contrario, ya que el cálculo de Trump considera que esta huida hacia adelante debilita al enemigo chino y refuerza la autonomía y el crecimiento de Estados Unidos.

Es aquí donde la economía se convierte en un verdadero motor de la guerra. La Casa Blanca parece convencida de que la primera potencia mundial obtiene más ventajas que inconvenientes de esta guerra. Y que le den a los demás. Esa es la lógica de la administración Trump: “América primero”.

Fuente: sinpermiso.info, extraída de Mediapart


Romaric Godin

Periodista en Mediapart. Ex redactor jefe del periódico financiero francés La Tribune.
Romaric Godin sigue los efectos de la crisis en Europa en sus aspectos económicos, monetarios y políticos.

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