Luis Alejandro Ávila Gómez: «La renta del petróleo de Venezuela está bajo control estadounidense»

2 de julio por Luis Reygada


«El FMI avanza en el restablecimiento de relaciones formales con Venezuela» De izquierda a derecha: Delcy Rodríguez, Presidente interina, Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional y Diosdado Cabello, Ministro del Interior de Venezuela. Ilustración de Canarias semanal.

Ponemos en la red una entrevista publicada por el diario L’ Humanité, del 14 de junio de 2026, ya que nos permite comprender mejor la situación en la que se encuentra Venezuela y la tutela que ejerce Trump sobre las autoridades de Caracas y sobre los recursos naturales del país. El drama humano que constituye la sucesión de terremotos que sacudió a Venezuela el 24 de junio de 2026 agrava un poco más la situación y el control de Washington.



Con pruebas en video, el presidente Donald Trump anunció el viernes 12 de junio que el ejército estadounidense había llevado a cabo una operación militar (un bombardeo selectivo contra un presunto líder de una banda criminal) en territorio venezolano, «en coordinación» con las autoridades locales.

Si bien el gobierno de su homóloga, Delcy Rodríguez, confirmó una «operación conjunta», esta última concesión genera interrogantes sobre la naturaleza de la nueva relación con el antiguo enemigo jurado. El investigador Luis Alejandro Ávila Gómez analiza esta nueva fase, que ha permitido a Washington controlar los recursos energéticos.

 Seis meses después del secuestro de presidente Maduro, ¿Ha abandonado Estados Unidos la idea de derrocar al chavismo?

Para Washington, el cambio de régimen ya no es una prioridad inmediata, aunque siga siendo un objetivo a largo plazo. La administración Trump se siente bastante cómoda con que Delcy Rodríguez permanezca en el poder, mientras que la oposición de derecha se ha convertido, por el momento, en un factor secundario. Los objetivos de Estados Unidos siguen siendo el control estratégico y el acceso a los recursos: la ideología del gobierno ha pasado a un segundo plano.

Tras el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero, implementaron un reajuste táctico que se explica, entre otras cosas, por un diagnóstico revisado. El chavismo no es un castillo de naipes que dependa de un solo hombre, sino una fuerza política estructurada, impulsada por un marco ideológico, arraigada social y territorialmente, y respaldada por un aparato gubernamental e institucional cohesionado.

La cuestión electoral aún no es relevante: la atención se centra ahora en terminar progresivamente, desde dentro, los pilares fundamentales de este edificio bolivariano. Estados Unidos tienen ahora la necesidad de contemporizar con esa amplia estructura precisamente porque la realización de sus objetivos necesita estabilidad.

Así, Washington opta ahora por la «negociación impuesta». El objetivo es contener el chavismo, en particular controlando los flujos de hidrocarburos, apoyándose especialmente en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos (DT-UE). Más concretamente, en la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), responsable de implementar las sanciones económicas y comerciales impuestas por el poder ejecutivo. Esto puede describirse como un marco coercitivo.

 Algunos hablan de «toma de control», de «protectorado» o incluso de un sistema «neocolonial»...

Washington ha pasado de una lógica de prohibición (el régimen de sanciones vigente durante los últimos años) a una lógica de autorización estructurada, bajo coacción, respaldada por el uso de la fuerza, jurídicamente sólida y financieramente controlada.

Todo esto se basa en la aplicación extraterritorial de la ley estadounidense y está diseñado para consolidar el control sobre Caracas.

 Concretamente, ¿los ingresos petroleros están bajo el control del Tesoro de los Estados Unidos?

En su mayor parte, los ingresos petroleros de Venezuela han estado bajo control estadounidense. Según la Orden Ejecutiva 14373 del 9 de enero de 2026 y las licencias de la OFAC, todos los pagos monetarios destinados al Estado venezolano o a sus empresas, como la petrolera PDVSA, deben depositarse en el Fondo de Depósitos de Gobiernos Extranjeros, administrado por el DT-UE.

Illustration réalisée et publiée par Canarias-semanal.org

Ilustración realizada y publicada por Canarias-semanal.org.

En resumen, Washington no ha confiscado legalmente los ingresos petroleros venezolanos, pero ha sometido la mayor parte de ellos a un embargo, como parte de un régimen de control más amplio que se ejerce particularmente sobre las relaciones económicas internacionales del país y que también tiene un impacto en la legislación y las políticas económicas internas.

Caracas permanece formalmente como propietaria de los fondos, pero su uso efectivo depende de un mecanismo de autorización administrado por Estados Unidos.

Esta situación sorprende a algunas figuras históricas del chavismo, dado que el antiimperialismo y la soberanía siempre han sido pilares fundamentales de la Revolución Bolivariana.

El nuevo gobierno se ha visto obligado a tomar decisiones difíciles en los últimos meses, con fuertes repercusiones simbólicas. Con el simulacro de evacuación en la Embajada estadounidense en Caracas el 23 de mayo y el anuncio este viernes 12 de junio de una operación militar del Pentágono en territorio venezolano, Washington confirma un mensaje claro.

Su proyección no es solamente diplomática o coercitiva y llevada a cabo a distancia, sino es puntualmente visible, tangible, militar y localizada. Estamos frente a la primera etapa de un plan en tres fases anunciado en enero por el secretario de Estado Marco Rubio: estabilización en el terreno, recuperación económica, transición política.

Para Delcy Rodríguez, la línea de equilibrio es muy delgada. Washington lleva a cabo una desarticulación lenta, similar a la metáfora de la rana hirviendo: aumentando gradualmente la temperatura, de manera que cada concesión, tomada de forma aislada, parezca todavía tolerable.

Mientras que Donald Trump afirma tener el control del país, el chavismo pro Rodríguez se justifica hablando de «repliegue estratégico» …

La estrategia de repliegue estratégico conlleva un riesgo: una mala interpretación de la situación podría abrir la puerta a un punto de no retorno, con concesiones cuyos efectos serían difíciles de revertir.


Fuente: L’Humanité

Ver en Línea: L’Humanité

Traducción: Griselda Piñero Delledonne

Luis Reygada

Journaliste à l’Humanité

Traduccion(es)

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