No debemos, no pagamos

1ro de octubre de 2012 por Esther Vivas


“La deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
se paga o se paga”. Nos lo han grabado a sangre y fuego. Una de esas máximas que a fuerza de ser repetidas una y otra vez se convierten en verdades absolutas. Pero, ¿es eso cierto? ¿Y si la deuda hipoteca nuestro futuro? ¿Y si la deuda no la hemos contraído nosotros? Entonces, ¿porque hay que pagarla?

Anteayer el ministro de hacienda Cristóbal Montoro presentaba el proyecto de Ley de los Presupuestos Generales del Estado. Todo, o prácticamente todo, baja. La sanidad encabeza la lista, con un 22,6% de recortes; educación, pierde un 17,4%. Nos quieren enfermos y analfabetos. También disminuyen las prestaciones por desempleo, los fondos destinados a las políticas de igualdad, las subvenciones a la cultura, la cooperación al desarrollo. Y ¿qué sube? De lo prácticamente poquísimo que sube: los intereses de la deuda.

La deuda pública alcanzará en 2013 el 90,5% del PIB Producto interno bruto
PIB
El PIB es un índice de la riqueza total producida en un territorio dado, estimada sobre la base de la suma de los valores añadidos.
, cuando en 2012 cerró en un 70,2%. Sus mayores niveles en un siglo. ¿Por qué? El rescate de la banca, la respuesta. Las aventuras y desmanes del sistema bancario nos han salido caros. Se socializan las pérdidas, mientras que los beneficios continúan siendo privados. Se nos recorta en sanidad, educación, ayudas públicas…, mientras se invierte en salvar, precisamente, a aquellos que nos han conducido a la actual situación de bancarrota.

Salvar a la banca es un pozo sin fondo. Hasta el momento se han invertido ya miles de millones de euros. ¿Sus destinatarios? Bankia, Novagalicia Banco, CatalunyaCaixa, Cajasur, la CAM, UNNIM, Banca Cívica, Banco de Valencia… Y el propio Gobierno reconoce que, muy probablemente, una suma importante de los mismos, 21 mil millones, ya no se recuperará. La factura, al final, la pagamos nosotros. Los beneficios se los quedan ellos, claro.

El gran problema de la deuda privada, muy superior a la pública, ha acabado repercutiendo en las arcas públicas, en la medida en que una parte de la deuda bancaria ha sido asumida por el Estado. Y la crisis de la deuda soberana Deuda soberana Deuda de un Estado o garantizada por un Estado. y el aumento de la deuda pública han servido de excusa perfecta para justificar medidas de ajuste y recortes, mientras que las grandes fortunas y las rentas altas cada vez pagan menos impuestos. Conclusión: se transfiere el coste de la crisis creada por unos pocos al grueso de los ciudadanos. Un negocio redondo.

Llegados aquí volvemos a la pregunta inicial, ¿hay que pagar la deuda? Una deuda que es resultado, principalmente, de salvar a unos bancos que “han vivido por encima de sus posibilidades”. Unos bancos que durante años regalaron crédito fácil a constructoras para edificar pisos que han quedado vacíos, aeropuertos que aún están esperando aviones e infraestructuras en desuso. Bancos que endeudaron a miles de familias aún y a sabiendas que éstas no podrían devolver dichos créditos Créditos Suma de dinero que una persona (el acreedor) tiene el derecho de exigir de otra persona (el deudor).

Créditos privados
Préstamos concedidos por los bancos comerciales, sea cual sea el prestatario.

Créditos públicos
Préstamos concedidos por acreedores públicos, sea cual sea el prestatario.
.¿Nosotros tenemos que pagar esta deuda? ¿Tenemos que pagar por la avaricia y la codicia de unos pocos? Creo que no.

Las deudas no siempre se pagan. Y así deja constancia la historia. La doctrina de la deuda odiosa Deuda odiosa Según la doctrina jurídica de la deuda odiosa, teorizada por Alexander Sack en 1927, una deuda es «odiosa» cuando reúne dos condiciones esenciales:

1.- La ausencia de beneficio para la población: la deuda no fue contraída a favor del interés del pueblo y del Estado, sino en contra de esos intereses, y/o a favor del interés personal de los dirigentes y de las personas próximas al poder.

2.- La complicidad de los prestamistas: Los acreedores sabían (o tenían la capacidad de saber) que los fondos prestados no beneficiarían a la población.

Para Sack, la naturaleza despótica o democrática de un régimen no debía tenerse en cuenta. Una deuda contraída por un régimen autoritario debe, según Sack, ser reembolsada si ésta sirve a los intereses de la población. Un cambio de régimen no autoriza el cuestionamiento de la obligación que tiene el nuevo régimen de pagar las deudas del gobierno precedente, salvo si éstas fueran odiosas.

[Extractos] del Tratado jurídico y financiero por Alexander Nahum Sack, ex profesor agregado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Petrogrado.

A partir de esta definición «conservadora» de deuda odiosa, otros juristas y movimientos sociales, como el CADTM, ampliaron esta definición teniendo en cuenta, especialmente, la naturaleza del régimen que contrae la deuda y la consulta que se hace, o no se hace, a los parlamentos nacionales para la aprobación o la concesión del préstamo.

De manera especial, citemos la definición de deuda odiosa utilizada por la Comisión para la verdad sobre la deuda griega, que se apoya, a la vez, en la doctrina de Sack, y también en los Tratados internacionales y los principios generales del derecho internacional.

Así que una deuda odiosa responde a:

1.- Una deuda contraída en violación a los principios democráticos, que comprende el asentimiento, la participación, la transparencia y la responsabilidad, y ha sido empleada contra los más altos intereses de la población del Estado deudor, mientras el acreedor sabía, o tenía capacidad de saber, lo precedente.

O a lo siguiente:

2.- Una deuda que tiene por consecuencia negar los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población, mientras el acreedor sabía, o tenía capacidad para saber, lo precedente.
, que en derecho internacional se utiliza para exigir el no pago de una deuda tomada por un gobierno y utilizada en contra de su pueblo, se ha esgrimido y aplicado para no pagar deudas contraídas a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI. Incluso Estados Unidos esgrimió dicha doctrina para no hacerse cargo de las deudas adquiridas por el gobierno de Irak, cuando en 2003 este país pasó a estar bajo su administración. Aunque finalmente Estados Unidos renunció al argumento de la deuda odiosa, consciente del precedente que podría sentar. Nota: el alivio de la deuda, de todos modos, se llevó a cabo alegando razones de “sostenibilidad”. Cuando interesa, la deuda no se asume y se perdona.

Si no debemos, no pagamos. Y es por lo tanto imprescindible auditar las deudas para saber quién las contrajo, a quiénes han beneficiado, para qué han servido. Así lo han hecho gobiernos como el de Ecuador, cuando en el año 2007 pusieron en marcha una comisión para auditar la deuda pública interna y externa y que culminó, en 2008, rechazando pagar parte de la deuda al declararla ilegítima.

Ahora nos toca aquí. La Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda ‘No debemos no pagamos’ indica el camino. Se trata de auditar las deudas contraídas por las administraciones públicas, señalar aquellas que sean ilegítimas, denunciar a sus responsables y exigir el no pago. En definitiva, desmontar el mito de rembolsar la deuda “sí o sí”. Pagar la deuda es pagar la crisis. ¿Por qué tendríamos que hacerlo?

*Artículo en Público, 01/10/2012.




Esther Vivas

Periodista i investigadora en moviments socials i polítiques agrícoles i alimentàries.
És llicenciada en periodisme i màster en sociologia. Les seves principals línies de treball són l’anàlisi dels moviments socials alternatius (antiglobalització, fòrums socials, indignats) i els impactes del model agrícola i alimentari i les alternatives que es plantegen des de la sobirania alimentària i el consum crític.
És autora de diversos llibres sobre aquestes temàtiques, alguns dels quals han estat traduïts al francès, portuguès, italià, croat i alemany.Cambiarlo para comprenderlo. Autora de diversos libros sobre movimientos sociales y políticas agrícolas y alimentarias. Su último trabajo es ‘Planeta indignado. Ocupando el futuro’ (Sequitur 2012), escrito junto a Josep Maria Antentas. En todas partes cuecen habas y aquí más.
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