Argentina
23 de enero de 2018 por Julio C. Gambina
En el debate cotidiano aparecen ciertos asuntos que motivan discusiones interesantes, aun cuando no siempre van al fondo de la cuestión.
Desde un punto de vista conceptual solo se quedan en el fenómeno y no avanzan sobre la esencia.
El fenómeno apunta a las consecuencias sociales y ambientales del orden contemporáneo, pero la esencia es el régimen capitalista.
Veamos el tema referido a tres asuntos: a) Trump, sus actitudes, comentarios, políticas y consideraciones sobre el mismo; b) los dichos del Papa Francisco y los apoyos y críticas que arrastra; c) el capitalismo en la Argentina y su financiamiento.
Un ejemplo es Donald Trump y el gobierno de EEUU. Hace un año que gobierna Trump y el gobierno cerró ante la negativa parlamentaria para aprobar el Presupuesto 2018 en tiempo y forma (el viernes 19/01). Eso significa que varios trabajadores estatales sean licenciados en sus tareas y se cierren funciones estatales que afectan a usuarios y a esos trabajadores. Ni siquiera pudo Trump disciplinar a la mayoría republicana en el Congreso de EEUU.
Trump gobierna a EEUU y es la mejor expresión de la anarquía del capitalismo, con base en la anarquía de la producción para sostener el régimen de la ganancia, de lo que se jacta Trump. Él se considera el mejor intérprete del capitalismo y de EEUU, y quizá tenga razón.
La racionalidad del capitalismo es la irracionalidad de la explotación de los seres humanos y la depredación de la Naturaleza. Quién mejor que Donald Trump para expresar esos «valores». “Primero EEUU” sostiene Trump y eso lleva implícito «primero el capitalismo estadounidense» y los negocios Trump.
EEUU es la potencia hegemónica del capitalismo mundial, más allá de cualquier disputa por la dominación global y por eso preocupa Trump y su gobierno de especulación y militarización.
La sociedad necesita discutir el molde capitalista y desafiar el orden «normal, natural» y aspirar a otro mundo posible.
Mucho se escribe sobre las visitas de Francisco a Chile y Perú. Se destacan las críticas del Papa a los efectos del capitalismo de época y a los gobiernos que aplican políticas hegemónicas llamadas neo-liberales.
Algunos lo dicen en tono crítico a Francisco, porque acuerdan con las políticas hegemónicas, incluso hablan de convergencia entre los gobiernos regionales (de derecha).
Otros acuerdan con Jorge Bergoglio y reclaman cambiar políticas «neo-liberales» por otras, como si hubiera otras dentro del capitalismo actual. Las otras, esas «otras», keynesianas, o neo-keyesianas, corresponden a otra época del capitalismo, que no son los años recientes, sino las que se aplicaron entre los 30 y los 80 en el marco de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, que además, eran hegemónicas en el capitalismo mundial, incluso en el socialismo (para el debate)....
Si se quiere ser crítico con el orden contemporáneo no alcanza con la critica a los efectos del capitalismo, sino que hay que criticar y superar al propio régimen del capital. Ese es el debate, lo demás es entretenimiento.
La economía capitalista de la Argentina funciona con base en la DEUDA PÚBLICA, lo que da aire a las clases dominantes locales y en contra de la mayoría de la población, principalmente, trabajadores y trabajadores, activos y pasivos.
El capitalismo funciona si hay inversor en origen y poco importa si es productivo o financiero, ya que la lógica del capital es mundial y el más valor o plusvalor obtenido es mundial y se apropia en la circulación mundial.
Argentina es parte de esa lógica mundial entre producción y circulación, por lo que no alcanza con condenar la valorización financiera o la especulación, al neo-liberalismo o las modas teóricas, sino condenar al capitalismo.
Claro que para eso hay que animarse, ya que si se critica al capitalismo, al real, al que existe, al que define nuestra cotidianidad, hay que animarse a proponer alternativas no capitalistas, y no cualquiera se anima ante la condena socio intelectual de que es posible.
En los tres casos se analiza el fenómeno, sin avanzar en la esencia que supone el debate contra y más allá del capitalismo.
Trump no es un accidente de la historia política de EEUU, como no lo fue Bush, hijo o padre, ni Reagan u otros de los presidentes de la potencia imperialista, sino lógica consecuencia de la crisis política y el funcionamiento anárquico del orden capitalista para sostener la razón de ser del orden: la ganancia y la acumulación.
Francisco no discute la explotación del hombre por el hombre, sino que aboga contra las consecuencias más negativas del orden vigente y concentrado en la miseria y la pobreza de millones, abrigando expectativas por modificaciones en el margen del sistema.
En Argentina como en otros países se apuesta a la atracción de inversiones, con la secuela de producción y generación de excedentes que reproducen una lógica de la desposesión y la depredación.
Para todos los casos, se escamotea lo esencial, el orden capitalista y con ello la posibilidad de discutir un orden en contra y más allá de la lógica del capital.
Buenos Aires, 21 de enero de 2018
economista y profesor universitario argentino, especializado en economía política, economía mundial, integración, deuda externa y otros asuntos sociales y políticos.
Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP, Ciudad de Buenos Aires. www.juliogambina.blogspot.com
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