Mañana comenzará la Cátedra de los Libertadores

Una agenda del Bicentenario

14 de julio de 2010 por Silvina Friera


El ciclo de pensamiento latinoamericano tendrá como objetivo debatir los desafíos y las oportunidades que conforman la coyuntura regional. Atilio Boron, Eduardo Barcesat, el cubano Aurelio Alonso y el belga Eric Toussaint serán algunos de los participantes.

“La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.” La frase –atribuida a Simón Bolívar– resuena como una puerta que se abre en plena conmemoración de los Bicentenarios de las revoluciones latinoamericanas. Un puñado de intelectuales y dirigentes sociales y campesinos asumirán el reto de abordar un repertorio de asuntos políticos, sociales, económicos y culturales fundamentales para el futuro de la región. La Cátedra de los Libertadores, un ciclo de pensamiento que tiene como objetivo debatir la agenda de desafíos, oportunidades y amenazas que conforman la gramática de América latina, comienza mañana a las 10.30 en la Casa del Bicentenario (Riobamba 985). Ricardo Feletti, Fernando Porta, el ecuatoriano Pedro Páez (al frente del Banco del Sur) y Pedro Brieger intercambiarán ideas sobre el primer gran eje temático de la flamante Cátedra: los proyectos de unidad latinoamericana.

Desde la independencia de Haití hasta la actualidad, de la Revolución Cubana y la historia de la deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
externa hasta los cambios en la posesión de la tierra y los movimientos campesinos, del ascenso internacional de Brasil a la transformación en el mundo del trabajo, el abanico de temas en la Cátedra de los Libertadores es tan amplio y vasto como el mapa de la región. Este ciclo de pensamiento latinoamericano –organizado por la Unidad Ejecutora del Bicentenario a través de la Secretaría de Cultura de la Nación– adoptará la forma de encuentros de carácter mensual en cuatro sedes. A la Casa Nacional del Bicentenario se sumarán la Universidad de Lanús, la Universidad de La Plata y la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo. El cubano Aurelio Alonso, el peruano Hugo Blanco, el belga Eric Toussaint, el chileno Orlando Caputo y el uruguayo Raúl Zibecchi son algunos de los catedráticos extranjeros invitados que llegarán en los próximos meses.

Pedro Brieger, coordinador académico de la Cátedra, plantea que los países de la región comparten una búsqueda por superar las políticas neoliberales de los ’90. “Hay caminos diferentes que se han tomado según el país que miremos. En algunos el discurso en contra de las políticas neoliberales es más radical, como en Venezuela y en Bolivia; en otros es más moderado, pero en todos los países que conforman esta corriente de transformación muy heterogénea hay una sensación de que se necesitan. Unasur es un ejemplo, aunque todavía no quede muy claro qué va a pasar y si va a existir de acá a veinte años”, sintetiza el sociólogo y periodista. “Uno de los ejes de debate es la búsqueda de un camino alternativo. La caída del modelo soviético abrió nuevos debates, las transformaciones en Cuba y las críticas al modelo cubano, también.” Autor de El conflicto palestino-israelí y conductor de Visión 7 Internacional, Brieger cuenta que una de sus obsesiones fue armar una estructura académica heterogénea para alentar el intercambio de ideas. Esa heterogeneidad está garantizada por un seleccionado de intelectuales argentinos que se irá sumando mes a mes a la Cátedra, como Atilio Boron, Norberto Galasso, Carlos Gabetta, Eduardo Barcesat, Rodolfo Mattarollo, Enrique Martínez, Mabel Thwaites Rey y Julio Gambina, entre otros.

En este rechazo discursivo más o menos radical contra el modelo neoliberal, ¿se juega también algo que se podría llamar la “conciencia del ser latinoamericano”?

– Yo creo que es una de las preguntas. Hay una búsqueda de pensamientos desde el sur. La Unasur es parte de esto; las reuniones del Grupo Río para discutir el ataque militar de Colombia a Ecuador son parte de esto; el distanciamiento del alineamiento automático con Estados Unidos es parte de esto. Si hay una nación latinoamericana será motivo de otro debate, que seguramente atravesará los temas de la Cátedra. No hay una respuesta armada, pero sí me parece que hay una necesidad de pensar y repensar. Venimos de una década como la de los ’90 que golpeó mucho, no sólo en lo económico sino también en lo cultural. Hoy se están abriendo puertas para pensar desde otro lugar, con procesos tan heterogéneos y disímiles como el de Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Venezuela. Hay una coyuntura novedosa. Nosotros tenemos un conjunto de gobiernos progresistas en el amplio sentido de la palabra –que tal vez nunca tuvo América latina–, y esta novedad es la que nos permite impulsar el debate.

A la hora de barajar los desafíos para América latina, Brieger señala la relación con los organismos internacionales –el FMI FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.

A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.

Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).

Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).

Sitio web :
y el Banco Mundial Banco mundial Creado en 1944 en Bretton Woods en el marco del nuevo sistema monetario internacional, el Banco posee un capital aportado por los países miembros (189 miembros el año 2017) a los cuales da préstamos en el mercado internacional de capitales. El Banco financia proyectos sectoriales, públicos o privados, con destino a los países del Tercer Mundo y a los países antes llamados socialistas. Se compone de las siguientes tres filiales.

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–, la dependencia tecnológica y la falta de comercio Sur-Sur. “Hay países de América del Sur, la mayoría, que tienen mucha más relación con Estados Unidos que con los países vecinos. No hay ferrocarriles que unan a los países; hay grandes dificultades para volar de una capital a otra. Ni qué hablar de dos pequeños países marginados olímpicamente de nuestras conciencias, Surinam y Guyana. Surinam, ex colonia holandesa, sigue teniendo vuelos semanales a Amsterdam y no tiene vuelos a América del Sur, salvo a Belém, en el norte de Brasil”, recuerda el sociólogo y periodista. “El tema de cómo integrarnos, cómo estructurar políticas económicas alternativas como un Banco del Sur, es algo que hay que discutir. La idea de la cátedra es abrir el debate, no cerrarlo. Lo que estamos tirando son preguntas. Haití tuvo un terremoto, ¿cómo se repone?, ¿América latina puede responder, puede ayudar, o tiene que ser furgón de cola de Estados Unidos?

Las asambleas constituyentes es un tópico novedoso que Brieger desarrollará en la primera mesa de la Cátedra. “Hay gobiernos que se han propuesto conscientemente refundar sus países, como Bolivia, Venezuela y Ecuador. En el caso de Bolivia hubo una refundación sobre bases culturales, sociológicas y antropológicas. Cuando se habla de un Estado plurinacional, se está respondiendo a una problemática de 500 años que de una manera más acuciante tiene Bolivia y que otros países no tienen –compara–. La llegada de Evo Morales, un campesino indígena, marcó ese proceso porque tiene una mentalidad y una historia muy diferentes a la que puede tener un trabajador metalúrgico como Lula, un militar como Chávez o un intelectual como Correa.” El sociólogo y periodista encuentra dos caminos que hasta ahora se implementaron para superar los modelos neoliberales en la región. El modelo que califica de “refundacional” –Bolivia, Ecuador y Venezuela–, con asambleas constituyentes que fueron procesos movilizadores de la población, y el modelo de “pactar y negociar” con diversos sectores políticos, con Brasil a la cabeza. “Voy a dejar picando la pregunta sobre por qué cada uno eligió estos caminos y qué implica la convocatoria de asambleas constituyentes”, anticipa Brieger.

Desde muchos sectores políticos se critica la creciente despolitización de la sociedad y de los jóvenes. “Los procesos de convocatorias a asambleas tienen la característica de politizar el problema, llevarlo a la sociedad y hacerlo participativo. En Ecuador, Bolivia y Venezuela tuvieron esta característica”, subraya Brieger.La gente se movilizó para participar del proceso de debate de la constituyente. Me parece interesante y novedoso lo que se hizo en un período muy corto de tiempo en estos países.


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