Una lectura ecofeminista de la deuda para pensar la auditoría de otra forma

4 de marzo por Camille Bruneau


La auditoría ciudadana de la deuda pública es una herramienta indispensable para recuperar el control de las finanzas públicas. En primer lugar, haciendo accesibles e inteligibles los datos sobre el endeudamiento y los procesos de asignación presupuestaria para determinar su legitimidad. En segundo lugar, para sacar conclusiones económicas y políticas y establecer un control popular permanente. La auditoría es aún más pertinente en el actual contexto de crisis económica, cuyas causas (especialmente financieras) ya estaban presentes antes de la pandemia que la desencadenó.

En efecto, la invisibilización de los procesos de reproducción social y de las prácticas extractivistas ecocidas propias del capitalismo son responsables de las dimensiones de la crisis sanitaria actual, tanto por la velocidad de propagación del virus (desplazamientos excesivos, industria agroalimentaria, deforestación...) como por la (in)capacidad de reaccionar, de responder (sectores sociales y sanitarios en particular). Las respuestas políticas confirman que esta crisis no es sólo «económica» o «sanitaria», sino que es una crisis de nuestra relación con el cuidado, del cuidado de los demás y del conjunto de los seres vivos. De hecho, una auditoría ecofeminista de la deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
se hace imprescindible.

 Una auditoría feminista de la deuda para hacer frente al capitalismo patriarcal

Hablamos de «capitalismo patriarcal» porque ambos sistemas se retroalimentan. Se apoyan sobre el trabajo de reproducción social realizado de forma gratuita o mal pagada en su mayoría de mujeres, sobre todo racializadas o en situación de precariedad. Esta división sexual y racial del trabajo es fundamental para la dominación patriarcal y la acumulación capitalista y no tiene nada de «natural».

La deuda, como herramienta central de transferencia de riqueza y control político a las clases dominantes, afecta específicamente a las mujeres porque ellas son:

  1. las más representadas en los sectores más afectados por los recortes presupuestarios (administración pública, sanidad, educación);
  2. las principales usuarias de las prestaciones sociales y de los servicios públicos que se han recortado (planificación familiar, guarderías, maternidades, ayudas familiares, agua, transporte, etc.).
  3. las personas que compensan la supresión o inaccesibilidad de estos servicios;
  4. las principales productoras y agricultoras del mundo cuyos medios de vida están siendo destruidos por el neoliberalismo;
  5. las cabezas de familia que tienen que endeudarse para mantenerse;
  6. las primeras víctimas de la violencia de género, violencia agravada por la precariedad y la falta de protección social.

Así, las mujeres son acreedoras de una inmensa deuda social, contraída con ellas por toda la sociedad, en particular por la clase capitalista, los hombres y el Estado. También llamada «deuda reproductiva» o «deuda de cuidados», se trata de «hacer visible lo invisible» e invertir la relación de fuerzas y la escala de valores. La crisis sanitaria y el confinamiento han contribuido a poner de manifiesto esta realidad, especialmente el lugar que ocupan las mujeres marginalizadas en las actividades «esenciales». Las respuestas políticas han sido profundamente inadecuadas. Por tanto, el impago feminista de la deuda es una evidencia.
Una lectura ecofeminista de la deuda

Los ecofeminismos se están convirtiendo cada vez más en las redes y prácticas analíticas indispensables para componer un futuro esperanzador. Uno de sus denominadores comunes es el paralelismo establecido entre la explotación de las mujeres y los ecosistemas/los seres vivos. El orden dominante elimina todo valor e invisibiliza el otro pilar de la reproducción de la vida en la tierra: las capacidades regenerativas de la «naturaleza», que también son necesarias para la acumulación capitalista.

La contribución de los ecofeminismos es explicitar este vínculo y reivindicar la necesidad de luchas imbricadas y solidarias que no pongan unas cuestiones por delante de otras. Uno de los problemas centrales de nuestras sociedades es haber negado la importancia de «cuidar» (tanto de lo humano como de lo no humano) y hacer de ello una responsabilidad colectiva y compartida. El proyecto neoliberal consiste, entre otras cosas, en la invisibilización y externalización de los procesos regenerativos esenciales para el bienestar, lo que ha destruido -sobre todo a través de las medidas de austeridad- nuestra capacidad de hacer frente a las múltiples crisis que genera.

Una lectura ecofeminista de la deuda nos permite abordar estos problemas de raíz, rechazando la lógica común que los alimenta, a través de algunas preguntas clave: ¿Qué se entiende por deuda? ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Quién debe qué a quién? ¿A quién pertenece qué? ¿Quién produce para quién?

 El Norte es una producción del Sur

La «modernidad» occidental se ha construido a lo largo de 500 años de robos, violaciones y asesinatos organizados por la colonización, el saqueo de recursos, el acaparamiento de tierras, la esclavitud, etc. Este proceso continúa a través de la reorganización del trabajo de producción y reproducción, basado, entre otras cosas, en la apropiación del trabajo de las mujeres del Sur (incluidas las que emigran a los países ricos para hacerse cargo de gran parte de los cuidados: trabajo doméstico, cuidado de la infancia, de las personas mayores...). Esto se produce al mismo tiempo que la apropiación de los recursos naturales y los flujos financieros son más importantes del Sur al Norte que del Norte al Sur. Una primera propuesta sería reconocer la existencia de una colosal deuda social, colonial, ecológica y reproductiva.

 Entender la deuda de una forma diferente

Una deuda no es sólo una relación coercitiva. También es una relación de «deber», «dependencia», «responsabilidad» e incluso de «gratitud». El concepto se aplica a las cosas tangibles (dinero, «recursos», «servicios»), pero también es útil cuando observamos el pesado pasado y presente de explotación y destrucción que ha creado lo que algunas personas llaman «desequilibrio metabólico» por la falta de reciprocidad con respecto a lo que tomamos.
El modelo actual potencia valores «masculinos» como el de la competitividad e invisibiliza los cuidados, la reproducción, las actividades y los procesos esenciales para la vida, que sí oon considerados como «recursos» explotables.

Una perspectiva ecofeminista también reconoce lo que llamamos la deuda «encarnada», debida a todas las entidades, personas y comunidades marginadas que, sin embargo, regeneran las condiciones de vida y de producción. Se trata de pequeños/as agricultores/as y de los pueblos indígenas, de las madres y de todas aquellas personas que tienen un vínculo y una experiencia diaria con los procesos de regeneración y reproducción.

La ecofeminismo es una invitación a comprender los vínculos no sólo entre las dominaciones y lógicas comunes e indisociables que las convierten en un sistema, sino también la interdependencia entre nosotros y nosotras y con el mundo que nos rodea.

La propuesta de una «auditoría» ecofeminista de la deuda podría concebirse en dos etapas:

  1. Está la idea planteada por Yolanda Vargas del «ecofeminismo como alternativa a los recortes presupuestarios»: «[Debemos] pensar en la realidad de nuestro mundo actual con las claves que nos dan el feminismo y el ecologismo: cambiar el paradigma y dejar de considerar el mercado como medida de valor y poner la sostenibilidad de la vida en el centro de las políticas públicas». Repensar nuestros sistemas de valores y relaciones de responsabilidad para «rehacer las cuentas». Esto significa una anulación masiva de las deudas ilegítimas para empezar de nuevo sobre una base mejor en la que los recursos (incluidos los bienes) y los presupuestos se asignen de forma diferente.
  2. Reconocer que el «cuidado» no se refiere sólo a los seres humanos, sino a todos los seres vivos. Esto requiere no sólo dar su justo valor a los procesos y prácticas de cuidado de las comunidades y los ecosistemas (conocimiento, mantenimiento de lo común, procesos «naturales», etc.) sino también repensar radicalmente nuestro lugar en el mundo: pasar de la pirámide al círculo.

En definitiva, hacer visible lo invisible e inspirarse en las prácticas existentes para imaginar otras posibilidades, más deseables, y también reconocer, escuchar, revivir y resucitar las voces de las luchas de las mujeres del Sur. Algunas pistas ya existentes a desarrollar:

Integrando el conjunto de estas reflexiones, una auditoría puede tener un gran impacto político.

Artículo extraído de la revista semestral del CADTM “Les autres voix de la planète” (Otras voces del planeta) titulada “Auditorías para desmantelar la deuda", publicada en diciembre de 2020. La revista está disponible para su consulta gratuita, compra y suscripción en el este enlace.




Traducción: Beatriz Ortiz

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