12 de mayo por Sushovan Dhar , Gabriella Lima
En esta entrevista realizada por Gabriella Lima, Sushovan Dhar hace balance de la primera Conferencia Internacional Antifascista, celebrada en Porto Alegre (Brasil) del 26 al 29 de marzo pasado. Repasa los avances, las limitaciones y los retos relacionados con la construcción de un frente único antifascista y antiimperialista a nivel internacional, así como las perspectivas de organizar una conferencia regional en Asia en 2027.
Sushovan Dhar es miembro del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM) en la India, que desempeñó un papel impulsor en la organización de la conferencia de Porto Alegre y sus vínculos internacionales. Entrevista realizada por Gabriella Lima.
Gabriella Lima : ¿En qué contexto se celebra la conferencia internacional antifascista y qué importancia tiene en la coyuntura política que atravesamos actualmente?
Sushovan Dhar : Es importante señalar en qué momento político se celebra la conferencia. Nos encontramos en un momento especialmente peligroso e inestable a escala mundial. De hecho, asistimos simultáneamente al auge de la extrema derecha, al retorno de las guerras imperialistas y a una ofensiva global contra los derechos sociales y democráticos. Hoy en día vemos cómo se desarrollan fuerzas autoritarias y de extrema derecha por todas partes. Basta con pensar en Trump y el trumpismo en Estados Unidos, en Milei en Argentina, en Modi en la India, en Netanyahu en Israel, en el auge de la extrema derecha en Europa, pero también en regímenes autoritarios en diferentes regiones del mundo, incluidas Rusia y China.
Por lo tanto, estas dinámicas no son aisladas, sino que están profundamente ligadas a la crisis del capitalismo, al agravamiento de las desigualdades sociales y a una creciente militarización. Al mismo tiempo, asistimos también a un claro resurgimiento de los conflictos entre potencias. Así, la guerra en Ucrania, el genocidio en Palestina, el ataque a Irán, la escalada en Oriente Medio, las crecientes tensiones en Asia, todo ello demuestra que estamos entrando en un periodo marcado por la inestabilidad y la confrontación entre bloques.
En este contexto, la conferencia de Porto Alegre ha sido un intento muy importante de reconstruir una respuesta internacionalista. Desde el declive del Foro Social Mundial, existía una falta de espacios de coordinación política internacional. El objetivo de esta conferencia era relanzar una dinámica con un objetivo muy claro: reconstruir un frente antifascista y anti-imperialista a escala internacional. Creo que eso es lo que le da a esta conferencia su importancia política. No fue simplemente un acontecimiento, sino un primer paso para reconstruir una coordinación internacional frente al auge de la extrema derecha y los conflictos.
G.L. : Los organizadores de la conferencia partían de la idea de que la unidad en la acción era necesaria para combatir el auge del fascismo y el resurgimiento de las guerras interimperialistas a gran escala. ¿Puedes hablarnos de ese marco unitario y de cómo se construyó? ¿Qué balance Balance “Fotografía” a final de año de los activos (lo que la empresa posee) y pasivos (lo que la empresa debe) de una sociedad. Dicho de otra forma, los activos el balance aportan información acerca de la utilización de los fondos recabados por la sociedad. Los pasivos del balance informan sobre el origen de los fondos captados. haces de nuestra capacidad para construir un amplio frente antifascista a nivel internacional?
S.D. : Hay que señalar que, desde el principio, teníamos bastante claro que, ante el auge global de la extrema derecha, ninguna organización puede actuar por sí sola. Por lo tanto, era necesario construir una unidad amplia, incluso con diferencias políticas importantes. El proceso reunió a una gran diversidad de actores: movimientos sociales, organizaciones políticas, sindicatos, movimientos feministas, redes internacionales y organizaciones campesinas de diferentes tradiciones de la izquierda. Fue esa diversidad la que aportó riqueza, pero también generó tensiones en la conferencia. Hay que entender que la unidad no se construyó a partir de una homogeneidad política, sino apostando por una convergencia en la acción.
Esto es importante, porque en un frente antifascista el objetivo no es tener una línea común en todo, sino construir convergencias frente a una amenaza que nos afecta a todos. Pero esta unidad también ha puesto de manifiesto las contradicciones de la izquierda internacional, que actualmente se encuentra bastante fragmentada. Algunas fuerzas siguen teniendo una visión «campista» del anti-imperialismo y minimizan ciertos regímenes autoritarios, como Rusia o China, por la única razón de que están «en conflicto» con las potencias occidentales. Esto ha dado lugar a debates importantes. Pero creo que también es un aspecto positivo, porque construir un frente antifascista internacional implica necesariamente discusiones políticas y debates serios. Así pues, en general, la conferencia ha demostrado que hoy en día existe una voluntad real de reconstruir una coordinación internacional, aunque este proceso aún está por desarrollarse. ¡Ese es el reto!
G.L. : Volveremos sobre esas divergencias de orientación en torno al anti-imperialismo; ¿podrías decirnos unas palabras sobre el balance que sacas de este evento y presentar las orientaciones que se desprenden de la declaración final adoptada en Porto Alegre?
S.D. : La conferencia fue un gran éxito: contó con una amplia participación de delegaciones de varios continentes y con una dinámica militante muy fuerte. Lo que fue especialmente importante es que la conferencia permitió crear vínculos entre organizaciones y movimientos que no necesariamente trabajaban juntos antes. También permitió debatir abiertamente sobre grandes cuestiones estratégicas como el auge de la extrema derecha, las guerras, la cuestión del antiimperialismo, la cuestión de la deuda
Deuda
Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
, las luchas sociales y feministas, etc. La declaración final refleja esta amplia convergencia. Destaca la lucha contra la extrema derecha, la solidaridad con Palestina, la oposición a las guerras imperialistas, la defensa de los derechos sociales y democráticos y también —esto es muy importante— la necesidad de reforzar la solidaridad internacional.
Pero al mismo tiempo, como también ha subrayado Eric Toussaint en su balance de la conferencia, esta convergencia se ha producido con ciertas ambigüedades políticas que es importante reconocer, porque la construcción de una dinámica duradera implica la clarificación de estas divergencias. En resumen, diría que la conferencia ha representado una etapa importante, pero que marca más bien un punto de partida que un punto de llegada.
G.L. : Volviendo a sus limitaciones, dentro de la izquierda internacional, algunos consideraron que esta conferencia daba crédito a la idea de que, en el fondo, solo los imperialismos occidentales servían de apoyo a las distintas formaciones de extrema derecha en el mundo. ¿Puedes contarnos un poco más sobre cómo se desarrolló este debate en el seno del comité organizador con las fuerzas que se opusieron a mencionar a la Rusia de Vladimir Putin como parte de las potencias imperialistas que hay que combatir, cuando precisamente lleva más de cuatro años librando una de las guerras imperialistas más feroces en Ucrania y apoya abiertamente a fuerzas de extrema derecha a escala internacional?
S.D. : Uno de los debates más importantes de la conferencia versó, por supuesto, sobre la cuestión de Rusia, la guerra en Ucrania y, en términos más generales, sobre cómo definir el antiimperialismo actual. Algunas de las organizaciones presentes señalaron —con razón— el papel de los imperialismos occidentales, en particular de Estados Unidos y la OTAN
Organización del Tratado del Atlantico Norte
OTAN
Este organismo asegura a los Estados europeos la protección militar de los Estados Unidos en caso de agresión, pero, sobre todo, ofrece a los Estados Unidos la supremacía en el bloque occidental. Los países de Europa Occidental aceptaron la integración de sus fuerzas armadas en un sistema de defensa puesto bajo el mando estadounidense, reconociendo de hecho la preponderancia de los Estados Unidos. Fue fundada en 1994 en Washington, y pasó a un segundo plano acabada la guerra fría. En el año 2002 se componía de 19 miembros: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y el Reino Unido, a los que se sumaron Grecia y Turquía en 1952, la República Federal de Alemania en 1955 (sustituida por la Alemania unificada en 1990), España en 1982, Hungría, Polonia y la República Checa en 1999.
. Pero, al mismo tiempo, una parte de esas fuerzas se negó —o dudó— a caracterizar a Rusia como una potencia imperialista o a denunciar claramente la agresión contra Ucrania, que se prolonga desde hace más de cuatro años. Este debate es fundamental, porque afecta a la propia credibilidad de un proyecto antifascista y antiimperialista internacional. Si se adopta una visión selectiva del antiimperialismo, se corre el riesgo de caer en una lógica campista, que no menciona ciertos regímenes autoritarios simplemente porque están en conflicto con las potencias occidentales.
Sin embargo, la Rusia de Putin lleva varios años librando una brutal guerra de invasión contra Ucrania, que se traduce en destrucciones masivas, represión de los movimientos democráticos y una política agresiva en toda la región e incluso contra cualquier oposición en su propio país. Por otra parte, el régimen ruso mantiene vínculos con diferentes fuerzas de extrema derecha a escala internacional. Durante la conferencia se señaló que el hecho de haber dejado de lado esta cuestión fue una de sus limitaciones políticas. Esto demuestra que aún existen importantes divergencias en el seno de la izquierda internacional, muy fragmentada, sobre las formas de concebir el anti-imperialismo en un mundo multipolar. Por lo tanto, para nosotros, la posición debe ser muy clara: el anti-imperialismo no puede ser selectivo, debe oponerse a todas las potencias imperialistas, sean cuales sean. De lo contrario, debilitamos nuestra perspectiva internacionalista.
G.L. : ¿Podrías hablar también de los esfuerzos realizados por los activistas para destacar la solidaridad con el pueblo ucraniano y denunciar el imperialismo ruso durante la conferencia?
S.D. : Los activistas desempeñaron un papel fundamental en la organización de esta conferencia y en la defensa de una posición internacionalista independiente. Era esencial hacerlo. Varias intervenciones afirmaron nuestra solidaridad con el pueblo ucraniano, al tiempo que se oponían a la OTAN y a la militarización global. Esta posición independiente rechaza tanto cualquier alineamiento con las potencias occidentales como cualquier complacencia hacia el imperialismo ruso. Es esencial para reconstruir un internacionalismo creíble.
También se organizaron debates para subrayar las luchas de los movimientos sociales ucranianos, los sindicatos, las organizaciones feministas, pero también de la oposición democrática en Rusia. La hija de Boris Kargalitsky, que se encuentra en prisión por sus críticas al régimen de Putin, estuvo presente, lo que permitió recordar que la solidaridad internacionalista debe construirse con los pueblos y no con los Estados. Estas intervenciones no permitieron, evidentemente, resolver todas las divergencias, pero abrieron un debate importante y pusieron de relieve una posición internacionalista independiente en el seno de la conferencia.
G.L. : ¿Cómo se explica que un representante de la República Islámica de Irán, responsable de la represión más sangrienta que ha sufrido ese país en más de 40 años, haya podido ser invitado y participar activamente en esta conferencia? ¿No deberían el anti-imperialismo del siglo XXI y la lucha contra los regímenes de extrema derecha en el mundo rechazar claramente pasar por alto a los regímenes autoritarios por la única y exclusiva razón de que están en conflicto con los imperialismos occidentales?
S.D. : Es una cuestión muy importante. El representante de Irán estaba en la misma mesa redonda que yo. Su presencia constituyó otra limitación importante de la conferencia y suscitó críticas legítimas tanto in situ como por parte de compañeros a nivel internacional. El régimen iraní es responsable de una represión extremadamente brutal contra los movimientos sociales, los sindicatos, las mujeres y las minorías. El movimiento «Mujer, vida, libertad» ha puesto de manifiesto la amplitud de la protesta popular contra este poder autoritario. En este contexto, la participación en nuestra conferencia de un representante vinculado a este régimen plantea un importante problema político.
El antiimperialismo no puede justificar que se hagan la vista gorda ante regímenes autoritarios por la simple razón de que están en conflicto con las potencias occidentales. Esta cuestión se debatió durante la conferencia y refleja una tensión persistente en el seno de la izquierda internacional: por un lado, existe una visión «campista» que privilegia la oposición a Estados Unidos y, por otro, una perspectiva internacionalista independiente que defiende la solidaridad con los pueblos. Por lo tanto, para nosotros, la posición debe ser clara: el anti-imperialismo debe ser un anti-imperialismo de los pueblos, no de los Estados.
G.L. : Volvamos a los retos relacionados con las repercusiones de esta conferencia. Hemos visto que, a pesar de su alcance, su importancia y su indiscutible éxito, aún nos queda camino por recorrer para ampliar este frente antifascista a los sindicatos, de los que esperamos un compromiso mayor en el futuro. Lo mismo ocurre con los movimientos feministas y LGBTQIA+, que deberían desempeñar un papel más importante en el futuro, en la medida en que son blanco directo de la extrema derecha. ¿Cuáles son los retos que se plantean ahora para la ampliación de esta conferencia y cómo pasar de una conferencia internacional o de varias conferencias regionales a la constitución de una organización que vincule entre sí a los movimientos de base a escala internacional?
S.D. : A pesar de su éxito, la conferencia ha puesto de manifiesto que el frente antifascista internacional aún está por construir. Un primer reto se refiere a la participación de los sindicatos. El auge de la extrema derecha está profundamente ligado a la crisis social, a la precarización del trabajo y al debilitamiento del movimiento obrero. Por lo tanto, es esencial que los sindicatos desempeñen un papel más central en la construcción del frente antifascista. Un segundo reto se refiere a los movimientos feministas y LGBTQIA+, ya que estos movimientos son hoy en día blanco directo de las fuerzas de extrema derecha en varios países, incluso en la India.
Por lo tanto, es indispensable una mayor participación de estos movimientos en la construcción de un frente antifascista. Un tercer reto es de carácter organizativo. ¿Cómo pasar de una conferencia a una organización sostenible? Es una cuestión importante, que implica construir redes regionales, lanzar campañas comunes y crear espacios regulares de coordinación. Así, la perspectiva de organizar conferencias regionales es un paso importante en este proceso. Se ha debatido la posibilidad de organizar una conferencia en Argentina, pero también habrá que construir vínculos concretos entre los movimientos de base. Esto es importante para ampliar el frente antifascista.
G.L. : ¿Puedes hablarnos de las grandes movilizaciones que han tenido lugar recientemente en la India y de las oportunidades que este contexto abre en términos de organización y vínculos internacionales?
S.D. : En la India, como sabes, nos enfrentamos a un fuerte auge de la extrema derecha. El gobierno de Modi lleva doce años en el poder. Combina el nacionalismo religioso, el autoritarismo político y una política neoliberal muy agresiva. Pero también hay resistencias importantes, como el movimiento campesino, que ha movilizado a millones de personas durante más de un año. También están las luchas estudiantiles, sindicales y feministas, así como las movilizaciones contra las políticas autoritarias. El pasado 27 de febrero, una huelga general movilizó a 300 millones de personas, sin duda uno de los movimientos sociales más masivos de la historia del país. Estas movilizaciones demuestran que la extrema derecha no es invencible. También abren perspectivas para reforzar los lazos internacionales. Mi participación en la conferencia de Porto Alegre se inscribe en esta dinámica de construcción de un internacionalismo militante y duradero.
G.L. : La construcción de un frente único antifascista y antiimperialista de este tipo en el sur de Asia plantea también la cuestión de la relación con los BRICS BRICS El término BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) fue utilizado por primera vez en 2001 por Jim O’Neill, entonces economista de Goldman Sachs. El fuerte crecimiento económico de estos países, unido a su importante posición geopolítica (estos 5 países reúnen casi la mitad de la población mundial en 4 continentes y casi una cuarta parte del PIB mundial) convierten a los BRICS en actores principales de las actividades económicas y financieras internacionales. +. ¿Puedes hablarnos un poco de los BRICS+ desde el punto de vista indio y de la línea internacionalista que hay que defender al respecto con vistas a una conferencia regional unitaria?
S.D. : La cuestión de los BRICS+ es hoy fundamental porque suscita muchas ilusiones en ciertos sectores de la izquierda internacional, especialmente en América Latina, Brasil, Estados Unidos y también en Europa. A menudo se presenta a los BRICS+ como una alternativa progresista a la hegemonía occidental. Pero, en mi opinión, esta interpretación es muy problemática. Los BRICS+ no están construyendo un bloque antiimperialista, eso está muy claro. Se trata de una alianza entre potencias capitalistas que buscan reforzar su posición en un mundo capitalista en proceso de reestructuración. Los países del BRICS+ tienen sus propios intereses económicos, geopolíticos y estratégicos, por otra parte muy diferentes entre sí, que no coinciden con los intereses de los pueblo o de los trabajadores, de los oprimidos y de los explotados.
Desde una perspectiva india, esto resulta especialmente claro. El Gobierno de Modi utiliza el BRICS+ para reforzar el papel geopolítico de la India, atraer inversiones, asegurar el acceso a los recursos e intentar reforzar su posición frente a China. Pero esto no va acompañado de una política progresista, sino todo lo contrario. La India de Modi se caracteriza por un aumento del autoritarismo, ataques contra las minorías y una ofensiva contra los derechos sociales. Y la misma contradicción existe en los demás países del BRICS+, como China, que desarrolla una política de poder global con sus propios intereses económicos y estratégicos, o Rusia, que lleva a cabo una política imperialista agresiva, especialmente en Ucrania. La ampliación del BRICS+ a países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos refuerza aún más el carácter conservador y autoritario de esta alianza.
Como han señalado análisis críticos, el BRICS+ representa más bien el surgimiento de un capitalismo multipolar que una alternativa progresista. La multipolaridad de las potencias capitalistas no significa necesariamente un mundo más justo. Por el contrario, puede conducir a más rivalidades y conflictos. Por lo tanto, para un frente antifascista internacional, nuestra posición debe ser clara: no debemos caer en una lógica de alianza con un bloque contra otro. Nuestro internacionalismo debe permanecer independiente de las potencias estatales. ¿Qué significa esto? En primer lugar, rechazar la alineación con las potencias occidentales. En segundo lugar, rechazar también cualquier ilusión sobre los BRICS+. En tercer lugar, defender la independencia de los movimientos populares y construir la solidaridad entre los y las trabajadoras y los movimientos sociales. Se trata de una orientación estratégica esencial. Si el movimiento antifascista internacional alimenta ilusiones sobre los BRICS+, corre el riesgo de repetir los errores del pasado, en los que el antiimperialismo se transformó en apoyo a regímenes autoritarios. Por el contrario, hay que reconstruir un internacionalismo de los pueblos basado en la solidaridad entre las luchas sociales, democráticas y antifascistas a escala mundial.
G.L. : ¿Cuáles son las perspectivas para la organización de una conferencia en Asia? ¿Podrías hablarnos de la representación de las organizaciones asiáticas en Porto Alegre y de los retos que se plantean para la organización de un evento de este tipo a escala regional en 2027?
S.D. : La representación asiática en la conferencia de Porto Alegre, aunque todavía relativamente limitada, fue sin embargo un elemento importante y prometedor. Estuvieron presentes delegaciones de la India, Pakistán, Filipinas y otros países asiáticos, lo que permitió abrir un debate sobre la construcción de una dinámica antifascista en esta vasta región. Dicho esto, esta participación se quedó por debajo del potencial real. Asia es hoy una de las regiones donde las tendencias autoritarias y nacionalistas son particularmente fuertes. Podemos pensar en la India con el nacionalismo hindú, en Filipinas con la consolidación de dinámicas autoritarias, en el auge del militarismo en varios países o incluso en la represión contra los movimientos sociales en diferentes regiones.
Por otra parte, Asia se encuentra también en el centro de las rivalidades interimperialistas, en particular entre Estados Unidos y China, pero también de fuertes tensiones que implican a la India y Pakistán, fuertes tensiones entre Pakistán y Afganistán, o incluso conflictos en el sudeste asiático. Por lo tanto, esta situación refuerza la necesidad de construir una coordinación antifascista y antiimperialista en la región. Pero también existen retos específicos: la diversidad política, lingüística y cultural de Asia dificulta la construcción de un espacio común y la fuerte represión en varios países limita las posibilidades de organización abierta. Por último, los movimientos sociales suelen estar fragmentados y se enfrentan a contextos nacionales muy diferentes.
Sin embargo, a pesar de estas dificultades, el objetivo de organizar una conferencia antifascista regional en Asia es extremadamente importante. Se ha debatido la posibilidad de celebrar una conferencia en Filipinas, quizá en 2027, que sería también una conferencia regional asiática. En mi opinión, esto permitiría reforzar los vínculos entre los movimientos sociales, compartir experiencias de lucha contra la extrema derecha y construir una solidaridad internacional más fuerte. También es importante destacar nuestra convergencia en Estambul, en julio, con motivo de la cumbre contra la OTAN. Por lo tanto, es importante movilizarse por todo ello y, en este sentido, Porto Alegre debe considerarse como punto de partida para desarrollar dinámicas regionales, incluso en Asia.
Fuente : MARX 21
Sushovan Dhar es un activista político, escritor y sindicalista radicado en Calcuta. Está afiliado al CADTM India y forma parte del consejo editorial de Alternative Viewpoint. Sus escritos abordan temas como el trabajo, la deuda, la reestructuración neoliberal, el autoritarismo, los movimientos sociales y la política internacional, con un enfoque particular en Asia Meridional y el Sur Global. Sus artículos han sido publicados en diversas revistas y plataformas, como Jacobin, Viento Sur y Sin Permiso, entre otras.
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