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Entrevista a Eric Toussaint, CADTM
La bolsa o la vida
por Hilario Rosete Silva
4 de abril de 2004

Entrevista a Eric Toussaint, Presidente del CADTM, por Hilario Rosete Silva, Revista universitaria cubana Alma Mater.

En la cita estudiantil del sexto encuentro «Globalización y Problemas del Desarrollo» (La Habana, febrero 2004), usted señaló el actual cometido del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero, ¿cómo aparecieron estos en la geografía contemporánea?

El BM, junto con el FMI, fue creado tras la Conferencia de Bretton Woods. Ese es el nombre por el que pasó a ser conocida la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, realizada en julio de 1944 en la localidad homónima del Estado norteamericano de New Hampshire. La Conferencia, a la cual acudieron representantes de 44 países, fue convocada para intentar lograr la estabilidad de las unidades monetarias y del crédito, y, con ello, conseguir un nuevo orden económico internacional cuando finalizara la Segunda Guerra Mundial.

Algunos confunden al BM con el Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD).

Cuando se habla del Banco mundial se está hablando de dos entidades: el BIRD y la Asociación internacional para el desarrollo (AID). El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD), financia proyectos sectoriales, públicos o privados, en especial de los países del Tercer Mundo. También acuerda créditos concernientes a grandes esferas de actividad como son la agricultura y la energía. La Asociación Internacional para el Desarrollo (AID), otorga préstamos a largo plazo -entre 15 y 20 años- con bajas tasas de interés, dirigidos a los países menos industrializados. El Grupo del Banco Mundial, entidad diferente del Banco Mundial está compuesto, además de las dos instituciones citadas, por

a. la Corporación Financiera Internacional (CFI), gestora del financiamiento de instituciones o empresas privadas,

b. la Agencia multilateral de garantía de las inversiones (AMGI), y

c. el Centro internacional de arreglo de diferendos relativos a las inversiones (CIRDI).

Por extensión, y debido a ser el principal organismo de este grupo de organizaciones, suele hablarse del BM cuando se refiere al BIRD.

Recordaba usted que el FMI nació junto con el BM.

Sí, por su origen el FMI sería el defensor del nuevo sistema de cambios fijos. Sin embargo, a poco de caducar los acuerdos de Bretton Woods (1971), siguió en pie, y se transformó en gendarme y bombero del capitalismo mundial: gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural; bombero cuando interviene para apuntalar a un país tocado por la crisis financiera. Su modus operandi coincide con el del BM, y considera el reparto del derecho del voto según los aportes nacionales. Cinco Estados dominan: EE.UU. (17,35 % de voces), Japón (6,22 %), Alemania (6,08%), Francia (5,02 %), y Gran Bretaña (5,02%). Los otros se juntan en grupos dirigidos, a su vez, por un país. El más importante lo encabeza Bélgica, posee un 5,21% de votos y está integrado por Austria, Bielorrusia, Eslovenia, Hungría, Luxemburgo, Kazajstán, República Checa y Turquía. El menos trascendente lo preside Gabón, apenas cuenta con un 1,17% de voces y reúne a Benin, Burkina Faso, Cabo Verde, Camerún, Comores, Costa de Marfil, Chad, Malí, Guinea, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Madagascar, Mauricio, Togo, Mauritania, Nigeria, República Centroafricana, República del Congo, Rwanda, Senegal, Yibuti y Santo Tomé y Príncipe. Nótese, entre líneas, su verdadera naturaleza...

Sucintamente, sobre el presente papel de estas dos instituciones, ¿qué subrayaría usted?

A juzgar por el reparto antes descrito, el BM y el FMI son instrumentos en manos de las mayores potencias industriales, con Estados Unidos al frente, para domesticar a los gobiernos de los países de la periferia, entiéndase del Tercer Mundo y del ex bloque socialista.

¿Domesticar?

Sí, para supeditar a aquellos gobiernos a los intereses de las transnacionales, a los intereses de los países más desarrollados, a los intereses de las instituciones políticas que gobiernan allí, a los intereses de las clases capitalistas de estas potencias hegemónicas: no existe una clase capitalista mundial homogénea, perdura un nexo de dependencia de las clases capitalistas de los países periféricos respecto de las clases de los centros imperialistas. El BM, de conformidad con el FMI, realiza sus intervenciones en una perspectiva macro-económica, impone la implementación de políticas de ajuste para equilibrar la balanza de pagos de los países endeudados y «aconseja» a los sometidos a las terapias del FMI, el modo de reducir los déficit presupuestarios, de movilizar el ahorro interno y de liberar las tasas de cambio y los precios, mientras incita a los inversores extranjeros a instalarse en el Sur.

Allende los bancos y los fondos

Usted dijo que dicho papel lo asumieron estas instituciones sobre la marcha.

Al principio el BM y el FMI regularían el sistema capitalista e impedirían la degradación competitiva entre los países imperialistas, sirviendo al restablecimiento de Europa y Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, mas el papel del BM comenzó a cambiar en los años 60, y sobre todo en 1968, cuando Robert McNamara dimitió del cargo de Secretario de Defensa de Estados Unidos para convertirse en su presidente, puesto en el que permaneció hasta 1981. Del mismo modo, las tareas del FMI empezaron a «crecer» a partir de los 70, y en especial a inicios de los 80, cuando estalló la crisis de la deuda externa del Tercer Mundo (1982). Desde entonces ambas entidades forman un tándem perfecto: aúnan fuerzas y se complementan para disciplinar a los países endeudados e imponerles políticas de ajuste estructural. ¿Resultados? Estos abren sus economías a las inversiones y exportaciones de las transnacionales, y terminan respondiendo a los intereses estratégicos, geopolíticos, de las superpotencias.

También se refirió a las crisis que sufren ambos organismos.

Crisis de índole diversa. En los predios del BM, en la segunda mitad de los años 90, se intentó el ensayo de políticas económicas heterodoxas, es decir, implementación de espacios keynesianos según las fórmulas del experto británico J. M. Keynes (1883-1946); de ahí la elección de J. E. Stiglitz como economista-jefe (1997-1999), y de otros nombramientos reformistas. La tentativa terminó con la salida de Stiglitz, a fines de 1999, y con la renuncia, en junio de 2000, de Ravi Kanbur, jefe del equipo que redactaba el Informe (del BM) sobre el Desarrollo Mundial. La crisis interna igual se dio en las filas del FMI con el retiro, antes del término de su mandato, de M. Camdessus, su director gerente, y ahora con el de Kenneth Rogoff, su economista jefe, un neoliberal que dice que prefiere regresar a su universidad y dedicarse a los estudios.

Del mismo modo, el BM y el FMI padecen crisis de legitimidad.

Estas ocurren en medios contrapuestos: una, frente a una parte de la clase política dominante de Estados Unidos, y otra, frente a la opinión pública mundial. Mientras un sector de aquella clase norteamericana juzga innecesario el uso de instituciones multilaterales para dictar a otros la línea de su gobierno -alegan que son un lujo inútil para la política exterior yanqui, que pueden arreglárselas con acuerdos bilaterales-, en los últimos años se sucedieron inéditas, constantes y masivas movilizaciones contra esos organismos a lo largo y ancho del planeta.

Se trata de una nueva forma de resistencia de los pueblos contra el capital.

En ella participan diversos movimientos y organizaciones, inclusive de países ex socialistas como la República Checa. Estuve allí en septiembre de 2000, durante la campaña contra la 55ª cumbre anual del FMI y del BM. Está sería la primera reunión de su tipo en Europa Central y Oriental. Miles de representantes del capital se reuniron en Praga, y a ellos nos opusimos otros tantos manifestantes llegados de Italia, España, Grecia, Finlandia, Bélgica... El anuncio, por parte de los mandatarios, de la clausura anticipada de la cumbre, fue nuestra gran conquista. Debieron separarse sin llegar a un arreglo, totalmente desmoralizados. Se reunieron en un edificio de la época del socialismo real, en una especie de bunker que, con una salida especial hacia el metro, les evitaba enfrentar las protestas, pero infiltramos el subterráneo y los mantuvimos bloqueados y angustiados durante horas entre el túnel y la plataforma. Debían arribar a otro sitio de la ciudad para cenar y escuchar una ópera, e igual los retuvimos a la entrada del teatro, y, por supuesto, no hubo cena ni ópera. Tres años después, en septiembre de 2003, tendrían que reunirse en Dubai, ciudad del noreste de los Emiratos Árabes Unidos, en la costa oriental de la península Arábiga...

Muchos se preguntan si los países pobres podrían salir adelante al margen del BM y del FMI.

Los créditos de estas entidades no son donaciones, sino préstamos reembolsables que hay que pagar con intereses y con la adopción de medidas. El asunto es hallar nuevas fuentes de financiamiento. No comparto la idea de que estos países no tienen cómo respaldar su progreso. Mediante políticas redistributivas, a través de legislaciones tributarias, cobrándoles a los ricos una tasa excepcional sobre su patrimonio -los ricos de Argentina, Brasil o México amasan un caudal enorme-, podría financiarse un importante fondo de desarrollo interno. Así se impone su intervención activa en el comercio mundial, formando frentes de productores para aumentar los precios al estilo de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP). El fomento del precio de venta, del petróleo o de otras materias primas y productos básicos, aumentaría los ingresos por concepto de exportación, y estos, a su vez, potenciarían el mercado interno.

Acciones, bonos, muerte, vida y amor

Usted también aconsejó el establecimiento de tasas globales a escala internacional.

Exacto, y el paradigma es la conocida tasa Tobin, impuesto sobre las transacciones de cambio, o sea, sobre las conversiones de moneda, propuesto en 1927 por el economista estadounidense James Tobin para estabilizar el sistema financiero internacional. La idea ha sido retomada por la Asociación por una Tasa a las Transacciones Especulativas y la Acción Ciudadana (ATTAC) y por otros movimientos empeñados en el hallazgo de alternativas, entre ellos el CADTM, con el fin de reducir la especulación financiera y redistribuir el beneficio del impuesto entre los más necesitados. Los especuladores que se dedican a cambiar dólares por yenes, luego yenes por euros, más tarde euros por dólares, y así sucesivamente, convencidos de que esta moneda se depreciará y que aquella otra se apreciará, tendrían que pagar una tasa mínima por cada una de esas transacciones, entre el 0,1 y el uno por cientos. Según ATTAC, el impuesto reportaría unos 100 mil millones de dólares anuales a escala mundial. Para justificar su rechazo, la medida ha sido tildada de subjetiva por parte de las clases dominantes, pero el análisis de las finanzas realizado por ATTAC y otras sociedades demuestra la simpleza y pertinencia del gravamen.

¿Habría que pensar igual en otras tasas globales?

Se implementarían tasas sobre: uno, inversión extranjera; dos, repatriación de ganancia; tres, emisión de dióxido de carbono... Estas permitirían dirigir el ingreso fiscal internacional hacia fondos -para el desarrollo- que no generan deudas externas. Se trata, insistimos, de una política redistributiva mundial en favor de los países de la periferia, como desagravio por los cinco siglos de pillaje a los que han sido sometidos por parte de metrópolis e imperios. El dominio de los actuales centros imperialistas sobre las naciones llegó a consolidarse a consecuencia de la explotación del proletariado de sus países respectivos, pero también, y fundamentalmente, por efecto del saqueo de la periferia: ahí está el origen del capital. Podemos renunciar a los créditos del BM y del FMI y practicar políticas dibujadas por los gobiernos del Sur, conforme a los acuerdos Sur-Sur, y respetando acuerdos internacionales factibles sobre tasas globales, intervención activa en el comercio mundial y otras iniciativas.

¿Entonces otro mundo es posible?

Es verosímil la forja de un modelo alternativo coherente, signado por una política de cambios sociales en beneficio de los pobres, de redistribución de riquezas, que juzgue como prioritarios los temas agrícolas y de sustitución de importaciones. Pero son las fuerzas sociales las que, movilizándose, pueden darle un sustento real.

En los últimos años Latinoamérica mostró una gran capacidad de resistencia al neoliberalismo.

Las resistencias son más fuertes que hace 10 ó 15 años. Además de la lucha del pueblo de Cuba, de las jornadas vividas por Argentina desde diciembre de 2001, y del combate de Venezuela, un ejemplo magnífico es Bolivia y la aptitud de su ciudadanía para reiniciar un ciclo de lucha y recuperar el control sobre sus recursos naturales. Esa capacidad fue probada en abril de 2000 con la honrosa batalla de Cochabamba contra la privatización del agua, y, entre septiembre y octubre de 2003, con la sostenida por todo el país contra la venta de gas natural a Estados Unidos. A medio siglo de la nacionalización de las minas y del decreto del monopolio público sobre la exportación del estaño (1952), y luego de dos décadas de una ofensiva neoliberal que privatizó y puso en manos foráneas, en connivencia con la burguesía nacional, servicios públicos y recursos naturales, una vez más Bolivia nos señala el camino.

La presentación en La Habana de su libro La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos (*), nos recordó un antiguo proverbio: «Quien lleva algo en el saco para ofrecer al ladrón, salvará su pellejo.» El trato con los demandantes financieros, ¿aconseja admitir la sugerencia?

En verdad los acreedores internacionales no nos permiten elegir entre una y otra cosa, no nos dan opción entre la bolsa o la vida, sino que nos toman la bolsa y la vida, y es preciso rechazar esa amenaza. Pero detrás del título subyace otra esencia: el deber de escoger entre la vida y la bolsa, ese mercado en el que se efectúan operaciones mercantiles y financieras con valores mobiliarios, acciones, bonos... Aquí sí debemos votar una de dos, y optar por la vida, contra una bolsa de lógica mortal, contra una bolsa de cifras, contra una bolsa que sube cuando miles de trabajadores son despedidos y Estados Unidos invade Iraq. Siendo esta una lógica mortífera, debemos preferir la vida y negarnos a la bolsa de valor.


(*) Eric Toussaint, “La Bolsa o la Vida. Las Finanzas contra los pueblos”, Editorial Ciencias Sociales de Cuba, La Habana, 2003, 395p. ISBN 959-06-0620-2

Hilario Rosete Silva