El FMI propaga la tuberculosis

1ro de agosto de 2008 por Olivier Bonnet


La publicación Loubnan ya Loubnan señala un artículo aparecido en la edición del 22 de julio del The New York Times que llama la atención. Se trata de una investigación científica sobre un asunto sorprendente: la relación entre el resurgimiento de la tuberculosis en los países de Europa del Este y… el Fondo Monetario Internacional FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.

A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.

Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).

Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).

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. «Los estudios precedentes demuestran que los programas económicos del FMI influyen en las infraestructuras de los sistemas sanitarios de los países en los que se aplican», explican en la introducción los tres investigadores, de las universidades de Cambridge (Gran Bretaña) y Yale (EEUU), autores del estudio. Dichos investigadores han escudriñado minuciosamente, entre 1992 y 2003, las evoluciones respectivas de la progresión de la tuberculosis en los países que contrataron préstamos del FMI y los que no. Su conclusión es afirmativa: «El aumento de la tuberculosis está relacionado con los préstamos del FMI».

Por su parte, el organismo internacional ha puesto el grito en el cielo: «La tuberculosis es una enfermedad que se desarrolla lentamente», objeta su portavoz William Murray, «por lo tanto, el aumento de las tasas de mortalidad sin duda está relacionado con cualquier cosa que actuaba antes de las financiaciones del FMI. No es más que un truco científico». David Stuckler, de la facultad de Ciencias Sociales y Políticas de Cambridge, se defiende esgrimiendo sus cifras: De los 21 países estudiados, los que obtuvieron un préstamo del FMI registraron un aumento del 13,3% de nuevos casos de tuberculosis cada año, un 13,3% de afectados por este mal y un 16,6% más de defunciones relacionadas con la enfermedad. La ecuación es la siguiente: por cada porcentaje suplementario de préstamo, un 0,9% de aumento de la mortalidad. Por el contrario, cuando un país abandona el programa del FMI, su mortalidad desciende, milagrosamente, una media del 31%. «Cuando encuentras una relación, te asalta una sospecha», explica David Stuckler, «pero cuando encuentras más de 20 relaciones en el mismo sentido, empiezas a establecer un fuerte vínculo causa-efecto». Y de hecho, la curva comparativa de los países deudores del FMI y los demás es elocuente, como se puede comprobar aquí:

Pero, ¿cómo se explica esta inquietante relación? ¿El FMI inocula a sabiendas a las poblaciones concernidas el bacilo de Koch, bacteria responsable de la tuberculosis, enviando a portadores de gruesas maletas de billetes de banco que padecen la enfermedad para que escupan su infecciosa tos (única vía de contagio) en la cara de esos desgraciados de los países del Este? La hipótesis es atractiva, pero poco probable. Las cosas son a la vez más sencillas y más perversas. Las exigencias del FMI, cuando se trata de conceder un préstamo a un Estado, son draconianas. Y llevan el sello del liberalismo más ortodoxo: el FMI exige las «reformas estructurales» -un cómico parecido con el discurso sarkozista ¿no creen?-, a saber: claros recortes, por ejemplo, en los gastos de educación y sanidad, en paralelo con la privatización de los servicios públicos. «¡Si quieren nuestro dinero, respeten la doctrina liberal!». Suciedad, hacinamiento, alcoholismo: estos factores que favorecen la tuberculosis indican claramente que se trata de una enfermedad de los pobres. Así, de la misma forma que por dondequiera que se aplican, las recetas liberales originan un agravamiento de las desigualdades y una explosión de la pobreza, las condiciones de obtención de los préstamos del FMI conducen a sus deudores a aplicar políticas antisociales que llevan al resultado expuesto en el estudio: un 16,6% de mortalidad suplementaria causada por la tuberculosis.

Actualmente esta enfermedad mata a dos millones de personas en el mundo todos los años y se diagnostican 8,5 millones de casos nuevos, de ellos unos 6.000 en Francia. Apostamos a que gracias a las bellas «reformas» y la bonita «modernización» asestadas a nuestro desgraciado país por la camarilla dirigente, rápidamente escalaremos puestos en la jerarquía de los tuberculosos del mundo.

El estudio completo en inglés está publicado en la Web de la «Public Library of Science».



Olivier Bonnet es un periodista independiente francés y acaba de publicar el libro: Sarkozy, la grande manipulation, Les points sur les i (mayo 2008).

Traducido por Caty R. Pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.

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