Banco del Sur : 90 días de silencio

2 de abril de 2008 por Gabriel Strautman


En el acto de fundación del Banco del Sur, realizado en la ciudad de Buenos Aires el día 9 de diciembre de 2007, los presidentes de los países miembros del banco fijaron un plazo de 60 días para que la estructura y las directrices de la nueva institución financiera multilateral sudamericana fueran definidas. En la práctica, se buscaba establecer un límite para que las divergencias entre los miembros sobre el rol del banco fueran eliminadas. Sin embargo, el sábado 9 de febrero el plazo se agotó sin que ningún avance se haya alcanzado. Desde la fundación del banco pasaron más de 90 días. Ningún gobierno se ha pronunciado al respecto y los medios de prensa conservadores que siempre han tratado el tema con prejuicio, buscando asociarlo automáticamente a un movimiento de expansión del proyecto bolivariano por América del Sur, sin siquiera evaluarlo, no lo han cuestionado. Precisamente en este contexto es que se hace necesario prestar atención a las informaciones contenidas en todo este silencio, pues el boicot al debate consolida algunas posiciones en este conflicto.

Desde el primer momento, la iniciativa de creación de una institución financiera multilateral en América del Sur estuvo asociada a la idea de construcción de una nueva arquitectura financiera regional y a la búsqueda de alternativas a las instituciones financieras multilaterales (IFM) controladas por los países del norte, como el Banco Mundial Banco mundial Creado en 1944 en Bretton Woods en el marco del nuevo sistema monetario internacional, el Banco posee un capital aportado por los países miembros (189 miembros el año 2017) a los cuales da préstamos en el mercado internacional de capitales. El Banco financia proyectos sectoriales, públicos o privados, con destino a los países del Tercer Mundo y a los países antes llamados socialistas. Se compone de las siguientes tres filiales.

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, el Fondo Monetario Internacional FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.

A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.

Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).

Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).

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y el Banco Interamericano de Desarrollo. Este debate solo ha sido posible gracias a la concentración de elevados niveles de reservas internacionales en las economías de la región, lo que ha motivado la discusión sobre como impedir la salida de estos recursos e inyectarlos en la esfera productiva de sus economías. La idea era la creación de un banco de fomento sudamericano, capaz de centralizar los ahorros de estos países y convertirlos en inversiones productivas, reduciendo la vulnerabilidad de la región con relación a los ciclos de la economía internacional. Estaríamos, pues, estableciendo las bases de un verdadero sistema financiero autónomo, que contribuiría a la reducción de las asimetrías de poder entre los países de la región, y anularía la dependencia de los mismos con relación a los flujos internacionales del capital financiero.

Sin embargo, jamás existió consenso entre los países socios del Banco del Sur respecto al rol de la nueva institución. Los debates han estado marcados por disputas entre aquellos que apuestan en la idea de ruptura con relación al sistema financiero internacional y aquellos que creen en el respeto a las reglas impuestas por la dictadura de las finanzas globalizadas y que, por el tanto, ven en la institución multilateral regional apenas una nueva fuente de recursos para antiguos proyectos. Después de meses de negociación, los presidentes de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela firmaron el acta de fundación del Banco del Sur, en lo que fue el último acto oficial del argentino Néstor Kirchner como presidente de su país. En el documento, además del plazo de 60 días para la elaboración del convenio constitutivo del banco, los gobernantes acordaron que la nueva institución será un banco de desarrollo, orientado hacia el financiamiento de sectores estratégicos para la economía regional, el desarrollo científico y tecnológico, y proyectos para reducir la pobreza. El documento también prevé la creación de un fondo de emergencia para catástrofes.

Esta aparente convergencia, entretanto, se deshace con el silencio que ha caracterizado a los 90 días que pasaron desde la firma del acta. El mismo silencio que volvió a proyectar una niebla de incertidumbre sobre el futuro del Banco del Sur. Los focos de conflicto están asociados a cuestiones sobre la composición del capital y al sistema de toma de decisiones de la nueva institución, que a su vez serán determinantes para la decisión de los objetivos de financiamiento del banco, talvez el principal motivo de discordia entre los socios.

Sobre la composición del capital, los principales puntos de conflicto están relacionados con el origen de los fondos y los aportes por país – si van a ser iguales o proporcionales al tamaño de cada economía. En lo que respecta a la primera discusión, hay una disputa entre los socios sobre la restricción o no en la formación del capital del banco, es decir, se discute si los fondos serán compuestos solamente por recursos públicos de cada país miembro o si será posible también que sean captados en los mercados de capitales. En la primera hipótesis, la composición de los fondos con recursos públicos – por ejemplo, a partir de la transferencia de parte de las reservas internacionales o desde tributación sobre flujos de capitales – significaría una mayor autonomía para el Banco del Sur con relación a las imposiciones del mercado financiero. Por otro lado, la captación en el mercado obligaría a la institución a seguir los criterios de eficiencia estrictamente económicos y las condicionalidades impuestas por las IFM. Cabe destacar que el acta de fundación del banco ya prevé la posibilidad de captación en los mercados al afirmar que la institución cumplirán sus funciones «haciendo uso del ahorro intra y extra regional». Entre los defensores de estas directrices, supuestamente técnicas y no políticas, se encuentran Brasil y Argentina, que al asumir tal posición revelan el desprecio por la noción de que el tecnicismo del liberalismo económico está cargado de ideología y que las IFM históricamente defendieron los intereses políticos y económicos de los países del norte.

Por su parte, la cuestión del volumen de los aportes por país al fondo del Banco del Sur, está relacionada con una de las principales razones para la creación de la institución: el financiamiento de la integración de los países de la región y la reducción de las asimetrías entre los mismos. En esta perspectiva, se podría esperar que las principales economías realizaran mayores aportes al capital del banco, sin reivindicar por esto mayor poder en el sistema de toma de decisiones. Para crear un estímulo capaz de desencadenar el proceso de reducción de las asimetrías de poder y, por consecuencia, de las asimetrías económicas, el sistema decisorio del Banco del Sur debería obedecer al criterio de un voto por país y jamás a un voto por dólar aportado. Esta distinción separa a los países con economías más grandes de un lado, y a los que poseen economías menores del otro, lo que constituye el segundo foco de disputas. En ese contexto, han surgido propuestas para que todos los países realicen aportes iguales, lo que obviamente no representa un esfuerzo equivalente a la condición de cada uno y en nada contribuye a la reducción de las asimetrías.

Tanto la discusión sobre la composición del capital del Banco del Sur – a partir de fondos públicos de cada país o en el mercado de capitales – cuanto la discusión sobre su sistema de toma de decisiones – un voto por país o un voto por dólar aportado – son decisivas para la determinación de los objetivos de financiamiento del banco. El acta de fundación prevé el «financiamiento de sectores estratégicos», por lo que la correlación de fuerzas de la nueva institución será la que determine la respuesta a la siguiente pregunta: ¿estratégicos para quienes?

¿Vamos a tener un Banco del Sur orientado solamente por criterios de eficiencia económica y con un sistema de toma de decisiones que reproduzca las relaciones de poder hoy existentes? En este caso, ¿el nuevo banco financiará grandes proyectos de infraestructura que generan enormes impactos socioambientales y responden a las necesidades de expansión de los principales grupos económicos en disputa en la región o privilegiará el financiamiento de proyectos solidarios, enfocados en la reducción de las asimetrías de las condiciones de vida de, y entre, los diferentes países de América del Sur, a partir de la construcción de una instancia decisoria igualitaria, transparente, y que contemple la existencia de mecanismos de participación de los movimientos sociales?

El boicot del debate sobre la creación del Banco del Sur beneficia la posición de aquellos que tienen «más para perder» con la creación de la nueva institución. En ese sentido, Brasil sería uno de los más interesados en el fracaso de la iniciativa y el más beneficiado por el silencio de las negociaciones. Inicialmente, el gobierno brasileño declaró que no formaría parte del Banco del Sur, con la excusa de que la idea no había sido suficientemente debatida y que, en contrapartida, aumentaría su participación en la Corporación Andina de Fomento (CAF). En realidad, en ese momento las autoridades de este país no apostaban por que la idea inicialmente impulsada por Argentina y Venezuela saldría adelante. Además, el país ya cuenta con los recursos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que solamente en el 2006 desembolsó R$52,3 mil millones (aproximadamente US$30 mil millones de dólares), incluso a empresas brasileñas que actúan en el exterior. Sin embargo, con el avance de las negociaciones, el gobierno brasileño se vio obligado a formar parte del proyecto, con la condición de que el banco siguiera directrices técnicas y no políticas.

Desde una perspectiva internacional, el silencio y paralización del proceso benefician a quienes sostienen que el proyecto es tan solo una idea del presidente venezolano Hugo Chávez, sin mayor consenso o posibilidades de realización. En este marco, se pueden inscribir las posturas de Chile, Perú y hasta de Colombia, aunque en algún momento también manifestó su intención de unirse a la iniciativa. Como actores extraregionales, en última instancia la postergación de la puesta en práctica del banco favorece la posición de las instituciones financieras tradicionales.

Es necesario resistir a las iniciativas que pretenden encuadrar al Banco del Sur en los moldes de un banco tradicional como las IFM, pues lo que tal vez escapa al control desde un punto de vista técnico-científico, responde a la lógica de los procesos de resistencia en marcha en la región actualmente. En este sentido, y considerando el importante rol que podrá desempeñar el banco en la promoción de una integración solidaria entre los países de América del Sur, y en la reducción de las asimetrías de las condiciones de vida de y entre los países, la sociedad debe presionar a los gobiernos de la región para que los mismos adopten posturas transparentes que permitan el control social de las negociaciones.




Gabriel Strautman es economista del Instituto PACS y miembro de la Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais y Rede Jubileu Sul. El autor agradece a los comentarios de María José Romero – del Instituto del Tercer Mundo de Uruguay.

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