3 de febrero de 1918 – 3 de febrero de 2018

Febrero de 1918 - Febrero de 2018: hace cien años, el repudio de la deuda rusa

12 de febrero por Eric Toussaint , Nathan Legrand


El 3 de febrero celebramos el centenario del repudio de las deudas ilegítimas proclamado por los soviets el 3 de febrero de 1918

2017 ha marcado el centenario de la revolución rusa, primera revolución de la historia que derrocó el capitalismo en la perspectiva de una revolución socialista internacional, y que condujo a inmensas esperanzas para todas las personas que, a escala internacional, sufrían la violencia de la explotación capitalista, del colonialismo y de la guerra. La revolución en Rusia fue agredida por los defensores del orden imperialista y, tras una fase progresiva de deformación y de degeneración burocrática que había comenzado muy temprano, fue ahogada por la dictadura estalinista. [1]

Sin embargo, sus comienzos eran prometedores: el poder revolucionario instaurado en octubre de 1917 en Rusia pudo poner en marcha algunas de las principales reivindicaciones populares, como la paz, la distribución de la tierra a los campesinos, la nacionalización de los bancos y la anulación de las deudas campesinas con ellos, el reconocimiento efectivo del derecho a la autodeterminación de los pueblos, la afirmación de los derechos de las mujeres así como la jornada de trabajo de ocho horas.

2018 es así el centenario de varias realizaciones de la revolución rusa. Una de ellas, a menudo dejada de lado, es el mantenimiento de una promesa hecha por los y las revolucionarias rusas desde 1905: el 3 de febrero de 1918 [2] fueron anuladas, por decreto, todas las deudas contratadas por el régimen zarista derrocado unos once meses antes. Lo mismo ocurrió con las deudas contratadas por los gobiernos provisionales que se sucedieron entre la caída del zar y la revolución de octubre de 1917, puesto que éstos continuaron movilizando las finanzas públicas con el objetivo de continuar la guerra, perpetuando una situación de violencia y de miseria cuando el pueblo reclamaba la paz.

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23 febrero 1917: manifestación de mujeres en Petrograd


Un repudio anunciado y motivado desde 1905

En diciembre de 1905, el soviet [3] de San Petersburgo publicó un llamamiento conocido con el nombre de “Manifiesto financiero” [4] en el que denunciaba la ilegitimidad de las deudas contratadas por el zar y anunciaba que no reconocería éstas el día en que la autocracia fuera derrocada.

El manifiesto muestra la desastrosa situación en la que se encuentra la población debido a las políticas económicas adoptadas por el gobierno del zar, que “dirige en su propio Estado como en un país conquistado”. Esas políticas no son dirigidas con el objetivo de desarrollar el país, sino con el de enriquecer a una ínfima minoría privilegiada, de reforzar el poder coercitivo del zar y de llevar a cabo guerras de conquista (la Rusia zarista sale entonces de una derrota militar contra Japón).

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Leon Trotski a su llegada a Petrogrado en mayo 1917

Así, el manifiesto enuncia: “El Gobierno llega a la bancarrota. Ha hecho del país un montón de ruinas, lo ha sembrado de cadáveres. Agotados, hambrientos, los campesinos ya no están en situación de pagar los impuestos. El Gobierno se ha servido del dinero del pueblo para abrir créditos Créditos Suma de dinero que una persona (el acreedor) tiene el derecho de exigir de otra persona (el deudor).

Créditos privados
Préstamos concedidos por los bancos comerciales, sea cual sea el prestatario.

Créditos públicos
Préstamos concedidos por acreedores públicos, sea cual sea el prestatario.
a los propietarios. Ahora no sabe qué hacer con las propiedades que le sirven de garantías Garantías Acto que proporciona a un acreedor una seguridad en el cumplimiento del compromiso del deudor. Distinguimos entre garantías reales (derecho de retención, fianza, prenda, hipoteca, privilegio) y las garantías personales (caución, aval, carta de intención, garantía autónoma). . Ni los talleres ni las fábricas funcionan. Falta el trabajo. Por todas partes vemos el marasmo comercial”.

Los revolucionarios denuncian por medio de ese manifiesto la utilización hecha de los empréstitos y las rentas del Estado: “El gobierno ha empleado el capital de los empréstitos extranjeros en construir ferrocarriles, una flota, fortalezas, en constituir reservas de armas (…). Desde hace tiempo el Gobierno gasta todos los ingresos del Estado en mantener el ejército y la flota. No hay escuelas. Las carreteras están en un estado espantoso. A pesar de lo cual, falta el dinero, incluso para la alimentación del soldado. (…). El Gobierno ha dilapidado las cajas de ahorro y ha hecho uso de los fondos depositados para el sostenimiento de los bancos privados y de empresas industriales que, con frecuencia, son absolutamente dudosas. Con el capital del pequeño ahorro, juega a la bolsa Bolsa Lugar de encuentro de la oferta y demanda de valores mobiliarios que ya fueron emitidos en el mercado financiero primario. La bolsa es por tanto el mercado de ocasión de títulos mobiliarios; también llamado mercado secundario. , exponiendo los fondos a riesgos cotidianos”.

Este endeudamiento es ilegítimo: los préstamos son contratados en beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. de la autocracia zarista que “jamás gozado de la confianza del pueblo, ni ha recibido de éste mandato alguno”, así como de los capitalistas extranjeros, de los capitalistas rusos y contra el pueblo ruso y las naciones dominadas por el Imperio zarista.

Es odioso: los banqueros mayoritariamente franceses e ingleses que emiten los títulos de la deuda Deuda Deuda multilateral La que es debida al Banco Mundial, al FMI, a los bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de Desarrollo.
Deuda privada Préstamos contraídos por prestatarios privados sea cual sea el prestador.
Deuda pública Conjunto de préstamos contraídos por prestatarios públicos. Reescalonamiento. Modificación de los términos de una deuda, por ejemplo modificando los vencimientos o en relación al pago de lo principal y/o de los intereses.
rusa están perfectamente al corriente del carácter no democrático del régimen y saben que los préstamos no son realizados en beneficio de la población. [5] Esos banqueros, entre los cuales el Crédit Lyonnais juega un papel muy importante, perciben importantes comisiones y son los mismos que favorecen la repatriación inmediata de las ganancias realizadas por las inversiones de los capitalistas europeos en Rusia. Además, ayudan al zar a sobornar a periodistas y políticos occidentales a fin de mentir deliberadamente sobre la situación en el Imperio ruso, a fin de animar a las clases medias de sus países respectivos a hacerse portadoras de títulos de la deuda rusa. [6]

Este endeudamiento es insostenible: las condiciones de vida de la población rusa son las descritas más arriba y no pueden mejorar mientras el país esté asfixiado financieramente por su deuda pública.

En consecuencia de todo ello, el soviet de San Petersburgo llama al derrocamiento de la autocracia y al establecimiento de un poder constituyente que represente las aspiraciones populares y “someta a una investigación rigurosa las finanzas del Estado y establezca un presupuesto detallado, claro, exacto y verificado de los ingresos y gastos públicos”. En fin, decide “no tolerar el pago de las deudas por todos los empréstitos que el gobierno del zar ha concertado mientras llevaba a cabo una guerra abierta contra todo el pueblo”.

Entre 1905 y 1917, la situación se degrada. En 1914, los imperialismos alemán, británico y francés emprenden una increíble carnicería con el objetivo de repartirse el mundo. Del lado de los imperios en declive, Austria-Hungría y el Imperio otomano se sitúan tras el Imperio alemán. Por su parte, Rusia se alía con Francia y el Imperio británico, con la esperanza en particular de tener un acceso directo al Mediterráneo obteniendo Constantinopla, capital del Imperio otomano. [7] Entre la militancia socialista rusa en el exilio, los y las que serán futuros Futuros
Contrato a término
Un contrato a término o futuros (futures en inglés) es un compromiso firme de entrega normalizado, donde las características son conocidas de antemano, por una cantidad determinada de un activo subyacente definido con precisión, en una determinada fecha, denominada vencimiento, en lugar prefijado, y negociado en un mercado a término organizado. Los contratos a término son los instrumentos financieros que más se negocian del mundo.
dirigentes de la Rusia soviética se oponen a la guerra en cuanto ésta estalla y llaman a la solidaridad entre todos los pueblos europeos en la lucha contra sus burguesías respectivas.

La guerra, con sus millones de víctimas y sus destrucciones masivas, precipita los ascensos revolucionarios en Europa. Tiene también como consecuencia enriquecer a mercaderes de cañones y a los bancos. Entre 1913 y la revolución de octubre de 1917, la deuda pública rusa se multiplica por 3,6 y pasa de 930 millones de libras a 3.385 millones.

En noviembre de 1917, bolcheviques y socialistas revolucionarios de izquierda forman un gobierno apoyado por los soviets, en los que se ejerce de facto la soberanía popular desde el derrocamiento del zar. El nuevo gobierno reconoce de jure la soberanía de los soviets. El decreto de repudio de las deudas del régimen zarista y de los gobiernos provisionales es adoptado el 3 de febrero de 1918, y publicado en el periódico oficial una semana más tarde.

Más tarde, León Trotsky escribirá en su autobiografía: “La revolución reconoce muy bien sus obligaciones propias. El compromiso que había tomado el 2 de diciembre de 1905, lo cumplió el 10 de febrero de 1918. Tiene absolutamente derecho a decir a los acreedores del zarismo: “¡Señores, ustedes fueron advertidos a tiempo!”. [8]

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Periodico L’Humanité de novembre de 1917


Una violenta reacción de los acreedores

Los dirigentes de la nueva Rusia soviética no imaginan una culminación de la revolución posible sin que ésta no se extienda más allá de las fronteras rusas. Débil económicamente, Rusia tiene necesidad de aliados. La dirección soviética llama a la revolución mundial mientras que los ascensos revolucionarios se hacen sentir en los países europeos, en los que cada vez más soldados como población civil se oponen a la guerra. Las potencias capitalistas ven en la oposición a la Rusia soviética el medio para impedir el contagio revolucionario en sus propios países.

Por otra parte, los intereses económicos de las potencias extranjeras son puestos en dificultades por la revolución rusa. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el 80% de la deuda externa rusa estaba en manos de inversores basados en Francia y la mayor parte de los empréstitos rusos en curso habían sido emitidos en la plaza financiera de París. Los demás acreedores de Rusia eran principalmente británicos, belgas y alemanes. Las inversiones productivas en Rusia eran realizadas bastante más por capitalistas europeos que por la clase capitalista rusa, muy poco desarrollada. Ahora bien, el repudio de las deudas se añade pronto a la nacionalización de la industria.

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Febrero 1917

Las potencias capitalistas europeas, los Estados Unidos, Canadá y Japón se lanzan así a una agresión imperialista contra la Rusia soviética. Según Winston Churchill ministro de la guerra en el gobierno británico, las tropas extranjeras aliadas llegaron a alcanzar 180.000 soldados. La intervención extranjera arma y apoya activamente a los ejércitos contrarrevolucionarios en Rusia con el objetivo de derrocar el gobierno soviético y de restaurar el capitalismo en el país. Como era previsible, el gobierno francés, fiel a los intereses de los capitalistas de su país, es el más encarnizado de los gobiernos extranjeros que intervienen militarmente en Rusia.

La Rusia soviética triunfa finalmente en la guerra civil y las tropas extranjeras deben retirarse en 1920 y 1921 (solo Japón mantuvo tropas en Rusia hasta 1922). Reconoce las independencias de los tres Estados bálticos y de Polonia en nombre del derecho a la autodeterminación de los pueblos y reafirma que las deudas contratadas por el zar en nombre de esos territorios ocupados por la Rusia imperial no deben ser pagadas. Esta última disposición provoca vivas protestas por parte de las potencias aliadas, en total contradicción con el tratado de Versalles de 1919 que afirma que los territorios colonizados por Alemania hasta su derrota no pueden ser obligados a reembolsar las deudas contratadas por la potencia colonizadora.

En la primavera de 1922, se convoca una conferencia internacional en Genova por cinco potencias capitalistas, en primera línea de las cuales se encuentran Gran Bretaña y Francia (los Estados Unidos, que se han convertido en la primera potencia económica mundial tras la guerra, se mantienen al margen de este encuentro). La joven Rusia soviética, invitada como la mayor parte de las naciones independientes, acepta el encuentro (sus representantes criticarán en él la ausencia de invitación a los pueblos colonizados y a las organizaciones obreras). Oficialmente, la conferencia de Ginebra tenía por objetivo organizar la reconstrucción europea. En realidad, Rusia, exhausta tras la guerra civil y sometida a un bloqueo económico que no había sido aún completamente levantado, estaba dispuesta a contratar préstamos y a atraer inversiones extranjeras para relanzar su economía. Los dirigentes europeos, conscientes de esta situación, contaban con utilizarla para forzar al gobierno soviético a reconocer las deudas repudiadas en 1918 y a abandonar los llamamientos a la revolución mundial. Se trataba finalmente de obtener, por vías diplomáticas y por el chantaje, lo que las armas no habían podido realizar.

En efecto, cinco días después del comienzo de la conferencia, se presenta un documento que exponía las exigencias de los gobiernos capitalistas a Rusia. En éste, se demanda explícitamente al gobierno soviético que reconozca “las obligaciones financieras de sus predecesores, es decir del Gobierno Imperial ruso y del Gobierno provisional ruso, con respecto a las Potencias extranjeras y a sus ciudadanos”. [9] Este documento reclama la puesta en pie de una “comisión de la deuda rusa” para ejercer una tutela financiera extranjera sobre Rusia con el objetivo de reembolsar las deudas precedentemente repudiadas.

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La conferencia de Genova en 1922

Los dirigentes capitalistas se decepcionarían pronto. Los diplomáticos rusos reafirman que el gobierno soviético estaba perfectamente en su derecho al repudiar toda la deuda zarista (igual que la contratada por el gobierno provisional antes de la revolución de octubre de 1917). Afirman que las exigencias europeas respecto al pago de la deuda zarista representan para Rusia “supervivencias de un pasado que le es odioso” y que una revolución que está creando un orden jurídico nuevo, los gobiernos y regímenes que han salido de ella “no están obligados a respetar las obligaciones de los gobiernos derrocados”.

En este sentido, los diplomáticos soviéticos movilizan los precedentes históricos de Francia y de los Estados Unidos: “La Convención francesa, de la que Francia se reclama como su heredera legítima, proclamó el 22 de septiembre de 1792 que la “soberanía de los pueblos no es afectada por los tratados de los tiranos”. Conforme a esta declaración, la Francia revolucionaria no solamente destruyó los tratados políticos del antiguo régimen con el extranjero, sino que incluso repudió su deuda de Estado. Sólo consintió el pago, y eso por motivos de oportunidad política, de un tercio. (…). Esa práctica, erigida en doctrina por eminentes hombres de leyes, fue seguida, casi constantemente, por los gobiernos surgidos de una revolución o de una guerra de liberación. Los Estados Unidos repudiaron los tratados de sus predecesores, Inglaterra y España”.

El gobierno soviético consiente sin embargo en concesiones bajo la forma de un reinicio de los pagos de ciertas deudas del zar (en particular las contratadas a fin de construir los ferrocarriles en Rusia) tras un plazo de treinta años si los gobiernos acreedores aceptan a cambio reconocer oficialmente a la Rusia soviética, concederles préstamos bilaterales y realizar inversiones productivas.

Esto es lo que responde el gobierno británico: “En Europa occidental, cuando un hombre vende una mercadería a otro, tiene un prejuicio curioso: le gusta que le paguen. Otro prejuicio es este: si un hombre presta dinero a su vecino, a su demanda, contra una promesa de reembolso, él espera que le paguen. Y todavía otro prejuicio: si ese vecino va a verlo y le pide de nuevo ayuda, naturalmente, el primero le pregunta: “¿Realmente tiene intención de reembolsarme? Págueme primero lo que le he prestado.” Si a eso, el prestatario responde: “Pero mis principios no me permiten pagar”, aunque le parezca muy extraño a la delegación rusa, ese occidental está tan lleno de prejuicios que, muy probablemente, no le querrá volver a prestar dinero”.

Los representantes soviéticos, que habían subrayado ya que su gobierno no demandaría reparaciones por las destrucciones sufridas durante la guerra civil cuando podría hacerlo, remiten entonces a las potencias capitalistas a sus responsabilidades: “El Sr. Primer Ministro de la Gran Bretaña me dice que si mi vecino me ha prestado dinero, yo debo pagarle, y bien estoy de acuerdo en ese caso, buscando la conciliación, pero cuando agrego que si ese vecino ha irrumpido en mi casa y, habiendo matado a mis hijos, rompió mi mobiliario, quemó mi casa, él debe, por lo menos, comenzar por restituirme lo que destruyó”.

Hay que señalar que durante esta última discusión, el gobierno británico reconoce los fundamentos de la doctrina de repudio de las deudas de un antiguo régimen por un gobierno revolucionario, pero se niega a aplicarla con el pretexto de que ello no sería diplomático: “Cuando ustedes escriben a alguien para obtener nuevas sumas de dinero, no es realmente el medio para lograrlo el de consagrar la mayor parte de vuestra carta a una sabia disertación para justificar el repudio de las deudas. No es eso lo que los ayudará a obtener créditos. Puede ser que sea una doctrina muy sólida, pero no es diplomática”.


!Emprender un repudio unilateral de deuda es posible!

La conferencia termina así sin que se encuentre ningún acuerdo entre la Rusia soviética y sus acreedores europeos. Sin embargo, se encuentra un acuerdo bilateral con la República de Weimar (que había reemplazado al Imperio alemán tras la derrota de éste) [10], por el cual cada parte renuncia a pedir reparaciones de guerra a la otra. Además, cuando se habría podido creer que la firmeza del gobierno soviético y el fracaso de la conferencia de Ginebra iban a conducir a las potencias capitalistas a endurecer su posición hacia Moscú, lo que ocurrió fue lo contrario.

Los países capitalistas consideraron separadamente que había que llegar a acuerdos con Moscú, pues el mercado ruso ofrecía un importante potencial, lo mismo que los recursos naturales del país. En 1923 y 1924, el gobierno soviético fue reconocido de jure por Inglaterra, Italia, los países escandinavos, Francia, Grecia, China y algunos otros países. Se les sumó en 1925 Japón. En 1926, la URSS firmaba un acuerdo de crédito con bancos alemanes. En 1927, obtuvo un crédito del banco inglés Midland. En 1933, los Estados Unidos reconocen de jure a la URSS y, en 1934, aceptaron comerciar con ella. El mismo año, a fin de no ser la única excluida del mercado soviético, Francia propuso por su parte créditos a la URSS a fin de que comprara productos franceses.

El acuerdo entre Rusia y el Reino Unido del 15 de julio de 1986 permitió la indemnización de los portadores de títulos británicos por el 1,6% del valor actualizado de los títulos. En 1997, seis años después de la disolución de la URSS, Boris Yeltsin concluía un acuerdo con París para poner definitivamente fin a al contencioso sobre los títulos rusos. Los acreedores franceses solo fueron indemnizados en alrededor del 1% de las sumas reclamadas. Estas tasas de indemnización son irrisorias e indican una vez más que un país puede repudiar su deuda unilateralmente sin verdadero daño.

Por su parte, la evolución del régimen soviético (degeneración burocrática y autoritaria, políticas catastróficas en materia agrícola -en particular la colectivización forzosa bajo Stalin- y en materia industrial, y la instalación, también bajo Stalin, de un régimen de terror en los años 1930) da fe del hecho de que el repudio de la deuda no basta: para ser realmente útil a la sociedad, debe formar parte de un conjunto coherente de medidas políticas, económicas, culturales y sociales que permitan evolucionar hacia una sociedad liberada de las diferentes formas de opresión y explotación.


Traducido por Alberto Nadal



Notas

[1http://vientosur.info/spip.php?article12143. Eric Toussaint , Lenin y Trotsky frente a la burocracia y a Stalin.

[2El decreto promulgado el 3 de febrero fue publicado en el diario oficial el 10 de febrero de 1918. El 3 y el 10 de febrero corresponden a las fechas del calendario gregoriano que utilizamos hoy. Entonces y aún por algunos días, el calendario llamado juliano estaba en vigor en Rusia. En este antiguo calendario, el decreto de repudio fue tomado el 21 de enero y publicado en el diario oficial el 28 de enero.

[3Los soviets (“consejos” en ruso) hicieron su aparición en el movimiento revolucionario de 1905 y se generalizaron en 1917. Eran órganos de autoorganización del movimiento revolucionario. El soviet de San Petersburgo, capital de Rusia hasta marzo de 1918, jugó un papel fundamental en la dirección de las revoluciones de 1905 y 1907.

[4El texto del manifiesto es reproducido por León Trotsky, presidente del soviet de San Petersburgo, en 1905, capítulo 20. Los extractos del manifiesto citados en este artículo son sacados de él. La obra está disponible en línea en su totalidad en marxist.org

[5Según la doctrina de la deuda odiosa, una deuda puede ser considerada como odiosa y ser anulada si ha sido contratada contra el interés de la población y si los acreedores estaban al corriente o habrían debido hacer lo necesario para estarlo. El hecho de que, además, los acreedores supieran que ayudaban a un régimen despótico es un factor agravante pero no constituye una condición sine qua non para determinar el carácter odioso de una deuda. Ver Eric Toussaint, La deuda odiosa según Alexander Sack y según el CADTM en http://www.cadtm.org/La-deuda-odiosa-segun-Alexander

[6Nathan Legrand, Éric Toussaint, La prensa francesa a sueldo del Zar http://www.cadtm.org/La-prensa-francesa-a-sueldo-del

[7Londres y París habían prometido al zar que obtendría Constantinopla a costa del Imperio otomano. Francia recuperaría Alsacia y Lorena al Imperio Alemán y una parte de Medio Oriente (Líbano y Siria) al Imperio otomano. El Reino Unido reforzaría sus posesiones en Medio Oriente (Palestina, Jordania, Irak, Península arábiga) y en Persia. En fin, Francia y el Reino Unido contaban con repartirse las colonias alemanas en África: Togo y la mitad de Camerún serían tomados por Francia; Tanzania, la otra mitad de Camerún y Namibia serían dominados por el Reino Unido. Bélgica, que poseía ya el Congo, obtendría Ruanda y Burundi en detrimento del Imperio alemán. Todo esto, evidentemente, sin tener en cuenta el derecho de los pueblos a disponer de si mismos.

[9Las citas de los debates y documentos de la conferencia de Ginebra provienen de la Sociedad de Naciones, Les Documents de la Conférence de Gênes, Libreria di scienze e lettere, Rome, 1922. (Están recogidas también en http://www.cadtm.org/Centenario-de-la-Revolucion-Rusa-y ndt)

[10En Alemania, igual que en los demás países beligerantes, la oposición a la guerra se hace cada vez mayor a medida que ésta se prolonga. En enero de 1918, cuando el Imperio alemán intenta imponer su diktat a la Rusia soviética durante las negociaciones de paz de Brest-Litovsk, una huelga general de los trabajadores alemanes reclama una paz sin anexiones. El movimiento de huelga es finalmente derrotado. A finales de octubre del mismo año, los marinos alemanes se amotinan en Kiel, una ciudad portuaria en el mar Báltico. Se forman Consejos de soldados y de obreros siguiendo el modelo de los soviets de Rusia, y toman el poder en muchas grandes ciudades de Alemania (Kiel, Hamburgo, Hannover, Frankfurt, Munich, etc.). El 9 de noviembre 1918, tiene lugar una manifestación masiva en Berlín. El emperador Guillermo II abdica y Friedrich Ebert, un socialdemócrata, se pone a la cabeza del gobierno. Se proclama la República de Weimar según el modelo de una democracia parlamentaria. Pero el poder le es disputado por los consejos de obreros y de soldados que reivindican la instauración de una república de los consejos siguiendo el modelo soviético. En enero de 1919, por orden del gobierno de Friedrich Ebert, la revolución es violentamente reprimida por los Cuerpos francos, milicias de extrema derecha que abren el camino al ascenso del nazismo en Alemania. Rosa Luxemburg y Karl Liebknechet, que dirigen el partido comunista, son asesinados el 15 de enero de 1919. Como consecuencia, bajo la presidencia de Friedrich Ebert, la República de Weimar es gobernada por una alianza entre socialdemócratas, liberales y cristianos conservadores, que sigue en pie cuando se produce la conferencia de Ginebra.

Eric Toussaint

es maître de conférence en la Universidad de Lieja, es el portavoz de CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.
Es autor de diversos libros, entre ellos: Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015,, Procès d’un homme exemplaire, Ediciones Al Dante, Marsella, 2013; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique, Le Seuil, París, 2012.
Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015. A pesar de ello, la comisión prosiguió sus trabajos y se constituyó legalmente como una asociación sin afán de lucro.

Nathan Legrand

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