El fútbol chileno reactiva la movilización

25 de febrero por Jérôme Duval


La hinchada de Colo Colo protestó por el asesinato de dos aficionados: «Los Pacos los mataron»

La muerte de dos aficionados al fútbol ha reavivado las protestas en los estadios chilenos. Las “barras” y destacados jugadores han acompañado desde el comienzo el movimiento del pueblo para superar la fase de neoliberalismo en que vive el país desde los años de Pinochet.

Otra vez, la historia del fútbol chileno está estrechamente ligada a la política. Pocos días después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende, la Unión Soviética se negó a jugar contra Chile en el Estadio Nacional de Santiago, que se había convertido en un centro de detención donde se torturaba y ejecutaba sumariamente a los prisioneros. Tras una visita al estadio, que se limpió rápidamente para la ocasión, el partido más insólito y triste de la historia del fútbol vio a la selección chilena el 21 de noviembre de 1973, jugar… sola, sin rival, y marcar un gol a los pocos minutos.

La Fifa validó el resultado 1-0 y Chile se clasificó para la Copa Mundial de 1974 en Alemania. Carlos Caszely, el delantero estrella del equipo chileno, se quedó con un sabor amargo y, cuando el equipo chileno fue recibido por el propio Pinochet antes de su vuelo a Europa, se negó a dar la mano al dictador. Como represalia, la junta secuestró y torturó a su madre, lo que Carlos Caszely denunció en 1988, en un clip de campaña para que el pueblo votara “no” en el referéndum para decidir sobre la extensión del poder de Pinochet. El 6 de octubre, el veredicto de las urnas cayó: una mayoría de los votos (56%) decidió poner fin a 17 años de sangrienta dictadura.

Treinta y un años después, desde el 18 de octubre de 2019, el pueblo chileno se moviliza en contra del neoliberalismo tallado en mármol constitucional desde la dictadura de Pinochet. Mientras que el levantamiento popular esta siendo duramente reprimido por los soldados que salieron de los cuarteles, despertando los peores traumas de la época de la dictadura, el mundo del fútbol ha expresado repetidamente su solidaridad. Ya el 19 de octubre de 2019, el guardameta chileno Claudio Bravo emitió este mensaje en las redes: “vendieron a los privados nuestra agua, luz, gas, educación, bosques, el salar de Atacama, los glaciares, el transporte. Algo más? no será mucho? No queremos un Chile de algunos pocos, queremos un Chile de todos. Basta”.


“No pararemos”

Después de unos 20 días de movilización, varias barras bravas de fútbol —así se llama a las zonas de aficionados más vehementes y, a menudo, agresivos— se manifestaron en contra de llamadas para jugar los partidos a pesar de todo, como si el país hubiera vuelto a la “normalidad”. Las barras de Santiago Wanderers de Valparaíso han sido los más explícitos: “Como barra brava Los Panzers no dejaremos que ningún jugador toque la cancha (…) dejar en claro que con la clase trabajadora no se juega, despertamos y no pararemos”.

En cuanto a los partidarios del Colo Colo, la Garra Blanca, denuncian la complicidad de las empresas deportivas y la élite política: “Pretenden utilizar a los clubes como una herramienta política a favor de sus intereses. Quieren cansarnos, aburrirnos, enajenarnos y que olvidemos la lucha (…) No nos engañan. Parafraseando a nuestro gran capitán [Claudio Bravo], en el contexto que estamos viviendo como país, el fútbol pasó a un segundo plano, porque estamos luchando por cosas mayores”.

Este impresionante impulso subversivo en las calles de Chile llevó a que la final de la Copa Libertadores de 2019, el equivalente sudamericano de la Liga de Campeones, se trasladara a Lima, Perú, el 23 de noviembre, en lugar de celebrarse en la capital chilena como estaba previsto originalmente. El 19 de noviembre, cuando la selección chilena se negó a jugar el amistoso contra Perú en Lima, en solidaridad con la rebelión social en el país, el jugador Gary Medel explicó: “Como equipo hemos tomado la decisión de no jugar el partido amistoso pactado con Perú, en atención al momento social que vive nuestro país. Somos jugadores de fútbol, pero ante todo personas y ciudadanos. Sabemos que representamos a un país completo y hoy Chile tiene otras prioridades mucho más importantes que el juego del próximo martes. Hay un partido más importante que es el de la igualdad, el de cambiar muchas cosas para que todos los chilenos vivan en un país más justo.”


Unir a los clubes de fútbol frente a un enemigo común

El 22 de noviembre de 2019, por iniciativa de los principales clubes de fútbol de primera división —de Colo Colo, Universidad de Chile, Universidad Católica, Cobreloa, Unión Española y Santiago Wanderers— se colocó una pancarta en la fachada de la Torre Telefónica, no lejos de la Plaza de la Dignidad: “Perdimos mucho tiempo peleando entre nosotros”. El mismo día, un grupo de hinchas organizados interrumpió el partido entre Unión La Calera y Deportes Iquique, lo que se tradujo en la sexta suspensión del campeonato. El 29 de noviembre, la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) canceló finalmente el campeonato de fútbol de 2019 después de suspenderlo varias veces.

Pero los hechos que llevaron a parar el fútbol chileno a finales del pasado año se han seguido reproduciendo con el nuevo año. El domingo 16 de enero, desde las gradas del estadio Germán Becker, ubicado en la comuna de Temuco, donde se jugaba la semifinal de la Copa de Chile entre Colo Colo y Universidad Católica, se cantó una canción subversiva, con un tono de exasperación por la represión del gobierno: “¡Piñera, concha de tu madre, asesino igual que Pinochet!”.

En el contexto de excepción que vive el país, dos hinchas de fútbol han muerto recientemente: Jorge Mora, apodado “Neco”, que fue atropellado por un camión de la policía, y Ariel Moreno Molina, de 24 años, que fue asesinado a tiros. Las hinchas aseguran que seguirán adelante. “Con el asesinato de Neco, y más aún con el de Ariel, el movimiento social se ha inflamado”, dijo Rosario Galaz, una activista de Barrancas, el barrio de Neco.

Así, el pasado 16 de febrero, una enorme pancarta “Los pacos [carabineros] los mataron”, fue desplegada en las gradas del Estadio Monumental de Santiago durante el partido entre la Universidad Católica y Colo Colo. El partido fue perturbado por una multitud de petardos hasta que uno de ellos hirió al jugador Nicolás Blandi, de Colo Colo, e interrumpió —muy tardíamente— el juego.

La declaración de la barra de Colo Colo explica: “Carabineros de Chile asesinó a dos de nuestros hermanos hace unas semanas, uno de ellos luego del partido vs Palestino, atropellado de manera cobarde por el carro lanza aguas, el segundo por impacto de bala en su cabeza. Pocos jugadores se manifestaron o reaccionaron ante estos hechos y de parte del Club y la Sociedad Anónima ni si quiera un minuto de silencio, el juicio del Neco fue una burla, decidieron jugar sin hinchas visitantes, subieron el precio de las entradas. ¿Esperaban que esta hinchada callara y fuese sumisa? (…) Pedimos las disculpas correspondientes al jugador Nicolás Blandi, la intención de esta hinchada nunca fue atacar a algún jugador. (…) Sin justicia no habrá normalidad, si su idea es seguir reprimiendo a nuestra gente y nuestra hinchada, nosotros seguiremos activos y combatientes. Esto recién comienza”.

Todo hace pensar que Chile, ahora en pleno período de vacaciones de verano, va a reavivar la rebelión social, que nunca se ha detenido realmente desde su estallido. La próxima fecha marcada en el calendario es el 2 de marzo, “el súper lunes”, en el que está previsto un incremento del tráfico rodado y varias manifestaciones. Unos días más tarde tendrá lugar la gran marcha feminista del 8 de marzo y, el día 9 de marzo, la huelga general convocada por Coordinadora 8M a la que se adhieren otros movimientos sociales.



Fuente: El Salto

Jérôme Duval

es miembro del CADTM, Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (www.cadtm.org) y de la PACD, la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda en el Estado español (http://auditoriaciudadana.net/). Es autor junto con Fátima Martín del libro Construcción europea al servicio de los mercados financieros, Icaria editorial 2016 y es también coautor del libro La Deuda o la vida, (Icaria, 2011), libro colectivo coordinado por Damien Millet y Eric Toussaint, que ha recibido el Premio al libro político en Lieja, Bélgica, en 2011.

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