Tras la muerte del militante neofascista a Lyon
2 de marzo por Léon Crémieux

Bandera de Francia Insumisa durante una manifestación en París. Por Tyseria - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0
Desde el 12 de febrero, tras un enfrentamiento en Lyon entre un grupo de antifascistas y un grupo de fascistas que provocó la muerte de uno de ellos, el país ha dado un giro sórdido hacia una campaña de demonización y criminalización de La France Insoumise (LFI), acusada directamente de ser políticamente responsable de la muerte de este militante fascista. Esta campaña está muy estructurada y se lleva a cabo a varios niveles: en el ámbito político, Rassemblement National (extrema derecha), la derecha (Les Républicains] y el bloque central de Macron, con el apoyo, en los mass media de los medios de comunicación reaccionarios y conservadores en manos de grandes grupos capitalistas o multimillonarios como el de Bolloré, Arnaud, Saade, Křetínský, Mohn, Bouygues, Dassault, Pinault, Niel o Drahi.
Esta nueva campaña de deslegitimación y demonización de LFI en el ámbito político cobra una gran importancia, ya que se acercan las elecciones presidenciales y legislativas de 2027 y, por tanto, el final de un ciclo electoral iniciado en 2017 con la elección de Macron y la de sus gobiernos puestos en pie en torno a sus caóticas alianzas políticas en la Asamblea Nacional.
El partido Les Républicains (LR) multiplica los puentes con la extrema derecha, Rassemblement National, presunto favorito de las próximas elecciones. El bloque central de Macron, ya en avanzado estado de descomposición, no sobrevivirá a 2027 debido a que ningún candidato presidencial de este espectro, como Gabriel Attal y Edouard Philippe, reivindicará su continuidad ni su balance Balance “Fotografía” a final de año de los activos (lo que la empresa posee) y pasivos (lo que la empresa debe) de una sociedad. Dicho de otra forma, los activos el balance aportan información acerca de la utilización de los fondos recabados por la sociedad. Los pasivos del balance informan sobre el origen de los fondos captados. . El único punto en común entre el RN, los LR y los macronistas es que hay que hacer todo lo posible para evitar que una unión política de izquierdas en torno a un programa antiausteridad llegue a una posición de fuerza, como ocurrió en 2022 y 2024 con la NUPES y el NFP, a iniciativa de la LFI. Las clases dominantes están dispuestas a considerar coaliciones que incluyan a la extrema derecha, en un papel dirigente o aliado, pero temen una alianza popular que vaya en contra de las políticas ultraliberales, políticas que la extrema derecha apoya tanto en Francia como en el resto de Europa.
Así pues, la muerte de este militante fascista ha constituido un punto de partida para lanzar una oleada de odio contra la LFI y La Jeune Garde, una organización nacional antifascista cuyos militantes están acusados de haber organizado la respuesta al comando de extrema derecha en Lyon. Raphaël Arnault, elegido diputado de LFI en 2024, es uno de los fundadores de La Jeune Garde y su asistente parlamentario es uno de los imputados en este caso.
La Jeune Garde antifascista se creó en 2018 en Lyon y desde entonces se ha extendido por varias ciudades de Francia ante la multiplicación de las agresiones por parte de grupos de extrema derecha contra inmigrantes y personas LGBT, especialmente en Lyon, y los ataques contra el movimiento obrero y asociativo; contra sus locales y sus mítines y manifestaciones. Desde 2010, el sitio web Rue89 ha registrado 102 ataques, agresiones y actos de odio en Lyon. La Jeune Garde, actuando en unidad con los partidos de izquierda, EELV, LFI, NPA, PCF, entre otros, y los sindicatos CGT, Solidaires, FSU y el movimiento social, ha logrado combatir en Lyon el recrudecimiento de las agresiones de extrema derecha y conseguir el cierre de locales y la disolución de varios grupúsculos fascistas. Desde entonces, ha desempeñado un papel muy dinámico en la organización de la acción antifascista de autodefensa. En octubre de 2021, por ejemplo, hubo una manifestación en Lyon contra la violencia de extrema derecha junto con Planning familial, Alternatiba, CGT, Solidaires, UNEF, EELV, LFI, NPA y PCF.
A raíz de una petición de RN y de los neofascistas de Nemesis, grupo cuya acción afirmaba apoyar (“bravo por vuestra lucha, sabéis que estoy muy cerca de vosotros”, decía), en junio de 2025, Bruno Retailleau, presidente de Les Républicains, cuando era ministro del Interior, hizo que el Gobierno aprobara un decreto de disolución de La Jeune Garde (al mismo tiempo que de la asociación Urgence Palestine) . La Jeune Garde presentó un recurso ante el Consejo de Estado contra esta disolución y hubo una importante reacción por parte de de la CGT y Solidaires, del movimiento social, de EELV, del PCF y del NPA, entre otros. La Liga de los Derechos Humanos y el GISTI (Grupo de Información y Apoyo a los Inmigrantes) intervinieron en su apoyo ante el Consejo de Estado. La Jeune Garde, presentada como “la guardia pretoriana de Jean Luc Mélenchon” o “el brazo armado de LFI”, es simplemente una organización antifascista que trabaja con todo el movimiento obrero y contribuye a construir la autodefensa de las organizaciones y los militantes.
Hoy en día, a instancias de Nemesis y la extrema derecha se la criminaliza para convertirla prácticamente en una organización terrorista, y a esta criminalización se suman de forma abierta el Gobierno y numerosos medios de comunicación. Se trata de utilizarla como palanca para aislar a LFI, a la que se exige que rompa sus vínculos con La Jeune Garde, y para presionar a Raphaël Arnaud a que renuncie a su mandato.
Durante varios días, los principales medios de comunicación se hicieron eco de la narrativa de la extrema derecha y la difundieron sin cesar: un joven pacífico, «el joven Quentin», católico tradicionalista sin antecedentes, habría sido víctima de una emboscada, de un linchamiento en el suelo por parte de un grupo de unos quince antifascistas desbocados, y habría fallecido dos días después en el hospital con varias contusiones en la cabeza.
El currículum de este militante y el desarrollo de los hechos, tal y como han sido reconstruidos por varios vídeos e investigaciones difundidos por Le Canard Enchaîné, Le Monde, Médiapart y Libération, dibujan un panorama bastante diferente al de la narrativa de la extrema derecha.
Médiapart ha reconstruido el perfil y la trayectoria política de Quentin Deranque, miembro, entre otros, de Action française, del grupo Audace, heredero del Bastion social, y del grupúsculo fascista Allobroges Bourgoin, con el que participó en la marcha neonazi del 9 de mayo de 2025. El 12 de febrero se encontraba frente a las instalaciones de Sciences Po Lyon, donde se celebraba una conferencia con Rima Hassan, diputada europea de La France Insoumise y activista palestina. Como ya había ocurrido en varias ocasiones, la derecha y la extrema derecha habían intentado conseguir que se prohibiera la conferencia. Al no conseguirlo, un grupo de militantes de Nemesis, colectivo racista e identitario de extrema derecha, decidió organizar un piquete frente a Sciences Po con una pancarta (“islamo-izquierdistas fuera de nuestras facultades”). Este grupo Nemesis (¡que lleva el nombre de la diosa griega de la venganza divina!) ha sido procesado en varias ocasiones por incitación al odio racial, especializado en provocaciones ampliamente difundidas en las redes sociales y los medios de comunicación amigos (como CNews o Europe 1), habiendo intentado provocar en varias ocasiones a las marchas feministas en las manifestaciones del 8 de marzo, pero también a las manifestaciones de solidaridad con las y los migrantes o incluso contra un mitin de Valérie Pécresse, candidata de Les Républicains a las elecciones presidenciales de 2022. Este grupo se manifestaba frente a Sciences Po con el apoyo distante de una quincena de militantes de la ultraderecha, entre ellos Quentin Deranque. Se produjo un primer altercado entre el grupo Nemesis y los militantes antifascistas que garantizaban la protección de la conferencia. Poco después se produjo un segundo enfrentamiento, junto a Sciences Po, entre el grupo de militantes de extrema derecha y un número equivalente de militantes antifascistas. Tras la respuesta de los antifascistas, el grupo de extrema derecha retrocedió y se dispersó, dejando solos a tres de ellos, entre los que se encontraba Quentin Deranque. Fue entonces cuando, ya en el suelo, recibió varios golpes violentos en la cabeza. Sin llamar a los bomberos ni a la ambulancia, se marchó a pie con otro miembro de su grupo y, tras una caminata de una hora y media, su grupo, ya reunido, llamó finalmente a los bomberos para que lo atendieran a un kilómetro del lugar del enfrentamiento. Murió dos días después a causa de los traumatismos.
Pero ya antes de su muerte, la avalancha mediática se hizo eco de la versión de los portavoces de Nemesis, que afirmaban que el militante fascista había caído en una emboscada y había sido linchado por un grupo de extrema izquierda de la Jeune Garde. Las cadenas de información no hicieron más que repetir en bucle el vídeo de los últimos momentos del enfrentamiento, en el que se le veía golpeado en el suelo.
Ante estos hechos, una primera reflexión es que una acción de autodefensa de militantes antifascistas no puede justificar esos golpes. Este acto, por otra parte, se aleja de la concepción de la lucha antifascista defendida por la Jeune Garde, que siempre ha preconizado la acción de autodefensa colectiva y siempre ha actuado en conexión y unidad con todas las organizaciones del movimiento obrero, para construir un antifascismo colectivo y unitario frente a los fascistas. Todo lo contrario a una guerra privada viril y, por lo tanto, también contraria a lo que ocurrió el 12 de febrero, cuando los antifascistas golpearon en la cabeza a este militante fascista caído al suelo. Pero lejos de poner el grito en el cielo sobre los militantes de la Jeune Garde, lo importante es que ante el aumento de las agresiones y los ataques de la extrema derecha, se debe poner aún más de relieve el riesgo que supone no poner en el centro de las preocupaciones de todas las organizaciones del movimiento obrero la construcción de una autodefensa colectiva basada en los miembros de estas organizaciones y con la formación adecuada. De lo contrario, son los grupos que se dedican principalmente a la acción política antifascista los que corren el riesgo de verse investidos de estas tareas de protección, y es de esta especialización de donde pueden surgir desviaciones o actos individuales que se salen del marco y de las recomendaciones colectivas.
Independientemente de la implicación de los militantes de la Jeune Garde, lo ocurrido el 12 de febrero debería impulsar, no a dejar en suspenso la autodefensa antifascista, sino, por el contrario, a hacerla más presente en todas las organizaciones.
Criminalizar la LFI
En un inquietante giro en la vida política francesa, casi todas las fuerzas políticas, incluidas las socialdemócratas, se explayan ahora sobre una supuesta violencia generalizada de la extrema izquierda, de la que LFI sería la instigadora. Así, el 17 de febrero, Marion Maréchal declara doctamente en BFM que “estadísticamente, la violencia de extrema derecha es insignificante en comparación con la violencia de extrema izquierda, que es estructural”. Sin embargo, según el estudio de Isabelle Sommier, Xavier Crettiez y François Audigier sobre La violencia política en Francia de 1986 a nuestros días las cifras, al igual que los hechos, son tozudos: en Francia, desde 1986, 58 personas han sido asesinadas por militantes de la extrema derecha, 6 por personas clasificadas como de extrema izquierda (4 de ellas por el grupo Action directe, otra hace quince años, durante una pelea entre hooligans del PSG, y, finalmente, Quentin Deranque este mes).
Como se afirma en ese trabajo,
“Hay una disminución estructural de la violencia política física en comparación con décadas anteriores y, hoy en día, si dejamos de lado los actos atribuidos a islamistas y separatistas, la letalidad política es prácticamente inexistente, en comparación con otros países de Europa y, por supuesto, con Estados Unidos”.
Sin embargo, desde hace algunos años, la propia DGSI ha registrado “un resurgimiento muy preocupante de las acciones violentas y las intimidaciones por parte de la extrema derecha en Francia”, como declaró a Le Monde el antiguo director de la DGSI, Nicolas Lerner, en julio de 2023. Resurgimiento motivado, según él, por una lógica de guerra de civilizaciones, que busca precipitar enfrentamientos para impedir el gran reemplazo. Incluso Gérald Darmanin, entonces ministro del Interior, declaró el 20 de septiembre siguiente, en el diario Ouest France, en relación con los riesgos del terrorismo político:
“Entre los ultrapolitizados hay una pequeña parte de la ultraizquierda (...) que ataca esencialmente los bienes. Pero la mayor amenaza es la ultraderecha, especialmente desde hace cinco años, con los supremacistas blancos y los aceleracionistas (que se preparan para una guerra racial). No se ha cometido ningún atentado en Francia, pero se han frustrado diez proyectos y se ha detenido, condenado o está a la espera de juicio a varias personas”.
Según un informe de Europol sobre las amenazas terroristas en Europa, 69 miembros de la ultraderecha han sido detenidos en Francia por preparar acciones terroristas. Manuel Bompard, coordinador de La France Insoumise, envió al periódico Libération una lista de nombres indicando que “desde 2022, en este país, la extrema derecha y los grupos vinculados a ella han matado a 12 personas”: Federico Aramburu, Éric Casado-Lopez, Emine Kara, Mahamadou Cissé, Angela Rostas, Djamel Bendjaballah, Rochdi Lakhsassi, Hamid G. y Hadi R. Aboubakar Cissé (que no mereció un minuto de silencio en la Asamblea Nacional, según la Sra. Braun-Pivet), Hichem Miroaoui. Ismaël Aali, asesinado el pasado mes de enero en Lyon, debería añadirse a esta lista. Sus asesinatos provocaron menos reacciones que la muerte del militante identitario de Lyon. En su mayoría, personas inmigrantes o de origen extranjero, lo que encaja claramente en esta obsesión por una guerra racial.
Las acciones fascistas y las agresiones están aumentando, estimuladas por el auge del RN, y el antifascismo es una exigencia y una necesidad de primer orden.
Sin embargo, siguiendo una lógica orwellana, el antifascismo se ha convertido en el nuevo fascismo, responsable de la violencia política. El semanario Marianne publicó en portada este concentrado orwelliano: “Los nuevos fascistas”, superponiendo este título a las fotos de Raphaël Arnaud, Jean L. Mélenchon y Rima Hassan. Es fácil comprender que se trata de una inversión de valores que no se basa en absoluto en la realidad, sino en la voluntad de las clases dirigentes de intentar borrar los puntos de referencia y banalizar la posible llegada de un partido fascista al Elíseo y/o a la cabeza del Gobierno.
Se trata, por tanto, de una voluntad de transformar la realidad apoyándose en el poder de los medios de comunicación y las redes sociales, cada vez más dedicados a una línea editorial y a columnistas abiertamente reaccionarios, cuando no de extrema derecha. En todo esto hay, por tanto, una peligrosa repetición de los mecanismos que siguieron a la muerte de Charlie Kirk en Estados Unidos, cuando Donald Trump aprovechó este asesinato para declarar que “la izquierda es el partido del asesinato”, su acólito Elon Musk dijo que “la izquierda radical había contribuido al asesinato” y, por decreto, Trump declaró terrorista a todo el movimiento antifa en Estados Unidos.
A raíz ello, un estudio del Ministerio de Justicia, que concluía que la extrema derecha era el movimiento que más asesinatos había cometido en Estados Unidos desde los años 90, fue simplemente eliminado de la página web del ministerio. En Francia, el punto en común con las acciones de Trump es impulsar un cambio idéntico, y ciertas fuerzas políticas están probando las posibilidades de avivar el fuego.
Como denuncia la diputada ecologista Sandrine Rousseau, “se ataca al antifascismo en un momento en que el fascismo está a punto de llegar al poder”. Cuando la portavoz del Gobierno se permite decir “ni un solo diputado de LFI en la Asamblea” o cuando la diputada de Renaissance (partido de Macron) Aurore Bergé responde a Jordan Bardella, presidente del RN, que pide un “frente republicano anti-LFI” en las próximas elecciones legislativas, “empieza por retirarte a favor de nuestros candidatos frente a LFI”, vemos que empiezan a romperse nuevos diques.
Que la derecha y el RN intenten amordazar a LFI y convertir a Mélenchon en un repelente incapaz de reunir un número suficiente de votos de la izquierda para las elecciones presidenciales es, evidentemente, lo normal. Que el macronismo haga lo mismo demuestra que los portavoces de las clases dirigentes no quieren que se repita la situación de 2024, cuando a pesar de meses de división entre los partidos de izquierda, tras el éxito del RN en las elecciones europeas y la disolución de la Asamblea Nacional por parte de Macron, la llegada de una mayoría y un gobierno del RN en junio de 2024 solo se vio bloqueada por la fuerza y la unidad de la izquierda, unida en torno a una serie de medidas de ruptura con las políticas de austeridad capitalistas. Esta unidad, lograda con un peso predominante de LFI en el Nuevo Frente Popular, cuyos diputados constituían la primera fuerza en la Asamblea Nacional, se ha convertido en el espectro a derrotar de cara a 2027.
Porque, como ocurrió en 2024, a pesar de las numerosas divisiones que existen hoy en día en la izquierda, la fuerza del rechazo a las políticas de austeridad y el creciente sentimiento de injusticia social pueden, con la movilización de las organizaciones del movimiento social, obligar de una forma u otra a todas las fuerzas políticas de izquierda a unirse electoralmente frente al peligro neofascista. Ahora bien, el estancamiento desde hace varios meses de toda dinámica unitaria y ofensiva en la izquierda hace cada día más difícil esta perspectiva, y lo más probable es que los candidatos de izquierda se fragmenten en la primera vuelta de las presidenciales.
Es precisamente este riesgo de un nuevo impulso de la izquierda en 2027 lo que quieren eliminar la extrema derecha y los macronistas, con su campaña contra La France Insoumise.
Lo más grave es que los dirigentes del PS más opuestos a la experiencia del NFP han dado en los últimos días nuevos pasos que, al sumarse a la campaña de calumnias contra LFI y la Jeune Garde, apuntan explícitamente a impedir cualquier reconstitución de un frente político basado en la ruptura con las políticas liberales. Varias declaraciones de Raphaël Glucksmann o François Hollande se han hecho eco de las posiciones de Macron y Lecornu, exigiendo a LFI que rinda cuentas. No ha sido (por ahora) el caso de Olivier Faure y otros dirigentes, pero estos insisten en que, por ejemplo, sólo habrá acuerdo de retirada [fusión con las listas de la LFI para la segunda vuelta] para las próximas elecciones municipales del 15 y 22 de marzo, contra el RN [ergo, no contra la derecha]. Esta postura, del PS, de ruptura con LFI está claramente en marcha desde la adopción de una línea responsable de apoyo a los gobiernos minoritarios macronistas/LR para aprobar los presupuestos de 2025 y 2026 en la Asamblea y de rechazo a votar las mociones de censura sobre los presupuestos presentadas y votadas por los demás componentes del NFP (LFI, EELV y PCF). En realidad, el objetivo es hacer que el partido adopte la orientación que tenía la minoría en torno a Hollande en los últimos congresos. Muy probablemente esta línea, con la candidatura de Raphaël Glucksmann, espera recoger en 2027 los restos electorales del macronismo de izquierda para restaurar una socialdemocracia de gestión del liberalismo, como lo fueron los gobiernos de Hollande de 2012 a 2017 antes de que se derrumbaran ante el rechazo popular. Soñando con el regreso del electorado perdido en 2017 en beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. de Macron, quieren romper los lazos de la unión de izquierda con LFI, imponiendo también su candidatura para 2027.
Por lo tanto, la actual situación de los componentes del NFP ha debilitado considerablemente el frente necesario para confrontar a la extrema derecha.
Todo está sobredeterminado por las tácticas electorales. En primer lugar, las elecciones municipales del próximo mes de marzo, en las que, al igual que en las elecciones europeas de 2024, reina la mayor desunión. Salvo muy raras excepciones, no hay listas del NFP en las ciudades y, a la voluntad socialista de desmarcarse de LFI, responde la estrategia de esta última de afianzar su implantación municipal en las ciudades grandes y medianas, a la altura de su peso electoral nacional. Lo mismo ocurre con las perspectivas para las presidenciales de 2027, ya que, sin siquiera hablar de programa, la piedra angular de la izquierda se reduce a la modalidad para designar un candidato. Por su parte, La France Insoumise avanza claramente en solitario construyendo la campaña de Mélenchon, segura de que su implantación y su peso político lo impondrán como candidato contra el RN. Creando, de hecho, si no en torno a un acuerdo, una dinámica de unión como en 2022.
También en solitario, Glucksmann apuesta por lo contrario: la demonización de Mélenchon, por un lado, y la agonía del macronismo, por otro, dejan espacios que podrían permitirle llegar a la segunda vuelta, con un programa socialdemócrata muy moderado. Los demás componentes intentan adaptarse a la situación, con una coalición en torno a EELV, L’Après y François Ruffin, junto con Lucie Castets, que quiere organizar unas primarias abiertas a toda la izquierda (“de Poutou a Hollande”, en palabras de Ruffin) en octubre de 2026 para elegir un candidato único. LFI y Glucksmann se niegan rotundamente... El PS y el PC no se pronuncian por el momento.
Con estas dinámicas, las principales fuerzas políticas de izquierda dejan a los militantes como espectadores o les obligan a elegir el bando de apoyo a tal o cual candidato presidencial. Por supuesto, hay verdaderos retos programáticos con una socialdemocracia que salva la situación a los gobiernos de Macron y acepta respaldar los presupuestos de austeridad. Pero también hay retos de funcionamiento democrático frente a una France Insoumise que, fuerte por su peso, prevé cosechar apoyos para su campaña sin intentar construir la más mínima unidad de campaña.
Actualmente, estos desacuerdos electorales pesan mucho sobre la capacidad de organizar frentes unitarios para actuar unidos en todas las cuestiones de actualidad y construir una relación de fuerza política y social capaz de contrarrestar al RN; y las organizaciones del movimiento social tienen dificultades para tomar la iniciativa e imponer sus propios marcos y plazos. Sin embargo, es urgente responder con una actividad unitaria a todas las cuestiones sociales y políticas, nacionales e internacionales, en las que las fuerzas del NFP, o al menos la mayor parte de ellas, podrían actuar conjuntamente en campañas y acciones comunes. Sobre todo, en aquellas cuestiones en las que el NFP avanzaba elementos de exigencias comunes. Por otra parte, a pesar de los compromisos adquiridos en 2024, las principales fuerzas que componen el NFP han hecho poco por desarrollar y mantener colectivos del NFP a nivel local y nacional. Sin embargo, es precisamente ahí donde se unieron las fuerzas del movimiento social y sindical que fueron el cemento de la campaña de 2024. Todo esto pesa y, desde hace quince días, a pesar de las posiciones muy claras adoptadas por muchos, apenas ha habido expresiones y manifestaciones unitarias denunciando a la extrema derecha y la campaña de criminalización llevada a cabo contra LFI tras la muerte del neofascista de Lyon.
En definitiva, la situación está abierta, pero es bastante dramática, y la firme resistencia de La France Insoumise frente a los ataques de los que es objeto no podrá sustituir a la construcción de una dinámica unitaria de todas las fuerzas convencidas de la necesidad de un frente antifascista y también de mantener un programa de ruptura con las políticas al servicio de los grupos capitalistas y las grandes fortunas.
Fuente y traducción: vientosur.info
Léon Crémieux, syndicaliste Union syndicale Solidaires, technicien aéronautique retraité, collaborateur de la revue Inprecor.
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