26 de mayo de 2023 por Patrick Bond , Milford Bateman , Lena Lavinas , Erin Torkelson

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¿Podemos aceptar que Ajay Banga se convierta en presidente del BM sin investigar su pasado en las finanzas depredadoras, especialmente como líder visionario de MasterCard que está comprometido con la “inclusión financiera”?
Podemos aprender mucho de lo que ha sucedido en los últimos diez años, empezando por su papel en Sudáfrica, donde autorizó una asociación con Net1, una empresa de gestión de datos de la que el Banco Mundial
Banco mundial
Creado en 1944 en Bretton Woods en el marco del nuevo sistema monetario internacional, el Banco posee un capital aportado por los países miembros (189 miembros el año 2017) a los cuales da préstamos en el mercado internacional de capitales. El Banco financia proyectos sectoriales, públicos o privados, con destino a los países del Tercer Mundo y a los países antes llamados socialistas. Se compone de las siguientes tres filiales.
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es accionista. En 2016, la Sociedad Financiera Internacional, que forma parte del grupo Banco Mundial, compró su 22%, la mayor proporción de acciones, por 107 millones de dólares.
En 2020, Cash Paymaster Services (CPS), la principal filial de Net1, tuvo que declararse en quiebra después de que acciones sociales condujeron a demandas legales contra su estrategia habitual de débito, que empobrecía a millones de personas bajo el pretexto de inclusión financiera. Net1 atraía a los pobres al sistema bancario en condiciones que no conducían al desarrollo sino al subdesarrollo inducido por el crédito.
Sudáfrica, la sociedad más desigual del mundo, es también uno de los centros más importantes del mundo en el que experimentar la inclusión financiera, en primer lugar debido a su desastrosa incursión en el microcrédito comercial en el período inmediatamente posterior al apartheid. Pero este lamentable episodio se vio agravado considerablemente por las experiencias de la década de 2010, cuando las prestaciones sociales se pagaron masivamente en cuentas bancarias en 2012.
Más de 25 millones de personas, de una población de 60 millones, dependen actualmente de un subsidio mensual: subsidio de desempleo de 20 dólares, subsidio familiar de 27 dólares, pensión de jubilación o por discapacidad de 110 dólares.
En su esfuerzo por introducir en el sistema bancario a 500 millones de pobres de todo el mundo, Banga se asoció con la Agencia de Seguridad Social de Sudáfrica (SASSA) y Net1, imponiendo el uso de tarjetas de débito MasterCard para el pago de las prestaciones. Se suponía que este sistema de pago con tarjeta evitaría a las y los sudafricanos pobres largas colas bajo el sol delante de los servicios gubernamentales (fuente de demasiadas muertes entre las personas mayores), protegerles de los robos en los puntos de distribución y reducir los costes del uso de dinero en efectivo, permitiendo así al gobierno ahorrar dinero.
Banga viajó a Sudáfrica en enero de 2013 para ver cómo funcionaba el sistema y convencer a los líderes conservadores del Tesoro. Afirmaba que los ahorros anuales realizados gracias a un sistema de distribución más eficiente se estiman en 80 millones de dólares.
Uno de los líderes locales con los que se reunió, Nhlanhla Nene, era ministro de Finanzas de Sudáfrica en 2014-15 (antes de ser destituido por oponerse a un dudoso acuerdo nuclear con Rusia) y recuperó su puesto en 2018. Nene se vio rápidamente obligado a dimitir tras sus visitas no explicadas a la casa de la familia de los Gupta, que habían corrompido a importantes miembros del estado sudafricano. El otro líder que conoció Banga, Ismail Momoniat, sirvió durante mucho tiempo en las esferas superiores de la administración financiera.
Además, en enero de 2013, Banga visitó el extenso municipio negro de Soweto y vio a una beneficiaria en el barrio pobre de Elias Motsoaledi, cerca del hospital más grande de Johannesburgo, un encuentro que todavía se puede ver en la cuenta de Flickr de MasterCard. Cuatro meses después, el Washington Post le ofreció una hermosa tribuna para sus recuerdos de la beneficiaria Hilda Nkantini:
“En Sudáfrica conocí a una mujer de 77 años llamada Hilda. Vivía en una pequeña cabaña. Ella me dijo, y no es fácil no dejarse conmover cuando escuchas cosas así, “Ahora me siento como alguien. Tengo una tarjeta con mis datos. Yo existo”. Y no puedes imaginar su expresión de sorpresa. Recibía el mismo subsidio, pero antes era en efectivo y era anónima. Ahora tenía una identidad dentro de Sudáfrica”.
El nuevo sistema fue sin duda apreciado por su aspecto práctico. Pero Banga continuaba,
“No soy un filántropo. No soy una agencia de la ONU. Trabajo para accionistas. Tengo que obtener beneficios. Creo que puedes hacer ambas cosas... si estas personas usan su tarjeta, me trae beneficios... Al principio van a sacar dinero en un cajero. Ahí me aporta muy poco. Pero, ¿sabes qué? Se benefician de ello y ese es el primer paso”.
Mientras que Banga afirmaba que podía servir tanto a los intereses de los accionistas como a los de la población, las prestaciones por desempleo de Sudáfrica se convirtieron en colaterales de productos financieros de alto nivel. Banga ya había comenzado a desarrollar los servicios de MasterCard al asociarse con uno de los líderes empresariales más conocidos de Sudáfrica, Serge Belamant de CPS/Net1.
Gracias a su asociación con SASSA, Belamant había recibido la autorización para utilizar los datos personales de más de 18 millones de sudafricanos. También pudo compilar el historial completo de sus ingresos y hábitos de consumo. Y creó cuatro filiales destinadas a comercializar productos financieros a beneficiarios de prestaciones por desempleo, creando así deudas privadas relacionadas con productos vendidos a crédito (especialmente microfinanzas, seguros de defunción y contratos de teléfonos móviles). Estas deudas se cargaban en las cuentas de los beneficiarios hasta el punto de que ya no recibían casi nada, o nada en absoluto, cada mes.
Banga utilizó abundantemente la historia de Hilda para promover su innovación [1] pero el objetivo principal era facilitar la depredación financiera organizada por SASSA (la seguridad social del país). En asociación con CPS/Net1, Grindrod Bank y MasterCard, SASSA ha concedido subvenciones a tiendas de alimentos, bancos comerciales o cualquiera de los 10.000 puntos de pago de Net1 (que aparecen en todo el país la primera semana de cada mes).
Mientras Banga producía 10 millones de tarjetas, Net1 creaba filiales que vendían productos financieros a beneficiarios de prestaciones, productos que incluían préstamos (Moneyline), seguros (Smartlife), tiempo de comunicación y electricidad (uManje Mobile) y pagos (EasyPay).
Como proveedor de servicios monopolístico, Net1 controlaba todo el flujo de pago. La empresa ocupaba una posición ideal no sólo para pagar las asignaciones, sino para vender productos financieros y cobrar los reembolsos en el momento de los pagos.
Era imposible que los beneficiarios no pagaran sus deudas, ya que los reembolsos se deducían automáticamente y ya no dependían de su comportamiento como consumidor. Como los reembolsos a Net1 reducían sus prestaciones sociales a cero, las y los beneficiarios recurrieron a otros prestamistas, formales e informales, la mayoría de los cuales también se hacían reembolsar automáticamente por los servicios de Net1.
Mientras que Net1 pretendía hacer préstamos sin intereses, su “cargo” mensual generalmente superaba el 5% al mes. Aunque técnicamente están permitidos por la Ley de Crédito Nacional, estos tipos de interés
Interés
Cantidad pagada como remuneración de una inversión o percibida por un prestamista. El interés se calcula sobre la base de la cantidad de capital invertido o prestado, de la duración de la operación y del último tipo aplicado en ese momento.
ascendieron a más del 30% en un préstamo estándar de 6 meses. En ese momento, los tipos de interés de una tarjeta de crédito eran ligeramente superiores al 20% anual. Gracias a sus créditos
Créditos
Suma de dinero que una persona (el acreedor) tiene el derecho de exigir de otra persona (el deudor).
Créditos privados
Préstamos concedidos por los bancos comerciales, sea cual sea el prestatario.
Créditos públicos
Préstamos concedidos por acreedores públicos, sea cual sea el prestatario.
a interés elevado, Net1 obtuvo más ingresos de sus productos de inclusión financiera que de la distribución de prestaciones sociales entre 2015 y 2017.
Aunque es difícil estimar el coste para los beneficiarios - esta información está controlada por Net1 - tenemos algunos indicadores útiles. La conocida ONG de derechos sociales Black Sash realizó una encuesta entre octubre y noviembre de 2016, y de los 1591 beneficiarios, el 25,5% respondió “sí” a la pregunta: “¿Se dedujo dinero de su asignación sin su consentimiento?” »
La asociación entre Mastercard y Net1 era una novedad: crearon una tarjeta de débito que correspondía a dos sistemas de pago paralelos: Europay-MasterCard-Visa y el Universal Electronic Payment System (UEPS). El primero funciona en línea con un PIN como en todo el mundo; el segundo funciona fuera de línea con seguridad de datos biométricos y está diseñado específicamente para los concesionarios en Sudáfrica.
Lo que implicaba este doble sistema era que la gran mayoría de las transacciones realizadas por beneficiarios de prestaciones sociales pasaban por el sistema fuera de línea UEPS, ya sea en un punto de pago Net1 o con comerciantes que utilizaban el canal Net1. En lugar de aparecer en el Sistema de Pagos Nacional y, por lo tanto, ser visibles para el Banco Nacional y el Ministerio de Finanzas, estas transacciones eran liquidadas internamente por Net1.
La mayoría de estas deducciones para los productos Net1 se producían fuera de las estructuras financieras tradicionales. Esto condujo a una importante depredación financiera por parte de un proveedor de servicios en situación de monopolio.
En resumen, con la ayuda de MasterCard, Net1 desarrolló un sistema financiero opaco que, de hecho, no hacía que los beneficiarios entraran en el sector financiero oficial en absoluto, sino que los aislaba en un espacio de pago digital monopolístico que escapaba al control del Estado. Net1 controlaba el flujo de distribución de las cajas del Estado a las cuentas de los beneficiarios y, por lo tanto, podía deducir de las asignaciones las sumas a reembolsar por productos financieros en el momento de la transferencia a las cuentas bancarias.
Las y los beneficiarios no podían elegir cuándo pagar ya que el reembolso ya se habría realizado / luego se deducían las cantidades a reembolsar automáticamente. La asociación SASSA-MasterCard-CPS/Net1-Grindrod eliminaba casi cualquier riesgo de impago utilizando un dispositivo del estado social como garantía del crédito privado. La situación desesperada de millones de beneficiarios de subsidios que fueron atrapados en una relación depredadora con MasterCard se vio agravada entonces por la preocupación de que la propia Ministra de Asuntos Sociales había sido corrompida en el proceso.
Esto llevó a Black Sash a investigar y presentar una demanda contra CPS. En septiembre de 2020, el movimiento había logrado no solo impedir una renovación del contrato de Net1, sino también obtener compensaciones que llevaron a CPS a la quiebra (pero Net1 sigue desempeñando un papel en la distribución de las prestaciones sociales en Sudáfrica y varios otros países).
Tal estrategia de limitación de riesgos transformaba las prestaciones pagadas por el Estado en un nuevo tipo de garantía colateral Colateral Activo transferible o garantía aportada, que sirve como aval para asegurar la devolución de un préstamo en el caso de que el prestatario no pueda satisfacer sus obligaciones de pago. , invirtiendo así el objetivo mismo de estas transferencias de dinero supuestamente para combatir la pobreza, disminuyendo el grado de privación de los pobres mediante una aportación monetaria. Procesos similares están en marcha en Brasil y en muchos otros sistemas de transferencia de efectivo.
El Banco Mundial fue reacio e incluso abiertamente hostil a cualquier forma de transferencia monetaria a los pobres hasta finales de la década de 1990 (argumentando que solo exacerbaría sus malos hábitos de consumo). Pero al comprender la facilidad de utilizar un ingreso regular para pagar las deudas, comenzó a apoyar el sistema como el futuro de las políticas sociales en el Sur Global desde principios de la década de 2000.
Se han adoptado condicionalidades y se han establecido estrictos criterios de elegibilidad para legitimar el uso de las sumas pagadas por el Estado, introduciendo parámetros, por ejemplo, una evaluación de los recursos y los requisitos en relación con el empleo, que dividen a los pobres en “merecedores” y “no merecedores”. Los pobres merecedores se convirtieron rápidamente en la pieza central de la estrategia de inclusión financiera que el BM comenzó a apoyar en estrecha asociación con grandes empresas financieras.
Hoy en día, miles de millones de hogares pobres se han convertido simultáneamente en beneficiarios de subsidios y titulares de una cuenta bancaria. Lo que les dio la posibilidad de contraer préstamos, considerada como una nueva forma de “derecho” social en la onda supuestamente emancipadora del microcrédito, pero les confirió un nuevo estatus existencial: una deuda estructural.
Esto significa que está surgiendo una forma nueva y aún más abyecta de pobreza, el resultado de una extracción financiera de las y los más vulnerables, ahora obligados a recurrir a niveles de deuda cada vez más altos para pagar préstamos antiguos y simplemente sobrevivir. En todos los países más pobres, pero también en las economías de ingresos medios como Sudáfrica y Brasil, el nivel muy alto de endeudamiento entre las y los trabajadores pobres y más desfavorecidos se ha convertido en un problema social preocupante, que requiere la implementación de programas específicos para ayudar a estos enormes contingentes de personas endeudadas a renegociar sus reembolsos y, por lo tanto, su capacidad para sobrevivir en una situación de endeudamiento.
Esto ilustra el drama que representa el nombramiento de Banga como presidente del BM, sobre todo porque la urgencia de la crisis climática requiere una nueva generación de medidas eco-sociales que respondan de manera verdadera y equitativa a las necesidades de quienes siguen pagando, en el Sur Global, las consecuencias de malas políticas de desarrollo y el sobreconsumo y sobreproducción de gases de efecto invernadero en el Norte Global.
En su implementación de la inclusión financiera según estas modalidades, MasterCard forma parte de un grupo de élite de multinacionales financieras, telecomunicaciones y pagos digitales, filantrocapitalistas de la utopía digital (pensemos en la fundación Bill y Melissa Gates), innovadores como Belamant, organizaciones de presión de derecha, ONG alineadas como Accion, así como el Banco Mundial y el FMI
FMI
Fondo monetario internacional
El FMI nace, el mismo día que la Banca mundial, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods. En su origen el rol del FMI era defender el nuevo sistema de cambios fijos instaurado.
A la finalisación de estos acuerdos (1971), el FMI es mantenido y se transforma paulatinamente en el gendarme y el bombero del capitalismo mundialisado : gendarme cuando impone los programas de ajuste estructural ; bombero cuando interviene financiaramente para sostener los países tocados por una crisis financiera.
Su modo de decisión es el mismo que el del Banco mundial y se basa sobre una repartición del derecho de voto en proporción a los aportes de cotisación de los países miembros. Estatutariamente es necesario el 85% de los votos para modificar la Carta del FMI (los EE.UU. poseen una minoria de bloqueo dado a que posees el 16,75 % de voces). Cinco países dominan : Los EE.UU. (16,75 %), el Japon ( 6,23 %), la Alemania (5,81%), Francia (4,29 %), y Gran Bretaña (4,29%). Los otros 177 Estados miembros estan divididos en grupos dirigidos, cada vez, por un país. El grupo más importante (6,57%) esta dirigido por Belgica. El grupo menos importante (1,55% de voces) precidido por el Gabon (países africanos).
Su capital está compuesto del aporte en divisas fuertes (y en monedas locales) de los países miembros. En función de este aporte, cada miembro se ve favorecido con Derechos Especiales de Giro (DEG) que son de hecho activos monetarios intercambiables libre e inmediatamente contra divisas de un tercer país. El uso de estos DEG corresponde a una política llamada de estabilización a corto plazo de la economía, destinada a reducir el déficit presupuestario de los países y a limitar el crecimiento de la masa monetaria. Esta estabilización constituye frecuentemente la primera fase de intervención del FMI en los países endeudados. Pero el FMI considera que en adelante es tarea suya (tras el primer choque petrolero de 1974-1975) actuar sobre la base productiva de las economías del Tercer Mundo reestructurando sus sectores internos; se trata de una política de ajuste a más largo plazo de la economía. Lo mismo sucede con los países llamados en transición hacia una economía de mercado. (Norel y Saint-Alary, 1992, p. 83).
Sitio web :
. Daniela Gabor y Sally Brooks designan este conjunto de actores con el término “complejo fintech de desarrollo filantrópico” (fintech por Finance and Technology)
Su afirmación central es que si tienen acceso a un conjunto de servicios de microfinanzas digitales (pequeños préstamos, posibilidad de ahorro, transferencias monetarias, órdenes de débito, etc.) proporcionados por plataformas fintech a los accionistas que buscan dividendos, las y los pobres del Sur Global podrán escapar de la pobreza.
Pero las pruebas que apoyan esta afirmación optimista son muy débiles. En primer lugar, el acceso a estos servicios ya se ha ampliado considerablemente desde 1990 gracias a la revolución de las microfinanzas y a la emisión generalizada de tarjetas de débito. Sin embargo, incluso antiguos feroces partidarios reconocen hoy que esta supuesta revolución no ha tenido ningún impacto en la pobreza a nivel mundial.
Además, las plataformas fintech aclamadas como ejemplos a seguir, como M-Pesa en Kenia, han “madurado” en un modo destructor y explotan cada vez más a sus clientes.
Por lo tanto, debemos ser muy cautelosos ante las pretensiones de quienes desean dar más peso a los servicios fintech: buscan más servir a sus intereses financieros y promover una ideología particular que corregir una injusticia económica estructural.
La compañía MasterCard es un buen ejemplo. Proclama como objetivo la extensión de la inclusión financiera para combatir mejor la pobreza, lo que se supone que demuestra su alto grado de responsabilidad social, al igual que el apasionado interés de Banga por el vínculo entre tecnología y desarrollo.
Pero en la práctica no funciona. Incluso directores del sector fintech como Dan Schulman en PayPal reconocen que la inclusión financiera es solo un eufemismo para atraer al mayor número posible de nuevos clientes y así estar en posición de obtener un flujo continuo de ganancias funcionando como intermediarios Intermediarios Una sociedad de intermediación es una empresa o una persona física que sirve de intermediario en una operación, financiera por norma general, entre dos partes. para innumerables pequeñas transacciones financieras que, juntas, ascienden a miles de millones de dólares.
Y como muestra el ejemplo de CPS / Net1 en Sudáfrica, los verdaderos beneficiarios de esta forma de fintech motivada por el beneficio Beneficio Resultado contable positivo neto fruto de la actividad de una sociedad. El beneficio neto es el beneficio después de impuestos. El beneficio a distribuir es la parte de aquél que puede ser repartido entre los accionistas. no son los clientes pobres, sino las empresas de fintech, sus accionistas e inversores y también, por supuesto, la economía del Norte Global, donde casi siempre se encuentra su sede.
Por eso las hazañas de Banga parecen repetir las aventuras coloniales que permitieron a las grandes potencias causar tantos estragos entre sus súbditos. Extrayendo en enormes cantidades riqueza basada en el trabajo y recursos naturales bajo el pretexto de la “carga del hombre blanco” o de una misión evangelizadora, los países colonizadores han saqueado y subdesarrollado sistemáticamente sus colonias.
Hoy en día se está llevando a cabo un ejercicio de explotación similar, bajo el pretexto de la inclusión financiera gracias a una “Cuarta Revolución Industrial” que combina algoritmos basados en el consumo observado y la tecnología de tarjetas de crédito. Ya sea deliberada o no, el nombramiento de Banga probablemente será favorable al objetivo estratégico del gobierno de Estados Unidos: promover comportamientos de consumo occidentales y el consiguiente endeudamiento, mediante el recurso a plataformas fintech que son propiedad y están controladas por grandes empresas e inversores estadounidenses. Banga ha mostrado cómo sus operaciones benefician a la economía de Estados Unidos al tiempo que socava a los conejillos de indias financieros y, en general, a las economías del Sur Global.
Cuando nos enteramos de la designación de Banga, nos preguntamos si Hilda Nkantini había tenido que sufrir los diez años de su depredación financiera en Sudáfrica, y nos enteramos de que su sentido común financiero había prevalecido sobre el marketing de MasterCard y las farsas y trampas del complejo fintech del desarrollo filantrópico. La encontramos en el barrio pobre donde ha vivido durante décadas, al igual que Siphiwe Mbatha, un investigador-militante en el Centro de Investigación y Práctica en Sociología de la Universidad de Johannesburgo el mes pasado, donde sobrevive como puede, en términos económicos.
Pero si todavía usa su MasterCard, nunca, señala, ha utilizado los permisos de débito en su subsidio para préstamos o servicios dudosos.
En 2013, el reportero del Washington Post le hizo a Banga una sola pregunta espinosa sobre su proyecto sudafricano: “¿Puede MasterCard usar datos con fines de marketing? ¿Y qué pasa con la protección de datos?”. Su respuesta elude la realidad detrás del acuerdo entre MasterCard y Belamant: “No realmente. Verás, como sistema operativo, realmente no obtengo información a partir del nombre de una persona. Todo esto va al gobierno”.
Hilda Nkantini es una prueba viva de que es posible resistir el objetivo neoliberal asociado a la seducción de la inclusión financiera. Nkantini aprecia los avances tecnológicos (la distribución de las prestaciones mediante tarjeta) pero no se deja atrapar por la vigilancia biométrica o la garantía colateral por autorización de débito sobre los ingresos de sustitución.
Esta sutil resistencia, un verdadero jujitsu de la ideología de Banga y la asociación con CPS/Net1, es desgraciadamente demasiado rara. Por lo tanto, son las características depredadoras de la forma en que MasterCard utiliza la distribución de subsidios las que constituyen la herencia principal de Banga en Sudáfrica.
Además, la implicación del Banco Mundial en estos abusos está confirmada por una evaluación publicada en 2021 de la asociación con Sudáfrica 2022-26 (South Africa Country Partnership Framework FY22-FY26) sobre la inclusión financiera en la década de 2010, ya que se lee en ella que sus objetivos fueron “en gran medida alcanzados” (“mostly achieved”). En la sección titulada “Lecciones” la columna donde se muestra Net1 se deja vacía.
En este sentido, Ajay Banga es la persona ideal a la cabeza del Banco Mundial, cuyo pasado se inscribe en la depredación y ya que está familiarizada con la creación masiva de pobreza a través de sus proyectos de “desarrollo” a favor de las multinacionales y a través de programas de ajuste estructural Ajuste estructural Política económica impuesta por el FMI como condición para la concesión de nuevos préstamos o para la refinanciación de préstamos anteriores. macroeconómico. Agreguemos la retórica de la inclusión financiera que mantiene desde las microfinanzas de la década de 1990 hasta el reciente uso por parte de Banga de los subsidios sociales de los pobres como garantía. Durante los próximos cinco o diez años bajo la dirección de Banga, la institución sin duda confirmará la imposibilidad de su reforma.
(Co-autores: Bateman, Bond, Lavinas y Torkelson son profesores-investigadores en las Universidades de Juraj Dobrila, Croacia; Johannesburgo, Sudáfrica; Río de Janeiro Federal, Brasil y Durham, Inglaterra, respectivamente.)
Profesor de economía política de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Wits (Johannesburgo) y Director del Centro para una Sociedad Civil de la Universidad de KwaZulu-Natal (Durban). Su libro más reciente es BRICS: An Anti-Capitalist Critique (co-editado con Ana Garcia), Pluto Press (London).
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Visiting Professor of Economics, Juraj Dobrila University of Pula, Croatia. He is the author of Why Doesn’t Microfinance Work? The Destructive Rise of Local Neoliberalism.